Los Padres
La reflexión teológica de los Padres sobre
la fe y sobre los datos bíblicos es rica y matizada. De una parte se
afirma con rotundidad la inmutabilidad de Dios -no podía ser de otra
manera- con clara influencia griega; de otra se matiza sobre la apatheia
o ataraxia de esa inmutabilidad como incapaz de sufrimiento, aquí las
posturas son más ricas. Para los filósofos griegos Dios era una idea,
no una persona viva: la idea no sufre, no se apasiona, "no puede
mezclarse con el hombre" (Platón), puede ser amado, pero no ser
amante. Dios es el motor inmóvil (Aristóteles). El escándalo del Deus
Passus ronda sobre las distintas soluciones especialmente a raíz de
las controversias cristológicas.
Los Padres defienden la apatheia de Dios, equilibrando
esas afirmaciones con la de la vitalidad de Dios, de su libertad para
comunicarse, de sus sentimientos que se exteriorizan respecto al hombre,
al menos atribuyendo a Dios compasión y misericordia como respaldo del
sufrimiento humano del Hijo.
Los antioquenos colocan el sufrimiento de Cristo sólo
en su parte humana; para los alejandrinos la parte divina se apropia
ese sufrimiento. Ni los monarquianos, ni los apolinaristas, ni los monofisitas
querían, con la afirmación de que en Cristo padeció la divinidad, someter
de verdad el ser de Dios al sufrimiento humano.
Ahora bien conviene entender que los griegos entienden
por pathos un accidente externo involuntario, cosa que nunca le puede
suceder a Dios. Gregorio Taumaturgo dice que sufre por decisión libre,
padece de un modo impasible, como paciente voluntario, está por encima
del sufrimiento, es la "pasión del impasible". Hilario se
acerca al docetismo al decir que el cuerpo de Cristo estuvo exento de
necesidades naturales, siente los dolores, pero sin tener que padecerlos.
Julián de Halicarnaso dice que sólo por decisión libre del Hijo puede
padecer Jesús.
Otro sentido de pathos es considerarlo unido
al pecado y es como una enfermedad de la actuación. Cristo nace, crece,
debe alimentarse, pero el pathos propiamente es una enfermedad de la
capacidad de elección dice Gregorio de Nisa. Máximo el Confesor sigue
esta distinción y también Juan Damasceno. El Verbo Encarnado puede padecer
los dolores naturales inocentes por su condición de hombre y por permisión
divina. San Agustín va mas lejos al decir que las pasiones son un movimiento
contra la razón, como una perturbación, por lo que Dios sólo puede ser
impasible: arrepentimiento, compasión, paciencia són sólo expresión
de su actitud duradera, que es todo lo contrario de insensibilidad
En resumen vemos que los Padres se distancian
de la apatheia de los griegos. Origenes trasladará la passio al Hijo
eterno el que es magnánimo y misericordioso, ¿no padece él de alguna
manera? En su providencia tiene que sufrir que los hombres sufran igual
que el Hijo padece nuestras pasiones. Es decir, se conjuga la paradoja
de la impasibilidad de Dios y su conmoverse en la redención.
En Dios no puede darse un padecer en la medida
en que ésto signifique ser golpeado desde fuera, o dicho de otra manera,
Dios (y el Hijo hecho carne) puede ser afectado de forma pasiva sólo
en la medida en que esto responde a una decisión libre. Además a que
tomara analógicamente los afectos humanos ya que no se puede afirmar
una "mutabilidad" de Dios. Tras la patrística se tiene a resaltar
más la impasibilidad de Dios y las reacciones bíblicas de Dios a la
conducta humana son sólo antropomorfismos. Tras la condena de la herejía
patripasiana que confunde el Padre con el Hijo se reacciona borrando
las consideraciones anteriores
Como vemos lo esencial es la noción de Dios
que se alcance y cómo se perciba su perfección e infinitud. En ocasiones
parece ponerse en oposición el Dios trascendente con los mitos, es posible,
sin embargo, profundizar en el Dios trascendente sin caer en explicaciones
reductivas de la divinidad y míticas [3]
Modernos
Con Hegel queda alterado el equilibrio de el pensamiento
que puede aunar la inmutabilidad y transcendencia de Dios con la presencia
real del dolor en lo más íntimo. Esto se da con la intuición central
de la "muerte de Dios" Hegel piensa que "el Dios de Israel
se convierte en un concepto "sin contenido y vacío", abstracto,
"sin vida, no simplemente muerto, una nada" que, sin embargo,
como "objeto infinito" reivindica para sí toda la verdad,
la libertad, la justicia, con lo que el hombre desciende a "pura
propiedad de Dios" que celosamente exige para sí veneración y
adoración, odia cualquier otro culto manda destruirlo en cuanto sea
posible, hace servir y servir ante él a sus siervos en una "triste
y vacía unidad", sin belleza, sin tener "parte en ningún tipo
de eternidad" [4] . Luego entonces
¿que idea tiene de Dios? una idea negadora de Dios según Feuerbach denuncia
es un verdadero ateísmo. Pero aún así nos interesa su intuición original"
En Hegel la 'muerte de Dios' (como negación del puro estar-en-sí de
lo absoluto) juega un papel decisivo" [5]
Su visión es una cristología filosófica tratando de recuperar
el "dolor infinito", el considera el Viernes santo especulativo,
"la vida de Dios y el conocimiento divino pueden, pues, ser considerados
como un juego que cae en lo edificante y en lo insípido cuando falta
ahí lo serio, el dolor, la paciencia y trabajo de lo negativo"
(Phäenomenologie des Geistes). Para ello integra en la idea de Dios,
"el sentimiento doloroso...de que Dios mismo ha muerto". Incluso
en su versión más cristiana interpreta a Dios como un proceso necesario
y teológicamente como una autorrevelación y autoentrega en Cristo libres.
