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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

7. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE

  El origen de las fiestas
  Diversos tipos de fiestas religiosas
  Fiestas cristianas litúrgicas
  El día del Señor
  El tercer mandamiento del Decálogo y el primero de la Iglesia
  La liturgia
  El lenguaje litúrgico
  Símbolos y ritos
  La oración litúrgica










 


EL ORIGEN DE LAS FIESTAS

Es frecuente oír hablar de un festival: de rock, pop, de danzas típicas, de un club, etc. La palabra festival proviene de dies festus, que los antiguos usaban para denominar el día en que se descansaba de las actividades y ocupaciones ordinarias para dedicarse a celebrar otras cosas, que también forman parte de la vida del hombre.

La necesidad natural de descansar de las fatigas diarias, cambiando de actividad, y de celebrar lo que se ama, con actos sólo aparentemente inútiles, es un fenómeno natural que recorre toda la historia humana y que obedece a un preciso mandato de Dios.

La prescripción de ley natural ha sido reforzada por un precepto positivo, de origen divino: como se lee en el Decálogo, el séptimo día es día de descanso, consagrado a Yavé (Ex. 20, 10); es lo que el Catecismo de la Doctrina Cristiana recoge en la sencilla expresión de santificarás las fiestas, es decir, dedicarás al culto externo a Dios estos días de descanso, que, naturalmente, todo hombre busca y desea.

Y rematada en el día sexto toda la obra que había hecho, descansó Dios el séptimo día de cuanto hiciera; y bendijo al día séptimo y lo santificó, porque en él descansó de cuanto había creado y hecho.
(Gén. 2, 2-3)

La palabra fiesta designa la conmemoración de un suceso o persona sagrados, que se hace con regocijo y alegría y que incluye el cese de todo trabajo. (También hay fiestas de dolor y penitencia.) La cesación de todo trabajo tiene por objeto facilitar al hombre la dedicación a lo religioso. Para que haya fiesta se necesita, más que descansar del trabajo diario, saber qué se celebra, gozar en esa celebración y hacerlo en unión con los componentes de la fiesta.

La fiesta es, ante todo, algo popular y espontáneo.


FIESTAS CIVILES

Las fiestas civiles, que suelen tener todos los pueblos y comunidades humanas, han surgido como imitación de las religiosas y sirven para conmemorar hechos históricos gloriosos. Con la cesación del trabajo, se pretende conseguir, en este caso, sólo el necesario descanso de los hombres.

La distribución de las fiestas a lo largo del año solar da origen al calendario. Esto hizo que los días de la semana y los meses lleven los nombres de los dioses, en los diferentes pueblos. Así, por ejemplo, entre los romanos y germanos, el lunes es el día de la Luna, el martes el de Marte, el miércoles el de Mercurio, jueves el de Júpiter, etcétera.

Una característica de la fiesta es la celebración comunitaria, que contribuye al júbilo colectivo. Las fiestas no lo son de un individuo, sino de una colectividad, aunque sea pequeña, como los gremios, pueblos pequeños o ciudades. De ahí que tengan su fiesta los químicos, los panaderos, que las tengan Barcelona, Madrid, etcétera.

En el mismo sentido hay que situar las fiestas de una familia, como los nacimientos, cumpleaños, matrimonios, aniversarios, funerales.


DIVERSOS TIPOS DE FIESTAS RELIGIOSAS

Las de iniciación. Aunque de manera oscura, se conmemora la creación u origen del hombre.

Ofrenda de primicias. Sirven para reconocer que todo es un don de Dios al hombre. Así, los pueblos cazadores ofrecen el primer botín de caza; los pastores, las primeras crías; los agricultores, los primeros frutos de las cosechas. En estas fiestas se considera que se repite la donación divina.

Fiestas del Año Nuevo. Se celebran en diferentes épocas del año, según los pueblos. Se conmemora la creación del mundo y del hombre. Tienen como fin que el hombre no se olvide de que todo proviene de Dios.

