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Comencemos por tres científicos: Hoyle, Salet y Grassé,
antes citado. Fred Hoyle no admite las tesis del neodarwinismo y da sus
razones. Primero expone las razones por las que la probabilidad de haber
aparecido espontáneamente la vida sobre la Tierra es pequeñísima, tan
pequeña que lo hace imposible. Fred Hoyle hace esta comparación: En una
chatarrería hay todos los fragmentos y las piezas de un Boeing 474, separadas
y desordenadas. Si un tifón se abate sobre la chatarrería, Cual es la
probabilidad de encontrarnos luego con un 747 totalmente montado y listo
para el vuelo. Mucho más pequeña es todavía la de poder surgir la vida
espontáneamente de las piezas (aminoacidos, nucleótidos...) que hubiera
en la mar primitiva.
De hecho, las variaciones
por mutaciones en los errores de copia del ADN se producen a un ritmo
lentísimo, insuficiente para explicar la macroevolución; los fósiles han
recibido una mala lectura ya que faltan los testimonios de los grandes
cambios (ni el Archaeopteryx muestra el paso de los reptiles a los pájaros,
porque es una pieza aislada que ni dice cómo surgieron de los reptiles
ni que de ella vinieran las aves); hay muchos problemas en biología no
resueltos por el darwinismo: la coloración advertidora de ciertos insectos
contra los depredadores, la complicada vida de ciertos parásitos, el baile
de las abejas para indicar dónde hay flores, la construcción de las telarañas
por la arañas...
La originalidad de Fred Hoyle es que para solucionar
el problema de la aparición de la vida en la Tierra y su desarrollo recurre
a un origen extraterrestre. Dice que los cometas y meteoritos pueden habernos
traído los gérmenes de vida, y que todavía ahora nos traen de vez en cuando.
Imagina, pues no encuentra aotra explicación, que existe una inteligencia
cósmica que dirige el proceso biológico que el hombre ha descubierto Georges
Salet desde la matemática que el binomio formado por la selecci—n natural
y las mutaciones actuando por puro azar no es suficiente para explicar
el transformismo, o sea, la macroevolución. Sólo explica la microevolución,
en la que todos los biólogos están de acuerdo.
Pierre Paul Grassé (1895-1985)
Escribió mucho. Si sumamos libros, comunicaciones y artículos, pasan de
trescientas sus obras. La más importante fue la dirección de un Traité
de Zoologie en treinta y seis volúmenes, publicada entre 1948 y 1979.
Fue considerado por muchos como el primer zoólogo del mundo. Fruto de
su experiencia de zoólogo publicó en 1973 L’èvolution du vivant. muestra
cómo el neodarwinismo es insuficiente para explicar la evolución. En 1980
publicaba L’homme en acusation para exponer lo que se refiere al origen
de la especie humana y contestando a los que consideran el hombre como
una especie más dentro del reino animal sin referencia a su espiritualidad.
Grassé ha leído la obra de
Salet aprueba sus cálculos matemáticos, no su parte biológica. Los hechos
llevan a admitir la realidad de una evolución de los vivientes, entendida
como un desarrollo ordenado, no caótico, de unas formas menos complejas
a otras cada vez más complicadas y diversificadas, sin que se dé una evolución
regresiva propiamente dicha, aunque todaváa faltan muchos anillos de las
cadenas para establecer parentescos entre las ramas de vivientes. Nuestra
ignorancia es tan grande que no osamos ni tan sólo asignar un tronco ancestral
común, ni que sea poco preciso, a los tipos que forman los protozoos,
artrópodos, moluscos, vertebrados... La ausencia de documentos concretos
referentes a las grandes jornadas de la evolución hipoteca de repente
y gravemente toda teoría transformista. El modo en el que se ha realizado
la evolución no cuadra con la explicación neodarwinista. La evolución
que ha creado nuevos tipos de organización, como, por ejemplo, el paso
de reptil a mamífero, tiene unos caracteres distintos de los descritos
por mutaciones y selección natural y no pueden explicar las variaciones
coordinadas que actúan sobre varios órganos a la vez. Además, ¿cómo podría
desembocar la selección natural en una misma forma de mamífero, obrando
sobre poblaciones muy separadas y en medios distintos? Esto no concuerda
con el principio neodarwinista
Si el azar neodarwinista no
da razón de cómo han evolucionado los organismos hay que encontrar otra
explicación. La llamará variación lamarckiana autoadaptativa, señalando
que la orientación de los fenómenos es tan clara como en el desarrollo
de un huevo, es decir, que la evolución siga una cierta dirección. despuÉs
de una larga síntesis, resumen su teoría en seis puntos:
1. La evolución es un fenómeno orientado y no se puede
realizar sólo por variaciones hereditarias aleatorias.
