¡Gloria
y alabanza a ti Santísima Trinidad, único y eterno Dios!
Dice la oración para el año Santo. De ello trata
esta primera sesión del aula de teología de este año: la gloria
de Dios
Camino 780. "Deo omnis gloria". —Para Dios
toda la gloria. —Es una confesión categórica de nuestra nada.
El, Jesús, lo es todo. Nosotros, sin El, nada valemos: nada. * Nuestra vanagloria sería eso: gloria vana; sería un robo sacrílego;
el "yo" no debe aparecer en ninguna parte. Aquí se ve
la rectitud de intención frente al amor propio que se apropia
de los éxitos para una gloria vana. Pero la afirmación es más
extrema cuando llega a decir en Camino Camino 783. Si la vida no tuviera por fin dar gloria
a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible.
Es
el ad maiorem Dei gloriam AMDG de San Ignacio de Loyola que habremos
visto tantas veces. La beata Isabel de la Trinidad experimentó
en su camino hacia Dios que no conseguía salir de sí y experimentó
un cambio sustancial en un retiro, una verdadera conversión dice
así: "he encontrado en San Pablo un pasaje espléndido: 'Dios
nos ha creado para la alabanza de su gloria'" se sintió extasiada
e impresionada y desde entonces se llama a sí misma "laudem
gloriae" ese es el sentido de su vida, su vida interior se
simplifica, mira hacia fuera es ya "dejarse crucificar para
ser alabanza de gloria" y nada más y brota de su alma un
cántico nuevo un himno de alabanza a Dios uno y Trino. "vivo
en el cielo de la fe, en el centro de mi alma y procuro hacer
la felicidad de mi Maestro siendo ya en la tierra 'alabanza de
su gloria'" Es como si tuviese una luz especial de la alto
para entender lo que es la gloria de Dios, comprende lo que dice
Jesús: "Mi Padre queda glorificado en que llevéis mucho fruto"
(Jn 15,8). Dios es glorificado en la medida en que sus perfecciones
se reflejan en las almas. El cielo mismo se suele definir por
categorías de gozo, pero es una alabanza de la gloria de Dios
para ello vivir "en el cielo de su alma" lo que hacen
los santos en "el cielo de la gloria". Es vivir de amor
puro y desinteresado, una alma que permanece así es como una lira
que espera ser pulsada por el Espíritu Santo para extraer acordes
humano divinos.
Si
damos un paso más que entendemos por gloria de Dios. Hay que decir
que es una noción primaria, como la belleza, es la expresión del
esplendor de la perfección divina que suscita admiración y adoración.
La definición clásica es "clara cum laude notitia" conocimiento
claro con alabanza" pero puede quedarse algo corto en entenderlo,
lo ideal es la ciencia de la experiencia que sabe porque sabe
pero no sabe por qué sabe, ve, siente, experimenta, conoce y reconoce,
asciende, saborea o queda anonadado ante la grandeza como Moisés
ante la zarza ardiente del Sinaí, como Pedro en la Transfiguración
y se postra con temor y temblor atraída fascinada pero con el
respeto de lo tremendo que es lo propio de lo sagrado, que al
mismo tiempo es fascinante. Es lo que los hebreos llaman el kabod
de Dios. Es la doxa tou zeou de los griegos, aunque en los griegos
tiene un matiz de conocimiento más o menos incierto en cambio
el kabod es una cualidad de gran trascendencia.
La
gloria intrínseca de Dios es su vida misma, su perfección, su
circulación de amor y conocimiento, su belleza absoluta que es
infinita. Nada externo necesita para que el esplendor de la gloria
sea máximo. Dios quiso comunicar sus infinitas perfecciones a
las criaturas que le comunican una gloria extrínseca que es el
fin de la creación. El bien de las criaturas es dar a Dios esa
gloria, porque en Él encuentran la vida y la perfección.
