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La resurrección de la carne

 

"13No queremos, hermanos, que ignoréis lo que se refiere a los que han muerto, para que no os entristezcáis como esos otros que no tienen esperanza. 14Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera también Dios, por medio de Jesús, reunirá con El a los que murieron. 15Así, pues, como palabra del Señor, os transmitimos lo siguiente: Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la venida del Señor, no nos anticiparemos a los que hayan muerto; 16porque cuando la voz del arcángel y la trompeta de Dios den la señal, el Señor mismo descenderá del cielo, y resucitarán en primer lugar los que murieron en Cristo; 17después, nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados a las nubes junto con ellos al encuentro del Señor en los aires, de modo que en adelante, estemos siempre con el Señor. 18Consolaos, por tanto, mutuamente con estas palabras"(1 Tes 4,17-18).

El texto más amplio sobe la resurrección es el de Corintios:

"1Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que recibisteis, en el que os mantenéis firmes, 2y por el cual sois salvados, si lo guardáis tal como os lo anuncié, a no ser que hayáis creído en vano. 3Pues os transmití en primer lugar, lo que yo mismo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; 4que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; 5y que fue visto por Cefas, y después por los Doce. 6Posteriormente se dejó ver por más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven todavía, y algunos ya han muerto. 7Luego le vio Santiago, y después todos los apóstoles. 8Y en último lugar, como a un abortivo, se me apareció a mí también. 9Porque soy el menor de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, ya que perseguí a la iglesia de Dios. 10Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que se me dio no resultó vana, antes bien, he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo. 11Por consiguiente, tanto yo como ellos esto es lo que predicamos y esto es lo que habéis creído.

            12Pero si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos, ¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos? 13Si no hay resurrección de los muertos, tampoco Cristo ha resucitado. 14Y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación, vana también es vuestra fe. 15Resultamos ser además falsos testigos de Dios, testimoniamos que resucitó a Cristo, a quien no resucitó, si de verdad los muertos no resucitan. 16Pues si los muertos no resucitan, tampoco Cristo ha resucitado; 17pero si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe, todavía estáis en vuestros pecados. 18E incluso los que han muerto en Cristo perecieron. 19Y si sólo tenemos puesta la esperanza en Cristo para esta vida, somos los más miserables de todos los hombres.

            20Pero no. Cristo ha resucitado de entre los muertos, como primicia de los que mueren. 21Pues como por un hombre vino la muerte, también por un hombre la resurrección de los muertos. 22Y así como en Adán todos mueren, así también en Cristo todos serán vivificados. 23Pero cada uno en su propio orden: como primicia, Cristo; luego, en su parusía los que son de Cristo. 24Después, el fin, cuando entregue el Reino a Dios Padre, cuando haya aniquilado todo principado, toda potestad y poder. 25Pues es necesario que él reine, hasta que ponga a todos los enemigos bajo sus pies. 26Como último enemigo será destruida la muerte; 27porque ha sometido todas las cosas bajo sus pies, si bien cuando dice que todas las cosas están sometidas, es indudable que exceptúa al que sometió todo a él. 28Y cuando le hayan sido sometidas todas las cosas, entonces también el mismo Hijo se someterá a quien a él sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas.

            29De no ser así, ¿qué conseguirán los que se bautizan por los muertos? Si los muertos no resucitan de ninguna manera, ¿para qué se bautizan por ellos? 30Y nosotros ¿para qué nos ponemos continuamente en peligro? 31Sí, hermanos, cada día estoy a punto de morir por la gloria que sois vosotros para mí en Cristo Jesús, Señor nuestro. 32Si por miras humanas luché contra bestias en Efeso, ¿de qué me sirve? Si los muertos no resucitan, comamos y bebamos, que mañana moriremos. 33No os dejéis seducir: las malas compañías corrompen las buenas costumbres. 34Despertaos, como es justo, y dejad de pecar. Porque hay algunos que desconocen a Dios. Lo digo para vergüenza vuestra.

            35Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? 36Necio. Lo que tú siembras no revive si antes no muere; 37y lo que siembras nos es el cuerpo que ha de nacer, sino un simple grano, de trigo por ejemplo, o de alguna otra cosa. 38Dios, en cambio, le da un cuerpo según su voluntad, a cada semilla su propio cuerpo. 39No toda carne es igual, sino que una es la carne de los hombres, otra la de las bestias, otra la de las aves, otra la de los peces. 40Hay también cuerpos celestes y cuerpos terrestres; pero uno es el resplandor de los celestes, y otro el de los terrestres. 41Uno es el resplandor del sol, otro el de la luna y otro el de las estrellas; y una estrella se diferencia de otra en el resplandor. 42Así será en la resurrección de los muertos: se siembra en corrupción, resucita en incorrupción; 43se siembra en vileza, resucita en gloria; se siembra en debilidad, resucita en poder; 44se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual.

