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¡Gloria y alabanza a ti Santísima Trinidad, único y eterno Dios!

Dice la oración para el año Santo. De ello trata esta primera sesión del aula de teología de este año: la gloria de Dios

Camino 780.     "Deo omnis gloria". —Para Dios toda la gloria. —Es una confesión categórica de nuestra nada. El, Jesús, lo es todo. Nosotros, sin El, nada valemos: nada. *     Nuestra vanagloria sería eso: gloria vana; sería un robo sacrílego; el "yo" no debe aparecer en ninguna parte. Aquí se ve la rectitud de intención frente al amor propio que se apropia de los éxitos para una gloria vana. Pero la afirmación es más extrema cuando llega a decir en Camino Camino 783.     Si la vida no tuviera por fin dar gloria a Dios, sería despreciable, más aún: aborrecible.

            Es el ad maiorem Dei gloriam AMDG de San Ignacio de Loyola que habremos visto tantas veces. La beata Isabel de la Trinidad experimentó en su camino hacia Dios que no conseguía salir de sí y experimentó un cambio sustancial en un retiro, una verdadera conversión dice así: "he encontrado en San Pablo un pasaje espléndido: 'Dios nos ha creado para la alabanza de su gloria'" se sintió extasiada e impresionada y desde entonces se llama a sí misma "laudem gloriae" ese es el sentido de su vida, su vida interior se simplifica, mira hacia fuera es ya "dejarse crucificar para ser alabanza de gloria" y nada más y brota de su alma un cántico nuevo un himno de alabanza a Dios uno y Trino. "vivo en el cielo de la fe, en el centro de mi alma y procuro hacer la felicidad de mi Maestro siendo ya en la tierra 'alabanza de su gloria'" Es como si tuviese una luz especial de la alto para entender lo que es la gloria de Dios, comprende lo que dice Jesús: "Mi Padre queda glorificado en que llevéis mucho fruto" (Jn 15,8). Dios es glorificado en la medida en que sus perfecciones se reflejan en las almas. El cielo mismo se suele definir por categorías de gozo, pero es una alabanza de la gloria de Dios para ello vivir "en el cielo de su alma" lo que hacen los santos en "el cielo de la gloria". Es vivir de amor puro y desinteresado, una alma que permanece así es como una lira que espera ser pulsada por el Espíritu Santo para extraer acordes humano divinos.

            Si damos un paso más que entendemos por gloria de Dios. Hay que decir que es una noción primaria, como la belleza, es la expresión del esplendor de la perfección divina que suscita admiración y adoración. La definición clásica es "clara cum laude notitia" conocimiento claro con alabanza" pero puede quedarse algo corto en entenderlo, lo ideal es la ciencia de la experiencia que sabe porque sabe pero no sabe por qué sabe, ve, siente, experimenta, conoce y reconoce, asciende, saborea o queda anonadado ante la grandeza como Moisés ante la zarza ardiente del Sinaí, como Pedro en la Transfiguración y se postra con temor y temblor atraída fascinada pero con el respeto de lo tremendo que es lo propio de lo sagrado, que al mismo tiempo es fascinante. Es lo que los hebreos llaman el kabod de Dios. Es la doxa tou zeou de los griegos, aunque en los griegos tiene un matiz de conocimiento más o menos incierto en cambio el kabod es una cualidad de gran trascendencia.

            La gloria intrínseca de Dios es su vida misma, su perfección, su circulación de amor y conocimiento, su belleza absoluta que es infinita. Nada externo necesita para que el esplendor de la gloria sea máximo. Dios quiso comunicar sus infinitas perfecciones a las criaturas que le comunican una gloria extrínseca que es el fin de la creación. El bien de las criaturas es dar a Dios esa gloria, porque en Él encuentran la vida y la perfección.

            La gloria de Dios: he aquí el alfa y el omega, el principio y el fin de toda la creación. La misma encarnación del Verbo y la redención del género humano no tienen otra finalidad que la gloria de Dios: "Cuando te queden sometidas todas las cosas, entonces el mismo Hijo se sujetará a quién a él todo se lo sometió, para que sea todo en todas las cosas" (1 Co 15,28) Por eso exhorta el apóstol a no dar un paso que no sea encaminado a la gloria de Dios: "Ya comáis, ya bebáis o ya hagáis alguna cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios" (1 Co 10,31) "por cuanto que en Él nos eligió antes de la constitución del mundo, para que fuesemos santos e inmaculados ante él, y nos predestinó en caridad a la adopción de hijos suyos por Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad para alabanza de su gloria" (Ef 1,4-6).

