|
4. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
LA ULTIMA ETAPA MEDIEVAL
Como es bien conocido, en 1348 comenzó la serie sucesiva
de plagas mortíferas que diezmaron la población europea.
Como consecuencia de ellas, aunque no exclusivamente, puesto que
parece que. se limitaron a agravar una situación que ya había
comenzado a plantearse, se asiste a un empobrecimiento grande de
Occidente que afecta no sólo a lo material, sino a todos
los aspectos de la vida, incluidos la vida cultura¡, la eclesiástica
y la religiosa en general.
En Occidente, los años 1339 a 1450 están marcados
por la guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra,
con sus devastaciones más o menos graves y continuas. En
Oriente, por el avance de una nueva fuerza musulmana, la de los
turcos otomanos, sobre Constantinopla, fuerza que después
de conquistar Anatolia y gran parte de Europa (los Balcanes, la
llanura húngara, Grecia) acabará apoderándose
de la capital en el año 1453.
Los papas en Aviñón
En lo referente al papado, éste había escapado al
peligro de sujeción al emperador alemán sólo
para caer bajo la influencia del rey francés. Esto, unido
a la inestabilidad social y política de Roma, le llevó
a residir durante casi setenta años (1309-1377) en Aviñón,
cabeza de un condado papal situado fuera del reino de Francia, pero
junto a sus fronteras.
Los años de Aviñón conocieron un importante
desarrollo de la administración papal, con una centralización
progresiva de la Iglesia occidental. Uno de sus aspectos negativos
fue el crecimiento de las tasas que había que pagar por los
servicios de una burocracia numerosa. Tampoco era positiva, especialmente
para los países políticamente enfrentados con Francia,
la influencia de ésta sobre los Papas.
El cisma de Occidente
Pero peor era lo que estaba por venir, pues apenas regresó
el papado a Roma, una elección poco clara resultó
en la existencia de dos Papas, y de tal manera que no sólo
cada uno de ellos creía firmemente ser el Papa legítimo,
sino que incluso grandes personajes, elevados después a los
altares, estaban unos en favor de uno y otros en favor de otro.
A la cuestión de fondo se unieron después consideraciones
políticas, de manera que los diferentes Estados apoyaban
a uno u otro o cambiaban de obediencia, y no se resolvió
la crisis institucional hasta 1417, tras cuarenta años de
desconcierto.
El modo cómo se resolvió iba también a dejar
huellas. Después de muchas negociaciones infructuosas, se
había llegado a la conclusión de que la única
manera de terminar el conflicto era reunir un concilio, y se persuadió
a uno de los Papas para que lo convocara. Como después este
mismo Papa se negó a aceptar sus decisiones, y con mayor
razón lo hizo el otro, el Concilio los declaró depuestos
a ambos y eligió a otro, con lo cual hubo tres. Entonces,
los padres conciliares, en conformidad con el pensamiento de algunos
de ellos, consiguieron que en la práctica, aunque no en la
teoría, se considerara que el Concilio estaba por encima
del Papa (teorías "conciliaristas") Todo se resolvió
finalmente, pero la idea conciliarista continuó flotando
en el ambiente, y otro Concilio reunido a los pocos años
(se había establecido que ahora estas reuniones serían
periódicas) degeneró en una asamblea antipapal.
El Renacimiento y el papado
Coincidiendo con la estancia de los Papas en Aviñón
y precisamente en su corte, se dieron algunos de los primeros pasos
de lo que sería el Renacimiento. Desde entonces no dejaron
los Papas de estar estrechamente asociados con este movimiento cultural,
al que iban a fomentar en numerosas ocasiones con su mecenazgo.
Junto a los aspectos claramente positivos para todos de esta colaboración
habría sin embargo otros, no necesariamente relacionados
con el nuevo interés por las letras y por las ciencias, que
darían una imagen demasiado humana del pontificado, pues,
en algunos aspectos, el Papa casi aparecería más como
uno de los grandes príncipes italianos de la época
que como un pastor de almas.
LA MODERNIDAD
A finales del siglo XV, una serie de acontecimientos suelen servir
para señalar un cambio notable de los tiempos. Entramos en
otra época, que por ser nueva se llama "moderna",
expresión que ha perdurado.
