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La noción de Dios
y el indiferentismo ético.
Los hechos muestran, a principio del tercer
milenio, un clima cultural que podemos llamar de indiferentismo ético,
o de vacío moral, o, más aún, de una inversión de valores. Muchos son
los que lo atestiguan, también fuera del ámbito religioso. Como dice
Aurelio Fernández: conviene reseñar que los que hacen la denuncia
ya no son las diversas instancias religiosas (tradicionalmente esta
parecía constituir la misión exclusiva de los eclesiásticos), sino que
a ellas se añaden las mentes mas preclaras de la cultura y de los filósofos
etc., acusan constantemente y con dureza la grave crisis que padecen
los hombres y la sociedad de nuestro tiempo. Se llega a afirmar que
nos encontramos en una etapa que ya ha superado el estadio de inmoralidad,
que se caracteriza por la conculcación de los principios morales; que
también hemos atravesado el estadio de amoralidad, caracterizado por
la vida espontánea, que no tiene en cuenta para nada los principio éticos
y que hemos alcanzado la etapa final como de desmoralización, en la
cual el mal moral produce tal estado de desventura social que no puede
ser contrarrestado por el bien que también produce la dinámica de la
convivencia. De hecho los estados se sienten impotentes para erradicar
algunos vicios de los ciudadanos, por ejemplo, la delincuencia organizada,
el terrorismo, la drogadicción, el paro, la xenofobia etc
[1]
. Como indica la Veritatis Splendor ha venido
a crearse una nueva situación dentro de la misma comunidad cristiana,
en la que se difunden muchas dudas y objeciones de orden humano y psicológico,
social y cultural, religioso e incluso específicamente teológico, sobre
las enseñanzas morales de la Iglesia. Ya no se trata de constataciones
parciales y ocasionales, sino que, partiendo de determinadas concepciones
antropológicas y éticas, se pone en tela de juicio, de manera global
y sistemática, el patrimonio moral. La influencia más o menos velada
de corrientes de pensamiento que acaban de erradicar la libertad humana
de su relación esencial y constitutiva de la verdad. Y así se rechaza
la doctrina tradicional sobre la ley natural y sobre la universalidad
y la permanente validez de sus preceptos; considera simplemente inaceptables
algunas enseñanzas morales de la Iglesia; opina que el mismo Magisterio
no ha de intervenir en cuestiones morales mas que para exhortar a las
conciencia y proponer valores en los cuales cada uno basará después
autónomamente sus decisiones y opciones de vida(VS,4). Ejemplos de mentes lúcidas de este estado
de crisis moral son, por ejemplo, Spengler en La decadencia de
Occidente (1918-1922), Horkheimer Dialéctica de la Ilustración
1944; Romano Guardini Fin de los tiempos modernos 1950;
Ghelen El fin de la modernidad; Fromm Tener o ser
1978; Morin Para salir del siglo 1981; Peccei Testimonio
sobre el futuro 1981; Spaeman Fin de la modernidad 1982,
y el mismo posmodernismo que se contenta con unos mínimos morales siempre
a la baja. El pesimismo de los que no atisban soluciones es constante. Pensamos que hay soluciones, pero que
antes se debe diagnosticar la raíz de la crisis, y la vemos en la decadencia
de la noción de Dios en la mente de los hombres. La recuperación humana
viene seguida de una más profunda intelección de quién es Dios por todos
los caminos posibles. No en vano detectaba Pío XII que la crisis de
nuestro tiempo era una crisis del sentido de pecado, y Juan
Pablo II confirmaba esta afirmación señalando que se debía a una crisis
del sentido de Dios. Veamos históricamente cómo se ha producido
esta crisis. En un punto álgido del sentido de Dios
podemos situar a Santo Tomás de Aquino, en él se junta la mente pensante
del filósofo, con la luz de la fe que eleva el pensamiento humano y
el modo de pensar teológico, todo ello eleva el pensamiento y todo el
conocer humano a niveles sublimes. De una parte la aportación
de la filosofía apofática del pseudo Dionisio que llega a Dios por la
vía negativa de modo que Dios es más que todo lo que podemos afirmar
de Él, el hiper bien, la hiper verdad, la hiper verdad, el hiper uno,
porque nuestro conocimiento de verdad, belleza, bien, unidad son limitados,
y Dios es misterio que todo lo supera. Después llega al descubrimiento
del Esse en toda su riqueza no reducible a la esencia y que tiene toda
la perfección del acto puro. Dios es el Ipsum Esse subsistens, perfección,
pura y subsistente. Si a esto añadimos la revelación de la intimidad
de Dios como un ser Trino en personas en comunión de amor la riqueza
es máxima aunque se escape a la razón y se acceda a ella por la fe y
los dones del Espíritu Santo. La idea del hombre como imagen de Dios
es riquísima; la moral se basa en tomar como eje fin y fundamento ese
Dios rico en ser, verdad y amor, libre fin último de la criatura libre.
