El máximo enigma de la vida es la muerte(GS) enseña el Vaticano II, y cada día es posible
constatar esta realidad como interrogante sobre el sentido de
la vida. Este trabajo intenta examinar el momento de la muerte,
tanto desde la perspectiva médica como desde la teológica que
se ayudan mutuamente.
Mucho se ha meditado sobre el hombre desde
casi todos los ángulos posibles. Una tendencia antigua es el dualismo
que al contemplar lo espiritual y lo corporal en el hombre lo
separa en diversos grados. Aquí podemos encontrar el reencarnacionismo
hindú y budista, el zoroastrismo que intenta así explicar el origen
del mal, el maniqueísmo, el más matizado de Platón, el casi moderno
de Descartes. Aristóteles dio una explicación más unitaria en
la unión de cuerpo y alma como forma y materia, aunque es poco
claro para mostrar loa inmortalidad del alma. Santo Tomás da un
paso decisivo al distinguir en la forma el alma- una cmposición
metafísica (no física) de esencia y acto de ser siendo ese acto
de ser la causa última de su inmortalidad y de las operaciones
espirituales del alma y las corporales del cuerpo a través del
alma. Se salva así la dualidad sin perder la unidad del ser humano.
En la Biblia con su lenguaje propio prefilosófico
se descubre con bastante nitidez la unidad del ser humano en su
dualidad, no dualismo, eso muestran estudios sobre los términos
ruah, nefesh, leb y--------- que señalan la riqueza del ser humano
en sus diversas facetas, pero insistiendo que es uno con un cuerpo
espiritual, y no sólo un alma en una cárcel que es el cuerpo como
decían los dualismos.
Con este breve preludio podemos entrar
en cómo entienden la muerte. Para los dualismos es muy clara la
separación del alma del cadáver que poco cuenta en la vida del
más allá. Los que defienden la dualidad en la unidad
matizan más. La muerte es también separación de espíritu
y materia, pero con una atracción constante, que en la fe cristiana
se concreta en la plenitud de la resurrección de la carne como
momento de la plenitud de la vida humana.
El breve estudio que queremos mostrar
hace referencia al momento de la muerte siguiendo especialmente
los estudios de la doctora Kübler-Ross médico con 28 doctorados
honoris causa en la actualidad por sus valiosas aportaciones en
el campo de los cuidados a moribundos en los cuidados paliativos.
No tenemos en cuenta el aspecto moral, a pesar de su importancia,
especialmente en cuanto a la eutanasia. Pero sirva una cita de
esta doctora que trató unos veinte mil moribundos: en el
transcurso de los últimos veinte años solamente una persona me
ha pedido terminar. Es lo que nunca he comprendido. Me senté a
su lado y le pregunté: ¿Por qué quiere hacerlo? Y
me explicó: Yo no lo quiero, pero mi madre no puede soportar
todo esto; por eso le he prometido pedir la inyección. Claro
está que hablamos con la madre y la ayudamos. Se vio que no era
la ira la que le hacía expresar esta petición desesperada, sino
que todo se había vuelto demasiado duro para ella. Ningún moribundo
os pedirá una inyección si lo cuidáis con amor y si le ayudáis
a arreglar sus problemas pendientes. La experiencia es de gran valor en la actualidad
en que la soledad de los enfermos terminales y la visión materialista
hacen estragos.
En el umbral de la muerte
Es interesante el estudio del Dr Iosu
Cabodevilla sobre los momentos anteriores a la muerte con muchos ejemplos y un resumen de lo que
ha elaborado la Doctora Kübler-Ross. Vale la pena como consulta
el trabajo publicado en Lancet de Ezequiel y Linda Emanuel sobre el mismo
tema con el modo de expresión tecnológico. En definitiva se trata
de distinguir los estados que suelen pasar los enfermos terminales,
dando al mismo tiempo experiencias propias de cuidados paliativos.
Veamos estos pasos.
a)
primera
fase: negación y aislamiento. Es como un amortiguador ante una
situación inesperada a la que seguirá una aceptación parcial,
aunque hay muchas variaciones y extremos, el cuidador debe escuchar
y tener paciencia.
b)
Segunda
fase: ira. Es la fase de no querer aceptar la realidad con un
¿por qué yo? Puede llegar a la desesperación y expresiones feroces.