            San Alfonso María de Ligorio se dice que "no tenía en la cabeza más que la gloria de Dios". En realidad, nada debe preocupar tanto a un alma que aspire a santificarse como el constante olvido de sí misma y la plena rectificación de su intención a la mayor gloria de Dios. "En el cielo de mi alma -decía la beata Isabel de la Trinidad- la gloria del Eterno, nada más que la gloria del Eterno, he aquí la consigna suprema de toda la vida cristiana. En la cumbre más elevada del amor la esculpió San Juan de la Cruz con caracteres de oro: "sólo mora en este Monte la honra y gloria de Dios"

            Cristo es "el esplendor de la gloria del Padre" después de una breve humillación fue coronado de gloria (Heb 1,2;2,7.9).

            Para los hombres San Ireneo nos dará una aportación importante para captar lo que es la gloria de Dios: "Gloria Dei vivens homo", la gloria de Dios es la vida del hombre, y la vida del hombre es la visión de Dios. que aleja de considerar a Dios como un ser lejano de los hombres como un rey que recibe el tributo de los hombres como una especie de autocomplacencia. La gloria de Dios es vivir en nosotros, es que tengamos vida eterna, la suya; es endiosarnos. Esa gloria de Dios es gozo en Dios por la alegría del triunfo del hijo libre, que puede ser díscolo, pero que ha triunfado y ama como Dios, es el mismo Dios en cierta manera, como dice San Gregorio de Nisa. Es el endiosamiento bueno que será perpetuo en la vida de la gloria perpetua que es el cielo.

            Para comprenderlo mejor intentaremos profundizar en dos aspectos:

1. El conocimiento de la intimidad de Dios en su comunión de tres personas

2. El endiosamiento bueno de la filiación divina, de la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma

            Veamos el misterio de la Trinidad desde su intimidad, misterio que rebasa la razón humana, pero que, al mismo tiempo, da intensas luces:"esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, Padre, y a tu enviado Jesucristo" dice el Señor

            -Dios, el Padre, es amor, esta afirmación conduce a las profundidades divinas. En la salvación corresponde al Padre la iniciativa del amor, su amor es un amor fontal, una fuente que mana eternamente. El Padre es el principio, la fuente y el origen de la vida divina. No engendrado, no creado su innascibilidad es no tener origen es el principio en cuanto que es Aquel de quien otro procede. Sólo Él puede sin motivo o causa empezar a amar (salvando el lenguaje del tiempo para la eternidad). Dios ama desde siempre y para siempre, comenzó a amar desde la eternidad. Nunca fallará a su fidelidad en el amor, es una total espontaneidad, fontalidad, creatividad inagotable del amor divino. El Padre es eterno origen del amor, Aquél que ama en absoluta libertad, desde siempre y para siempre libre en su amor, el eterno Amante con la gratuidad más pura del Amor

            El Amor del Padre no es egoísta, sino que es generador, originante, fecundo. Amando Dios se distingue: es Amante y Amado, Padre e Hijo. Es el Padre por esencia, la paternidad le distingue de las otras personas. Eternamente está engendrando por amor al Hijo de un modo tan perfecto que el Hijo es consustancial con el Padre que le da toda su vida. El Padre sale de sí mismo totalmente en desbordante generosidad del Primer Amor

            Más allá del Hijo el Amor que engendra al Hijo sigue procediendo amor; amar es transcender al otro, no para amarlo menos sino para amarlo más. El Amor del Padre, fuente del Amado, el Hijo, es también fuente del tercero en el amor, el Espíritu. El Espíritu Santo es el éxtasis de amor del Padre ante el Hijo y del hijo al contemplar al Padre. Es el condilecto en el amor. Es el vínculo personal de la comunión mutua del Padre y del Hijo. Es el don personal de su generosidad absoluta, en Él la Trinidad se hace donante y acogedora. El Padre, Amante eterno, es fuente del Espíritu no sólo como amor unificante, sino como amor abierto y acogedor y espira al Espíritu como don.

