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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

4. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO

  La última etapa medieval
  Los papas en Aviñón
  El cisma de Occidente
  El Renacimiento y el papado
  La modernidad
  El siglo de la reforma
  Lutero
  Calvino
  La reforma católica y el concilio de Trento
  El cumplimiento de los decretos conciliares
  La evangelización fuera de Europa
 

El siglo XVII


 

LA ULTIMA ETAPA MEDIEVAL

Como es bien conocido, en 1348 comenzó la serie sucesiva de plagas mortíferas que diezmaron la población europea. Como consecuencia de ellas, aunque no exclusivamente, puesto que parece que. se limitaron a agravar una situación que ya había comenzado a plantearse, se asiste a un empobrecimiento grande de Occidente que afecta no sólo a lo material, sino a todos los aspectos de la vida, incluidos la vida cultura¡, la eclesiástica y la religiosa en general.

En Occidente, los años 1339 a 1450 están marcados por la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, con sus devastaciones más o menos graves y continuas. En Oriente, por el avance de una nueva fuerza musulmana, la de los turcos otomanos, sobre Constantinopla, fuerza que después de conquistar Anatolia y gran parte de Europa (los Balcanes, la llanura húngara, Grecia) acabará apoderándose de la capital en el año 1453.

Los papas en Aviñón

En lo referente al papado, éste había escapado al peligro de sujeción al emperador alemán sólo para caer bajo la influencia del rey francés. Esto, unido a la inestabilidad social y política de Roma, le llevó a residir durante casi setenta años (1309-1377) en Aviñón, cabeza de un condado papal situado fuera del reino de Francia, pero junto a sus fronteras.

Los años de Aviñón conocieron un importante desarrollo de la administración papal, con una centralización progresiva de la Iglesia occidental. Uno de sus aspectos negativos fue el crecimiento de las tasas que había que pagar por los servicios de una burocracia numerosa. Tampoco era positiva, especialmente para los países políticamente enfrentados con Francia, la influencia de ésta sobre los Papas.

El cisma de Occidente

Pero peor era lo que estaba por venir, pues apenas regresó el papado a Roma, una elección poco clara resultó en la existencia de dos Papas, y de tal manera que no sólo cada uno de ellos creía firmemente ser el Papa legítimo, sino que incluso grandes personajes, elevados después a los altares, estaban unos en favor de uno y otros en favor de otro. A la cuestión de fondo se unieron después consideraciones políticas, de manera que los diferentes Estados apoyaban a uno u otro o cambiaban de obediencia, y no se resolvió la crisis institucional hasta 1417, tras cuarenta años de desconcierto.

El modo cómo se resolvió iba también a dejar huellas. Después de muchas negociaciones infructuosas, se había llegado a la conclusión de que la única manera de terminar el conflicto era reunir un concilio, y se persuadió a uno de los Papas para que lo convocara. Como después este mismo Papa se negó a aceptar sus decisiones, y con mayor razón lo hizo el otro, el Concilio los declaró depuestos a ambos y eligió a otro, con lo cual hubo tres. Entonces, los padres conciliares, en conformidad con el pensamiento de algunos de ellos, consiguieron que en la práctica, aunque no en la teoría, se considerara que el Concilio estaba por encima del Papa (teorías "conciliaristas") Todo se resolvió finalmente, pero la idea conciliarista continuó flotando en el ambiente, y otro Concilio reunido a los pocos años (se había establecido que ahora estas reuniones serían periódicas) degeneró en una asamblea antipapal.

El Renacimiento y el papado

Coincidiendo con la estancia de los Papas en Aviñón y precisamente en su corte, se dieron algunos de los primeros pasos de lo que sería el Renacimiento. Desde entonces no dejaron los Papas de estar estrechamente asociados con este movimiento cultural, al que iban a fomentar en numerosas ocasiones con su mecenazgo.

Junto a los aspectos claramente positivos para todos de esta colaboración habría sin embargo otros, no necesariamente relacionados con el nuevo interés por las letras y por las ciencias, que darían una imagen demasiado humana del pontificado, pues, en algunos aspectos, el Papa casi aparecería más como uno de los grandes príncipes italianos de la época que como un pastor de almas.