Ha habido una clara recuperación de los tiempos tristes
de la peste negra y sus secuelas. El final de la guerra de los Cien
Años proporcionará un período de paz interior
a Francia, que se consolidará como una de las grandes unidades
políticas europeas. Inglaterra, inmersa ahora en las guerras
de las Dos Rosas, saldrá de ellas como otro Estado coherente
y fuerte, aunque de importancia aún relativamente marginal
en el teatro europeo. Finalmente, se dará la unión
de los reinos españoles bajo unos mismos gobernantes, con
la potenciación mutua de la riqueza de la Corona de Castilla
y la larga tradición política internacional de la
Corona de Aragón. La conquista del reino moro de Granada
y el prestigio consiguiente, hábilmente explotado por la
diplomacia del Rey Católico, junto con la trascendencia,
aún no claramente advertida, del descubrimiento de América,
darán entrada a lo que podríamos llamar los siglos
españoles de la historia europea.
El fortalecimiento de estos tres Estados llevó consigo una
nueva intromisión del poder civil en la vida de la Iglesia
y, en concreto, en los nombramientos eclesiásticos y las
relaciones de las Iglesias particulares con Roma. Los criterios
adoptados no fueron idénticos en las tres unidades estatales,
pero básicamente eran muy parecidos. Sin embargo, los efectos
de este control fueron bastante dispares. Así, en España
sirvieron para una notable renovación, positiva en sus líneas
generales, de la vida de la Iglesia; en cambio, más adelante,
en Inglaterra desembocarían en un cisma. Para limitarnos
a un ejemplo, mientras en España se reformaron los monasterios,
en Inglaterra se suprimieron y la corona confiscó sus bienes.
EL SIGLO DE LA REFORMA
En Europa, el siglo XVI es el siglo de la reforma protestante y
de la reforma católica, el siglo de la rotura de la unidad
de los cristianos y de la apertura entre ellos de un foso gigantesco.
Fue en Alemania donde comenzó todo. Un fraile
agustino, Lutero, en su búsqueda de una idea básica
que permitiera explicar el misterio de la salvación del hombre,
creyó encontrarla pura y simplemente en la fe. Lo que hace
al hombre agradable a Dios es únicamente una fe interior
y confiada en Cristo, sin necesidad de especiales obras piadosas
ni de sacramentos que, dándoles además otro sentido,
dejaba reducidos al Bautismo y la Eucaristía. Incluso el
esfuerzo por portarse moralmente bien tenía una importancia
muy secundaria.
Todo esto lo deducía Lutero de su interpretación
de la Sagrada Escritura, que para él era la única
regla de verdad. La disparidad con las enseñanzas hasta entonces
tradicionales le demostraba no sólo que los obispos y el
Papa se podían equivocar en importantes materias de fe, sino
que de hecho se habían equivocado.
La intuición inicial de Lutero, sus escritos y sus actitudes
se fueron radicalizando en la forma y en el fondo a partir de una
célebre controversia sobre las indulgencias (1517), siendo
finalmente excomulgado por el Papa después de que todos los
intentos de conciliación resultaran vanos. A partir de aquel
momento su vida se hizo más azarosa, teniendo que huir de
un sitio a otro, protegido por unos y perseguido por otros.
Sus teorías, en cuya difusión tuvo mucha importancia
la letra impresa, entonces aún una novedad relativamente
reciente, encontraron buena acogida en bastantes sectores. También
la encontró su oposición al Papa, contra quien había
una especie de resentimiento difuso y ancestral, como resultado
de las muy viejas luchas entre el imperio y el papado. Además,
Lutero apelaba a los príncipes para que se hicieran cargo
de los bienes de las diferentes instituciones eclesiásticas
y emprendieran por su cuenta la reforma de la Iglesia.