            Porque si hay un cuerpo natural, también lo hay espiritual. 45Así está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho ser vivo; el último Adán, Espíritu vivificante. 46Pero no es primero lo espiritual, sino lo natural; después lo espiritual. 47El primer hombre, sacado de la tierra, es terreno; el segundo hombre es del cielo. 48Como el hombre terreno, así son los hombres terrenos; como el celestial, así son los celestiales. 49Y como hemos llevado la imagen del hombre terreno, llevaremos también la imagen del hombre celestial. 50Os digo esto, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el Reino de Dios, ni la corrupción heredará la incorrupción.

            51Mirad, os declaro un misterio: no todos moriremos, pero todos seremos transformados; 52en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al son de la trompeta final; porque sonará la trompeta, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. 53Porque es necesario que este cuerpo corruptible se revista de incorruptibilidad, y este cuerpo mortal se revista de inmortalidad. 54Y cuando este cuerpo corruptible se haya revestido de incorruptibilidad, y este cuerpo mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita:

 

"La muerte ha sido absorbida en la victoria.

55¿Dónde está, muerte, tu victoria?

¿Dónde está, muerte, tu aguijón?"

 

56El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado, la ley. 57Pero demos gracias a Dios, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesucristo. 58Por tanto, amados hermanos míos, manteneos firmes, inconmovibles, progresando siempre en la obra del Señor, sabiendo que vuestro trabajo no es vano en el Señor"(1 Co 15).

            Esta es la fe de la primitiva cristiandad repetido en muchas ocasiones.  San Pablo habla a gentes que tienen muy claro la perviviencia de las almas y el espíritu, pero muy dualistas en caunto al cuerpo. El valor del cuerpo y su resurrección es una novedad total.

En los evangelios dice Jesús sobre la resurrección:

"23Aquel día se acercaron a él unos saduceos, que niegan la resurrección, y le interrogaron: 24Maestro, Moisés dijo: Si alguien muriese sin tener hijos, que su hermano se case con la mujer, para dar descendencia a su hermano. 25Pues bien, había entre nosotros siete hermanos; el primero, una vez casado, felleció, y, al no tener descendencia, dejó su mujer a su hermano. 26Lo mismo sucedió con el segundo y el tercero hasta el séptimo. 27Después de todos ellos, murió la mujer. 28Entonces, en la resurrección, ¿de cuál de los siete será mujer?, puesto que la tuvieron todos. 29Jesús les respondío: Estáis en el error por no entender las Escrituras ni el poder de Dios: 30pues en la resurrección ni los hombres tomarán mujer, ni las mujeres marido, sino que serán en el Cielo como los ángeles. 31Y en cuanto a la resurrección de los muertos, ¿no habéis leído lo que os fue dicho por Dios?: 32Yo soy el Dios de Abraham y el Dios de Isaac y el Dios Dios de Jacob? Ahora bien, no es Dios de muertos sino de vivos. 33Y la muchedumbre, al oírlo, se admiraba de su doctrina". (Mt 22, 23-33)

            La resurrección de la carne es una realidad al final de los tiempos y se dará una nueva vida para el alma y la transformación del cuerpo que será informado por esa nueva vida del alma en una espiritualización de la materia. Veamos el catecismo:

366      La Iglesia enseña que cada alma espiritual es directamente creada por Dios (cf. Pío XII, Enc. Humani generis, 1950: DS 3896; Pablo VI, SPF 8) -no es "producida" por los padres-, y que es inmortal (cf. Cc. de Letrán V, año 1513: DS 1440): no perece cuando se separa del cuerpo en la muerte, y se unirá de nuevo al cuerpo en la resurrección final.

Artículo 11               "CREO EN LA RESURRECCION DE LA CARNE"

 

988      El Credo cristiano –profesión de nuestra fe en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y en su acción creadora, salvadora y santificadora– culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos al fin de los tiempos, y en la vida eterna.

 

989      Creemos firmemente, y así lo esperamos, que del mismo modo que Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos, y que vive para siempre, igualmente los justos después de su muerte vivirán para siempre con Cristo resucitado y que El los resucitará en el último día (cf. Jn 6, 39-40). Como la suya, nuestra resurrección será obra de la Santísima Trinidad:

 

         Si el Espíritu de Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, Aquél que resucitó a Jesús de entre los muertos dará también la vida a vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que habita en vosotros (Rm 8, 11; cf. 1 Ts 4, 14; 1 Co 6, 14; 2 Co 4, 14; Flp 3, 10-11).

 

990        El término "carne" designa al hombre en su condición de debilidad y de mortalidad (cf. Gn 6, 3; Sal 56, 5; Is 40, 6). La "resurrección de la carne" significa que, después de la muerte, no habrá solamente vida del alma inmortal, sino que también nuestros "cuerpos mortales" (Rm 8, 11) volverán a tener vida.

