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7. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE
LA FE
EL ORIGEN DE LAS FIESTAS
Es frecuente oír hablar de un festival: de rock, pop, de
danzas típicas, de un club, etc. La palabra festival proviene
de dies festus, que los antiguos usaban para denominar el día
en que se descansaba de las actividades y ocupaciones ordinarias
para dedicarse a celebrar otras cosas, que también forman
parte de la vida del hombre.
La necesidad natural de descansar de las fatigas diarias, cambiando
de actividad, y de celebrar lo que se ama, con actos sólo
aparentemente inútiles, es un fenómeno natural que
recorre toda la historia humana y que obedece a un preciso mandato
de Dios.
La prescripción de ley natural ha sido reforzada por un
precepto positivo, de origen divino: como se lee en el Decálogo,
el séptimo día es día de descanso, consagrado
a Yavé (Ex. 20, 10); es lo que el Catecismo de la Doctrina
Cristiana recoge en la sencilla expresión de santificarás
las fiestas, es decir, dedicarás al culto externo a Dios
estos días de descanso, que, naturalmente, todo hombre busca
y desea.
Y rematada en el día sexto toda la obra que había
hecho, descansó Dios el séptimo día de cuanto
hiciera; y bendijo al día séptimo y lo santificó,
porque en él descansó de cuanto había creado
y hecho.
(Gén. 2, 2-3)
La palabra fiesta designa la conmemoración de un suceso
o persona sagrados, que se hace con regocijo y alegría y
que incluye el cese de todo trabajo. (También hay fiestas
de dolor y penitencia.) La cesación de todo trabajo tiene
por objeto facilitar al hombre la dedicación a lo religioso.
Para que haya fiesta se necesita, más que descansar del trabajo
diario, saber qué se celebra, gozar en esa celebración
y hacerlo en unión con los componentes de la fiesta.
La fiesta es, ante todo, algo popular y espontáneo.
FIESTAS CIVILES
Las fiestas civiles, que suelen tener todos los pueblos y comunidades
humanas, han surgido como imitación de las religiosas y sirven
para conmemorar hechos históricos gloriosos. Con la cesación
del trabajo, se pretende conseguir, en este caso, sólo el
necesario descanso de los hombres.
La distribución de las fiestas a lo largo del año
solar da origen al calendario. Esto hizo que los días de
la semana y los meses lleven los nombres de los dioses, en los diferentes
pueblos. Así, por ejemplo, entre los romanos y germanos,
el lunes es el día de la Luna, el martes el de Marte, el
miércoles el de Mercurio, jueves el de Júpiter, etcétera.
Una característica de la fiesta es la celebración
comunitaria, que contribuye al júbilo colectivo. Las fiestas
no lo son de un individuo, sino de una colectividad, aunque sea
pequeña, como los gremios, pueblos pequeños o ciudades.
De ahí que tengan su fiesta los químicos, los panaderos,
que las tengan Barcelona, Madrid, etcétera.
En el mismo sentido hay que situar las fiestas de una familia,
como los nacimientos, cumpleaños, matrimonios, aniversarios,
funerales.
DIVERSOS TIPOS DE FIESTAS RELIGIOSAS
Las de iniciación. Aunque de manera oscura, se conmemora
la creación u origen del hombre.
Ofrenda de primicias. Sirven para reconocer que todo es un don
de Dios al hombre. Así, los pueblos cazadores ofrecen el
primer botín de caza; los pastores, las primeras crías;
los agricultores, los primeros frutos de las cosechas. En estas
fiestas se considera que se repite la donación divina.
Fiestas del Año Nuevo. Se celebran en diferentes épocas
del año, según los pueblos. Se conmemora la creación
del mundo y del hombre. Tienen como fin que el hombre no se olvide
de que todo proviene de Dios.
De los difuntos. Aparte de los sentimientos de amistad, servían
para recordar que la muerte no es una barrera insalvable y tienen
mucho que ver con la creencia en que el hombre supervive después
de la muerte.
Entre los actos propios de las fiestas hay que notar también
los sacrificios, los banquetes sagrados, procesiones y juegos.
FIESTAS CRISTIANAS LITURGICAS
Lo sobrenatural no destruye la naturaleza, sino que la completa
y mejora. Así, en el Antiguo Testamento, Dios estableció
fiestas para el pueblo elegido, tales como el descanso sabático,
recuerdo de la creación; la Pascua, en recuerdo de la salida
de Egipto; la dedicación del templo de Jerusalén,
relacionada con el fin de la cautividad de Babilonia; fiestas relacionadas
con las cosechas; etcétera.
