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Parusía. Sentido trinitario de la historia y del cosmos

 

            "18Porque estoy convencido de que los padecimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria futura que se ha de manifestar en nosotros.

            19En efecto, la espera ansiosa de la creación anhela la manifestación de los hijos de Dios. 20Pues la creación se ve sujeta a la vanidad, no por su voluntad, sino por quien la sometió, con la esperanza 21de que también la misma creación será liberada de la esclavitud de la corrupción para participar de la libertad de la gloria de los hijos de Dios" (Rom 8,18-21).

            Jesús habla de la rsurrección en el último día: '39Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que El me ha dado, sino que lo resucite en el último día. 40Esta es, pues, la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día" (Jn 639-40).

            Y en el juicio ante Caifás declara solemnemente ante la pregunta si es el Hijo de Dios: "64Jesús le respondió; Tú lo has dicho. Además os digo que en adelante veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del Poder y venir sobre las nubes del cielo"(Mt 26,64). Marcos precisa en la respuesta "Yo soy" en referencia directa a su filiación como hijo unigénito. En el anuncio del juicio final dice a los buenos: "34Entonces dirá el Rey a los que estén a su derecha: Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo"(Mt 25,34). Más adelante dirá a los pecadores obstinados: "Apartaos de Mí, malditod, al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles" (Mt 25,41) Es de notara que el reino de gozo es preprado desde la creación, el fuego eterno sigue al pecado de los ángeles y se extiende a los pecadores obstinados, no es algo querido desde el inicio, sino que entra por la libertad mal usada del pecado.

            El plan de la creación es trinitario: el Padre tiene la iniciativa en el amor que es omnipotente y crea al mundo para unos hijos teniendo como modelo al Hijo, al Verbo. "Todo fue hecho por El y para El", a través del Espíritu Santo. Cristo"15El cual es la imagen del Dios invisible, e. Ireneoíritu Santo como dice Sa16porque en él fueron creadas todas las cosas en los cielos y sobre la tierra, las visibles y las invisibles, ya sean los tronos o las dominaciones, ya los principados o las potestades.17El es antes que todas las cosas y todas subsisten en él" (Col 1.15-17). El don más grande es la unión con Dios unido a la libertad. En los hombress e da un deseo del bien natural, e, inmediatamente, una elevación al bien sobrenatural de la filiación divina de modo que alcance la Verdad, el Amor, el Bien sobrenatural como librre y como orante, como don y como tarea. esto es lo preprado en la creación del mundo. La meta es alta.

            Pero el hombre peca instigado por el orgullo de la rebeldía lúcida del diablo, y se separa del bien de su fin. Con esa separación de la vida entra la muerte, el desorden, e dolor y afecta al hombre y a toda la creación.

    El Padre decide la restauración si que se pierda la libertad humana, de modo que tras la redención el hombre esté en un estado aún más excelente que el de Adán: es la recapitulación de todo en Cristo, nuevo Adán. Surgirá una nueva humanidad regenerada, después que el Verbo se hace hombre y ese hombre es la cabeza de los que libremente amen a Dios. La voluntad original permanece y es superada en la vida de Jesús resucitado que está como hombrre sentado a la derecha del Padre, como rey y Señor de la historia, del cosmos y de los hombres, cabeza de la Iglesia, Esposa inmaculada que reúne a los pueblos dispersos por el pecado.

                       El Espíritu Santo, don del Padre es el enviado para abrir el mundo divino al mundo humano y realiza la Encarnación del Verbo en el seno virginal de María. Mueve el alma dócil de Jesús al desierto, a a oración, a la victoria sobre el diablo, a la palabra profética, a la Cruz, a la donación dolorosa del sacrificio; y es enviado también por el Hijo al mundo para que desarrolle la semilla del Reino que alcanzará su perfección al final de los tiempos.

                       Entonces se alcanzarán los "cielos nuevos y la tierra nueva" (Apoc). No sabemos en qué consiste esa transformación que es como una espiritualización de la materia y una liberación del desorden en la creación. Sabemos que alcanzará a la resurrección de los cuerpos glorificados y a toda la creación que pasa de desierto a paraíso y el "último enemigo que es la muerte es vencido".

            Ante esa restauración que vendrá con la segunda venida Cristo en su gloria "17El Espíritu y la esposa dicen: ¡Ven! Y el que oiga, diga: ¡Ven! El que tenga sed que venga, el que quiera que tome gratis el agua de la vida"(Apoc 21,17).