LA MODERNIDAD

A finales del siglo XV, una serie de acontecimientos suelen servir para señalar un cambio notable de los tiempos. Entramos en otra época, que por ser nueva se llama "moderna", expresión que ha perdurado.

Ha habido una clara recuperación de los tiempos tristes de la peste negra y sus secuelas. El final de la guerra de los Cien Años proporcionará un período de paz interior a Francia, que se consolidará como una de las grandes unidades políticas europeas. Inglaterra, inmersa ahora en las guerras de las Dos Rosas, saldrá de ellas como otro Estado coherente y fuerte, aunque de importancia aún relativamente marginal en el teatro europeo. Finalmente, se dará la unión de los reinos españoles bajo unos mismos gobernantes, con la potenciación mutua de la riqueza de la Corona de Castilla y la larga tradición política internacional de la Corona de Aragón. La conquista del reino moro de Granada y el prestigio consiguiente, hábilmente explotado por la diplomacia del Rey Católico, junto con la trascendencia, aún no claramente advertida, del descubrimiento de América, darán entrada a lo que podríamos llamar los siglos españoles de la historia europea.

El fortalecimiento de estos tres Estados llevó consigo una nueva intromisión del poder civil en la vida de la Iglesia y, en concreto, en los nombramientos eclesiásticos y las relaciones de las Iglesias particulares con Roma. Los criterios adoptados no fueron idénticos en las tres unidades estatales, pero básicamente eran muy parecidos. Sin embargo, los efectos de este control fueron bastante dispares. Así, en España sirvieron para una notable renovación, positiva en sus líneas generales, de la vida de la Iglesia; en cambio, más adelante, en Inglaterra desembocarían en un cisma. Para limitarnos a un ejemplo, mientras en España se reformaron los monasterios, en Inglaterra se suprimieron y la corona confiscó sus bienes.


EL SIGLO DE LA REFORMA

En Europa, el siglo XVI es el siglo de la reforma protestante y de la reforma católica, el siglo de la rotura de la unidad de los cristianos y de la apertura entre ellos de un foso gigantesco.

Fue en Alemania donde comenzó todo. Un fraile agustino, Lutero, en su búsqueda de una idea básica que permitiera explicar el misterio de la salvación del hombre, creyó encontrarla pura y simplemente en la fe. Lo que hace al hombre agradable a Dios es únicamente una fe interior y confiada en Cristo, sin necesidad de especiales obras piadosas ni de sacramentos que, dándoles además otro sentido, dejaba reducidos al Bautismo y la Eucaristía. Incluso el esfuerzo por portarse moralmente bien tenía una importancia muy secundaria.

Todo esto lo deducía Lutero de su interpretación de la Sagrada Escritura, que para él era la única regla de verdad. La disparidad con las enseñanzas hasta entonces tradicionales le demostraba no sólo que los obispos y el Papa se podían equivocar en importantes materias de fe, sino que de hecho se habían equivocado.

La intuición inicial de Lutero, sus escritos y sus actitudes se fueron radicalizando en la forma y en el fondo a partir de una célebre controversia sobre las indulgencias (1517), siendo finalmente excomulgado por el Papa después de que todos los intentos de conciliación resultaran vanos. A partir de aquel momento su vida se hizo más azarosa, teniendo que huir de un sitio a otro, protegido por unos y perseguido por otros.

Sus teorías, en cuya difusión tuvo mucha importancia la letra impresa, entonces aún una novedad relativamente reciente, encontraron buena acogida en bastantes sectores. También la encontró su oposición al Papa, contra quien había una especie de resentimiento difuso y ancestral, como resultado de las muy viejas luchas entre el imperio y el papado. Además, Lutero apelaba a los príncipes para que se hicieran cargo de los bienes de las diferentes instituciones eclesiásticas y emprendieran por su cuenta la reforma de la Iglesia.