El Cristianismo ha respetado siempre lo que hay de legítimo
en las culturas humanas, incluido lo religioso, vivificándole
y elevándolo gracias a los principios del mensaje salvador
de Cristo.
La fiesta cristiana es una acción sagrada conmemorativa.
Es una memoria o recuerdo, pero un recuerdo lleno de realidad. Así,
la celebración cristiana por excelencia, la Santa Misa, es
la misma acción redentora de Cristo, hecha realidad bajo
las apariencias y los ritos, tal como veremos después.
Esta acción de Cristo se da, sobre todo, en los sacramentos,
alrededor de los cuales se articula la liturgia, que es, al mismo
tiempo, culto a Dios y medio de santificación de los hombres.
A través de las celebraciones litúrgicas, nos ponemos
en "contacto" con Cristo.
Los actos de Cristo: vida, Muerte, Resurrección, etc., se
hacen presentes de modo sacramental (en el misterio) y accesibles
al que busca la salvación.
Por otro lado, las fiestas enseñan constantemente a los
cristianos la fe que profesan. Por eso la celebración de
las fiestas no puede quedar al arbitrio e improvisación particulares,
sino que la autoridad de la Iglesia es quien da las normas litúrgicas
por las que se debe regir toda celebración.
Las fiestas cristianas se celebran, palabra que significa hacer
algo de modo festivo y religioso. Toda celebración supone
tres elementos:
a) Un acontecimiento que se evoca y representa. Es la salvación
del mundo, que culmina en la Muerte y Resurrección del Señor,
es decir, la Pascua, la victoria de Cristo sobre la muerte y el
pecado.
b) Unas personas o un pueblo que se reúnen para ello y encuentran
su sentido, su misión, en esa reunión para la celebración.
Forman la Iglesia, el Pueblo de Dios.
c) Una acción festiva, ritual, sagrada, que de algún
modo actualiza tal acontecimiento o suceso. La más perfecta
es la Santa Misa, con todos los ritos y signos dispuestos por la
Iglesia.
Los ritos tienen la misión de que el hombre capte mejor
las realidades espirituales y religiosas. Lo más divino ha
de entrarle al hombre incluso por los sentidos.
EL DIA DEL SEÑOR
Los primeros cristianos consideraban ya el domingo como la primera
fiesta cristiana, que, en cierto modo, sucede al sábado de
los judíos. Pronto se escogió un domingo del año
con la significación peculiar de la Pascua del Señor.
Las demás fiestas cristianas se fueron fijando a lo largo
del tiempo hasta llegar a lo que hoy conocemos con el nombre de
Año litúrgico, con sus partes características
de Propio del tiempo y Santoral. Las dos llevan la impronta del
único misterio salvador de Cristo. las fiestas de los santos
están en relación estrecha con el misterio de Cristo,
fuente de toda santidad. Apóstoles, pastores, mártires
y vírgenes reproducen y subrayan notas de Cristo, Dios y
hombre, el Salvador.
En varios pasajes del Nuevo Testamento se relata cómo los
primeros cristianos se reunían el primer día de la
semana -el domingo- para celebrar la Eucaristía y recoger
las colectas.
Para un cristiano, el domingo no es día de alegría
simplemente porque es fiesta, sino principalmente porque es la fiesta
de Dios, es el momento de gozar, con los demás, en Dios;
de celebrar lo que se ama y de amar lo que se celebra.
El domingo, como festividad semanal, se ha extendido, por influencia
cristiana, a gran parte del mundo.
EL TERCER MANDAMIENTO DEL DECALOGO Y El PRIMERO DE LA IGLESIA
De hecho, toda fiesta está ya realmente contenida en cada
Misa. La Misa expresa de modo sintético (resumido) y realiza
con eficacia todo el misterio de Cristo.
La obligación de celebrar o santificar las fiestas proviene,
por tanto, de que son el modo más eficaz para nutrir la fe
y expresara.
El primer mandamiento de la Iglesia es: oír misa entera
todos los domingos y fiestas de precepto.
El Código de Derecho Canónico concreta el precepto
de oír misa en el canon 1246:
1. El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición
apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta
primordial de precepto. Igualmente deben observarse los días
de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo
Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada
Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles
Pedro y Pablo y, finalmente, Todos los Santos.