Dios crea por amor, porque es amor, y llama al amor verdadero al hombre
que se dignifica con la acción moral. Ser imagen de Dios es entonces
una realidad riquísima, es ser alguien ante Dios y para siempre, persona
que habla y ama a las personas divinas en diálogo de comunión eterno
en la condescendencia divina. Un primer decaimiento de esta noción se
da en Duns Scoto, gran creyente, e, incluso santo, pero que tiene una
idea que al desarrollarse dará frutos no queridos. Ya no es el esse
ese acto único y rico, sino que el ser es común a todos los seres, lo
más común, es el concepto común del ser que influye mucho en la noción
del ser divino. Entre los atributos divinos, Escoto concede gran importancia
a la omnipotencia. Dios puede hacer todas las cosas posibles por sí
mismo sin el concurso de causas intermedias. Dios tiene poder absoluto
sin ninguna contingencia que lo limite, a no ser lo que de suyo es contradictorio.
La moral está más fundada en la obediencia a la voluntad de Dios que
en otras razones. En Ockham es problema se agrava, la teología
y la fe se alejan del conocer filosófico al que apenas fecundan. Dios
está en su pensamiento más lejos, por ello insiste en la voluntad de
Dios de tal manera que el principio de no contradicción ya nos es obstáculo
par el querer divino. No hay acciones contradictorias (puede hacerse
esto y su contrario, sin que ello suponga problema alguno); hay, en
cambio, cosas que, si existiesen, es decir, si fuesen hechas, al estar
hechas serían contradictorias: y, por ello, Dios no puede hacerse a
sí mismo. Pero Dios podía habernos mandado que le odiáramos, y, en tal
caso, odiarle sería bueno. En otras palabras: la bondad y la malicia
de las acciones humanas radica exclusivamente en la obediencia o desobediencia
a la voluntad divina pura, entendida ésta como algo arbitrario para
nosotros, o, al menos carente de toda razón, es decir, al margen de
su Intelecto y de su Ser. Dios no manda hacer lo bueno y evitar lo malo,
sino simplemente obedecerle. Por eso mismo , no hay acciones buenas
o malas, ni meritorias y, por ello, Dios podría condenar a los inocentes
y salvar a los culpables. Esta idea disparatada tiene una enorme influencia
en los tiempos posteriores, especialmente en Lutero. La noción de un
Dios caprichoso e irracional, no amoroso y justiciero se aproxima a
las ideas de los dioses paganos especialmente los del Norte de Europa.