A la larga, sólo en aquellos lugares donde los príncipes hicieron suyo el luteranismo consiguió éste imponerse y subsistir. No se trataba de ninguna manera de lo que ahora entendemos por libertad religiosa. De hecho, después de innumerables intentos para recuperar la unidad, el compromiso a que se llegó establecía que, en cada uno de los innumerables principados más o menos independientes que formaban la Alemania de entonces, se adoptara la confesión religiosa que eligiera su príncipe ("cuius regio, eius religio": paz religiosa de Augsburgo, 1555)

Calvino

A esta reforma de la primera hora se superpusieron otras muchas más o menos emparentadas con ella y más o menos bien recibidas por Lutero. Pero en una segunda generación se impuso la reforma de Calvino, con raíces en Francia, aunque con su epicentro en Ginebra. Calvino convenía con Lutero en rechazar la autoridad doctrinal y disciplinar de la jerarquía ordinaria de la Iglesia, así como el sacerdocio y la doctrina tradicional sobre los sacramentos en general. Pero fue además un gran organizador que dio unas estructuras permanentes a sus seguidores y se ocupó de formar y enviar propagandistas que difundieran sus enseñanzas.

A grandes rasgos, el panorama de la reforma protestante (nombre genérico y en su origen no despectivo) hacia el último cuarto del siglo XVI era el siguiente. Eran luteranas amplias zonas de Alemania y los países escandinavos enteros. Había calvinistas en Francia ("hugonotes.) y especialmente en los Países Bajos, desde donde se había hecho una intensa propaganda hacia Escocia e Inglaterra. También en Polonia y Hungría había fuertes influencias calvinistas.

El calvinismo quedaría a la larga en una posición muy minoritaria en Francia, aunque no sin haber dado lugar a confrontaciones bélicas quizá más importantes que las que había alimentado la reforma de la primera generación en Alemania.

En Inglaterra, el cisma abierto por Enrique VIII con motivo de su divorcio, no había supuesto al principio una protestantización de la Iglesia anglicana. Pero a la muerte del rey se dio ésta, acusadamente primero y, tras una breve restauración católica, durante el largo reinado de Isabel I (15581603) Fue en este reinado cuando se consolidó una reforma de estilo relativamente moderado, calvinista en espíritu pero que retenía algunas formas de la religión antigua tales como la existencia de un episcopado.

La reforma inglesa tuvo a la larga importantes consecuencias, pues llegaría a ser exportada junto con la cultura inglesa por todo el imperio británico. Además, indirectamente, sería tal vez el más fuerte apoyo moral con que podría contar el protestantismo continental.

La reforma católica y el Concilio de Trento

La reforma católica, a menudo llamada con poca propiedad contrarreforma, comenzó en algunos lugares antes que la protestante. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con las reformas llevadas a cabo en España por Cisneros en las órdenes religiosas y por los Reyes Católicos en el episcopado.

Pero fue la presión protestante la que impulsó con mayor fuerza la decisión de poner orden en la casa propia. El Concilio de Trento (1545-1563, con largas interrupciones), además de establecer cuál era la doctrina tradicional y sus posibles interpretaciones católicas en los puntos controvertidos por los protestantes, produjo una abundante legislación ("decretos de reforma") para corregir los abusos y corruptelas que existían sobre todo en la organización eclesiástica.

El trabajo del Concilio fue concienzudo y profundo, y en él colaboraron de manera notable los prelados y teólogos españoles, en cabeza entonces de la ciencia teológico y la jurídica.

El cumplimiento de los decretos conciliares

El gran éxito del Concilio de Trento fue que sus decisiones disciplinaras no quedaron en letra muerta. Se arbitraron medios para conseguir que se implantaran sus decisiones, tales como el establecimiento de lo que ahora llamaríamos una comisión de seguimiento, la Sagrada Congregación del Concilio. Muy pronto se mandó que los obispos de todo el mundo le enviaran informes cada unos pocos años, en los que tenían que exponer el estado de sus diócesis y cómo se cumplían en ellas los decretos conciliares.