De los difuntos. Aparte de los sentimientos de amistad, servían para recordar que la muerte no es una barrera insalvable y tienen mucho que ver con la creencia en que el hombre supervive después de la muerte.

Entre los actos propios de las fiestas hay que notar también los sacrificios, los banquetes sagrados, procesiones y juegos.


FIESTAS CRISTIANAS LITURGICAS

Lo sobrenatural no destruye la naturaleza, sino que la completa y mejora. Así, en el Antiguo Testamento, Dios estableció fiestas para el pueblo elegido, tales como el descanso sabático, recuerdo de la creación; la Pascua, en recuerdo de la salida de Egipto; la dedicación del templo de Jerusalén, relacionada con el fin de la cautividad de Babilonia; fiestas relacionadas con las cosechas; etcétera.

El Cristianismo ha respetado siempre lo que hay de legítimo en las culturas humanas, incluido lo religioso, vivificándole y elevándolo gracias a los principios del mensaje salvador de Cristo.

La fiesta cristiana es una acción sagrada conmemorativa. Es una memoria o recuerdo, pero un recuerdo lleno de realidad. Así, la celebración cristiana por excelencia, la Santa Misa, es la misma acción redentora de Cristo, hecha realidad bajo las apariencias y los ritos, tal como veremos después.

Esta acción de Cristo se da, sobre todo, en los sacramentos, alrededor de los cuales se articula la liturgia, que es, al mismo tiempo, culto a Dios y medio de santificación de los hombres. A través de las celebraciones litúrgicas, nos ponemos en "contacto" con Cristo.

Los actos de Cristo: vida, Muerte, Resurrección, etc., se hacen presentes de modo sacramental (en el misterio) y accesibles al que busca la salvación.

Por otro lado, las fiestas enseñan constantemente a los cristianos la fe que profesan. Por eso la celebración de las fiestas no puede quedar al arbitrio e improvisación particulares, sino que la autoridad de la Iglesia es quien da las normas litúrgicas por las que se debe regir toda celebración.

Las fiestas cristianas se celebran, palabra que significa hacer algo de modo festivo y religioso. Toda celebración supone tres elementos:

a) Un acontecimiento que se evoca y representa. Es la salvación del mundo, que culmina en la Muerte y Resurrección del Señor, es decir, la Pascua, la victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado.

b) Unas personas o un pueblo que se reúnen para ello y encuentran su sentido, su misión, en esa reunión para la celebración. Forman la Iglesia, el Pueblo de Dios.

c) Una acción festiva, ritual, sagrada, que de algún modo actualiza tal acontecimiento o suceso. La más perfecta es la Santa Misa, con todos los ritos y signos dispuestos por la Iglesia.

Los ritos tienen la misión de que el hombre capte mejor las realidades espirituales y religiosas. Lo más divino ha de entrarle al hombre incluso por los sentidos.


EL DIA DEL SEÑOR

Los primeros cristianos consideraban ya el domingo como la primera fiesta cristiana, que, en cierto modo, sucede al sábado de los judíos. Pronto se escogió un domingo del año con la significación peculiar de la Pascua del Señor.

Las demás fiestas cristianas se fueron fijando a lo largo del tiempo hasta llegar a lo que hoy conocemos con el nombre de Año litúrgico, con sus partes características de Propio del tiempo y Santoral. Las dos llevan la impronta del único misterio salvador de Cristo. las fiestas de los santos están en relación estrecha con el misterio de Cristo, fuente de toda santidad. Apóstoles, pastores, mártires y vírgenes reproducen y subrayan notas de Cristo, Dios y hombre, el Salvador.

En varios pasajes del Nuevo Testamento se relata cómo los primeros cristianos se reunían el primer día de la semana -el domingo- para celebrar la Eucaristía y recoger las colectas.

Para un cristiano, el domingo no es día de alegría simplemente porque es fiesta, sino principalmente porque es la fiesta de Dios, es el momento de gozar, con los demás, en Dios; de celebrar lo que se ama y de amar lo que se celebra.