La
gloria de Dios: he aquí el alfa y el omega, el principio y el
fin de toda la creación. La misma encarnación del Verbo y la redención
del género humano no tienen otra finalidad que la gloria de Dios:
"Cuando te queden sometidas todas las cosas, entonces el
mismo Hijo se sujetará a quién a él todo se lo sometió, para que
sea todo en todas las cosas" (1 Co 15,28) Por eso exhorta
el apóstol a no dar un paso que no sea encaminado a la gloria
de Dios: "Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo
todo para la gloria de Dios" (1 Co 10,31) "por cuanto
que en Él nos eligió antes de la constitución del mundo, para
que fuesemos santos e inmaculados ante él, y nos predestinó en
caridad a la adopción de hijos suyos por Jesucristo, conforme
al beneplácito de su voluntad para alabanza
de su gloria" (Ef 1,4-6).
San
Alfonso María de Ligorio se dice que "no tenía en la cabeza
más que la gloria de Dios". En realidad, nada debe preocupar
tanto a un alma que aspire a santificarse como el constante olvido
de sí misma y la plena rectificación de su intención a la mayor
gloria de Dios. "En el cielo de mi alma -decía la beata Isabel
de la Trinidad- la gloria del Eterno, nada más que la gloria del
Eterno, he aquí la consigna suprema de toda la vida cristiana.
En la cumbre más elevada del amor la esculpió San Juan de la Cruz
con caracteres de oro: "sólo mora en este Monte la honra
y gloria de Dios"
Cristo
es "el esplendor de la gloria del Padre" después de
una breve humillación fue coronado de gloria (Heb 1,2;2,7.9).
Para
los hombres San Ireneo nos dará una aportación importante para
captar lo que es la gloria de Dios: "Gloria Dei vivens homo",
la gloria de Dios es la vida del hombre, y la vida del hombre
es la visión de Dios. que aleja de considerar a Dios como un ser
lejano de los hombres como un rey que recibe el tributo de los
hombres como una especie de autocomplacencia. La gloria de Dios
es vivir en nosotros, es que tengamos vida eterna, la suya; es
endiosarnos. Esa gloria de Dios es gozo en Dios por la alegría
del triunfo del hijo libre, que puede ser díscolo, pero que ha
triunfado y ama como Dios, es el mismo Dios en cierta manera,
como dice San Gregorio de Nisa. Es el endiosamiento bueno que
será perpetuo en la vida de la gloria perpetua que es el cielo.
Para
comprenderlo mejor intentaremos profundizar en dos aspectos:
1. El conocimiento de la intimidad de Dios en
su comunión de tres personas
2. El endiosamiento bueno de la filiación divina,
de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma
Veamos
el misterio de la Trinidad desde su intimidad, misterio que rebasa
la razón humana, pero que, al mismo tiempo, da intensas luces:"esta
es la vida eterna, que te conozcan a ti, Padre, y a tu enviado
Jesucristo" dice el Señor
-Dios,
el Padre, es amor, esta afirmación conduce a las profundidades
divinas. En la salvación corresponde al Padre la iniciativa del
amor, su amor es un amor fontal, una fuente que mana eternamente.
El Padre es el principio, la fuente y el origen de la vida
divina. No engendrado, no creado su innascibilidad es no tener
origen es el principio en cuanto que es Aquel de quien otro procede.