El acento recae en que un absoluto que no conoce el padecer y morir
real es "lo solitario inerte" y como divino tiene que hacer
la experiencia de morir para vivir como lo divino viviente. Así llega
a decir;"Dios se sacrifica, se entrega a la aniquilación. Dios
mismo está muerto. La desesperación suprema del abandono total de Dios"
. La raíz de esta apreciación es que el existente en-sí no tiene consistencia
verdadera y por eso" se aliena a sí mismo, va a la muerte y, de
ese modo, concilia consigo mismo al ser absoluto. La muerte es lo negativo
en el cual Dios toma conciencia de sí mismo, es un momento de la naturaleza
divina misma [6]
. Parece claro que esa idea de Dios no sólo no es cristiana,
sino que no es teista pues parte de un Dios que no es Dios al carecer
de conciencia de sí. La kénosis de Cristo es llevada al extremo de ser
una negación de Dios mismo como si dejase de ser Dios en un acto de
amor y entrega supremo, cosa que es imposible.
Santo Tomás en el comentario a Flp 2,6-11 pone
en un su sitio la kénosis al decir que el vaciamiento de Dios no es
prescindir de una propiedad; "No, porque aunque tomó lo que no
era, permaneció lo que era. Esto hay que entenderlo así: tomó lo que
no tenía, pero no tomó lo que tenía. Porque así como descendió del cielo,
no porque dejase de estar en él, más porque empezó a estar en la tierra
de un nuevo modo, lo mismo que se anonadó, no dejando su divina naturaleza,
sino tomando la humana"
Los kenóticos alemanes son posteriores a Hegel
ven un padecimiento y mutación en la divinidad y ven como requisito
de la encarnación del Hijo su autolimitación o renuncia de sus propiedades
de su divinidad referidas al mundo (Thomasius), la "despotenciación
de su conciencia de Dios" en una conciencia humana" (Frank)
incluso la renuncia total a su autoconciencia eterna (Gess), algo así
como la muerte de Dios en Dios. Los ingleses insisten más en la repercusión
del pecado sobre Dios, que no podría ser perfecto en el caso de que
no sufriera bajo el pecado, sea en su esencia, sea en la persona especialmente
del Padre, que es el primero que padece (antes que el Hijo, Bushnell)
y que en todo caso padece con el Hijo (D, White) [7]
Moltmann toma la idea de Hegel de que sin los
dolores y muerte de cruz no hay Trinidad, para ello habla de una "intima
sed de padecer de la divinidad, su anhelo interior del otro, que puede
ser para Dios el objeto de amor supremo, ilimitado". Dios se manifiesta
como Dios sólo en su opuesto, en la ausencia y abandono de Dios [8]
Koch afirma que el conocimiento de Dios se
da sólo en Cristo y a través de él conocemos a un Dios que quiere y
debe ser conocido en el padecimiento y en la muerte, con lo que el Padre
no puede ser ya el inmutable. La extensión de la muerte a Dios mismo
es clara, sumerje la vida de Dios en el devenir y pasar del mundo para
levantar el mundo de la vida y la muerte [9] Kitamori reflexiona,
como Lutero, desde el pecado que produce una ira en Dios y por fidelidad
la supera mediante el amor al pecador y lo hace mediante el acto más
doloroso enviar a la muerte a su propio Hijo. "La voluntad de Dios
de amar el objeto de su ira. Eso es el dolor de Dios". El Padre
sufre al enviar a su Hijo. Pero transfiere el dolor a la esencia de
Dios y no tiene en cuenta la libertad de Dios en la creación y en la
redención. Atribuye al Dios impasible en su esencia una pasibilidad
querida por él mismo [10]
Brasnett también conecta el sufrimiento de
Dios con la creación. Dios crea y es fiel a la creación que no es
insensible al sufrimiento del mundo. Recoge la idea de Orígenes de que
el cielo entero no puede conseguir beatitud plena "hasta que yo,
el último de los pecadores me haya convertido" para mostrar esto
dice Brasnett que Dios encuentra mayor alegría en una creación manchada
que en un vacío inmaculado y como la libertad humana es el bien supremo,
la culpa es inevitable, con lo que el sufrimiento se convertiría en
un momento interior de la "esencia" de Dios dice como los
sistemas anteriores [11]
Barth se fundamenta más en la Cristología.