            Esta libertad amorosa del Padre es el origen de la creación y la razón más profunda de la libertad de las creaturas. Su iniciativa amorosa no cede ni ante el ingrato o el infiel

            El Hijo es el Amado. Jesús nos revela la intimidad divina especialmente en la muerte y la resurrección en la pascua. Pero fijémonos sólo en que es preexistente al mundo creado, es el Verbo del Padre, su Palabra eterna. Lo característico suyo es nacer de otro, ser amado, en el Hijo reside la receptividad del amor. El Hijo es acogida pura, eterna obediencia de amor; él es el amado antes de la creación del mundo. El eterno Amante se distingue del eterno Amado, procediendo de él por la plenitud desbordante de su amor; el Hijo es el otro en el amor, sin él no existiría en amor como don. El acto eterno de la generación es el eterno nacimiento de su Hijo que no nace de la nada, ni de una sustancia cualquiera sino del seno del Padre, es decir de su sustancia. El Hijo es el Verbo, la Imagen transparente y radiante de la suya. La creación e tiene en el Verbo su fundamento.

            Pero el Padre no es el Hijo, el Amante no es el Amado, sin esa alteridad sería Dios soledad absoluta, egocentrismo infinito. Dios es dar en el Padre y también receptividad, dejarse amar eternamente. Al crear el amor se hace vulnerable al pecado. corre el riesgo de la libertad. El dolor divino es perfección del amor como se ve en Jesús, pero es desde la intimidad divina

            El Padre y el Hijo espiran al Espíritu Santo que procede de los dos, porque su distinción ha quedado asumida en una unidad más alta del amor que procede del Padre y que, descansando en el Hijo, vuelve a su origen sin origen. El Espíritu Santo es el vínculo personal de comunión distinto del uno y del otro. El amor divino es oblativo, apertura plena. El Espíritu realiza la verdad del amor divino, demostrando cómo el verdadero amor no es nunca cerrazón o posesividad, sino apertura, don, salida del círculo de los dos. El él se da la apertura de lo que es divino a lo que no es divino. Es también el éxtasis de Dios hacia su otro: la criatura. En el Espíritu el Amante y el Amado se abren a la creación y  a la salvación

            El Espíritu es aquél que abre el mundo de Dios al mundo de los hombres. El Espíritu recibe del Padre principalmente y del Hijo, en cuanto que  el Hijo es dado por el Padre ser el vínculo de unidad del Padre y del Hijo es el tercero en el amor, aquel a quien el Padre ama por el Hijo, más allá y por medio del Amado, siendo por eso mismo personalmente el don del amor, el éxtasis del Amante y del Amado, su apertura, el termino de su entrega, otro respecto a los dos. Es el amor que desborda del Padre y se derrama en el Hijo, que al recibirlo es uno con el Padre, porque dado por él, el Espíritu es amor que se distingue del eterno Amante; otro respecto del Hijo. La suya es la relación de las relaciones garantiza la distinción y constituye la unidad del ser divino como aquel acontecimiento que es el amor mismo

            Dios Padre derrama su Espíritu sobre su Hijo que a su vez lo entrega al Padre en el momento de la cruz y una vez que ha recibido en plenitud en la hora nueva de la pascua y lo da a toda carne. El Espíritu es aquel por quien se consuma la comunicación de Dios. Es sobreabundancia del amor divino, plenitud desbordante, éxtasis de Dios, Dios como pura excedencia, Dios como emanación de amor y de gracia   

            El endiosamiento bueno es la inhabitación de la Santísima Trinidad en el alma. El Padre ama al hombre, le perdona con su misericordia y le da la vida de Cristo conquistada en la Cruz. Este don lo recibe por el Espíritu Santo. De modo que el cristiano en gracia es hijo de Dios Padre, otro Cristo, miembro de Cristo y en él actúa el Espíritu Santo que lo cristifica, lo endiosa. La acción del cristiano será  dejar hacer, ser dócil a esa acción interior.

