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Anexo 5 Una clasificación de los sentimientos
José Antonio Marina. El laberinto sentimental. Ed Anagrama
1992. No todos los sentimientos se dan en el mismo nivel, pues caben
los sentimientos contradictorios, como el amor y el odio. Unos son
profundos y otros epidérmicos como la rabieta y el capricho, se dan
veleidades, enamoramientos que duran menos que lo que dura una estación,
hay enfados que se borran enseguida y otros se recuerdan y con frialdad
alcanzan la venganza. Hay miedos que salvan del peligro y otros que
hacen caer en él. El contacto con el mundo moral es constante: envidias,
suspicacias, susceptibilidades. Cegueras y luces se alternan en el mundo
sentimental. Hay arrebatos y parálisis, gozos y rencores. Pero no se
trata de rechazar el mundo sentimental porque es difícil de controlar,
porque la apatía y frialdad es una grave enfermedad del alma. El miedo
lleva a la huida, el amor al acercamiento, el asco al vómito, la vergüenza
al ocultamiento, la alegría anima a mantener la acción, la tristeza
paraliza, la furia propende al ataque y la defensa, la ternura a las
caricias. La emoción es parte del existir y conviene ser consciente
de ella para poder controlarla algo, sin llegar a extremos de flema
o de impasibilidad estoica, ni tampoco al descontrol del sentimental
esclavo de su sentir impredecible. Muchas veces el interior de las personas
es un volcán que bulle en agitación, o como un mar en tormenta, en otra
brilla la clama y las puestas de sol apacibles, no siempre se puede
provocar o controlar esos estados de ánimo. Hay alborotos que desconciertan.
1.- Más cercanos a la biología: intranquilidad/intranquilidad;
exaltación/depresión; alerta/reposo; ánimo/desánimo, impulso a la actividad/cansancio;
esfuerzo/relajación. Son muy amplios e influyen en otros sentimientos
como la alegría o la tristeza.
2.-reacción ante lo nuevo. Interés/sorpresa, admiración/respeto.
El interés se puede derivar en curiosidad desasosegada, la admiración
lo mismo en fascinación
3.-reacción ante la falta de interés: aburrimiento
o vacío de sensaciones que es como un cierto horror y muerte lenta.
4.- experiencia de algo como placentero, favorable
y útil: es la atracción, acompaña y delata nuestras metas
5.- experiencia de algo como desagradable y doloroso:
es la aversión, interviene en la formación del odio y el asco
6.- experiencia de éxito: la alegría, incita al mantenimiento
de la acción.
7.- experiencia de que las expectativas no se van a
cumplir: frustración, tristeza, falta de autoestima.
8.- experiencia de que algo amenaza: miedo protege
del dolor, la vida, la autoestima.
9.- experiencia de que algo obstaculiza nuestros fines:
resignación, impotencia, furia. Aceptar, incapacidad, remoción del obstáculo
los distinguen.
10.- experiencia de que alguien impide, obstaculiza
o imposibilita nuestros fines: odio, envidia
11.- experiencia de que alguien facilita nuestros fines
por el hecho de existir. Amor sentimiento complejo porque integra muchas
cosas es la gran síntesis afectiva.
12.- experiencia de la desaparición de un mal: alivio.
13.- experiencia de la incapacidad para prevenir o
controlar mi situación: indefensión, inseguridad, impotencia.
14.- experiencia de inseguridad ante el futuro: angustia
que puede tener componentes fisiológicos, desesperanza.
15.- experiencia de la seguridad, fe en una salida:
esperanza
16.- experiencia de sentirse juzgado mal: vergüenza
temor a perder el respeto o el afecto de otro.
17.- experiencia de sentirse responsable de un acto
malo: culpa, quizá sea vergüenza internalizada, le corresponde remordimiento,
pena, arrepentimiento, contrición
18.- experiencia de ser juzgado bien por otros o uno
mismo: orgullo
19.- experiencia de sucesos ocurridos a otro: congratulación,
o sin palabra española cuando es algo malo, tristeza si es bueno: envidia,
si es malo: compasión.
Hay circuitos de sentimientos
que se superponen, influye mucho la propia biografía y temperamento,
padres, educación, experiencias fuertes. Se pueden reducir a algunos
nucleares: amor, odio, esperanza, ira, temor, alegría, gozo. Pero cada
uno tiene un esquema sentimental, pensemos en la misma palabra sentimental
que es sentir y mental; el carácter es nuestro estilo de sentir, la
personalidad nuestro estilo de actuar. Por ejemplo de la avaricia surge
la traición, el fraude, la mentira, el perjurio, la inquietud y la dureza
de corazón. La madre de la envidia es la soberbia y sus hijas el odio,
la murmuración, la detracción, el gozo en lo adverso y la aflicción
en lo próspero. En los depresivos aumentan los sentimientos negativos
sea cual sea la causa.
La memoria afectiva es importante.
El odio y el amor hacen indelebles los recuerdos. La indiferencia y
la apatía llevan al olvido por desatención. Somos memoria, que es lo
que marca nuestra personalidad. En ese núcleo se configuran las creencias,
no sólo las religiosas, también otras como el concepto de uno mismo,
la sensación de ser querido o no, la relación con la patria y mil más.
De ahí surgirán las expectativas de vida y las costumbres. Muchas enfermedades
depresivas se originan por creencias falsas y conviene mejorar el conocimiento
propio superando las distorsiones de la realidad objetiva y positiva
como el perfeccionismo, el desaliento, los complejos etc.
Hay personas muy constantes en los sentimientos: optimismo,
valentía o timidez; otras son superficiales y veleidosas dependiendo
mucho de los estados de ánimo, del cuerpo y de las circunstancias. En
estos casos es clara la influencia de la parte superior del alma: inteligencia
y voluntad y también del cuerpo. De ahí que la educación de la afectividad
se pueda realizar a través de la conciencia mental al elaborar las creencias
y de los hábitos de conducta que permiten superar mejor los altibajos.
Pensemos, por ejemplo, en la conciencia de ser hijo de Dios y de saberse
siempre amado, o de tener el sentido del dolor bien resuelto; como opuesto
el duro materialismo lleva a la pérdida del sentido de la vida. Por
otra parte más que voluntades fuertes o débiles existen voluntades empeñadas
o no empeñadas, como es el caso de los enamorados, o, incluso el de
los drogadictos.
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