Hubo a partir de ahora un mejor cumplimiento de sus deberes pastorales por parte de los obispos, quienes a su vez habían visto aumentar su autoridad en sus diócesis. Hubo mejor selección de los candidatos a los cargos pastorales inferiores, tales como párrocos y semejantes, estableciéndose concursos y oposiciones para obtenerlos; más interés por la formación académica y espiritual del clero, aunque aquí los resultados fueron más lentos; mayor insistencia en que los párrocos enseñaran bien la doctrina cristiana y predicaran, para lo cual se preparó un amplio y excelente Catecismo para párrocos; más orden en las comunidades religiosas masculinas y femeninas, etcétera.

Todo esto produjo una liberación notable de energías espirituales, unida a una gran creatividad, visible hasta en la arquitectura y el arte religioso en general, lo que hace ver hasta qué punto es impropia la denominación de "contrarreforma"

Por otra parte, junto a las órdenes religiosas antiguas, revitalizadas antes o después (como lo fue la del Carmelo con la reforma de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz), habían ido apareciendo a lo largo del siglo otras nuevas, de las cuales la más notable es, sin duda, la Compañía de Jesús (jesuitas), fundada por San Ignacio de Loyola. En general, tanto las nuevas como muchas de las viejas, estaban dotadas de un gran espíritu apostólico y misionero.


La evangelización fuera de Europa

Si dentro de Europa el siglo XVI fue el de las luchas doctrinales y las guerras en las que la religión tuvo mucho que ver, fuera de ella fue el siglo en que tomó impulso una fuerte proyección europea sobre todo el mundo, acompañada de un esfuerzo considerable para evangelizarlo.

Así, con el precedente de las Canarias, a las que con la conquista se había llevado el Evangelio ya a principios del siglo XV, los castellanos lo llevaron a América y después a las Filipinas, y los portugueses a las zonas de influencia de las colonias que establecieron a lo largo de las costas africanas, de la India, Indochina e islas cercanas, China y Japón.

A la larga, quedaron numerosos enclaves cristianos en los puntos de apoyo del comercio portugués en todas esas costas, y unas comunidades masivas en los territorios del Brasil y del imperio español en América y Filipinas.

Fue notable el esfuerzo misionero, a la vez popular y culto, y la contribución a él de las órdenes religiosas. Si sería equivocado ver en estas empresas únicamente el deseo de evangelizar, lo sería aún más no advertir hasta qué punto este deseo estaba presente y era una fuerza realmente viva en sus protagonistas.

La confesión de uno de los soldados de Cortés, Bernal Díaz del Castillo, es un buen resumen de la combinación de motivos que impulsaban a aquellos hombres: iban a las Indias, decía, "por servir a Dios y a Su Majestad, y dar luz a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas, que todos los hombres comúnmente venimos a buscar". Y, en efecto, en el conjunto de las memorias de este conquistador aparecen una y otra vez esas motivaciones: la evangelización está presente tanto en el primer momento, cuando apenas hay ningún sacerdote, como después; y un número notable de soldados, cuando llega el asentamiento pacífico, se hacen frailes. Tanto en los territorios portugueses como en los españoles, por especiales concesiones de los Romanos Pontífices, la Iglesia se gobernaba con una notable autonomía respecto a Roma y con una especial dependencia de la corona. Era el régimen de "Patronato Real" y, en general, sus aspectos positivos superaron con creces los negativos, que también tuvo.


EL XVII

Entrado ya el nuevo siglo, una conflagración europea casi general agitó de nuevo el continente. Era la guerra de los Treinta Años, muy destructora y de la que finalmente salió triunfante Francia a costa de España y de Alemania. Si el último siglo y medio habían sido de España, el que comenzaba a mitad del XVII sería de Francia, como el XIX sería el siglo inglés.

Las paces de Westfalia (1648) consagraron esta supremacía. También quedó consolidado el mapa de las confesiones religiosas en Europa, al mismo tiempo que se experimentó un cierto cansancio por las cuestiones teológicas.