Sólo Él puede sin motivo o causa empezar a amar (salvando el lenguaje
del tiempo para la eternidad). Dios ama desde siempre y para siempre,
comenzó a amar desde la eternidad. Nunca fallará a su fidelidad
en el amor, es una total espontaneidad, fontalidad, creatividad
inagotable del amor divino. El Padre es eterno origen del amor,
Aquél que ama en absoluta libertad, desde siempre y para siempre
libre en su amor, el eterno
Amante con la gratuidad más pura del Amor
El
Amor del Padre no es egoísta, sino que es generador, originante,
fecundo. Amando Dios se distingue: es Amante y Amado, Padre e
Hijo. Es el Padre por esencia, la paternidad le distingue de las
otras personas. Eternamente está engendrando por amor al Hijo
de un modo tan perfecto que el Hijo es consustancial con el Padre
que le da toda su vida. El Padre sale de sí mismo totalmente en
desbordante generosidad del Primer Amor
Más
allá del Hijo el Amor que engendra al Hijo sigue procediendo amor;
amar es transcender al otro, no para amarlo menos sino para amarlo
más. El Amor del Padre, fuente del Amado, el Hijo, es también
fuente del tercero en el amor, el Espíritu. El Espíritu Santo
es el éxtasis de amor del Padre ante el Hijo y del hijo al contemplar
al Padre. Es el condilecto en el amor. Es el vínculo personal
de la comunión mutua del Padre y del Hijo. Es el don personal
de su generosidad absoluta, en Él la Trinidad se hace donante
y acogedora. El Padre, Amante eterno, es fuente del Espíritu no
sólo como amor unificante, sino como amor abierto y acogedor y
espira al Espíritu como don.
Esta
libertad amorosa del Padre es el origen de la creación y la razón
más profunda de la libertad de las creaturas. Su iniciativa amorosa
no cede ni ante el ingrato o el infiel
El
Hijo es el Amado. Jesús nos revela la intimidad divina especialmente
en la muerte y la resurrección en la pascua. Pero fijémonos sólo
en que es preexistente al mundo creado, es el Verbo del Padre,
su Palabra eterna. Lo característico suyo es nacer de otro, ser
amado, en el Hijo reside la receptividad del amor. El Hijo es
acogida pura, eterna obediencia de amor; él es el amado antes
de la creación del mundo. El eterno Amante se distingue del eterno
Amado, procediendo de él por la plenitud desbordante de su amor;
el Hijo es el otro en el amor, sin él no existiría en amor como
don. El acto eterno de la generación es el eterno nacimiento de
su Hijo que no nace de la nada, ni de una sustancia cualquiera
sino del seno del Padre, es decir de su sustancia. El Hijo es
el Verbo, la Imagen transparente y radiante de la suya. La creación
e tiene en el Verbo su fundamento.
Pero
el Padre no es el Hijo, el Amante no es el Amado, sin esa alteridad
sería Dios soledad absoluta, egocentrismo infinito. Dios es dar
en el Padre y también receptividad, dejarse amar eternamente.
Al crear el amor se hace vulnerable al pecado. corre el riesgo
de la libertad. El dolor divino es perfección del amor como se
ve en Jesús, pero es desde la intimidad divina
El Padre y el Hijo espiran al Espíritu Santo
que procede de los dos, porque su distinción ha quedado asumida
en una unidad más alta del amor que procede del Padre y que, descansando
en el Hijo, vuelve a su origen sin origen. El Espíritu Santo es
el vínculo personal de comunión distinto del uno y del otro. El
amor divino es oblativo, apertura plena. El Espíritu realiza la
verdad del amor divino, demostrando cómo el verdadero amor no
es nunca cerrazón o posesividad, sino apertura, don, salida del
círculo de los dos. El él se da la apertura de lo que es divino
a lo que no es divino. Es también el éxtasis de Dios hacia su
otro: la criatura. En el Espíritu el Amante y el Amado se abren
a la creación y a la salvación
El
Espíritu es aquél que abre el mundo de Dios al mundo de los hombres.
El Espíritu recibe del Padre principalmente y del Hijo, en cuanto
que el Hijo es dado por el Padre ser el vínculo
de unidad del Padre y del Hijo es el tercero en el amor, aquel
a quien el Padre ama por el Hijo, más allá y por medio del Amado,
siendo por eso mismo personalmente el don del amor, el éxtasis
del Amante y del Amado, su apertura, el termino de su entrega,
otro respecto a los dos. Es el amor que desborda del Padre y se
derrama en el Hijo, que al recibirlo es uno con el Padre, porque
dado por él, el Espíritu es amor que se distingue del eterno Amante;
otro respecto del Hijo. La suya es la relación de las relaciones
garantiza la distinción y constituye la unidad del ser divino
como aquel acontecimiento que es el amor mismo
Dios
Padre derrama su Espíritu sobre su Hijo que a su vez lo entrega
al Padre en el momento de la cruz y una vez que ha recibido en
plenitud en la hora nueva de la pascua y lo da a toda carne. El
Espíritu es aquel por quien se consuma la comunicación de Dios.