El domingo, como festividad semanal, se ha extendido, por influencia cristiana, a gran parte del mundo.


EL TERCER MANDAMIENTO DEL DECALOGO Y El PRIMERO DE LA IGLESIA

De hecho, toda fiesta está ya realmente contenida en cada Misa. La Misa expresa de modo sintético (resumido) y realiza con eficacia todo el misterio de Cristo.

La obligación de celebrar o santificar las fiestas proviene, por tanto, de que son el modo más eficaz para nutrir la fe y expresara.

El primer mandamiento de la Iglesia es: oír misa entera todos los domingos y fiestas de precepto.

El Código de Derecho Canónico concreta el precepto de oír misa en el canon 1246:

1. El domingo, en el que se celebra el misterio pascual, por tradición apostólica, ha de observarse en toda la Iglesia como fiesta primordial de precepto. Igualmente deben observarse los días de Navidad, Epifanía, Ascensión, Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Santa María Madre de Dios, Inmaculada Concepción y Asunción, San José, Santos Apóstoles Pedro y Pablo y, finalmente, Todos los Santos.

2. Sin embargo, la Conferencia Episcopal, previa aprobación de la Sede Apostólica, puede suprimir o trasladar a domingo algunas de las fiestas de precepto.

En general, se puede decir que cualquier causa que pueda producir una grave dificultad, sea para el cuerpo o para el alma, es suficiente para excusar del deber de oír Misa los días señalados.

Estas causas se pueden resumir en: imposibilidad física o moral y deber de caridad. Así, quedaría excusado el que necesitara un largo viaje o pusiera en peligro su vida, o tuviera que cuidar necesariamente a un familiar enfermo, etcétera.

El fiel cristiano debe poner en la asistencia a la Santa Misa no sólo la atención, respeto e interés que pone en las más serias cosas de la vida, sino mayor, puesto que está en presencia del mismo Sacrificio del Calvario.


Justifican el trabajo en los días festivos:

1) La necesidad propia que obliga a trabajar para poder subvenir a la propia manutención y de la familia.

2) La necesidad ajena puede hacerlo incluso obligatorio, pues la justicia y caridad hacia el prójimo es ley más fuerte que la del descanso dominical.


LA LITURGIA

La liturgia se ha definido como: "el conjunto de signos sensibles, eficaces de la santificación y del culto de la Iglesia".

Las acciones litúrgicas no son meras acciones humanas, sino que por medio de ellas actúa Jesucristo, único Sacerdote.

La liturgia es el culto debido a Dios, realizado de una manera pública (distinta de la que usa un hombre cuando privadamente, por ejemplo, reza o hace un sacrificio) e íntegra. El culto a Dios lo da la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo, cabeza y miembros.

En lo esencial, está constituida por los sacramentos.
El elemento visible es signo eficaz de una realidad sobrenatural.
La acción litúrgico hace que se eleve a Dios la oración de adoración y de súplica de la Iglesia y que desciendan sobre la Iglesia y sus miembros las gracias de la Redención.

El lenguaje litúrgico

Hemos dicho que la liturgia utiliza signos.

Un signo, en general, es algo que, cuando es conocido, lleva al conocimiento de otra cosa distinta de él. Así, por ejemplo, el humo es signo del fuego. También es un signo la bandera o el escudo. Una determinada bandera, o un escudo, representan a un Estado, a un equipo deportivo o a una asociación de otro tipo.

En el caso de los signos litúrgicos, hay que señalar que expresan actitudes y realidades sobrenaturales. Así, por ejemplo, en el Bautismo, el echar agua sobre la cabeza del que es bautizado significa la realidad sobrenatural de que se lava del pecado original.

Los signos litúrgicos fueron fijados por la libre voluntad de Cristo o de la Iglesia. Con frecuencia, el significado de estos signos es expresado o sugerido por las palabras que acompañan al gesto o a la acción: "Yo te bautizo", significa algo como yo te lavo o limpio.