Se ve en este autor una descristianización de la noción de Dios bastante
notable. Se vislumbra el pecado de Occidente que es un voluntarismo,
aún con Dios, pero pronto contra Dios. Los saberes se separan, los descubrimientos
de la ciencia experimental atraen a muchos hasta que lleguen a ser la
técnica un instrumento al servicio de la voluntad de poder, la filosofía
se separa de la teología en una inmersión en lo
que será un racionalismo que se cree autosuficiente, y la fe
tiene una incidencia accidental con ausencia de vida. Lutero
está formado en este ambiente intelectual, su noción de Dios justicia
es terrible, lejana a la paternidad tantas veces revelada. Si a esto
unimos un alma atormentada por la salvación y una conciencia angustiada
por el pecado se explica la rebelión protestante del hombre al mismo
tiempo justo y pecador, la moral se hace puritana, contradictoriamente
permisiva. La raíz es la idea de Dios que con apasionamiento muestra
lejano del amor revelado por Jesucristo. La idea de un Dios justiciero
y vengativo le atormenta hasta la desesperación y la angustia, lo que
unido a escrúpulos y obsesiones hace una mezcla verdaderamente explosiva.
Considera incompatibles el Dios justiciero que arde en cólera y venganza
con el hombre pecador. Cristo mismo se hace pecador ante ese Dios implacable
para justificar externamente al hombre obsesionado con la salvación.
La problemática se ha desplazado al hombre, pero lo clave es la idea
subyacente de Dios, idea indeseable que se irá acentuando en sus seguidores. Calvino tendrá la misma idea con el añadido
de la predestinación con la que unos están predestinados a la salvación
y otros a la condenación, hagan lo que hagan. Esto muestra intensamente
a un Dios caprichoso e injusto en el fondo, aunque se digan otras cosas
con las palabras. El decaimiento es imparable. No es impensable que
en este ambiente, junto a una religiosidad rígida, se den rebeliones
y desasosiegos. Aunque en otra órbita de pensamiento encontramos
a Descartes una idea poco cristiana de Dios, dice que el inicio de su
pensamiento es el pensar para llegar a la certeza, cuando más bien es
un querer dudar ante lo evidente, con lo que secretamente se esconde
la voluntad como el inicio del pensar. Dice que su pensamiento es muy
adecuado para demostrar la existencia de Dios desde el acto de pensar
puro, pero nada dice de Él y ese silencio es elocuente ante el alejamiento
de Dios que equivale a un agnosticismo práctico. Dios equivale a la naturaleza en Spinoza.
Su Deus sive natura es un panteísmo, que por una parte puede llevar
al materialismo, y de otra ha reducido aún más la noción de Dios a lo
que se da en el mundo material. Su negación de la revelación es total.
Estamos lejos de un Dios personal, que habla y ama a los hombres en
un acto de libertad creadora y reformadora. Kant es el filosofo del luteranismo. Niega
que se pueda llegar por el conocimiento intelectual a Dios y sólo lo
postula la moral. Cree en Dios, pero el agnosticismo es total. A Lutero
no le interesaba el Dios en sí, sólo el Dios para mí. Kant no llega
a Dios por la razón pura y sólo a un Dios casi desconocido, legislador
oculto y exigente de una moral del deber por el deber, por la razón
práctica. El empobrecimiento es grande en el conocimiento de Dios. Los idealistas ahondan el problema al
hablar del absoluto. Hegel afirma de
Dios que es un absoluto que toma conciencia de sí en el hombre
y en la historia en una dialéctica de muerte de Dios para vivir conociéndose
tras la leyes de la razón que él ha descubierto. Es lógico que Feuerbach
y con él los marxistas digan que ese Dios no es Dios sino una proyección
del espíritu humano y reduzcan la noción de Dios a antropología o a
materia dialéctica siendo la religión una alineación. Todos niegan la
libertad y con ella la moral está al servicio de una necesidad más o
menos desconocida. El punto grave de la inversión de valores
está en el desenmascarador del racionalismo y de los diversos nominalismos
que es Nietzsche. La raíz de sus planteamientos es la voluntad y Dios
es el oponente. El enemigo, el que tiene el poder y el saber y al que
se tiene que matar como se mata al padre para apoderarse de la herencia.
La moral será la voluntad de poder que consiste en ponerse el hombre
en el lugar de Dios para construir una nueva moral. Se ha pasado del
amor a Dios, Bondad, Amor, Verdad, al odio a Dios, aunque quizá con
una nostalgia de Dios como plenitud de toda la belleza que se hace imposible
al hombre rebelde. La moral es una anti moral consciente y programada.