2. Exige incorporación de nuevos genes en los cromosomas.
3. Esto no se puede explicar por mutaciones al azar.
4. Todas las líneas de un mismo tronco tienen tendencias
iguales hacia una determinada forma en grados distintos.
5. La evolución depende de un trabajo que se realiza
a nivel de infraestructura. El ADN estabiliza la evolución, pero no la
crea.
6. La mutagénesis, o mutaciones azarosas, es utilizada
por el organismo sólo secundariamente para acomodarse al medio ambiente
y es la principal causa de las diferencias entre individuos, razas y especies.
No dice nada más. Deja para
el lector la consecuencia: ¿Quién ha dotado de estos factores internos
a los seres vivos para que evolucionen como lo han hecho? Hay que responder,
con Salet, que la Inteligencia es anterior a la vida[1].
Uno de ellos muestra las dificultades del evolucionismo sobre todo a nivel
de los hechos. El Dr Villanueva señala que respecto a la Especiogénesis.
La paleontología ha mostrado que, en general, las especies se mantienen
estables desde que aparecen en un momento dado de la historia (y algunas
de ellas se extinguen). Y ha mostrado que algunas de ellas derivan gradualmente
de otras anteriores —formando una especie de árbol (tronco y ramas)—,
mientras que otras están desconectadas de sus antecesoras (hay "saltos"
o discontinuidades entre ellas; por tanto, ha negado la supuesta existencia
de "eslabones perdidos o desconocidos"). El resultado es un
bosque de arbolillos (o, si se prefiere, de arbustos) y no un único árbol.
Ha observado
que, desde su inicio hace 3.700 millones de años, la vida unicelular es
la única existente durante muchos millones de años, hasta que comparece
la vida pluricelular simple. Y que es al comienzo del Cámbrico (hace sólo
500 millones de años) cuando aparecen simultáneamente millones de nuevas
especies complejas; por lo que recibe el nombre de "big bang animal".
Esto significa que la vida no avanzó gradualmente, sino a grandes saltos.
Es la doctrina "saltacionista" (una sucesión intermitente de
saltos y de pausas), enunciada en 1972 por los paleontólogos Stephen Gould y Niles Eldredge.
Antropogénesis.
En el siglo XX se han realizado muchísimas excavaciones y obtenido numerosos
fósiles. Los resultados más seguros son los siguientes: 1) hay varias
razas (o especies, si quiere llamárselas así) de homo sapiens,
unas más modernas y otras más antiguas; 2) hay varias especies de
seres que tienen rasgos humanos y rasgos simiescos: los australopithecus;
3) que el homo es incluso más antiguo que el australopithecus,
de manera que no puede descender de él (o sea, que el hombre no desciende
del mono, como vulgarmente se dice); 4) por consiguiente, que homo,
australopithecus y monos auténticos son tres líneas paralelas sin
conexiones entre sí, son tres arbustos y no un único árbol.
Entendiendo
que evolucionismo sostiene que todas las especies que aparecen
en diversos momentos tienen que derivar de sus predecesoras, y de una
manera continua o gradual y progresiva. Defienden la maxievolución y el
que todas las especies derivan de un único progenitor ancestral. El dibujo
de su hipótesis sería la de un único árbol.
Proponen también un mecanismo
explicativo general: 1) cambio, 2) selección, y 3) transmisión
y, por tanto, fijación o adquisición del cambio seleccionado. Pero ahora
sabemos con mayor certeza que sus contemporáneos que explican hechos inexistentes.