2. Sin embargo, la Conferencia Episcopal, previa aprobación
de la Sede Apostólica, puede suprimir o trasladar a domingo
algunas de las fiestas de precepto.
En general, se puede decir que cualquier causa que pueda producir
una grave dificultad, sea para el cuerpo o para el alma, es suficiente
para excusar del deber de oír Misa los días señalados.
Estas causas se pueden resumir en: imposibilidad física
o moral y deber de caridad. Así, quedaría excusado
el que necesitara un largo viaje o pusiera en peligro su vida, o
tuviera que cuidar necesariamente a un familiar enfermo, etcétera.
El fiel cristiano debe poner en la asistencia a la Santa Misa no
sólo la atención, respeto e interés que pone
en las más serias cosas de la vida, sino mayor, puesto que
está en presencia del mismo Sacrificio del Calvario.
Justifican el trabajo en los días festivos:
1) La necesidad propia que obliga a trabajar para poder subvenir
a la propia manutención y de la familia.
2) La necesidad ajena puede hacerlo incluso obligatorio, pues la
justicia y caridad hacia el prójimo es ley más fuerte
que la del descanso dominical.
LA LITURGIA
La liturgia se ha definido como: "el conjunto de signos sensibles,
eficaces de la santificación y del culto de la Iglesia".
Las acciones litúrgicas no son meras acciones humanas, sino
que por medio de ellas actúa Jesucristo, único Sacerdote.
La liturgia es el culto debido a Dios, realizado de una manera
pública (distinta de la que usa un hombre cuando privadamente,
por ejemplo, reza o hace un sacrificio) e íntegra. El culto
a Dios lo da la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo,
cabeza y miembros.
En lo esencial, está constituida por los sacramentos.
El elemento visible es signo eficaz de una realidad sobrenatural.
La acción litúrgico hace que se eleve a Dios la oración
de adoración y de súplica de la Iglesia y que desciendan
sobre la Iglesia y sus miembros las gracias de la Redención.
El lenguaje litúrgico
Hemos dicho que la liturgia utiliza signos.
Un signo, en general, es algo que, cuando es conocido, lleva al
conocimiento de otra cosa distinta de él. Así, por
ejemplo, el humo es signo del fuego. También es un signo
la bandera o el escudo. Una determinada bandera, o un escudo, representan
a un Estado, a un equipo deportivo o a una asociación de
otro tipo.
En el caso de los signos litúrgicos, hay que señalar
que expresan actitudes y realidades sobrenaturales. Así,
por ejemplo, en el Bautismo, el echar agua sobre la cabeza del que
es bautizado significa la realidad sobrenatural de que se lava del
pecado original.
Los signos litúrgicos fueron fijados por la libre voluntad
de Cristo o de la Iglesia. Con frecuencia, el significado de estos
signos es expresado o sugerido por las palabras que acompañan
al gesto o a la acción: "Yo te bautizo", significa
algo como yo te lavo o limpio.
Con la Confirmación se unge con óleo (aceite); es
lo que se hacía, y se hace, con los atletas, a los que se
aplican algunos productos (aceites, linimentos, etc.) para fortalecer
sus músculos. El sacramento de la Confirmación ha
de dar al cristiano la fortaleza en la fe.
La liturgia no sólo usa determinadas palabras, sino que
recurre a actitudes corporales (gestos, acciones), utiliza cosas
materiales, lugares... Por eso hay cosas sagradas, personas sagradas,
lugares sagrados.
Todo lo expuesto es una consecuencia de que el hombre es espiritual
y corporal a la vez y el lenguaje de la oración litúrgico
debe incluir el cuerpo. El gesto exterior facilita y expresa la
actitud interior.
También son exigidos los signos por el carácter comunitario
de la liturgia. Cristo utilizó gestos para hacer milagros,
que hubiera podido hacer con una sola palabra.
Símbolos y ritos
Símbolo, Los hombres se comunican entre sí los pensamientos,
sentimientos y afectos por medio de diversas clases de signos y
símbolos.
Dios se ha manifestado también al hombre a través
de las cosas creadas, que son símbolos verdaderos de la bondad,
inteligencia y poder de Dios.
El hombre, en su trato con Dios, también utiliza las cosas
y las acciones como signos de su reconocimiento y agradecimiento.