La raíz un acto libre más o menos consciente. En el caso de Nietzsche
muy consciente y lúcido y cuyas consecuencias estamos viendo en el alba
del tercer milenio, cien años después de su muerte. Algunos se dicen:
hemos pisado fondo, pero está por ver el espesor del lodo de ese fondo.
Si la llegada del racionalismo en sus diversas caras de idealismo y
positivismo ha llevado a dos guerras mundiales y a centenares de muertos
en masacres increíbles, ¿qué ocurrirá en el paso siguiente de ese camino?
Es momento de rezar y de pensar conscientes del peligro, pero algunos
comen, beben, se casan, se descasan y no ven lo que está delante de
sus ojos más o menos turbios. ¿Hay soluciones? Sí, ciertamente, y van en muchas líneas,
pero la principal está en la recuperación de la noción de Dios en el
hombre y en un salto que lleve del conocimiento a la fe acompañada de
la caridad y de la esperanza como dones de Dios a quien se entrega a
Él y después del salto definitivo a la mística, preludio de la visión
beatífica en la que se vea Dios desde dentro del mismo Dios. Unas poesías
oraciones pueden servir como preludio a su estudio.
Decidme
¿Quién es Dios?
Dios
es Amor, y
se me sobrecoge el alma. Amor
a lo infinito. ¿Qué
es tanto querer? ¿Qué
será dar hasta el extremo? Amor
entre Tres que
se dan en sólo uno.
El
Padre es el principio, Amor
de fuente que
engendra a un Hijo igual
a su sustancia. El
Padre es el Amante. El
Hijo es el Amado. Ahí
está la diferencia en
unión total y sin fisura.
El
Hijo es engendrado eternamente, es
Verdad sin límites ni cortes. Saber
increado. Pensamiento
personal, Engendrado
de la ciencia del Padre de sí mismo. La
Palabra del Padre que
contiene todo lo posible. La
Imagen del Padre, su
rostro iluminado.
El
Padre al ver al Hijo se extasía. El
Hijo al ver al Padre corresponde. Ese
amor de éxtasis de unión es
el Espíritu, Santo por Amor, Dios
de Dios, Don de Dios a Dios, Corazón
del Padre y del Hijo, Lazo
que une a los amantes. Expansión
infinita. Éxtasis
de amor eterno. Comunión
e intercambio que no cesa.
Dios
es amor, pero amor vivo, Personal, Donación
continua que
desborda haciendo el día en
lo creado. sobreabunda,
sorprendente, en Cristo mismo y
se da, hoy también, en
esa alma tuya que
se pierde y se encuentra entre
los Tres que la llenan de
luz, de
amor, de
eternidad, de
vida.
Decidme
¿Quién es Dios?
Yo
soy el que soy, tú
eres el que no es. Mira
tu cuerpo, el
espacio, los
aires. Yo
estoy más allá.
Mira
tu mente, tu
afecto, tus
ideas, tus
deseos, tu
querer. Estoy
más allá.
Me
llaman infinito, Eterno, Inefable, Inmutable, y
otros no, y
dicen que no soy como las cosas. Dentro
de cada una estoy Yo, Dando
vida, ser, belleza, Pero
supero los límites de todo.
Yo
soy el que soy, no
des más vueltas, y
adora como hombre, que
esa es tu honra y tu gloria.