Recientemente
desde diversos ángulos científicos se cuestiona las teorías evolucionistas
como Pero en 1970 el nipón Kimura recordó lo que se habían olvidado los
anteriores: que lo frecuente es la estabilidad, y que las infrecuentes
mutaciones, si son substanciales (esto es, profundas, como ser gorila
alado), son letales (y, por ende, refuerzan la estabilidad); y si son
accidentales (o sea, superficiales, como ser gorila albino), son indiferentes
o neutrales (y, por esto, viables). Es la «teoría neutral de las mutaciones».
También
en 1970 Stuart Kauffmann denunció la "idolatría del gen" contenida
en el segundo neodarwinismo. Con esta expresión quería indicar que parecía
que todo cambio (estructural y funcional) dependiera del cambio o mutación
en un único gen, como si se tratase del paso de no tenerlo a tenerlo,
del paso de 0 a 1. Y claro, la probabilidad de que esto ocurra es relativamente
alta. Pero en el genoma real las cosas no son como las pintaban. Tan sólo
la formación de un ojo requiere el esfuerzo conjunto de 2000 genes. No
basta, pues, el adquirir uno de ellos, ni tampoco adquirir 1999: es necesario
adquirir a la vez los 2000. Y así la probabilidad disminuye vertiginosamente
(es el paso de 0 a 1 de los 2000 dígitos de este número) y lo hace imposible
en este espacio ocupado por el universo y en este tiempo disponible por
él. Se comprende también que si hay un cambio en uno de esos 2000, o es
indiferente o es letal (como lo es equivocarse en uno sólo de los dígitos
que componen el número de teléfono al que llamamos). Pero eso no es todo:
no sólo hay 2000, sino que muchos de ellos dependen de sus compañeros,
esto es, están "cruzados" (como si la línea estuviera enrollada
y hubiera puntos de contacto). Esto hace que dicho número esté "blindado"
contra los cambios o mutaciones, ya sea por azar o por influjo externo.
Lo que, en resumidas cuentas, significa la "idolatría del gen"
es la "hipersimplificación de lo genético", cuando en verdad
es complejo: una batería de genes. Abate, por tanto, el segundo neodarwinismo.
El embriólogo
inglés Waddington redescubrió una verdad olvidada: que el influjo interior
y exterior actúa sobre el patrimonio genético del individuo, haciendo
que algunos elementos que estaban latentes o silentes dejaran ver su faz
y su voz (algo así como la enfermedad de la hemofilia, que la poseen algunas
mujeres, pero que sólo se manifiesta en sus hijos varones). Eso explica
que nuevas razas —e incluso nuevas especies vecinas— estuvieran potencialmente
precontenidas en sus progenitores.
En 1972,
los paleontólogos estadounidenses Gould y Nieldredge dan a conocer su
exposición de la "evolución a saltos", que mina la base fáctica
del segundo neodarwinismo, esto es, del evolucionismo. En esta misma línea
de ser verdaderamente científicos y huir de las ideologías con prejuicios,
un zoólogo Rèmy Cauvin autor de numerosas obras entre 1941 y 1997 escribe
Le darwinisme ou la fin d’un mitthe (Ed du Rocher, Mónaco, 1997) diciendo
que la filosofía profunda del darwinismo no tiene fundamento. Subraya
que se sirve tautologías: la selección natural origina la supervivencia
de los más aptos, y los más aptos son los que sobreviven. Hay multitud
de ejemplos de que los cambios no son así, o hay animales pancrónicos,
como los batracios. Concluye “la adaptación no es una explicación es una
descripción” y la teoría es necesaria para la ideología materialista.
Mientras que el científico que acepta la existencia de Dios Creador no
necesita ceñirse a tan estrechos límites, aunque pueda seguir también
un evolucionismo moderado.