A la larga, sólo en aquellos lugares donde los príncipes
hicieron suyo el luteranismo consiguió éste imponerse
y subsistir. No se trataba de ninguna manera de lo que ahora entendemos
por libertad religiosa. De hecho, después de innumerables
intentos para recuperar la unidad, el compromiso a que se llegó
establecía que, en cada uno de los innumerables principados
más o menos independientes que formaban la Alemania de entonces,
se adoptara la confesión religiosa que eligiera su príncipe
("cuius regio, eius religio": paz religiosa de Augsburgo,
1555)
Calvino
A esta reforma de la primera hora se superpusieron otras muchas
más o menos emparentadas con ella y más o menos bien
recibidas por Lutero. Pero en una segunda generación se impuso
la reforma de Calvino, con raíces en Francia, aunque con
su epicentro en Ginebra. Calvino convenía con Lutero en rechazar
la autoridad doctrinal y disciplinar de la jerarquía ordinaria
de la Iglesia, así como el sacerdocio y la doctrina tradicional
sobre los sacramentos en general. Pero fue además un gran
organizador que dio unas estructuras permanentes a sus seguidores
y se ocupó de formar y enviar propagandistas que difundieran
sus enseñanzas.
A grandes rasgos, el panorama de la reforma protestante (nombre
genérico y en su origen no despectivo) hacia el último
cuarto del siglo XVI era el siguiente. Eran luteranas amplias zonas
de Alemania y los países escandinavos enteros. Había
calvinistas en Francia ("hugonotes.) y especialmente en los
Países Bajos, desde donde se había hecho una intensa
propaganda hacia Escocia e Inglaterra. También en Polonia
y Hungría había fuertes influencias calvinistas.
El calvinismo quedaría a la larga en una posición
muy minoritaria en Francia, aunque no sin haber dado lugar a confrontaciones
bélicas quizá más importantes que las que había
alimentado la reforma de la primera generación en Alemania.
En Inglaterra, el cisma abierto por Enrique VIII con motivo de
su divorcio, no había supuesto al principio una protestantización
de la Iglesia anglicana. Pero a la muerte del rey se dio ésta,
acusadamente primero y, tras una breve restauración católica,
durante el largo reinado de Isabel I (15581603) Fue en este reinado
cuando se consolidó una reforma de estilo relativamente moderado,
calvinista en espíritu pero que retenía algunas formas
de la religión antigua tales como la existencia de un episcopado.
La reforma inglesa tuvo a la larga importantes consecuencias, pues
llegaría a ser exportada junto con la cultura inglesa por
todo el imperio británico. Además, indirectamente,
sería tal vez el más fuerte apoyo moral con que podría
contar el protestantismo continental.
La reforma católica y el Concilio de Trento
La reforma católica, a menudo llamada con poca propiedad
contrarreforma, comenzó en algunos lugares antes que la protestante.
Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con las reformas llevadas
a cabo en España por Cisneros en las órdenes religiosas
y por los Reyes Católicos en el episcopado.
Pero fue la presión protestante la que impulsó con
mayor fuerza la decisión de poner orden en la casa propia.
El Concilio de Trento (1545-1563, con largas interrupciones), además
de establecer cuál era la doctrina tradicional y sus posibles
interpretaciones católicas en los puntos controvertidos por
los protestantes, produjo una abundante legislación ("decretos
de reforma") para corregir los abusos y corruptelas que existían
sobre todo en la organización eclesiástica.
El trabajo del Concilio fue concienzudo y profundo, y en él
colaboraron de manera notable los prelados y teólogos españoles,
en cabeza entonces de la ciencia teológico y la jurídica.
El cumplimiento de los decretos conciliares
El gran éxito del Concilio de Trento fue que sus decisiones
disciplinaras no quedaron en letra muerta. Se arbitraron medios
para conseguir que se implantaran sus decisiones, tales como el
establecimiento de lo que ahora llamaríamos una comisión
de seguimiento, la Sagrada Congregación del Concilio. Muy
pronto se mandó que los obispos de todo el mundo le enviaran
informes cada unos pocos años, en los que tenían que
exponer el estado de sus diócesis y cómo se cumplían
en ellas los decretos conciliares.