En todo símbolo se puede distinguir la cosa o acción
que se utiliza y el significado que se le añade. Es claro
que es el hombre, en el caso de los símbolos religiosos,
quien les ha dado el simbolismo o significado.
Rito. Son los gestos, actitudes, ceremonias o acciones humanas
que acompañan a la oración y con cuyo conjunto el
hombre y la comunidad expresan el culto debido a Dios. Los ritos
regulan la oración litúrgico.
Algunos ritos de la liturgia cristiana tienen su origen en el mismo
Jesucristo y, por tanto, son fijos, no pueden cambiar con el tiempo.
Luego, la Iglesia, a lo largo de los tiempos, ha ido rodeándolos
de otros ritos. Han surgido muy variados y diversos ritos en los
distintos lugares. Desde los primeros siglos existen libros litúrgicos,
que recogen prescripciones de los Papas. En efecto, son los Papas
y los obispos la única autoridad válida para las leyes
litúrgicas. Por eso no pueden los sacerdotes, y demás
personas que intervienen en las celebraciones litúrgicas,
hacerlas a su capricho.
La oración litúrgica
La oración llena, como tino de sus elementos fundamentales,
toda la liturgia. En efecto, la liturgia está constituida
por oraciones acompañadas de ritos o gestos.
La oración litúrgico es pública, de modo que
en ella el cristiano se une a la oración de toda la Iglesia.
La oración litúrgico no es un producto humano, sino
que arranca de las enseñanzas del mismo Jesucristo (recuérdese
el Padrenuestro, o las oraciones eucarísticas) y de la práctica
de la Iglesia desde los primeros tiempos, nacida de esas enseñanzas,
transmitidas por los discípulos.
Por eso la oración litúrgico es un reflejo de la
fe de la Iglesia. Se ha resumido esta doctrina diciendo que "la
ley del orar coincide con la ley del creer".
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VOCABULARIO
Culto. Es un conjunto
de actitudes con que el hombre quiere expresar las relaciones
que debe tener para con Dios.
Virtud de la religión:
Es una virtud que inclina la voluntad del hombre a rendir
a Dios el culto que se le debe como primer principio
de todas las cosas y gobernador de todas ellas.
Adoración: Es
el honor tributado a Dios por su infinita excelencia
y por el dominio que tiene sobre todas las cosas.
Sacrificio: Consiste
en ofrecerle a Dios cosas sensibles en señal
de sumisión y reconocimiento de su poder, para
que ayude en las necesidades y conceda el perdón
de los pecados, o en acción de gracias por los
favores recibidos. De aquí se deducen los diferentes
tipos de sacrificios: holocausto, en señal de
sumisión, destruyéndose la víctima
del todo; impetratorio, para pedir ayuda en las necesidades;
propiciatorio, para el perdón de los pecados;
y eucarístico, o de acción de gracias.
Devoción: Consiste
en la prontitud de la voluntad para todo lo que se refiere
a Dios.
Oración: Es la
elevación de la mente a Dios para alabarle y
pedirle cosas convenientes a la eterna salvación.
Voto: Es la promesa
deliberada y libre hecha a Dios por la que uno se obliga
en conciencia a una cosa buena.
Juramento: Es la invocación
del nombre de Dios como testigo de una afirmación
o como garantía del cumplimiento de una promesa.
Conjuro: Es la invocación
del nombre de Dios para obligar a otro a ejecutar algo
o abstenerse de alguna cosa.
Exorcismo: Una forma
solemne de conjuro, los usa la Iglesia para expulsar
los demonios. Se han de hacer por el ministro nombrado
por la Iglesia y con la aprobación del obispo.
Superstición:
Es el acto por el que se da culto divino, o a quien
no se le debe, o, del modo que no se debe.
Vana observancia: Es
el intento de obtener un cierto efecto con el empleo
de medios, que, ni por su naturaleza, ni por la institución
de la Iglesia, son aptos para ello. Es el empleo de
amuletos, talismanes (trébol de cuatro hojas,
herraduras, etc.)
Adivinación:
Es el arte de conocer y anunciar al futuro por medios
indebidos.
Magia: Es el pretender
lograr efectos preternaturales por causas arbitrarias.
Espiritismo: Es el pretender
comunicarse con los espíritus con el fin de conocer
cosas ocultas mediante su intervención.