La Doctora Lopez Moratalla se declara científicamente
evolucionista dentro de la fe cristiana con argumentos. Dice que “compete
a las ciencias biológicas explicar los procesos y los mecanismos que dan
lugar, en el curso de la evolución de los seres vivos, a la aparición
de una nueva especie -un fenómeno conocido como especiación-, cuando un
grupo de individuos de una de especie se separa del resto, y emprende
un tipo de vida tan particular que terminará constituyendo otra nueva
diferente de la ancestral. El camino seguido por la evolución a lo largo
del tiempo no es una línea recta. Más bien parece un gran arbusto con
un tronco central dividido en tres grandes ramas, y muy irregular en la
forma de su copa. En su origen, los grandes tipos de animales o plantas
-los llamados fila-, como por ejemplo los vertebrados, o las clases dentro
de un filum, como peces, anfibios, mamíferos, etc., o los órdenes de aves,
o de mamíferos, comenzaron siempre con un tipo de especiación muy peculiar
y notable. Fue éste un proceso que produjo la ramificación principal del
árbol filogenético. Posteriormente, ya las especies de ese nuevo tipo
se parecen entre sí, y difieren del mismo modo del conjunto de la otra
rama.
La aparición de la especie humana presenta dos grandes paradojas biológicas.
De una parte, es una especie "inespecializada", cuyos individuos
no reciben de la dotación genética la información para conocer los modos
de comportamiento, sino que los aprenden de las creencias y valores recibidos
culturalmente. Y de otra, es una especie que, en el transcurso de más
de un millón de años, lejos de diferenciarse y separarse en especies biológicamente
diferentes, se ha integrado, por evolución cultural, como sociedad o familia
humana, constituyendo la Humanidad. Esta humanización es un largo proceso,
que tiene como base biológica un conjunto de ligeros cambios en la morfología
corporal, que han conducido desde el hombre más antiguo, Homo habilis,
hacia las diversas etnias actuales del Homo sapiens sapiens.
La Paleontología y otras áreas de la Biología, especialmente la Embriología,
han ampliado las explicaciones neodarwinistas acerca del origen de nuevas
especies, al aportar tipos nuevos de mecanismos de aislamiento reproductor;
mecanismos diferentes de la acumulación gradual de mutaciones genéticas
y selección natural. Son mecanismos que pueden incluirse en el "modelo
puntuado". Este modelo surgido de la teoría del equilibrio puntuado,
propuesta por los paleontólogos Niles Eldredge y Stephen Jay Gould, plantea
que los cambios morfológicos en individuos de un mismo linaje -la anagénesis-,
y la división de una especie en dos -cladogénesis-, están relacionas causalmente.
Así, se ha dado, en un tiempo breve, una aceleración del cambio morfológico
en unos pocos individuos que divergen de la especie original para formar
otra nueva, inicio de una gran rama del árbol evolutivo, o macroevolución;
después de este cambio genético brusco pueden darse otros mucho más lentos
y posiblemente seleccionados en relación con el entorno. El cambio brusco
que aísla reproductivamente a los individuos, que propone el modelo puntuado,
puede ser de diversos tipos.
Pero, sin duda, el mecanismo más frecuente de aislamiento reproductor,
independiente del entorno, ha debido ser el que procede de diferencias
morfológicas originadas por cambios en las estructuras de los cromosomas:
los cromosomas se parten, se fusionan, o reorganizan la posición de los
genes que contienen. Mediante este proceso se origina una disminución
acusada de la fertilidad de los híbridos: los hijos de un progenitor que
no sufrió cambio, y de otro progenitor que sí que los sufrió. Y de esta
forma, se favorecen cruzamientos sólo entre iguales, que son o bien del
tipo "antiguo", los que no han cambiado, o bien entre los del
tipo "nuevo", sin que se permitan entre los miembros de ambos
tipos.
Destaquemos dos aspectos de lo que acabamos de describir. En primer lugar,
que las especiaciones producidas por los diversos mecanismos siguiendo
los diferentes modelos requieren que los individuos "fundadores"
sean o muchos, o sean unos pocos, pero no parece que pueda bastar una
sola pareja para que se separe una especie de otra.