            "El Dios de nuestra fe no es un ser lejano, que contempla indiferente la suerte de los hombres: sus afanes, sus luchas, sus angustias. Es un Padre que ama a sus hijos hasta el extremo de enviar al Verbo, Segunda Persona de la Trinidad Santísima, para que, encarnándose, muera por nosotros y nos redima. El mismo Padre amoroso que ahora nos atrae suavemente hacia El, mediante la acción del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones." Es Cristo que pasa, 84

            "Pero Dios Padre, cuando llegó la plenitud de los tiempos, envió a su Hijo Unigénito, que -por obra del Espíritu Santo- tomó carne en María siempre Virgen, para restablecer la paz, para que, redimiendo al hombre del pecado, adoptionem filiorum reciperemus [1] , fuéramos constituidos hijos de Dios, capaces de participar en la intimidad divina: para que así fuera concedido a este hombre nuevo, a esta nueva rama de los hijos de Dios [2] , liberar el universo entero del desorden, restaurando todas las cosas en Cristo [3] , que los ha reconciliado con Dios [4] ."  Es Cristo que pasa, 183

"Por Cristo y en el Espíritu Santo, el cristiano tiene acceso a la intimidad de Dios Padre, y recorre su camino buscando ese reino, que no es de este mundo, pero que en este mundo se incoa y prepara." Es Cristo que pasa, 116

         "Esa es la gran osadía de la fe cristiana: proclamar el valor y la dignidad de la humana naturaleza, y afirmar que, mediante la gracia que nos eleva al orden sobrenatural, hemos sido creados para alcanzar la dignidad de hijos de Dios. Osadía ciertamente increíble, si no estuviera basada en el decreto salvador de Dios Padre, y no hubiera sido confirmada por la sangre de Cristo y reafirmada y hecha posible por la acción constante del Espíritu Santo." Es Cristo que pasa, 133

         "El corazón necesita, entonces, distinguir y adorar a cada una de las Personas divinas. De algún modo, es un descubrimiento, el que realiza el alma en la vida sobrenatural, como los de una criaturica que va abriendo los ojos a la existencia. Y se entretiene amorosamente con el Padre y con el Hijo y con el Espíritu Santo; y se somete fácilmente a la actividad del Paráclito vivificador, que se nos entrega sin merecerlo: ¡los dones y las virtudes sobrenaturales! "   Amigos de Dios, 306

         "Porque el Espíritu Santo no es un artista que dibuja en nosotros la divina substancia, como si El fuera ajeno a ella, no es de esa forma como nos conduce a la semejanza divina; sino que El mismo, que es Dios y de Dios procede, se imprime en los corazones que lo reciben como el sello sobre la cera y, de esa forma, por la comunicación de sí y la semejanza, restablece la naturaleza según la belleza del modelo divino y restituye al hombre la imagen de Dios [5] ".  Es Cristo que pasa, 134

         "La efusión del Espíritu Santo, al cristificarnos, nos lleva a que nos reconozcamos hijos de Dios. El Paráclito, que es caridad, nos enseña a fundir con esa virtud toda nuestra vida; y consummati in unum [6] , hechos una sola cosa con Cristo, podemos ser entre los hombres lo que San Agustín afirma de la Eucaristía: signo de unidad, vínculo del Amor [7] . Es Cristo que pasa, 87

           "el Espíritu Santo es quien, con sus inspiraciones, va dando tono sobrenatural a nuestros pensamientos, deseos y obras. El es quien nos empuja a adherirnos a la doctrina de Cristo y a asimilarla con profundidad, quien nos da luz para tomar conciencia de nuestra vocación personal y fuerza para realizar todo lo que Dios espera. Si somos dóciles al Espíritu Santo, la imagen de Cristo se irá formando cada vez más en nosotros e iremos así acercándonos cada día más a Dios Padre. Los que son llevados por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios [8] .  Es Cristo que pasa, 135

         "Si tenemos relación asidua con el Espíritu Santo, nos haremos también nosotros espirituales, nos sentiremos hermanos de Cristo e hijos de Dios, a quien no dudaremos en invocar como a Padre que es nuestro [9] .  Es Cristo que pasa, 136

         "El mismo Padre amoroso que ahora nos atrae suavemente hacia El, mediante la acción del Espíritu Santo que habita en nuestros corazones." Es Cristo que pasa, 84