Es sobreabundancia del amor divino, plenitud desbordante, éxtasis
de Dios, Dios como pura excedencia, Dios como emanación de amor
y de gracia
El
endiosamiento bueno es la inhabitación de la Santísima Trinidad
en el alma. El Padre ama al hombre, le perdona con su misericordia
y le da la vida de Cristo conquistada en la Cruz. Este don lo
recibe por el Espíritu Santo. De modo que el cristiano en gracia
es hijo de Dios Padre, otro Cristo, miembro de Cristo y en él
actúa el Espíritu Santo que lo cristifica, lo endiosa. La acción
del cristiano será dejar
hacer, ser dócil a esa acción interior.
"El
Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente
la suerte de los hombres: sus afanes, sus luchas, sus angustias.
Es un Padre que ama a sus hijos hasta el extremo de enviar al
Verbo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que, encarnándose,
muera por nosotros y nos redima. El mismo Padre amoroso que ahora
nos atrae suavemente hacia El, mediante la acción del Espíritu
Santo que habita en nuestros corazones." Es Cristo que pasa, 84
"Pero
Dios Padre, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su
Hijo Unigénito, que -por obra del Espíritu Santo- tomó carne en
María siempre Virgen, para restablecer la paz, para que, redimiendo
al hombre del pecado, adoptionem filiorum reciperemus,
fuéramos constituidos hijos de Dios, capaces de participar en
la intimidad divina: para que así fuera concedido a este hombre
nuevo, a esta nueva rama de los hijos de Dios,
liberar el universo entero del desorden, restaurando todas las
cosas en Cristo,
que los ha reconciliado con Dios." Es Cristo
que pasa, 183
"Por Cristo y en el Espíritu Santo, el cristiano
tiene acceso a la intimidad de Dios Padre, y recorre su camino
buscando ese reino, que no es de este mundo, pero que en este
mundo se incoa y prepara." Es Cristo que pasa, 116
"Esa
es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la
dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia
que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar
la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si
no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no
hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y
hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo."
Es Cristo que pasa, 133
"El corazón necesita, entonces, distinguir
y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es
un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural,
como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia.
Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con
el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito
vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las
virtudes sobrenaturales! " Amigos de Dios, 306
"Porque
el Espíritu Santo no es
un artista que dibuja en nosotros la divina substancia, como si
El fuera ajeno a ella, no es de esa forma como nos conduce a la
semejanza divina; sino que El mismo, que es Dios y de Dios procede,
se imprime en los corazones que lo reciben como el sello sobre
la cera y, de esa forma, por la comunicación de sí y la semejanza,
restablece la naturaleza según la belleza del modelo divino y
restituye al hombre la imagen de Dios". Es Cristo que pasa, 134
"La efusión del Espíritu Santo, al
cristificarnos, nos lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios.
El Paráclito, que es caridad, nos enseña a fundir con esa virtud
toda nuestra vida; y consummati in unum, hechos una sola cosa con Cristo,
podemos ser entre los hombres lo que San Agustín afirma de la
Eucaristía: signo de unidad, vínculo del Amor. Es Cristo que pasa, 87
"el
Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono
sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. El es quien
nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla
con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra
vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera.
Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá
formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada
día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios,
esos son hijos de Dios.
Es Cristo que pasa,
135
"Si tenemos relación asidua con el
Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos
sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos
en invocar como a Padre que es nuestro.