Y en segundo lugar, que la evolución ha seguido estos diferentes modelos
gradualista o puntuado, y no sólo uno de ellos. Son realmente dos patrones
evolutivos diferentes, y no dos explicaciones, o dos modos de ocurrir
en la realidad, un mismo fenómeno. Si bien ambos procesos han tenido un
papel importante en los cambios evolutivos, no significan lo mismo. Son
dos procesos evolutivos con diferente significado biológico, que no sólo
han contribuido en diferentes momentos, sino que han contribuido en diferente
medida a la evolución. Por el primero, el modelo gradual darwinista, se
explica que la selección natural origine diversidad, optimización y adaptación
al entorno; esto es una microevolución, una creación de variabilidad intraespecie,
y que a veces llega a originar la separación de una población en dos especies
muy semejantes. El cambio es el componente azaroso, mientras que la selección
natural es la fuerza conservadora que determina que de lo que ha aparecido
permanezca aquello que resulte más apto para vivir en el medio en que
surge. El segundo modelo, el cambio puntual y sin valor selectivo, puede
dar lugar a grandes cambios macroevolutivos: inicio de una nueva ramificación,
sin que medie, como base del proceso, el continuo ir cambiando siguiendo
el cambio del entorno. Más aún, si bien el cambio genético se produce
al azar, la fijación de ese cambio obedece a las leyes deterministas de
la estructura del genoma, y sobre todo a las leyes que rigen el proceso
de desarrollo embrionario por el que se construye el organismo; hay una
selección interna que marca el rumbo del proceso evolutivo al permitir
unos y no otros de los cambios genéticos acaecidos.
En esta línea recuerda la hipótesis de Jérôme Lejeune
quien ha tendido desde el lado de la Ciencia el más largo de los puentes
que pueden ayudar a que los datos de la Ciencia concuerden con lo que
nos dice la Revelación acerca de los primeros padres de toda la Humanidad.
La resonancia del "sueño de Adan" durante el que Dios "de
la costilla que tomó del hombre hizo una mujer" en el relato del
Génesis (10) le llevó a plantear el origen de la primera pareja humana
en un mecanismo de gemelaridad monocigótica heterocariótica. Esto es,
en un cigoto, con un cambio genético en algunos genes, y excepcionalmente
en un conjunto de cromosomas XXY, se daría también excepcionalmente por
gemelación en la primera división, con la que se inician nuevas vidas,
un varón XY y una mujer XO, ambos con un mensaje genético idéntico, salvo
en los cromosomas sexuales, y por primera vez genoma humano y diferente
al de sus progenitores
Grupos
étnicos humanos
En la especie Homo sapiens sapiens el concepto raza, o población intraespecie,
se desdibuja, si se compara con las de las demás especies, y destaca,
por el contrario, la diversidad individual. Las características de la
conducta humana han hecho que el factor evolutivo variación génica sea
muy alto, mientras el factor selección natural ha tenido poco relieve
en la historia biológica humana. La semejanza biológica -frecuencia de
alelos- de toda la humanidad es tal que si por un cataclismo desaparecieran
todos los hombres excepto los africanos se conservaría con ellos el 93%
del patrimonio genético común. El racismo no encuentra apoyo en las Ciencias
Biológicas. La mutación es un proceso al azar, que en la especie humana
es más frecuente que en otras por la gran variabilidad de hábitos alimenticios,
etc. También aumenta la variación por la enorme frecuencia de descendencia
entre personas procedentes de regiones geográficas alejadas. Al mismo
tiempo la selección natural es menos potente y no disminuye la variabilidad.
Es obvio que entre los hombres dejar más descendientes no es una cuestión
de condiciones físicas debidas a alelos más aptos. Sólo las mutaciones
que originan una muerte temprana disminuyen de hecho la descendencia.
Pero como dice Lowontin, "un atleta olímpico que no tenga hijos tiene
una eficacia nula en la evolución originada por variabilidad elegida por
la selección natural, mientras J.S. Bach que era sedentario y muy obeso
se distinguió por una eficacia darwiniana insólitamente alta: 20 hijos".
Al mismo tiempo, en un ambiente con problemas adversos, como el frío,
la selección desempeña un papel eligiendo entre lo existente: los esquimales
produciendo más calor, los aborígenes sumergiéndose en un semi-letargo
que ayuda a conservar el calor, y el resto de los hombres, sin ninguna
ventaja natural, se las arreglan cubriéndose con ropa u otros sistemas
de protección "artificiales".