2.6.00
Ésta es la meta: aunar la filosofía cristiana
que usa su método propio, pero sabiendo lo que se le ha revelado por
la fe, con la teología que parte de la revelación para llegar a una
inteligencia de la fe explicitando lo más posible
el misterio, y luego denunciar los decaimientos de la cuestión
más importante: ésta es la vida eterna que te conozcan a Ti y
a tu enviado Jesucristo(Jn 17,3) Veamos el camino seguido por Edith Stein, conversa
desde el ateísmo que descubre la fe en la lectura de la vida de Santa
Teresa como una experiencia de trato con el Dios vivo, filósofa, contemplativa
y mártir en un itinerario de lucidez y de humildad, cuya falta sea uno
de las limitaciones mayores de todos lo que hemos visto anteriormente. hemos partido del hecho innegable de nuestro
propio ser. Éste se ha manifestado como un ser fugitivo que pasa de
un instante a otro y, por consiguiente, impensable sin otro ser fundado
en sí mismo y creador, dueño de todo ser, en breves palabras, el ser
mismo
[2]
. Este ser eterno ocupa todo el abismo posible de
la nada, además el ser supremo es necesariamente un persona
[3]
. Profundizando más ve que lo que me da el ser
y colma al mismo tiempo este ser de inteligencia, no debe ser solamente
el ser supremo, sino también la inteligencia suprema
[4]
, en otras palabras el Logos de modo que se puede
decir: al principio era la Inteligencia
[5]
. Y con libertad añade: nosotros agregamos también
lo que dice la sabiduría eterna por la boca del apóstol Pablo.Él
existe antes de todas las cosas y todas las cosas subsisten en Él (Col
1,17)
[6]
. Dios, el ser supremo, es Persona, es eterno, es
sabiduría, ya conocemos más de Él, es un ser real, no un ser pensado.,
desde la fe se puede decir que es el Verbo El Padre se expresa
y el Verbo es su palabra
[7]
, o dicho de otro modo: en el primer ente estaba el
Logos (la inteligencia o la esencia divina) en el Padre estaba
el Hijo, la Inteligencia de lo real primitivo. La generación del Hijo
significa la presencia de la esencia en la nueva realidad personal del
Hijo, que no sobrepasa, sin embargo, la realidad primera del Padre
[8]
. Este afirmar a Dios como aquel cuya esencia es el ser
no llega a comprender la esencia divina, pues si comprehedis non es
Deus, no podemos abrazar completamente lo que queremos decir,
pues rebasa la capacidad humana, todas la veces que tratamos en
la tierra de captar el infinito, captamos solamente una parábola finita
[9]
, aunque el ser esencial de Dios es el ser real
y, de hecho, el ser más real
[10]
. El ser es uno y simple por una parte fundamento
de la multiplicidad, la solución está más allá de los límites filosóficos,
que son los que abordará Edith Stein. El siguiente paso es ver en Dios los trascendentales:
unidad, verdad, bien, belleza. Es una expresión de aquello de San Anselmo
id quod magis cogitari non posse. Edith Stein percibe que todas las
palabras deben sufrir una modificación de sentido cuando son transpuestas
a Dios. Por ello hablando de que Dios es la Verdad, dice que su
saber es en verdad un saber anterior a todas las cosas creadas y absolutamente
independiente de ellas
[11]
. La inteligibilidad máxima se da en Dios. Decir que
Dios es bueno es señalar que es un trascendental del ser, bien es la
medida de lo perfecto
[12]
, no es perfectible como los seres creados porque
tiene toda la perfección, es decir, es plenamente santo. La belleza
se distingue del bien en cuanto hace referencia a lo inmóvil y el bien
a lo móvil, lo que atrae. Lo bello está fundado en el orden, la justa
proporción y la determinación, o dicho de otro modo la perfección, la
justa medida y la claridad. La belleza es un resplandor que toca
el alma
[13]
. Una vez dados los pasos de la metafísica
pasa al nombre revelado de Dios como Yo soy el que soy, que es el nombre