Blasfemia: Es toda expresión
injuriosa contra Dios, los santos y las cosas santas,
sea de palabra -oral o escrita-, gestos, etc. Esta expresión
ha de ser injuriosa, de aquí que el mero nombrar
a Dios, o alguna cosa santa, aunque sea como desahogo
de cólera, será irreverencia, pero no
blasfemia.
Perjurio: Es poner a
Dios por testigo de una mentira, lo cual es hacer una
injuria a su infinita Verdad. Lo mismo quien no cumple
lo que prometió con juramento.
Sacrilegio: Es la profanación
o trato indigno de algo sagrado. Se llama personal al
cometido contra una persona sagrada, o por una persona
sagrada; local, cuando se profana un lugar sagrado;
y real, cuando se profana una cosa sagrada.
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Encíclica del Papa Pío XIl sobre
la liturgia
La liturgia es "Cristo mismo, que vive en su Iglesia siempre
y que... pone a las almas humanas en contacto con sus misterios
y las hace vivir por ellos" (Mediator Dei)
El Año litúrgico "es Cristo mismo que persevera
en su Iglesia y prosigue aquel camino de inmensa misericordia que
inició en esta vida mortal" (Mediator Dei)
La fiesta cristiana según un padre de
la Iglesia
Pasando toda nuestra vida como en una fiesta, persuadimos de que
Dios está en todas partes, trabajamos cantando, navegamos
al son de himnos, nos dedicamos a todas nuestras ocupaciones rezando.
El cristiano que realmente lo es, habita constantemente con Dios;
está siempre grave y alegre; grave por el respeto que debe
a la presencia de Dios; alegre, porque reconoce todos los bienes
que Dios ha hecho al hombre. (Clemente de Alejandría, siglo
II. Stromala.)
Constitución del Vaticano II sobre la
sagrada liturgia
"La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con
sagrado recuerdo, en días señalados a través
del año, la obra salvífica de su divino Esposo...
Conmemorando los misterios de la Redención, abre las riquezas
del poder santificador y de los méritos de su Señor,
de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo
para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse
de la gracia de la salvación" (SC, 102)
"Por una tradición apostólica que tiene su origen
en el mismo día de la Resurrección de Cristo, la Iglesia
celebra el misterio pascual cada ocho días, día que
se llama, con razón, día del Señor, o domingo.
(SC, 106)
En este día los fieles deben reunirse para que, escuchando
la palabra de Dios, y tomando parte en la Eucaristía, recuerden
la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor
Jesús, y den gracias a Dios, que los regeneró a la
esperanza viva por la Resurrección de Jesucristo de entre
los muertos (l Pe. 1, 3) Por eso el domingo es el principal día
de fiesta que se debe proponer e inculcar en la piedad de los fieles
de manera que sea también el día de alegría
y del holgar en el trabajo (SC, 106)
"Las dos partes de que consta la Misa, a saber: la litúrgico
de la Palabra y la Eucaristía, están tan íntimamente
unidas que constituyen un solo acto de culto. Por esto el sagrado
Sínodo exhorta vehementemente a los pastores de almas para
que en la catequesis instruyan cuidadosamente a los fieles acerca
de la participación en toda la Misa, sobre todo los domingos
y días de precepto" (SC, 56)
"Con razón (...) se considera la liturgia como el ejercicio
de la función sacerdotal de Jesucristo, puesto que en ella,
por medio de signos sensibles, se significa y realiza de una manera
propia a cada uno de ellos la santificación del hombre, y
es ejercido en ella, por el Cuerpo Místico de Cristo, es
decir, por la Cabeza y por sus miembros, el culto público
íntegro" (SC, 7)
Nuevo Código de Derecho Canónico
El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen
obligación de participar en la Misa; y se abstendrán
además de aquellos trabajos y actividades que impidan dar
culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del
Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo
(CIC, c. 1247)
Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente
a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgico. Está
presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro,
"ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes
e:] mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre
todo bajo las especies eucarísticas. Está presente
con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza,
es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues
cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla.
Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica
y canta salmos, el mismo que prometió: Donde están
dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio
de ellos (Mt. 18, 20)
Realmente, en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente
glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo
a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor
y por El tributa culto al Padre Eterno.
Con razón, pues, se considera la liturgia como el ejercicio
del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos sensibles significan
y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre,
y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la
Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro.
En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser
obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción
sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título
y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de
la Iglesia.
(SC, 7)
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