Hubo a partir de ahora un mejor cumplimiento de sus deberes pastorales
por parte de los obispos, quienes a su vez habían visto aumentar
su autoridad en sus diócesis. Hubo mejor selección
de los candidatos a los cargos pastorales inferiores, tales como
párrocos y semejantes, estableciéndose concursos y
oposiciones para obtenerlos; más interés por la formación
académica y espiritual del clero, aunque aquí los
resultados fueron más lentos; mayor insistencia en que los
párrocos enseñaran bien la doctrina cristiana y predicaran,
para lo cual se preparó un amplio y excelente Catecismo para
párrocos; más orden en las comunidades religiosas
masculinas y femeninas, etcétera.
Todo esto produjo una liberación notable de energías
espirituales, unida a una gran creatividad, visible hasta en la
arquitectura y el arte religioso en general, lo que hace ver hasta
qué punto es impropia la denominación de "contrarreforma"
Por otra parte, junto a las órdenes religiosas antiguas,
revitalizadas antes o después (como lo fue la del Carmelo
con la reforma de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de
la Cruz), habían ido apareciendo a lo largo del siglo otras
nuevas, de las cuales la más notable es, sin duda, la Compañía
de Jesús (jesuitas), fundada por San Ignacio de Loyola. En
general, tanto las nuevas como muchas de las viejas, estaban dotadas
de un gran espíritu apostólico y misionero.
La evangelización fuera de Europa
Si dentro de Europa el siglo XVI fue el de las luchas doctrinales
y las guerras en las que la religión tuvo mucho que ver,
fuera de ella fue el siglo en que tomó impulso una fuerte
proyección europea sobre todo el mundo, acompañada
de un esfuerzo considerable para evangelizarlo.
Así, con el precedente de las Canarias, a las que con la
conquista se había llevado el Evangelio ya a principios del
siglo XV, los castellanos lo llevaron a América y después
a las Filipinas, y los portugueses a las zonas de influencia de
las colonias que establecieron a lo largo de las costas africanas,
de la India, Indochina e islas cercanas, China y Japón.
A la larga, quedaron numerosos enclaves cristianos en los puntos
de apoyo del comercio portugués en todas esas costas, y unas
comunidades masivas en los territorios del Brasil y del imperio
español en América y Filipinas.
Fue notable el esfuerzo misionero, a la vez popular y culto, y
la contribución a él de las órdenes religiosas.
Si sería equivocado ver en estas empresas únicamente
el deseo de evangelizar, lo sería aún más no
advertir hasta qué punto este deseo estaba presente y era
una fuerza realmente viva en sus protagonistas.
La confesión de uno de los soldados de Cortés, Bernal
Díaz del Castillo, es un buen resumen de la combinación
de motivos que impulsaban a aquellos hombres: iban a las Indias,
decía, "por servir a Dios y a Su Majestad, y dar luz
a los que estaban en tinieblas, y también por haber riquezas,
que todos los hombres comúnmente venimos a buscar".
Y, en efecto, en el conjunto de las memorias de este conquistador
aparecen una y otra vez esas motivaciones: la evangelización
está presente tanto en el primer momento, cuando apenas hay
ningún sacerdote, como después; y un número
notable de soldados, cuando llega el asentamiento pacífico,
se hacen frailes. Tanto en los territorios portugueses como en los
españoles, por especiales concesiones de los Romanos Pontífices,
la Iglesia se gobernaba con una notable autonomía respecto
a Roma y con una especial dependencia de la corona. Era el régimen
de "Patronato Real" y, en general, sus aspectos positivos
superaron con creces los negativos, que también tuvo.
EL XVII
Entrado ya el nuevo siglo, una conflagración europea casi
general agitó de nuevo el continente. Era la guerra de los
Treinta Años, muy destructora y de la que finalmente salió
triunfante Francia a costa de España y de Alemania. Si el
último siglo y medio habían sido de España,
el que comenzaba a mitad del XVII sería de Francia, como
el XIX sería el siglo inglés.
Las paces de Westfalia (1648) consagraron esta supremacía.
También quedó consolidado el mapa de las confesiones
religiosas en Europa, al mismo tiempo que se experimentó
un cierto cansancio por las cuestiones teológicas.
En el campo católico, el siglo XVII y buena parte del siguiente
es una época de trabajo pastoral callado, serio y continuado,
con la aplicación insistente de las normas dadas en Trento.
La formación cristiana del pueblo mejora en general notablemente,
así como su práctica religiosa regular.