         Santa Teresa de Jesús cuando describe la unión máxima con Dios del llamado matrimonio espiritual dice: "Es un secreto tan grande y merced tan subida lo que comunica Dios allí en el alma en un instante y el grandísimo deleite que siente el alma, que no sé a qué lo comparar, sino a que quiere Dios manifestarle por aquel momento la gloria que hay en el cielo, por más subida manera que por ninguna visión ni gusto espiritual. No se puede decir más de que -a cuanto se puede entender- queda el alma, digo el espíritu de esta alma hecha una cosa con Dios que, como es también espíritu, ha querido su Majestad mostrar el amor que nos tiene, en dar a entender a algunas personas hasta dónde llega par alabanza de su grandeza; porqrue de tal manera ha querido juntarse con la criatura que no se quiere apartar de ella" (Moradas 2,4). "Digamos que sea la unión como si dos velas de ceera se juntasen tan en extremo que toda la luz fuese una, u que el pabilo y la luz y la cera es todo uno; más después bien se puede apartar una vela de la otra y quedan en dos velas, u el pabilo de la cera. Acá es como cayendo agua del cielo en un río o fuente adonde queda todo hecho todo agua, que no podrán ya separar el agua del río u la que cayó del cielo; o como si un arroíco pequeño entra en el mar, no habéis remedio de apartarse; u como en una pieza estuviesen dos ventanas por donde entrase gran luz, aunque entrase dividida, s ehace todo una luz(...) la mariposilla muere con grandísimo gozo, porque su vida es ya Cristo" (2,6)

Como el hierro que cae en el fuego que se pone incandescente y se hace fuego, sin dejar de ser hierro dice San Juan de la Cruz.

         Leo con estremecimiento lo escrito por la beata Isabel de la Trinidad: "Una noche sentí la gran ternura del Padre que me envolvía en su caricia dulce y suave, fuera de mí me arrodillé en tierra, acurrucada en la oscuridad, con el corazón que latía con fuerza,  y me abandoné completamente a su voluntad, y el Espíritu me introdujo en el misterio de amor trinitario. El extasiante intercambio de dar y recibir se produjo también a través de mí; de Cristo. a quién yo estaba unida, hacia el Padre y del Padre hacia el Hijo. Pero ¿Cómo expresar lo inexpresable? Nada veía y, sin embargo, era más que ver y mis palabras son impotentes para traducir este intercambio de júbilo, que era correspondido, se relanzaba, recibía y daba. Y de ese intercambio fluía una vida intensa de Uno al Otro, como una leche tibia se desliza desde el seno de la madre a la boca del niño agarrado a esta dicha. Y yo era ese niño, era toda la creación que parrticipa de la vida, del reino, de la gloria una vez regenerada por Cristo. Abriendo la Biblia leí: "...todos llevan tu solplo incorruptible" (Sab 12,1) ¡Oh Santa y viviente Trinidad! Permanecí como fuera de mí durante dos o tres días, y aún hoy esta experiencia permanece fuertemente impresa en mí" (Isabel de la Trinidad

            La gloria de Dios es la vida del hombre, pero la vida del hombre es vivir vida divina, ser templo del Espíritu santo, ser otro Cristo, ser hijo del Padre, introducirse en las relaciones divinas y en la eterna comunión. La gloria de Dios es el endiosamiento bueno del hombre, Yo en tí y tú en Dios. Distinguiendo la relación con las tres personas divinas: Hijos de Dios Padre, Hijos en el Hijo, otros Cristos, Hijos por el Hijo. Hijos en el Espíritu Santo que es el dador de vida que da la fe, la esperanza, la caridad y los dones que elevan a casi un nivel de visión beatífica.

            Veamos el famoso cuestionario que hizo al beata Iabel de la Trinidad en el que se ve su ideal de santidad

            <<¿Cual es, a su parecer, el ideal de santidad? Vivir de amor

            <<¿Cuál es el medio más corto para alcanzarlo? Hacerse pequeñita, entregarse sin reserva

            << ¿Qué santo es el que más amáis? El discípulo amado que descanso sobre el pecho de su maestro?

            <<¿La santa que preferís? ¿Y por qué? Nuestra Madre Santa Teresa, porque murió de amor.