La muerte de Cristo es el testimonio de la fidelidad extrema de Dios
a la alianza pues en esa muerte carga él con la infidelidad de Israel
y de la humanidad, y, con ello, su situación de desgracia total. El
crucificado es imagen del Dios invisible y, por eso, de una pasión de
Dios. Pero no hay en esa pasión ninguna contradicción interna (Moltmann)
o un conflicto entre cólera y amor(Kitamori). Su sucumbir en el sufrimiento
es expresión de su superioridad. Dios en su esencia se hace dependiente
del mundo. No se trata de un eterno padecimiento intratrinitario de
Dios que no haría más que repetirse en la cruz. La Pasión de Cristo
explica toda la esencia de Dios, también el corazón del Padre que, por
amor, hace entrega de lo más preciado para él. El Padre no es un simple
espectador de la Pasión, padece el sufrimiento del Hijo con profundidad,
es un co-padecer. Barth rechaza la "muerte de Dios" como un
abuso de la perichóresis, también rechaza la idea de que tras el sufrimiento
temporal de Cristo, Dios padezca eternamente [12]
Galot aborda el tema del sufrimiento de Dios
con una perspectiva católica. Por un lado desarrolla la comunicación
de idiomas entre la naturaleza divina y la humana. Pero, sobre todo,
señala que toda la Trinidad está implicada en la redención, el Padre,
como Abraham consumado, entrega al Hijo y es el oferente, El Hijo revela
el sufrimiento del Padre y en segundo lugar oferta al mundo. Galot se
atiene de un modo pleno a la inmutabilidad de Dios y distingue la vida
intratrinitaria a la que ningún dolor puede afectar y la libre decisión
de las personas divinas por puro amor a la creación del mundo a pesar
de que el dolor puede afectarles. El sufrimiento divino se presenta
aquí como una manifestación del amor supremo. Señala como en los hombres
se alcanza la madurez en el sufrimiento tantas veces. Dios es el primero
que sufre sin culpa y la misma comunión entre las personas divinas es
un éxtasis pero también una renuncia en la donación [13] .
Maritain, a su vez, medita el tema sobre la
base de que el "dolor nos confiere una nobleza incomparablemente
preciosa y fértil" y lo ve también en Dios. Por ello ve en las
entrañas de misericordia de Dios una propiedad sin imperfección alguna
que podía ser descrita como "captura victoriosa", "aceptación"
"superación" del dolor. "El pecado hace a Dios algo que
le llega hasta su profundidad divina, no en el sentido de que le haga
sufrir algo causado por una criatura, sino en el sentido de que la criatura,
en su relación con Dios, transfiere a la innominada perfección de Dios
algo de lo que es nuestro dolor y cuyo arquetipo está en Dios" [14] . Galot distingue el dolor efectivo
del dolor afectivo según lo dicho por Maritain de que Dios "padece"
con nosotros y mucho más que nosotros; el co-padece mientras hay dolor
en el mundo.
Varillon [15]
va más lejos y dice que en Dios el devenir es una perfección
de Dios, ¿es vida una vida sin movimiento?
El amor y el dolor
Jesucristo revela al Padre, conocemos el rostro de
Dios y su intimidad a través de lo que hace y dice Jesús. "Todo
lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío" (Jn 17,10). Son muchos los
textos que nos muestran la inmanencia del Hijo en el Padre, "el
que me ha visto a mí ha visto al Padre" (Jn 14,9), en su rostro
crucificado nos invita a ver al Padre, lo que muestra a un Padre paciente,
nada indiferente y lejano. Para ver como se compaginan el amor y el
dolor, la impasibilidad y la pasibilidad vamos a observar el misterio
de Dios y de la redención desde distintos puntos de vista.