El análisis de las frecuencias con que se encuentran formas concretas
de distintos genes (alelos) ha permitido conocer que en el seno de grupo
humanos, que han permanecido aislados durante largos periodos, se ha establecido
un proceso de homogeneización interna por deriva genética. Todos se parecen
mucho porque conservan sin mezcla el patrimonio genéticos de las familias
fundadoras. Conservan unas frecuencias propias de alelos dentro del conjunto
que constituye toda la diversidad génica humana, que corresponde al perfil
del conjunto de familias que formaban al inicio esa población. Por ejemplo,
los indios yanomanos de la cuenca brasileña del Orinoco viven en un centenar
de aldeas de unos 100 vecinos; como todos los indios americanos descienden
de las inmigraciones de asiáticos que cruzaron el estrecho de Boering
hace 10.000 años. Por puro azar las familias fundadoras tenían una frecuencia
alta de los alelos Di(a) del grupo sanguíneo Diago inexistente en los
no asiáticos y una frecuencia baja del I (b) del grupo ABO. Los habitantes
de las aldeas difieren poco entre sí y también poco en frecuencia de alelos
de otros grupos de origen semejante como los xavantes o las tribus amazónicas.
Además de esta deriva genética, que homogeneiza en el seno de una población
aislada y diferencia de otras poblaciones, la selección natural ejerció
una influencia también, aunque de mucha menor potencia: el color de la
piel presionó en una misma dirección a los indios tropicales de la selva
homogeneizando yanomanos y xavantes y separándolos de los indios de las
llanuras del norte.
En la historia de la humanidad las inmigraciones y el mestizaje han sido
amplios y continuos por lo que, salvo algunos caracteres muy poco significativos
en grupos extremos que han permanecido largo tiempo aislados, no existen
grupos puros que hayan existido como unidades diferentes. Si se compara
la variabilidad entre las razas principales, africanos, amerindos, aborígenes
australianos, caucasianos, indios y pakistaníes, mogoles, aborígenes del
sur de Asia y Oceanía (tabla 1), de toda la variabilidad génica, el 85,4%
se da entre individuos de una misma nación, un 8,3% entre naciones de
una misma raza y un 6,3% entre razas distintas. Y lógicamente, si se comparan
entre sí las frecuencias génicas de los individuos de pueblos extremos,
que han permanecido aislados, el intervalo de frecuencias de diversos
alelos es amplio.
De esta forma, todos los grupos étnicos portan prácticamente todos los
genes humanos existentes, y lo que varía de unos a otros es la frecuencia
con que aparecen algunos caracteres a causa de la deriva genética; es
decir de las características de las familias fundadoras de ese pueblo
o grupo. Estos resultados concuerdan con las conclusiones que se habían
extraído de los estudios de restos humanos físicos y culturales, es decir,
el origen africano de nuestra especie. Así se ha comprobado que la distancia
genética entre africanos y no africanos es muy superior a la distancia
que se obtiene de cualquier otra comparación intercontinental; entre africanos
y no africanos es el doble de la existente entre australianos y asiáticos,
y esta última a su vez es más del doble de la que existe entre europeos
y asiáticos. La acumulación de cambios a lo largo del tiempo produce diferencias
genéticas, como queda reflejado en el árbol genealógico de las etnias.
Se han analizado diversas regiones de DNA aislado de células de sangre
periférica de personas de grupos diferentes y también estos estudios sugieren
una rápida expansión del hombre moderno desde un punto de origen del centro
de África. De forma similar se ha usado también el análisis del DNA mitocondrial
para el estudio de la diversidad en el seno de poblaciones concretas;
como por ejemplo entre judíos y árabes israelitas separados desde hace
5 a 10.000 años. En ellos, el tipo mitocondrial denominado 1 es el más
antiguo y se encuentra presente en las dos comunidades. El tipo 6 -caucasiano-
está con una frecuencia del 36% en judíos y es muy escaso en los árabes,
mientras que ocurre a la inversa con el 7. Los tipos de DNA más recientes
están sólo presentes en una u otra población.
Como vemos es una cuestión abierta en que es conveniente
una mayor relación entre las ciencias experimentales y las filosóficas
para que la pasión no lleve a absurdos que enrojezcan a los que estudien
este tema con más datos y serenidad.
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