Con la Confirmación se unge con óleo (aceite); es lo que se hacía, y se hace, con los atletas, a los que se aplican algunos productos (aceites, linimentos, etc.) para fortalecer sus músculos. El sacramento de la Confirmación ha de dar al cristiano la fortaleza en la fe.

La liturgia no sólo usa determinadas palabras, sino que recurre a actitudes corporales (gestos, acciones), utiliza cosas materiales, lugares... Por eso hay cosas sagradas, personas sagradas, lugares sagrados.

Todo lo expuesto es una consecuencia de que el hombre es espiritual y corporal a la vez y el lenguaje de la oración litúrgico debe incluir el cuerpo. El gesto exterior facilita y expresa la actitud interior.

También son exigidos los signos por el carácter comunitario de la liturgia. Cristo utilizó gestos para hacer milagros, que hubiera podido hacer con una sola palabra.

Símbolos y ritos

Símbolo, Los hombres se comunican entre sí los pensamientos, sentimientos y afectos por medio de diversas clases de signos y símbolos.

Dios se ha manifestado también al hombre a través de las cosas creadas, que son símbolos verdaderos de la bondad, inteligencia y poder de Dios.

El hombre, en su trato con Dios, también utiliza las cosas y las acciones como signos de su reconocimiento y agradecimiento.

En todo símbolo se puede distinguir la cosa o acción que se utiliza y el significado que se le añade. Es claro que es el hombre, en el caso de los símbolos religiosos, quien les ha dado el simbolismo o significado.

Rito. Son los gestos, actitudes, ceremonias o acciones humanas que acompañan a la oración y con cuyo conjunto el hombre y la comunidad expresan el culto debido a Dios. Los ritos regulan la oración litúrgico.

Algunos ritos de la liturgia cristiana tienen su origen en el mismo Jesucristo y, por tanto, son fijos, no pueden cambiar con el tiempo. Luego, la Iglesia, a lo largo de los tiempos, ha ido rodeándolos de otros ritos. Han surgido muy variados y diversos ritos en los distintos lugares. Desde los primeros siglos existen libros litúrgicos, que recogen prescripciones de los Papas. En efecto, son los Papas y los obispos la única autoridad válida para las leyes litúrgicas. Por eso no pueden los sacerdotes, y demás personas que intervienen en las celebraciones litúrgicas, hacerlas a su capricho.


La oración litúrgica

La oración llena, como tino de sus elementos fundamentales, toda la liturgia. En efecto, la liturgia está constituida por oraciones acompañadas de ritos o gestos.

La oración litúrgico es pública, de modo que en ella el cristiano se une a la oración de toda la Iglesia.

La oración litúrgico no es un producto humano, sino que arranca de las enseñanzas del mismo Jesucristo (recuérdese el Padrenuestro, o las oraciones eucarísticas) y de la práctica de la Iglesia desde los primeros tiempos, nacida de esas enseñanzas, transmitidas por los discípulos.

Por eso la oración litúrgico es un reflejo de la fe de la Iglesia. Se ha resumido esta doctrina diciendo que "la ley del orar coincide con la ley del creer".

VOCABULARIO

Culto. Es un conjunto de actitudes con que el hombre quiere expresar las relaciones que debe tener para con Dios.

Virtud de la religión: Es una virtud que inclina la voluntad del hombre a rendir a Dios el culto que se le debe como primer principio de todas las cosas y gobernador de todas ellas.

Adoración: Es el honor tributado a Dios por su infinita excelencia y por el dominio que tiene sobre todas las cosas.

Sacrificio: Consiste en ofrecerle a Dios cosas sensibles en señal de sumisión y reconocimiento de su poder, para que ayude en las necesidades y conceda el perdón de los pecados, o en acción de gracias por los favores recibidos. De aquí se deducen los diferentes tipos de sacrificios: holocausto, en señal de sumisión, destruyéndose la víctima del todo; impetratorio, para pedir ayuda en las necesidades; propiciatorio, para el perdón de los pecados; y eucarístico, o de acción de gracias.

Devoción: Consiste en la prontitud de la voluntad para todo lo que se refiere a Dios.