Es Cristo que pasa,
136
"El mismo Padre amoroso que ahora
nos atrae suavemente hacia El, mediante la acción del Espíritu
Santo que habita en nuestros corazones." Es
Cristo que pasa, 84
Santa
Teresa de Jesús cuando describe la unión máxima con Dios del llamado
matrimonio espiritual dice: "Es un secreto tan grande y merced
tan subida lo que comunica Dios allí en el alma en un instante
y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo
comparar, sino a que quiere Dios manifestarle por aquel momento
la gloria que hay en el cielo, por más subida
manera que por ninguna visión ni gusto espiritual. No se puede
decir más de que -a cuanto se puede entender- queda el alma, digo
el espíritu de esta alma hecha
una cosa con Dios que, como es también espíritu, ha querido
su Majestad mostrar el amor que nos tiene, en dar a entender a
algunas personas hasta dónde llega par alabanza de su grandeza;
porqrue de tal manera ha querido juntarse con la criatura que
no se quiere apartar de ella" (Moradas 2,4). "Digamos
que sea la unión como si dos velas de ceera se juntasen tan en
extremo que toda la luz fuese una, u que el pabilo y la luz y
la cera es todo uno; más después bien se puede apartar una vela
de la otra y quedan en dos velas, u el pabilo de la cera. Acá
es como cayendo agua del cielo en un río o fuente adonde queda
todo hecho todo agua, que no podrán ya separar el agua del río
u la que cayó del cielo; o como si un arroíco pequeño entra en
el mar, no habéis remedio de apartarse; u como en una pieza estuviesen
dos ventanas por donde entrase gran luz, aunque entrase dividida,
s ehace todo una luz(...) la mariposilla muere con grandísimo
gozo, porque su vida es ya Cristo" (2,6)
Como
el hierro que cae en el fuego que se pone incandescente y se hace
fuego, sin dejar de ser hierro dice San Juan de la Cruz.
Leo con estremecimiento lo escrito por
la beata Isabel de la Trinidad: "Una noche sentí la gran
ternura del Padre que me envolvía en su caricia dulce y suave,
fuera de mí me arrodillé en tierra, acurrucada en la oscuridad,
con el corazón que latía con fuerza, y me abandoné completamente a su voluntad,
y el Espíritu me introdujo en el misterio de amor trinitario.
El extasiante intercambio de dar y recibir se produjo también
a través de mí; de Cristo. a quién yo estaba unida, hacia el Padre
y del Padre hacia el Hijo. Pero ¿Cómo expresar lo inexpresable?
Nada veía y, sin embargo, era más que ver y mis palabras son impotentes
para traducir este intercambio de júbilo, que era correspondido,
se relanzaba, recibía y daba. Y de ese intercambio fluía una vida
intensa de Uno al Otro, como una leche tibia se desliza desde
el seno de la madre a la boca del niño agarrado a esta dicha.
Y yo era ese niño, era toda la creación que parrticipa de la vida,
del reino, de la gloria una vez regenerada por Cristo. Abriendo
la Biblia leí: "...todos llevan tu solplo incorruptible"
(Sab 12,1) ¡Oh Santa y viviente Trinidad! Permanecí como fuera
de mí durante dos o tres días, y aún hoy esta experiencia permanece
fuertemente impresa en mí" (Isabel de la Trinidad
La
gloria de Dios es la vida del hombre, pero la vida del hombre
es vivir vida divina, ser templo del Espíritu santo, ser otro
Cristo, ser hijo del Padre, introducirse en las relaciones divinas
y en la eterna comunión. La gloria de Dios es el endiosamiento
bueno del hombre, Yo en tí y tú en Dios. Distinguiendo la relación
con las tres personas divinas: Hijos de Dios Padre, Hijos en el
Hijo, otros Cristos, Hijos por el Hijo. Hijos en el Espíritu Santo
que es el dador de vida que da la fe, la esperanza, la caridad
y los dones que elevan a casi un nivel de visión beatífica.