En el terreno de la educación básica y popular, aparecen
movimientos de gran trascendencia, como el de los Clérigos
Pobres de la Madre de Dios, de las Escuelas Pías, fundados
a finales del siglo XVI por un sacerdote aragonés de la diócesis
de Urgel, San José de Calasanz.
En resumen, los siglos XVII y XVIII llevan una fuerte marca de
piedad, que se observa tanto en las personas como en las costumbres
populares. Pero en el mundo del pensamiento, las cosas comenzaban
a evolucionar en otra dirección.
|
VOCABULARIO
Anglicanismo: Organización
eclesiástica oficial inglesa separada del Papa.
Se inició al separarse de Roma Enrique VIII.
Admite la justificación sólo por la fe;
reconoce como fuente de revelación únicamente
la Sagrada Escritura; niega el Purgatorio, las indulgencias,
el culto a la Santísima Virgen y a los santos.
El poder supremo, como cabeza suprema de la Iglesia
de Inglaterra, está en el rey.
Calvino (1509-1564):
Fue el reformador en Ginebra donde vivió desde
1541 y donde gozó de gran autoridad. Los puntos
principales de la doctrina calvinista son: 1) Sólo
la Escritura es fuente de revelación y al igual
que dice Lutero, es el individuo quien debe interpretarla;
2) la naturaleza humana está absolutamente corrompida
y p,)r tanto la salvación le ha de venir al hombre
desde fuera; 3) Para la justificación basta la
fe sin que sean necesarias las obras del hombre; 4)
Quien ha sido justificado está seguro de salvarse;
5) Dios predestina absolutamente o para el cielo o para
el infierno; 6) Los sacramentos son señales externas
que atestiguan la gracia de Dios en el hombre y únicamente
son dos: Bautismo y Cena. Respecto a la Cena niega la
transubstanciación, en ella sólo se recibe
una virtud divina; 7) La Iglesia es una sociedad formada
por los ancianos y maestros con absoluta independencia
respecto al Estado; 8) El éxito en las empresas
económicas es señal de la predilección
divina. Esta doctrina influyó mucho en el desarrollo
del capitalismo. El calvinismo fue condenado en el Concilio
de Trento,
Justificación:
Acto por el que Dios hace pasar un alma del estado de
pecado al de santidad o gracia. La misma palabra se
aplica al estado del que está justificado por
la acción divina. Es sinónimo de santificación,
que se emplea con más frecuencia hoy día.
Lutero: Martin Lutero
nació en Eisleben en 1483. Desde 1508 hasta su
muerte en 1546 fue profesor de teología en Wittenberg.
Debido a su conciencia escrupulosa y mal interpretando
a San Pablo llegó a la conclusión de que
todo lo que hace el hombre es malo y que lo único
que le puede salvar es la fe sola, sin tener en cuenta
para nada las obras y la voluntad del hombre. El Papa
León X le excomulgó en el año 1520
como consecuencia de las llamadas tesis de Wittenberg,
que son 95 proposiciones que Lutero colocó en
la puerta de la Universidad el 31-X-1517. A partir de
la excomunión Lutero se separó de la Iglesia
Católica y publicó los llamados escritos
de reforma. Todos los seguidores de Lutero formaron
la Iglesia Evangélica. Lutero no pretendió
fundar una Iglesia, sino únicamente volver a
su pureza primitiva a la Iglesia de Cristo. Lutero solamente
admite dos sacramentos: Bautismo y Cera. Como fuente
de fe admite sólo la Sagrada Escritura y rechaza
la Tradición. En los sacramentos lo que cuenta
es lo subjetivo de quien los recibe y no aquello que
se hace. En Lutero comienza la subjetivización
de la religión que fuego habría de desembocar
en todos los errores modernos e incluso llevar al ateísmo.