En el campo católico, el siglo XVII y buena parte del siguiente es una época de trabajo pastoral callado, serio y continuado, con la aplicación insistente de las normas dadas en Trento. La formación cristiana del pueblo mejora en general notablemente, así como su práctica religiosa regular.

En el terreno de la educación básica y popular, aparecen movimientos de gran trascendencia, como el de los Clérigos Pobres de la Madre de Dios, de las Escuelas Pías, fundados a finales del siglo XVI por un sacerdote aragonés de la diócesis de Urgel, San José de Calasanz.

En resumen, los siglos XVII y XVIII llevan una fuerte marca de piedad, que se observa tanto en las personas como en las costumbres populares. Pero en el mundo del pensamiento, las cosas comenzaban a evolucionar en otra dirección.

 

VOCABULARIO

Anglicanismo: Organización eclesiástica oficial inglesa separada del Papa. Se inició al separarse de Roma Enrique VIII. Admite la justificación sólo por la fe; reconoce como fuente de revelación únicamente la Sagrada Escritura; niega el Purgatorio, las indulgencias, el culto a la Santísima Virgen y a los santos. El poder supremo, como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra, está en el rey.

Calvino (1509-1564): Fue el reformador en Ginebra donde vivió desde 1541 y donde gozó de gran autoridad. Los puntos principales de la doctrina calvinista son: 1) Sólo la Escritura es fuente de revelación y al igual que dice Lutero, es el individuo quien debe interpretarla; 2) la naturaleza humana está absolutamente corrompida y p,)r tanto la salvación le ha de venir al hombre desde fuera; 3) Para la justificación basta la fe sin que sean necesarias las obras del hombre; 4) Quien ha sido justificado está seguro de salvarse; 5) Dios predestina absolutamente o para el cielo o para el infierno; 6) Los sacramentos son señales externas que atestiguan la gracia de Dios en el hombre y únicamente son dos: Bautismo y Cena. Respecto a la Cena niega la transubstanciación, en ella sólo se recibe una virtud divina; 7) La Iglesia es una sociedad formada por los ancianos y maestros con absoluta independencia respecto al Estado; 8) El éxito en las empresas económicas es señal de la predilección divina. Esta doctrina influyó mucho en el desarrollo del capitalismo. El calvinismo fue condenado en el Concilio de Trento,

Justificación: Acto por el que Dios hace pasar un alma del estado de pecado al de santidad o gracia. La misma palabra se aplica al estado del que está justificado por la acción divina. Es sinónimo de santificación, que se emplea con más frecuencia hoy día.

Lutero: Martin Lutero nació en Eisleben en 1483. Desde 1508 hasta su muerte en 1546 fue profesor de teología en Wittenberg. Debido a su conciencia escrupulosa y mal interpretando a San Pablo llegó a la conclusión de que todo lo que hace el hombre es malo y que lo único que le puede salvar es la fe sola, sin tener en cuenta para nada las obras y la voluntad del hombre. El Papa León X le excomulgó en el año 1520 como consecuencia de las llamadas tesis de Wittenberg, que son 95 proposiciones que Lutero colocó en la puerta de la Universidad el 31-X-1517. A partir de la excomunión Lutero se separó de la Iglesia Católica y publicó los llamados escritos de reforma. Todos los seguidores de Lutero formaron la Iglesia Evangélica. Lutero no pretendió fundar una Iglesia, sino únicamente volver a su pureza primitiva a la Iglesia de Cristo. Lutero solamente admite dos sacramentos: Bautismo y Cera. Como fuente de fe admite sólo la Sagrada Escritura y rechaza la Tradición. En los sacramentos lo que cuenta es lo subjetivo de quien los recibe y no aquello que se hace. En Lutero comienza la subjetivización de la religión que fuego habría de desembocar en todos los errores modernos e incluso llevar al ateísmo. Sus errores fueron condenados en el Concilio de Trento.