Es conveniente que salga al exterior esa ira como válvula de escape
de la gran tensión. En los terminales se puede unir frustración,
resentimiento y miedo. Son momentos difíciles.
c)
tercera
fase: el pacto. Es como un regateo del paciente en el que parece
tranquilo, empieza a afrontar la realidad, pero como intentando
retrasar los hechos, peor es cuando pasa la fecha del vencimiento.
d)
Cuarta
fase: depresión. El enfermo necesita tiempo para estar a solas
consigo, ya no puede negar la enfermedad
y hay una sensación de pérdida (trabajo, familia, una parte
del cuerpo, etc.). Más que una depresión reactiva es una depresión
preparatoria pues tiene como causa pérdidas inminentes. Los asistentes
sociales y los capellanes son de gran ayuda en esta fase, no se
trata tanto de animarle a que mire el lado alegre de la vida y
de su familia, se trata de tener muchas comunicaciones verbales.
Es beneficiosa para que el paciente muera en la fase de aceptación
y paz.
e)
Quinta
fase: aceptación. Si ha podido expresar sus sentimientos anteriores
puede entrar en la verdadera aceptación. Duerme mucho más, que
no es propiamente resignación, sino no querer luchar mucho más.
No es que sea una fase feliz, pero hay como un descanso final
antes del viaje, las comunicaciones son más mudas que orales:
gestos, roces. Es momento de ayudar a la familia a ser posible
con una ayuda espiritual. Para el paciente es como una silenciosa
espera. La paz puede ser consoladora, pero con la aceptación llega
el desprendimiento, el apartarse de los demás. El enfermo para
aceptar la muerte debe ser indiferente a la vida terrena. El pensamiento
de la vida eterna es consolador para el creyente.
f)
El enfermo inconsciente o pre-coma. Es un anuncio
de que el final está cerca, conviene tratar los síntomas más molestos
y continuar con el contacto corporal y las palabras al oído con
una cierta frecuencia. No pueden hablar, pero pueden escuchar.
Es conveniente evitar conversaciones ante el enfermo y tratarle
como si pudiera escuchar aunque no lo parezca.
El momento
de la muerte.
Separación
del alma y cuerpo, paralización de las funciones corporales son
respuestas que resultan suficientes, pero son poco precisas. No
pequeño problema es el diagnóstico de la muerte como tres encefalogramas
planos con intervalos de quince minutos. Todos coinciden en que
no siempre son suficientes, pero no es ahora nuestra cuestión.
Veamos la
experiencia de la doctora Kübler-Roos confirmada por las entrevistas
del Doctor Moody. Dice que se han dado con personas de todas las
religiones, con niños, con ancianos y con accidentados que han
conseguido la reanimación y han podido contar su experiencia.
Después
de haber pasado por una transición visual muy bella, digamos una
especie de túnel, nos acercamos a una fuente luminosa que muchos
de nuestros enfermos han descrito y que a mí me fue dado conocer.
Pude vivir la experiencia más maravillosa e inolvidable, lo que
se llama la conciencia cósmica. En presencia de esa luz, que la
mayoría de los iniciados en nuestra cultura occidental llaman
Cristo, Dios, Amor o simplemente Luz estamos envueltos en un amor
total e incondicional de comprensión y de compasión.
Esta luz
tiene su origen en la fuente de la energía espiritual pura y no
tiene nada que ver con la energía física o psíquica. La energía
espiritual no puede ser manipulada por el hombre. Existe en una
esfera en la que la negatividad es imposible. Esto quiere decir
también que en presencia de esta luz no podemos tener sentimientos
negativos, por mala que haya podido ser nuestra vida, y sean cuales
fueren nuestros sentimientos de culpabilidad. En esta luz que
muchos llaman Cristo o Dios es también imposible ser condenado
puesto que Él es amor absoluto e incondicional. En esta luz nos
damos cuenta de lo que pudimos ser y de la vida que hubiéramos
podido llevar. En presencia de esta luz, rodeados de compasión,
de amor y de comprensión, debemos revisar toda nuestra vida para
evaluarla. Estas experiencias no cuestionan la existencia
del infierno como autoexclusión y endurecimiento en el pecado
resistiendo la gracia de Dios, ni muestran el Cielo como comunión
gratuita con Dios, sino el momento físico de la muerte: una separación
y una reanimación, más o menos rápida. La multitud de experiencias
es grande y llevan a ver unos efectos en el cuerpo y una realidad
espiritual que se libera de un modo de vivir más estrecho.