            Se cumplen en plenitud las bienaventuranzas y los que tienen hambre y sed de justicia, de belleza, de santidad quedarán hartos. Los limpios de corazón verán a Dios. Los pobres que ponen su esperanza en Dios alcanzarán el reino de los cielos. Los mansos dominan la tierra. Los que lloran son consolados y los perseguidos reinarán con Cristo después de clamar: ¿hasta cuando tendrás paciencia?. Y viene a nosotros el Reino que pedimos en el Padrenuestro, y se cumple la voluntad del Padre que abraza a la humanidad con sus dos brazos que son el Hijo y el Espíritu Santo como dice San Ireneo.

VI     LA ESPERANZA DE LOS CIELOS NUEVOS

         Y DE LA TIERRA NUEVA

 

1042    Al fin de los tiempos el Reino de Dios llegará a su plenitud. Después del juicio final, los justos reinarán para siempre con Cristo, glorificados en cuerpo y alma, y el mismo universo será renovado:

 

          La Iglesia ... sólo llegará a su perfección en la gloria del cielo...cuando llegue el tiempo de la restauración universal y cuando, con la humanidad, también el universo entero, que está íntimamente unido al hombre y que alcanza su meta a través del hombre, quede perfectamente renovado en Cristo (LG 48)

 

1043    La Sagrada Escritura llama "cielos nuevos y tierra nueva" a esta renovación misteriosa que trasformará la humanidad y el mundo (2 P 3, 13; cf. Ap 21, 1). Esta será la realización definitiva del designio de Dios de "hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra" (Ef 1, 10).

 

1044    En este "universo nuevo" (Ap 21, 5), la Jerusalén celestial, Dios tendrá su morada entre los hombres. "Y enjugará toda lágrima de su ojos, y no habrá ya muerte ni habrá llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado" (Ap 21, 4;cf. 21, 27).

 

1045    Para el hombre esta consumación será la realización final de la unidad del género humano, querida por Dios desde la creación y de la que la Iglesia peregrina era "como el sacramento" (LG 1). Los que estén unidos a Cristo formarán la comunidad de los rescatados, la Ciudad Santa de Dios (Ap 21, 2), "la Esposa del Cordero" (Ap 21, 9). Ya no será herida por el pecado, las manchas (cf. Ap 21, 27), el amor propio, que destruyen o hieren la comunidad terrena de los hombres. La visión beatífica, en la que Dios se manifestará de modo inagotable a los elegidos, será la fuente inmensa de felicidad, de paz y de comunión mutua.

 

1046    En cuanto al cosmos, la Revelación afirma la profunda comunidad de destino del mundo material y del hombre:

 

          Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios ... en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción ... Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo (Rm 8, 19-23).

 

1047    Así pues, el universo visible también está destinado a ser transformado, "a fin de que el mundo mismo restaurado a su primitivo estado, ya sin ningún obstáculo esté al servicio de los justos", participando en su glorificación en Jesucristo resucitado (San Ireneo, haer. 5, 32, 1). 

 

1048    "Ignoramos el momento de la consumación  de la tierra y de la humanidad, y no sabemos cómo se transformará el universo. Ciertamente, la figura de este mundo, deformada por el pecado, pasa, pero se nos enseña que Dios ha preparado una nueva morada y una nueva tierra en la que habita la justicia y cuya bienaventuranza llenará y superará todos los deseos de paz que se levantan en los corazones de los hombres"(GS 39, 1).

 

1049    "No obstante, la espera de una tierra nueva no debe debilitar, sino más bien avivar la preocupación de cultivar esta tierra, donde crece aquel cuerpo de la nueva familia humana, que puede ofrecer ya un cierto esbozo del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente el progreso terreno del crecimiento del Reino de Cristo, sin embargo, el primero, en la medida en que puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa mucho al Reino de Dios" (GS 39, 2).

 

1050    "Todos estos frutos buenos de nuestra naturaleza y de nuestra diligencia, tras haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y según su mandato, los encontramos después de nuevo, limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal" (GS 39, 3; cf. LG 2). Dios será entonces "todo en todos" (1 Co 15, 22), en la vida eterna:

 

          La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna (San Cirilo de Jerusalén, catech. ill. 18, 29).