Sus errores fueron condenados en el Concilio de Trento.
|
|
Evangelización de América
Bernal Díaz del Castillo, que estuvo en Méjico antes
que Cortés y luego le acompañó en su expedición,
escribió una Historia verdadera de la conquista de la Nueva
España, memorias personales muy ricas en observaciones psicológicas
y en detalles de todo tipo. Esta página corresponde a los
primeros contactos con los enviados de Moctezuma, "los caciques
Tendile y Pitalpitoque", cuando aún estaban los españoles
en la costa y antes de que Cortés mandase dar sus naves do
través. Era el año 1519. (Cap. 40): "Y dejemos
por agora las vistas y digamos que en aquella razón era hora
de,] Ave María, y en el real tañíamos una campana,
y todos nos arrodillamos delante de una cruz que teníamos
puesta en un médano de arena, y delante de aquella cruz decíamos
la oración del Ave María. Y como Tendile y Pitalpitoque
nos vieron ansí arrodillados, como eran muy entendidos, preguntaron
que a qué fin nos humillábamos delante de aquel palo
hecho de aquella manera, y como Cortés lo ,oyó y el
fraile de la Merced estaba presente, le dijo al fraile: "Bien
es agora, padre, que hay buena materia para ello, que les demos
a entender con nuestras lenguas las cosas tocantes a nuestra santa
fe". Y entonces se les hizo un tan buen razonamiento para en
tal tiempo que unos buenos teólogos no lo dijeran mejor,
y después de declarado cómo somos cristianos e todas
las cosas tocantes a nuestra santa fe que se convenían decir,
y los dijeron que sus ídolos son malos e que no son buenos,
que huyen donde está aquella señal de la cruz, porque
en otra de aquella hechura padeció muerte y pasión
el Señor del cielo y de la tierra y de todo lo criado, ques
en el que nosotros adoramos y creemos, ques Nuestro Dios verdadero,
que se dice Jesucristo, y que quiso sufrir y pasar aquella muerte
por salvar todo el género humano, y que resucitó al
tercero día, y está en los cielos, y que habemos de
ser juzgados dél. Y se les dijo otras muchas cosas, muy perfectamente
dichas; y las entendían bien, y respondían cómo
ellos lo dirían a su señor Moctezuma. Y también
se les declaró las cosas por qué nos envió
a esas partes nuestro gran emperador: fue para quitar que no sacrificasen
ningunos indios ni otra manera de sacrificios malos que hacen, ni
se robasen unos a otros, ni adorasen aquellas malditas figuras,
y que les ruega que pongan en su ciudad, en los adoratorios donde
están los ídolos que ellos tienen por dioses, una
cruz como aquélla, y pongan una imagen de Nuestra Señora
que allí les dio, con su hijo precioso en los brazos, y verán
cuánto bien les va y lo que nuestro Dios por ellos hace.
Y porque pasaron otros muchos razonamientos e yo no los sabré
escrebir, lo dejaré y traeré a la memoria que como
vinieron con Tendile muchos indios esta postrera vez a rescatar
piezas de oro, y no de mucha valía, todos los soldados los
rescatábamos, y aquel oro que rescatábamos dábamos
a los hombres que traíamos de la mar, que iban a pescar,
a trueco de su pescado, para tener de comer, porque de otra manera
pasábamos mucha necesidad de hambre. Y Cortés se holgaba
dello y lo disimulaba".
El Concilio de Trento y los protestantes
Concilio de Trento. En muchas ocasiones se intentó que los
protestantes asistieran a sus discusiones. En la sesión del
11 de octubre de 1551 se dio un salvoconducto a todos aquellos protestantes
alemanes que se quisieran incorporar, aunque ninguno vino.
"El Concilio general y sacrosanto de Trento, legítimamente
congregada en el Espíritu Santo, presidido por el legado
y los nuncios de la Santa Sede apostólica, concede aquella
fe pública y plena seguridad que llaman salvoconducto, con
todas y cada una de las cláusulas y decretos necesarios y
oportunos (... ) a todas y cada una de las personas eclesiásticas
o seculares de toda Alemania, de cualquier grado, estado, condición
y calidad, que quisieran acceder a este Concilio general y ecuménico,
para exponer, proponer y tratar con toda libertad de aquellas cosas
que deben ser tratadas en el Concilio, para que con toda libertad
y seguridad puedan venir y permanecer en él, y presentar,
proponer y discutir con los padres o con aquellos que fueren delegados
por el santo Concilio, tanto de palabra como por escrito, los artículos
que les pareciere, así como que sin ninguna injuria ni reproche
puedan disputar sobre ellos y que, cuando quieran, puedan retirarse."