 

991      Creer en la resurrección de los muertos ha sido desde sus comienzos un elemento esencial de la fe cristiana. "La resurrección de los muertos es esperanza de los cristianos; somos cristianos por creer en ella"  (Tertuliano, res. 1.1):

 

          ¿Cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos? Si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe... ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos como primicias de los que durmieron (1 Co 15, 12-14. 20).

 

 

I        LA RESURRECCION DE CRISTO Y LA NUESTRA

 

            Revelación progresiva de la Resurrección

 

992      La resurrección de los muertos fue revelada progresivamente por Dios a su Pueblo. La esperanza en la resurrección corporal de los muertos se impuso como una consecuencia intrínseca de la fe en un Dios creador del hombre todo entero, alma y cuerpo. El creador del cielo y de la tierra es también Aquél que mantiene fielmente su Alianza con Abraham y su descendencia. En esta doble perspectiva comienza a expresarse la fe en la resurrección. En sus pruebas, los mártires Macabeos confiesan:

 

          El Rey del mundo a nosotros que morimos por sus leyes, nos resucitará a una vida eterna (2 M 7, 9). Es preferible morir a manos de los hombres con la esperanza que Dios otorga de ser resucitados de nuevo por él (2 M 7, 14; cf. 7, 29; Dn 12, 1-13).

 

993      Los fariseos (cf. Hch 23, 6) y  muchos contemporáneos del Señor (cf. Jn 11, 24) esperaban la resurrección. Jesús la enseña firmemente. A los saduceos que la niegan responde: "Vosotros no conocéis ni las Escrituras ni el poder de Dios, vosotros estáis en el error" (Mc 12, 24). La fe en la resurrección descansa en la fe en Dios  que "no es un Dios de muertos sino de vivos" (Mc 12, 27).

 

994      Pero hay más: Jesús liga la fe en la resurrección a la fe en su propia persona: "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn 11, 25). Es el mismo Jesús el que resucitará en el último día a quienes hayan creído en él. (cf. Jn 5, 24-25; 6, 40) y hayan comido su cuerpo y bebido su sangre (cf. Jn 6, 54). En su vida pública ofrece ya un signo y una prenda de la resurrección devolviendo la vida a algunos muertos (cf. Mc 5, 21-42; Lc 7, 11-17; Jn 11), anunciando así su propia Resurrección que, no obstante, será de otro orden. De este acontecimiento único, El habla como del "signo de Jonás" (Mt 12, 39), del signo del Templo (cf. Jn 2, 19-22): anuncia su Resurrección al tercer día después de su muerte (cf. Mc 10, 34).

 

995      Ser testigo de Cristo es ser "testigo de su Resurrección" (Hch 1, 22; cf. 4, 33), "haber comido y bebido con El después de su Resurrección de entre los muertos" (Hch 10, 41). La esperanza cristiana en la resurrección está totalmente marcada por los encuentros con Cristo resucitado. Nosotros resucitaremos como El, con El, por El.

 

996      Desde el principio, la fe cristiana en la resurrección ha encontrado incomprensiones y oposiciones (cf. Hch 17, 32; 1 Co 15, 12-13). "En ningún punto la fe cristiana encuentra más contradicción que en la resurrección de la carne" (San Agustín, psal. 88, 2, 5). Se acepta muy comúnmente que, después de la muerte, la vida de la persona humana continúa de una forma espiritual. Pero ¿cómo creer que este cuerpo tan manifiestamente mortal pueda resucitar a la vida eterna?

 

 

            Cómo resucitan los muertos

 

997      ¿Qué es resucitar? En la muerte, separación del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en la corrupción, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado. Dios en su omnipotencia dará definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible uniéndolos a nuestras almas, por la virtud de la Resurrección de Jesús.

 

998      ¿Quién resucitará? Todos los hombres que han muerto:"los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación" (Jn 5, 29; cf. Dn 12, 2).

 

999      ¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: "Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo" (Lc 24, 39); pero El no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en El "todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora" (Cc de Letrán IV: DS 801), pero este cuerpo será "transfigurado en cuerpo de gloria" (Flp 3, 21), en "cuerpo espiritual" (1 Co 15, 44):   

 

          Pero dirá alguno: ¿cómo resucitan los muertos? ¿Con qué cuerpo vuelven a la vida? ¡Necio! Lo que tú siembras no revive si no muere. Y lo que tú siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano..., se siembra corrupción, resucita incorrupción; ... los muertos resucitarán incorruptibles. En efecto, es necesario que este ser corruptible se revista de incorruptibilidad; y que este ser mortal se revista de inmortalidad (1 Cor 15,35-37. 42. 53).