El primero es lo evidente del sufrimiento de Jesús
que experimenta: el odio, la injusticia, la calumnia, el desprecio,
la burla, el dolor físico hasta el límite y la muerte por amor en un
sacrificio costoso. La comunicación de idiomas entre la naturaleza divina
y la humana de Jesús nos muestra que este dolor humano es dolor de la
persona de Jesús. El Hijo sufre ese dolor humano que le afecta vivamente.
Separar lo humano y lo divino lleva al nestorianismo. No parece aceptable
la indiferencia en el Hijo en cuanto Dios cuando los sufrimientos en
su alma y en su cuerpo humanos son tan patentes. Es claro que no se
puede aceptar un dolor que disminuya la divinidad de modo que, de hecho,
no fuese Dios. El origen del arrianismo fue el escándalo ante el Deus
passus. Pero si no puede entenderse como deficiencia, deberá entenderse
como perfección del amor que es el motivo de la redención. Luego el
Verbo sufre por amor.
Por otra parte nos atestigua San Pablo que el Espíritu
Santo se contrista por el pecado: "no contristéis al Espíritu Santo
de Dios" (Ef 4,30). No podía ser de otro modo, el Espíritu Santo
es el Espíritu del Hijo, es amor del Hijo y sufre con la misma causa
que sufre el Hijo, es más, sufre con su dolor y su anonadamiento. La
perichóresis nos habla de un intercambio de todo lo que tiene el Hijo
y todo lo que tiene el Espíritu Santo. Si el Hijo tiene dolor amoroso
el Espíritu Santo también participa de él.
El Padre también vive la perichóresis, y la
vive como eterno Amante, la vive como es el que es el origen del amor
al Hijo, y como origen del amor redentor que quiere el modo más sabio
de salvar la libertad pecadora del hombre. La voluntad de que sea el
Hijo es porque los hombres han sido creados a imagen del Hijo, y porque
la restauración sería un rehacer la imagen del Hijo en los hombres y
un modo de elevar la naturaleza humana a una unión con la divinidad
imposible de superar pues es hipostático en Jesús. La voluntad del Padre
es obedecida por el Hijo como Dios y como hombre y llega hasta la muerte,
hasta el dolor más extremo. Sería una injusticia pensar que Dios Padre
permanece indiferente en una voluntad justiciera que otro tiene que
satisfacer de una manera tan cruenta. El Padre experimenta un dolor
que es una perfección del amor trinitario que en la creación y en la
redención alcanza nuevos modos de manifestarse
La perichóresis trinitaria ilumina el acto
doloroso de la redención, en un amor loco, en un amor que es donación
total, en una Misa que es acción divina no humana. Apreciar el dolor
de Dios ayuda a conocer más a fondo la intimidad de Dios que ama sin
detenerse ante nada.
Otro punto a considerar es poder valorar lo
que es realmente el pecado. Si se considera la impasibilidad de Dios
ante los pecados de los hombres, entonces todo importa poco, por no
decir nada, los pecados son indiferentes, salvo quizá en cuanto son
ofensas a los demás hombres. Pero si se considera el pecado como ofensa
a Dios, como una acción libre humana que entristece a las personas divinas,
que las daña en una acción imposible ya es otra cuestión. Pero, ¿porque
las daña? porque la gloria de Dios es la vida del hombre y lo que hiere
la vida del hombre y le mata duele en lo más íntimo el amor de Dios.
El Padre sufre con el dolor del hijo más que el mismo hijo pues ve mejor
sus daños alocados. Podría quitar la libertad al hombre, podría anular
la creación, pero sería etenamente menos perfecto. El amor libre y la
misericordia dolorosa valen más que el pecado.
Además se da otro factor, Dios es solidario
con el hombre, lo más íntimo del hombre es su ser que es participado
del ser divino, Dios es más íntimo a nosotros que nosotros mismos, luego
nuestros amores y nuestros dolores afectan a Dios. Si añadimos la solidaridad
por la gracia en la cual Dios está en el hombre y el hombre en Dios,
la comunión de dolores y de amores no puede ser menos que real.
Todas estas consideraciones nos llevan a profundizar
en el amor infinito de Dios. La revelación de Dios Trino nos muestra
un amor que se entrega al hombre como reflejo de ese amor entregado
entre las tres personas. Para Dios en sí no habría dolor si no existiese
el hombre, pero los hechos nos dicen que existimos y por tanto Dios
se ha comprometido con nosotros en nuestra existencia real. El hecho
de que permita el mal muestra que la libertad para amar es superior
a todos los dolores, cosa experimentada por los hombres, el mismo infierno
es la ausencia del amor de Dios por libre elección pecadora