            <<¿Qué punto de regla preferís? El silencio

            <<¿Cuál es el rasgo dominante de vuestro caracter? La sensibilidad

            <<¿Vuestra virtud predilecta? La pureza: Bienaventurados los limpos de corazón porque ellos verán a Dios"

            <<El defecto que os inspira más aversión? El egoísmo bajo todas sus formas.

            <<Dadnos una definición de oración. La unión del que no es con Aquel que es

            <<¿Qué libro preferís? El alma de Cristo; ella me comunica los arcanos todos del Padre, que está en los cielos

            <<¿Tenéis grandes deseos del cielo? A veces sufro nostalgia; más fuera de la visión, lo poseo ya en lo más íntimo de mi alma

            <<¿En qué dsposiciones quisierais encontraros en la hora de la muerte? Quisiera morir amando y caer así en brazos de Aquel a quien amo

            <<¿Hay algún género de martirio que os gustaría más que otro? Los amo todos, pero preferentemente el martirio de amor

            <<¿Qué nombre quisierais tener en el cielo? Voluntad de Dios

            <<¿Cuál es vuestro lema? Dios en mí, y yo en él.

            En otro lugar añade: "He aquí el módulo de la santidad de los hijos de Dios: ser santo como Dios es santo; ser santo con la santidad de Dios y esto viviendo íntimamente con Él en el fondo del abismo, dentro de nuestro ser"

            Escuchemos, por fin, la elevación a la Trinidad.

            " ¡Oh, Dios mío, Trinidad que yo adoro! Ayudadme a olvidarme enteramente para establecerme en vos, inmóvil y tranquila, como si el alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz ni hacerme salir de vos, oh mi inmutable, sino que cada minuto me lleve más lejos en la profundidad de vuestro Misterio.

            Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo, vuestra amada morada y el lugar de vuestro descanso. Que nunca os deje allé solo, sino que permanezca allí toda entera, toda desperta en mi fe, toda adorante, toda entregada a vuestra Acción creadora.

            ¡Oh mi Cristo amado, crucificado por amor! Quisiera ser una esposa para vuestro corazón, quisiera cubriros de gloria, quisiera amaros hasta morir de amor. Pero siento mi impotencia y os pido que me revistais de vos mismo, que identifiquéis mi alma con todos los movimientos de vuestra alma, que me sumerjáis, que invadáis, que os sustituyáis en mí para que mi  alma no sea más que una irradiación de vuestra vida. Venid a mí como Adorador, como Reparador y como Salvador.

            ¡Oh Verbo eterno, Palabra de mi Dios! Quiero pasar mi vida escuchándoos, quiero hacerme toda discípula para aprenderlo todo de vos. Después, a través de todas las noches, e todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero fijarme siempre en vos y permanecer bajo vuesttra gran luz. ¡Oh mi Astro amado, fascinadme para que yo no pueda salir de vuestra irrdiación!

            ¡Oh Fuego consumidor, Espíritu de amor! Venid a mí a fin de que se haga en mi alma como una encarnación del Verbo;  que yo sea una humanidad sobreañadida en la cual se renueve todo su misterio.

            Y vos, ¡oh Padre!, inclinaos hacia vuestra pobre criatura; cubridla con vuestra sombra, no veáis en ella más que al Hijo muy Amado en el cual habéis puesto todas vuestras complacencias.

            !Oh mis Tres, mi Todo, mi Felicidad. Soledad infinita, Inmensidad donde me perdo! Yo me entrego a vos como una presa; sepultaos en mí, para que yo me sepulte en vos, mientras espero ir a contemplar en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas" (21 de noviembre de 1904)



[1] Gal IV, 5.

[2] Cfr. Rom VI, 4-5.

[3] Cfr. Eph I, 9-10.

[4] Cfr. Col I, 20.

[5] S. Cirilo de Alejandría, Thesaurus de sancta et consubstantiali Trinitate, 34 (PG 75, 609).

[6] Ioh XVII, 23.

[7] S. Agustín, In Ioannis Evangelium tractatus, 26, 13 (PL 35, 1613).

[8] Rom VIII, 14.

[9] Cfr. Gal IV, 6; Rom VIII, 15.