que Dios se da a sí mismo y dice: el Yo soy significa:
yo vivo, yo sé, yo quiero, yo amo; pero todo esto no constituye una
sucesión, una yuxtaposición de actos temporales; al contrario, se trata
de algo que es absolutamente uno desde toda la eternidad en la unidad
del acto divino único en el que coinciden todos los significados diferentes
de la palabra acto: ser real, presente vivo, ser acabado, movimiento
espiritual, acto libre. El yo divino no está vacío, sino que él contiene,
abraza y dirige toda la plenitud.(...) la plenitud del ser está formada
personalmente, (...) es ser esencial,(...) Pues en Dios, en cuanto Yo
soy, la esencia y el ser son inseparables
[14]
. Los trascendentales los entendíamos respecto al
hombre elevándolos a la perfección, ahora todas estas determinaciones
son trazadas en el Yo soy de una manera indivisible
[15]
. Un paso posterior es el descubrimiento
de la Trinidad, el Yo soy es amor, recíproco, eterno. La
vida interior de Dios es el amor recíproco enteramente libre, inmutable,
eterno de las personas divinas entre sí. Su don recíproco es la esencia
y el ser existenciales y únicos, eternos, infinitos que abrazan perfectamente
a cada una de ellas y a todas juntas. El Padre lo ofrece desde
toda la eternidad- al Hijo al engendrarlo y mientras el Padre y el Hijo
se dan el uno al otro, el Espíritu Santo procede ellos
[16]
. Sigue Edit Stein mostrando a Dios en su Trinidad
y añade: Dios es el amor, pero el amor es un más libre don de
sí, de un yo a un tú y una unidad existencial de los dos en un nosotros.
Puesto que Dios es espíritu, es transparente a sí mismo y produce desde
toda la eternidad la imagen de su ser en la que Él se ve a sí mismo,
es decir, su Hijo idéntico a Él, la sabiduría o el Verbo(...) Cuando
el Hijo y el Padre se aman el uno al otro, su don de sí es al mismo
tiempo un acto libre de la persona del amor. Pero el amor es la vida
en la más alta perfección: el ser que se da eternamente sin sufrir ninguna
disminución, la fecundidad infinita. Por eso el Espíritu Santo es el
don, no sólo el don de sí de las personas divinas entre sí, sino el don de sí de la divinidad
a todo lo que es exterior; contiene en sí
todos los dones que Dios hace a las creaturas
[17]
. Se advierte en estas palabras la emoción de la que
desde el ateísmo ha descubierto la riqueza intima de Dios y de su vida
íntima. Dios ya no es algo que explica lo inexplicable, sino alguien
para amar que da su vida eterna al hombre en una comunión inefable.
Sobre esta base se puede elaborar una moral que esté de acuerdo con
el ser del hombre pues ya sabemos qué es el bien y no el capricho de
una libertad separada de la verdad que acaba en verdaderas degeneraciones
y abusos. Acabemos con unas palabras que pueden
servirnos para conocer y amar a Dios Padre: Padre,
¿quién eres?
Eres
Dios escondido en
esa oculta fuente de
dar vida engendrando
eternamente al
Hijo, al Amado y
a muchos, muchos hijos. Te
conozco en el rostro de Jesús que
con fuerza clama ¡Abba! te
veo sufriendo por amor, te
contemplo al dar la vida, al
Cristo resucitado, me
admiro del don de Pentecostés, pero
quiero verte a Ti solo, aunque
sé que no es posible. Quiero
verte en el origen, saborear
el amor en el principio, tus
cuidados sabios de los hombres, tu
libertad amorosa y sorprendente, tu
poder que es perdón una
y mil veces. Si
te conozco, llegaré
a ser padre, además
de hijo, y
sembraré el mundo de caricias.
6.XII.00
[1] Aurelio Fernández. Anunciar el mensaje cristiano en el nuevo milenio. Temes davui p.30 [2] Edith Stein. Ser finito y ser eterno. P.121
[3]
o.c. p. 122
[4]
o.c. p.123
[5]
o.c.p.124
[6]
o.c. p.125
[7]
o.c.p. 124 [8] 0.c. p 125
[9]
o.c. p.127
[10]
o.c. p.127
[11]
o.c. p.322
[12]
o.c. p.326
[13]
o.c. p.340 [14] o.c. pp361 y 362
[15]
o.c. p. 363
[16]
o.c. p.367
[17]
o.c. p. 433 |