Carta de Santa Teresa a Felipe II
"Jesús. La gracia del Espíritu Santo sea siempre
con vuestra Majestad. Estando con harta pena encomendando a nuestro
Señor las cosas de esta sagrada Orden de nuestra Señora,
y mirando la gran necesidad que tiene de que estos principios que
Dios ha comenzado en ella no se caigan, se me ofreció que
el medio mejor para nuestro remedio es que vuestra Majestad entienda
en lo que consiste estar ya del todo asentado este edificio, y aun
remediados los calzados con ir en aumento.
"Ha cuarenta años que yo vivo entre ellos, y miradas
todas las cosas, conozco claramente que, si no se hace provincia
aparte de descalzos, y con brevedad, que se hace mucho daño
y tengo por imposible que puedan ir adelante. Como esto está
en manos de vuestra Majestad y yo veo que la Virgen nuestra Señora
le ha querido tomar por amparo para el remedio de su Orden, heme
atrevido a hacer esto para suplicar a vuestra Majestad, por amor
de nuestro Señor y de su gloriosa Madre, vuestra Majestad
mande se haga; porque al demonio le va tanto en estorbarle, que
no pondrá pocos inconvenientes, sin haber ninguno sino bien
de todas maneras.
"Harto nos haría al caso, si en estos principios se
encargase a un padre descalzo que llaman Gracián, que yo
he conocido ahora; y aunque moza, me ha hecho harto alabar a nuestro
Señor lo que ha dado a aquel alma y las grandes obras que
ha hecho por reledio suyo, remediando a muchas; y ansí creo
que le ha escogido para gran bien de esta Orden. Encamine nuestro
Señor las cosas de suerte que vuestra Majestad quiera hacerle
este servicio y mandarlo.
"Por la merced que vuestra Majestad me hizo en la licencia
para fundar el monasterio en Caravaca beso a vuestra Majestad muchas
veces las manos. Por amor de Dios suplico a vuestra Majestad me
perdone, que ya veo soy muy atrevida; más considerando que
oye a los pobres el Señor y que vuestra Majestad está
en su lugar, no pienso ha de cansarse.
"Dé Dios a vuestra Majestad tanto descanso
y años de vida como yo continuo le suplico y la cristiandad
ha menester.
"Son hoy 19 de julio.
"Indigna sierva y súbdita de vuestra Majestad, Teresa
de Jesús, Carmelita."
El caso Galileo
"Una visión del panorama teológico del siglo
XVII resultaría incompleta si no se hiciera memoria de un
acontecimiento que ha impresionado mucho más a la posteridad
que a los propios contemporáneos: el proceso de Galileo.
Como es sabido, sus tesis, que establecían la inmovilidad
del Sol y la rotación y traslación de la Tierra, fueron
condenadas en 1616 por una comisión de teólogos como
filosóficamente absurdas y formalmente heréticas,
por parecer contrarias a ciertos pasajes de la Biblia, donde se
habla de la quietud de la Tierra y el movimiento del Sol. La condena
fue ratificada al comparecer personalmente Galileo ante el Santo
Oficio en 1633. El procesa y condena de Galileo -deplorados por
el Concilio Vaticano II y el papa Juan Pablo II se han aducido mil
veces como argumento de una pretendida incompatibilidad entre religión
y ciencia. Es indudable que los eclesiásticos romanos incurrieron
en un grave error al pretender juzgar con métodos teológicos
una hipótesis científica, sin respetar la legítima
autonomía de la ciencia. Mas extraer de ese desgraciado episodio
-como se ha hecho durante siglos la conclusión de que religión
y ciencia son incompatibles constituye una deducción apasionada
y arbitraria. Hay que advertir, además, para situar los hechos
en su contexto, que Galileo defendía sus tesis con vehemente
convicción derivada de la fuerza de su genio; pero que la
demostración física de la verdad de esas tesis sólo
sería posible siglos más tarde."
(José Orlandis, Historia breve del Cristianismo,
Madrid 1984, pp. 143-144.)
|