Evangelización de América

Bernal Díaz del Castillo, que estuvo en Méjico antes que Cortés y luego le acompañó en su expedición, escribió una Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, memorias personales muy ricas en observaciones psicológicas y en detalles de todo tipo. Esta página corresponde a los primeros contactos con los enviados de Moctezuma, "los caciques Tendile y Pitalpitoque", cuando aún estaban los españoles en la costa y antes de que Cortés mandase dar sus naves do través. Era el año 1519. (Cap. 40): "Y dejemos por agora las vistas y digamos que en aquella razón era hora de,] Ave María, y en el real tañíamos una campana, y todos nos arrodillamos delante de una cruz que teníamos puesta en un médano de arena, y delante de aquella cruz decíamos la oración del Ave María. Y como Tendile y Pitalpitoque nos vieron ansí arrodillados, como eran muy entendidos, preguntaron que a qué fin nos humillábamos delante de aquel palo hecho de aquella manera, y como Cortés lo ,oyó y el fraile de la Merced estaba presente, le dijo al fraile: "Bien es agora, padre, que hay buena materia para ello, que les demos a entender con nuestras lenguas las cosas tocantes a nuestra santa fe". Y entonces se les hizo un tan buen razonamiento para en tal tiempo que unos buenos teólogos no lo dijeran mejor, y después de declarado cómo somos cristianos e todas las cosas tocantes a nuestra santa fe que se convenían decir, y los dijeron que sus ídolos son malos e que no son buenos, que huyen donde está aquella señal de la cruz, porque en otra de aquella hechura padeció muerte y pasión el Señor del cielo y de la tierra y de todo lo criado, ques en el que nosotros adoramos y creemos, ques Nuestro Dios verdadero, que se dice Jesucristo, y que quiso sufrir y pasar aquella muerte por salvar todo el género humano, y que resucitó al tercero día, y está en los cielos, y que habemos de ser juzgados dél. Y se les dijo otras muchas cosas, muy perfectamente dichas; y las entendían bien, y respondían cómo ellos lo dirían a su señor Moctezuma. Y también se les declaró las cosas por qué nos envió a esas partes nuestro gran emperador: fue para quitar que no sacrificasen ningunos indios ni otra manera de sacrificios malos que hacen, ni se robasen unos a otros, ni adorasen aquellas malditas figuras, y que les ruega que pongan en su ciudad, en los adoratorios donde están los ídolos que ellos tienen por dioses, una cruz como aquélla, y pongan una imagen de Nuestra Señora que allí les dio, con su hijo precioso en los brazos, y verán cuánto bien les va y lo que nuestro Dios por ellos hace. Y porque pasaron otros muchos razonamientos e yo no los sabré escrebir, lo dejaré y traeré a la memoria que como vinieron con Tendile muchos indios esta postrera vez a rescatar piezas de oro, y no de mucha valía, todos los soldados los rescatábamos, y aquel oro que rescatábamos dábamos a los hombres que traíamos de la mar, que iban a pescar, a trueco de su pescado, para tener de comer, porque de otra manera pasábamos mucha necesidad de hambre. Y Cortés se holgaba dello y lo disimulaba".

El Concilio de Trento y los protestantes

Concilio de Trento. En muchas ocasiones se intentó que los protestantes asistieran a sus discusiones. En la sesión del 11 de octubre de 1551 se dio un salvoconducto a todos aquellos protestantes alemanes que se quisieran incorporar, aunque ninguno vino.

"El Concilio general y sacrosanto de Trento, legítimamente congregada en el Espíritu Santo, presidido por el legado y los nuncios de la Santa Sede apostólica, concede aquella fe pública y plena seguridad que llaman salvoconducto, con todas y cada una de las cláusulas y decretos necesarios y oportunos (... ) a todas y cada una de las personas eclesiásticas o seculares de toda Alemania, de cualquier grado, estado, condición y calidad, que quisieran acceder a este Concilio general y ecuménico, para exponer, proponer y tratar con toda libertad de aquellas cosas que deben ser tratadas en el Concilio, para que con toda libertad y seguridad puedan venir y permanecer en él, y presentar, proponer y discutir con los padres o con aquellos que fueren delegados por el santo Concilio, tanto de palabra como por escrito, los artículos que les pareciere, así como que sin ninguna injuria ni reproche puedan disputar sobre ellos y que, cuando quieran, puedan retirarse."