Experiencias
del Doctor Moddy.
Así encabeza
la serie larga de experiencias médicas que ha coleccionado: Un
hombre está muriendo y, cuando llega al punto de mayor dolor físico,
oye que su doctor lo declara muerto. Comienza a escuchar un ruido
desagradable, un zumbido chillón, y al mismo tiempo siente que
se mueve rápidamente por un largo y oscuro túnel. A continuación
se encuentra fuera de su cuerpo físico... Enseguida empieza a
ocurrir algo. Otros viene a recibirlo y ayudarle. Ve los espíritus
de parientes y amigos que ya habían muerto, y aparece ante él
un espíritu amoroso y cordial que nuca antes había visto: un ser
luminoso.
El doctor
Moody recoge multitud de testimonios que agrupa según el siguiente
esquema:
a)
inefabilidad
b)
oír las
noticias
c)
sensaciones
de quietud y paz
d)
el ruido
e)
el túnel
oscuro
f)
fuera
del cuerpo
g)
encuentro
con otros
h)
el ser
luminoso
i)
la revisión
j)
la frontera
o límite
k)
el regreso .
Conclusión
En estas apreciaciones es posible aprovechar un cuidado
a los moribundos excelente y un modo de superar la eutanasia.
Sin embargo, conviene precisar diversas cosas. Las reanimaciones
duran entre segundos ver la película de la propia vida-
y unos veinte minutos más o menos. Lo que nos lleva a considerar
propiamente por muerte. La praxis pastoral secular acepta impartir
la unción de los enfermos una o dos horas después de cuando habitualmente
una persona se considera muerta; se viene a decir que mientras
tenga algo de calor el cuerpo. Y de hecho la muerte sorporal sólo
es cierta cuando se da la descomposición de órganos vitales. Lo
experimentado por estos doctores citados lo podemos considerar
como fases de la muerte cuando exteriormente, o con la medicina
actual, se considera muerto a un paciente.
Otra cosa es que se entiende
por más allá pues queda impreciso en estas experiencias, llenas
de optimismo. La luz tiene que venirnos de la Revelación, ya que
las posibilidades de experimentación son nulas, y las de seguir
un razonamiento dependen en gran manera de la antropología subyacente.
Ciertamente el alma vive de un modo inmortal, esta verdad es de
razón y de fe. Es una evidencia la descomposición del cuerpo y
la existencia dolorosa en la fase terrenal. Es de fe que la muerte
entra por el pecado en el mundo como una no vida contraria al
diseño original divino y afecta de distintos modos al alma en
el pecado, al cuerpo al morir, y a toda la creación en diverso
grado. Es de fe que las almas al morir están ante Dios y que tienen
una suerte diversa según el estado de su conciencia. Lo mostrado
por estos doctores de una parte desdramatiza el hecho de la muerte,
especialmente para los creyentes, aunque si se ha puesto toda
la esperanza en el vivir permanece el sinsentido de pérdida total.
Pero tiene el inconveniente de dar un paso que les resulta indebido,
como es la reducción del más allá a una situación llamémosle de
cielo, lo que anula la responsabilidad humana y la libertad, así
como la justicia divina siempre unida a su misericordia. De todos
modos vale la pena tener muy en cuenta lo que digan las experiencias,
salvando que se puedan deber a alucinaciones, cosa no probada,
en personas que realmente no han llegado al estado de muerte.
Pienso que estos estudios tienen
un gran valor en cuanto a los cuidados de los enfermos terminales
y como respuesta a la eutanasia. Por otra parte destacan el componente
espiritual del ser humano. También comunican una esperanza. Pero
no pueden ir más allá y solamente la revelación es capaz de desvelarnos
la situación de las almas y los cuerpos en la escatología intermedia
y en la resurrección de la carne donde se dará una espiritualización
de la materia.