Veamos
el famoso cuestionario que hizo al beata Iabel de la Trinidad
en el que se ve su ideal de santidad
<<¿Cual
es, a su parecer, el ideal de santidad? Vivir de amor
<<¿Cuál
es el medio más corto para alcanzarlo? Hacerse pequeñita, entregarse
sin reserva
<<
¿Qué santo es el que más amáis? El discípulo amado que descanso
sobre el pecho de su maestro?
<<¿La
santa que preferís? ¿Y por qué? Nuestra Madre Santa Teresa, porque
murió de amor.
<<¿Qué
punto de regla preferís? El silencio
<<¿Cuál
es el rasgo dominante de vuestro caracter? La sensibilidad
<<¿Vuestra
virtud predilecta? La pureza: Bienaventurados los limpos de corazón
porque ellos verán a Dios"
<<El
defecto que os inspira más aversión? El egoísmo bajo todas sus
formas.
<<Dadnos
una definición de oración. La unión del que no es con Aquel que
es
<<¿Qué
libro preferís? El alma de Cristo; ella me comunica los arcanos
todos del Padre, que está en los cielos
<<¿Tenéis
grandes deseos del cielo? A veces sufro nostalgia; más fuera de
la visión, lo poseo ya en lo más íntimo de mi alma
<<¿En
qué dsposiciones quisierais encontraros en la hora de la muerte?
Quisiera morir amando y caer así en brazos de Aquel a quien amo
<<¿Hay
algún género de martirio que os gustaría más que otro? Los amo
todos, pero preferentemente el martirio de amor
<<¿Qué
nombre quisierais tener en el cielo? Voluntad de Dios
<<¿Cuál
es vuestro lema? Dios en mí, y yo en él.
En
otro lugar añade: "He aquí el módulo de la santidad de los
hijos de Dios: ser santo como Dios es santo; ser santo con la
santidad de Dios y esto viviendo íntimamente con Él en el fondo
del abismo, dentro de nuestro ser"
Escuchemos,
por fin, la elevación a la Trinidad.
"
¡Oh, Dios mío, Trinidad que yo adoro! Ayudadme a olvidarme enteramente
para establecerme en vos, inmóvil y tranquila, como si el alma
estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz ni
hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me
lleve más lejos en la profundidad de vuestro Misterio.
Pacificad
mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra amada morada y el
lugar de vuestro descanso. Que nunca os deje allé solo, sino que
permanezca allí toda entera, toda desperta en mi fe, toda adorante,
toda entregada a vuestra Acción creadora.
¡Oh
mi Cristo amado, crucificado por amor! Quisiera ser una esposa
para vuestro corazón, quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros
hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia y os pido que me
revistais de vos mismo, que identifiquéis mi alma con todos los
movimientos de vuestra alma, que me sumerjáis, que invadáis, que
os sustituyáis en mí para que mi
alma no sea más que una irradiación de vuestra vida. Venid
a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.
¡Oh
Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuchándoos,
quiero hacerme toda discípula para aprenderlo todo de vos. Después,
a través de todas las noches, e todos los vacíos, de todas las
impotencias, quiero fijarme siempre en vos y permanecer bajo vuesttra
gran luz. ¡Oh mi Astro amado, fascinadme para que yo no pueda
salir de vuestra irrdiación!
¡Oh
Fuego consumidor, Espíritu de amor! Venid a mí a fin de que se
haga en mi alma como una encarnación del Verbo;
que yo sea una humanidad sobreañadida en la cual se renueve
todo su misterio.
Y
vos, ¡oh Padre!, inclinaos hacia vuestra pobre criatura; cubridla
con vuestra sombra, no veáis en ella más que al Hijo muy Amado
en el cual habéis puesto todas vuestras complacencias.
!Oh
mis Tres, mi Todo, mi Felicidad. Soledad infinita,
Inmensidad donde me perdo! Yo me entrego a vos como una presa;
sepultaos en mí, para que yo me sepulte en vos, mientras espero
ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas"
(21 de noviembre de 1904)