 

1000    Este "cómo" sobrepasa nuestra  imaginación y nuestro entendimiento; no es accesible más que en la fe. Pero nuestra participación en la Eucaristía nos da ya un anticipo de la transfiguración de nuestro cuerpo por Cristo:

 

          Así como el pan que viene de la tierra, después de haber recibido la invocación de Dios, ya no es pan ordinario, sino Eucaristía, constituida por dos cosas, una terrena y otra celestial, así nuestros cuerpos que participan en la eucaristía ya no son corruptibles, ya que tienen la esperanza de la resurrección (San Ireneo de Lyon, haer. 4, 18, 4-5).

 

1001    ¿Cuándo? Sin duda en el "último día" (Jn 6, 39-40. 44. 54; 11, 24); "al fin del mundo" (LG 48). En efecto, la resurrección de los muertos está íntimamente asociada a la Parusía de Cristo:

 

          El Señor mismo, a la orden dada por la voz de un arcángel y por la trompeta de Dios, bajará del cielo, y los que murieron en Cristo  resucitarán en primer lugar (1 Ts 4, 16).

 

            Resucitados con Cristo

 

1002    Si es verdad que Cristo nos resucitará en "el último día", también lo es, en cierto modo, que nosotros ya hemos resucitado con Cristo. En efecto, gracias al Espíritu Santo, la vida cristiana en la tierra es, desde ahora, una participación en la muerte y en la Resurrección de Cristo:

 

          Sepultados con él en el bautismo, con él también habéis resucitado por la fe en la acción de Dios, que le resucitó de entre los muertos... Así pues, si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios (Col 2, 12; 3, 1).

 

1003    Unidos a Cristo por el Bautismo, los creyentes participan ya realmente en la vida celestial de Cristo resucitado (cf. Flp 3, 20), pero esta vida permanece "escondida con Cristo en Dios" (Col 3, 3) "Con El nos ha resucitado y hecho sentar en los cielos con Cristo Jesús" (Ef 2, 6). Alimentados en la Eucaristía con su Cuerpo, nosotros pertenecemos ya al Cuerpo de Cristo. Cuando resucitemos en el último día también nos "manifestaremos con El llenos de gloria" (Col 3, 4).

 

1004    Esperando este día, el cuerpo y el alma del creyente participan ya de la dignidad de ser "en Cristo"; donde se basa la exigencia del respeto hacia el propio cuerpo, y también hacia el ajeno, particularmente cuando sufre:

 

             El cuerpo es para el Señor y el Señor para el cuerpo. Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo?... No os pertenecéis... Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo.(1 Co 6, 13-15. 19-20).

 

Caracteerísticas de los cuerpos resucitados

1 impasibilidad no hará dolor en cualquiera de sus formas Apoc 7,16-17; Apoc 21,4

2 Sutileza o penetrabilidad es una relación especial con el espacio de la materia espiritualizada

3 Agilidad capacidad de obedecer al espíritu con prontitud en su movimiento

4 Claridad. Redundancia de la felicidad del alma en el cuerpo

 

La resurrección de los cuerpos suscitó oposición en la antigüedad por el intenso espiritualismo que llevaba al dualismo con el consiguiente desprecio del cuerpo y las soluciones renecarnacionistas que comenzaron en India en el siglo VIII a C y pasaron a Grecia con los pitagóricos y los órficos.

Pero también encuentran oposición en el secularismo y el materialismo que reducen el ser humano al cuerpo y rechazan la inmortalidad del alma, e, incluso su existencia distinta como sustancia del cuerpo.

En Occidente ha cobrado una cierta importancia el reencarnacionismo importado de Oriente aduciendo la brevedad de la vida, y poniendo la serie de reencaranciones con un fin que es fundirse con el Uno-todo más o menos panteísta. Aducen que así se respeta mejor a los hombres, pero la realidad es que justifica las situaciones injustas como una manifestación de castigo en vidas anteriores.

Tiene que aceptar la realidad de un espíritu y muchos cuerpos lo que lleva a la desvalorización del cuerpo.

La conciencia de la unicidad de la propia vida desaparece como algo que viene de existencias anteriores, que pueden deteriorarse más que mejorar.'

Si en el comienzo es un pareja o poca gente en la actualidad existen miles de millones de personas ¿de dónde salen tantos espíritus individuales?

El valor de la persona se diluye.

La meta final es un autorredención, no una salvación que viene de Dios a la que coopera el hombre. Es egoncentrica. desaparece todo el valor de la Iglesia y de los sacramentos, de la gracia, además de la Encarnación y la Redención

Se excluye un estado de condenación sin fin como atestigua la revelación.

Quizá en algunos sea el camino para superar el materialismo, pero con desviaciones claras.