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Iniciación a la teología

Enrique Cases  

 

Introducción

  "Todos los hombres desean saber" [1] dice Aristóteles con verdad,  Juan Pablo II añade a estas palabras "se puede definir al hombre como aquél que busca la verdad " [2] . El hombre mira al mundo  se sorprende con preguntas sobre el sentido de las cosas y su verdad. "La verdad se presenta inicialmente al hombre como un interrogante: ¿tiene sentido la vida? ¿hacia dónde se dirige? [3] y "nadie, ni el filósofo ni el hombre corriente, puede substraerse a estas preguntas" [4] . Las respuestas marcarán el rumbo de la vida, que es irrepetible. Conviene conocer la verdad para no perderse en el sinsentido o en el error, y vivir de la verdad.

            Con la razón el hombre ve primero que las cosas están ahí, que existen, que son. Luego comprueba que él mismo piensa, que ama, que sabe y quiere saber más. Y profundiza en las causas de todo llegando algunos a grandes construcciones, como se ve en la física, la química, la biología, la filosofía; y puede llegar a Dios con la teología natural .

            "Nadie puede permanecer indiferente a la verdad de su saber. si descubre que es falso, lo rechaza; en cambio, si puede confirmar su verdad se siente satisfecho. Es la lección de San Agustín cuando escribe: 'He encontrado muchos que querían engañar, pero ninguno que quisiera dejarse engañar'" [5] . Ser consciente de que se vive de mentiras y falsedades hace la vida imposible, en cambio saber que se vive en la verdad, da paz. Aunque la vida sea difícil, todo cobra sentido.

            La experiencia de siglos muestra que es difícil conocer la verdad, se puede decir que hay una oscuridad en la inteligencia, también en los más capacitados, que impide ver con claridad. Si a esto añadimos que no es posible a un sólo hombre conocerlo todo, es lógico que se necesite de los conocimientos de otros para poder vivir. Necesitamos de las experiencias y de los saberes de otros hombres y mujeres, todos vivimos inmersos en variadas tradiciones que nos forman la manera de conocer. Por eso "las verdades simplemente creídas son mucho más numerosas que las adquiridas mediante constatación personal. En efecto, ¿quién sería capaz de discutir críticamente los innumerables resultados de las ciencias sobre las que se basa la vida moderna? ¿quién podría controlar por su cuenta el flujo de informaciones que día a día se reciben de todas las partes del mundo y que se aceptan en línea de máxima como verdaderas? Finalmente, ¿quién podrían reconstruir los procesos de experiencia y de pensamiento por los cuales se han acumulado los tesoros de sabiduría y de religiosidad de la humanidad? El hombre, ser que busca la verdad, es pues también aquél que vive de creencias" [6] . La razón y las creencias  de la fe humana forman un tejido de saberes sobre los que viven los hombres.

            Dada la importancia del conocimiento de algunas verdades, Dios ayuda a los hombres con la Revelación y con la fe divina. Da certezas sobre algunos conocimientos naturales para que todos y sin error puedan llegar a verdades importantes. Además, revela verdades superiores que llenan de luz al hombre y le satisfacen. La fe es un don de Dios al hombre para que pueda responder a estas luces de la Revelación. La teología será la acción de la razón sobre estas luces. Así el hombre se eleva. "La fe y la razón son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia al contemplación de la verdad. Dios ha puesto en el corazón del hombre el deseo de conocer la verdad y, en definitiva, de conocerle a Él para que, conociéndolo y amándolo, pueda alcanzar también la verdad plena sobre sí mismo" [7] .

            La teología utiliza la razón sobre los datos de la fe para desarrollar todos los conocimientos implícitos en ella. Sin el conocimiento teológico el creyente tiene la certeza de la fe, pero en una cabeza vacía, como apuntaba Santo Tomás de Aquino, y así es fácil confundirse, o extraer pocas consecuencias de la Revelación, o no saber responder a los interrogantes de los no creyentes y se pierde fuerza para exponer la fe especialmente a los mejor preparados intelectualmente. 

 

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[1] Aristóteles. Metafísica I,1 citado en Fides et ratio n. 25

[2] FR, nº 28

[3] FR, nº 26

[4] FR, nº 27

[5] FR, nº 25a

[6] FR, nº 31

[7] FR, nº 0