Carta de Santa Teresa a Felipe II

"Jesús. La gracia del Espíritu Santo sea siempre con vuestra Majestad. Estando con harta pena encomendando a nuestro Señor las cosas de esta sagrada Orden de nuestra Señora, y mirando la gran necesidad que tiene de que estos principios que Dios ha comenzado en ella no se caigan, se me ofreció que el medio mejor para nuestro remedio es que vuestra Majestad entienda en lo que consiste estar ya del todo asentado este edificio, y aun remediados los calzados con ir en aumento.

"Ha cuarenta años que yo vivo entre ellos, y miradas todas las cosas, conozco claramente que, si no se hace provincia aparte de descalzos, y con brevedad, que se hace mucho daño y tengo por imposible que puedan ir adelante. Como esto está en manos de vuestra Majestad y yo veo que la Virgen nuestra Señora le ha querido tomar por amparo para el remedio de su Orden, heme atrevido a hacer esto para suplicar a vuestra Majestad, por amor de nuestro Señor y de su gloriosa Madre, vuestra Majestad mande se haga; porque al demonio le va tanto en estorbarle, que no pondrá pocos inconvenientes, sin haber ninguno sino bien de todas maneras.

"Harto nos haría al caso, si en estos principios se encargase a un padre descalzo que llaman Gracián, que yo he conocido ahora; y aunque moza, me ha hecho harto alabar a nuestro Señor lo que ha dado a aquel alma y las grandes obras que ha hecho por reledio suyo, remediando a muchas; y ansí creo que le ha escogido para gran bien de esta Orden. Encamine nuestro Señor las cosas de suerte que vuestra Majestad quiera hacerle este servicio y mandarlo.

"Por la merced que vuestra Majestad me hizo en la licencia para fundar el monasterio en Caravaca beso a vuestra Majestad muchas veces las manos. Por amor de Dios suplico a vuestra Majestad me perdone, que ya veo soy muy atrevida; más considerando que oye a los pobres el Señor y que vuestra Majestad está en su lugar, no pienso ha de cansarse.

"Dé Dios a vuestra Majestad tanto descanso y años de vida como yo continuo le suplico y la cristiandad ha menester.
"Son hoy 19 de julio.
"Indigna sierva y súbdita de vuestra Majestad, Teresa de Jesús, Carmelita."

 

El caso Galileo

"Una visión del panorama teológico del siglo XVII resultaría incompleta si no se hiciera memoria de un acontecimiento que ha impresionado mucho más a la posteridad que a los propios contemporáneos: el proceso de Galileo. Como es sabido, sus tesis, que establecían la inmovilidad del Sol y la rotación y traslación de la Tierra, fueron condenadas en 1616 por una comisión de teólogos como filosóficamente absurdas y formalmente heréticas, por parecer contrarias a ciertos pasajes de la Biblia, donde se habla de la quietud de la Tierra y el movimiento del Sol. La condena fue ratificada al comparecer personalmente Galileo ante el Santo Oficio en 1633. El procesa y condena de Galileo -deplorados por el Concilio Vaticano II y el papa Juan Pablo II se han aducido mil veces como argumento de una pretendida incompatibilidad entre religión y ciencia. Es indudable que los eclesiásticos romanos incurrieron en un grave error al pretender juzgar con métodos teológicos una hipótesis científica, sin respetar la legítima autonomía de la ciencia. Mas extraer de ese desgraciado episodio -como se ha hecho durante siglos la conclusión de que religión y ciencia son incompatibles constituye una deducción apasionada y arbitraria. Hay que advertir, además, para situar los hechos en su contexto, que Galileo defendía sus tesis con vehemente convicción derivada de la fuerza de su genio; pero que la demostración física de la verdad de esas tesis sólo sería posible siglos más tarde."

(José Orlandis, Historia breve del Cristianismo, Madrid 1984, pp. 143-144.)