Oración: Es la elevación de la mente a Dios para alabarle y pedirle cosas convenientes a la eterna salvación.

Voto: Es la promesa deliberada y libre hecha a Dios por la que uno se obliga en conciencia a una cosa buena.

Juramento: Es la invocación del nombre de Dios como testigo de una afirmación o como garantía del cumplimiento de una promesa.

Conjuro: Es la invocación del nombre de Dios para obligar a otro a ejecutar algo o abstenerse de alguna cosa.

Exorcismo: Una forma solemne de conjuro, los usa la Iglesia para expulsar los demonios. Se han de hacer por el ministro nombrado por la Iglesia y con la aprobación del obispo.

Superstición: Es el acto por el que se da culto divino, o a quien no se le debe, o, del modo que no se debe.

Vana observancia: Es el intento de obtener un cierto efecto con el empleo de medios, que, ni por su naturaleza, ni por la institución de la Iglesia, son aptos para ello. Es el empleo de amuletos, talismanes (trébol de cuatro hojas, herraduras, etc.)

Adivinación: Es el arte de conocer y anunciar al futuro por medios indebidos.

Magia: Es el pretender lograr efectos preternaturales por causas arbitrarias.

Espiritismo: Es el pretender comunicarse con los espíritus con el fin de conocer cosas ocultas mediante su intervención.

Blasfemia: Es toda expresión injuriosa contra Dios, los santos y las cosas santas, sea de palabra -oral o escrita-, gestos, etc. Esta expresión ha de ser injuriosa, de aquí que el mero nombrar a Dios, o alguna cosa santa, aunque sea como desahogo de cólera, será irreverencia, pero no blasfemia.

Perjurio: Es poner a Dios por testigo de una mentira, lo cual es hacer una injuria a su infinita Verdad. Lo mismo quien no cumple lo que prometió con juramento.

Sacrilegio: Es la profanación o trato indigno de algo sagrado. Se llama personal al cometido contra una persona sagrada, o por una persona sagrada; local, cuando se profana un lugar sagrado; y real, cuando se profana una cosa sagrada.


Encíclica del Papa Pío XIl sobre la liturgia

La liturgia es "Cristo mismo, que vive en su Iglesia siempre y que... pone a las almas humanas en contacto con sus misterios y las hace vivir por ellos" (Mediator Dei)

El Año litúrgico "es Cristo mismo que persevera en su Iglesia y prosigue aquel camino de inmensa misericordia que inició en esta vida mortal" (Mediator Dei)

 

La fiesta cristiana según un padre de la Iglesia

Pasando toda nuestra vida como en una fiesta, persuadimos de que Dios está en todas partes, trabajamos cantando, navegamos al son de himnos, nos dedicamos a todas nuestras ocupaciones rezando. El cristiano que realmente lo es, habita constantemente con Dios; está siempre grave y alegre; grave por el respeto que debe a la presencia de Dios; alegre, porque reconoce todos los bienes que Dios ha hecho al hombre. (Clemente de Alejandría, siglo II. Stromala.)

 

Constitución del Vaticano II sobre la sagrada liturgia

"La santa madre Iglesia considera deber suyo celebrar con sagrado recuerdo, en días señalados a través del año, la obra salvífica de su divino Esposo... Conmemorando los misterios de la Redención, abre las riquezas del poder santificador y de los méritos de su Señor, de tal manera que, en cierto modo, se hacen presentes en todo tiempo para que puedan los fieles ponerse en contacto con ellos y llenarse de la gracia de la salvación" (SC, 102)

"Por una tradición apostólica que tiene su origen en el mismo día de la Resurrección de Cristo, la Iglesia celebra el misterio pascual cada ocho días, día que se llama, con razón, día del Señor, o domingo. (SC, 106)

En este día los fieles deben reunirse para que, escuchando la palabra de Dios, y tomando parte en la Eucaristía, recuerden la Pasión, la Resurrección y la gloria del Señor Jesús, y den gracias a Dios, que los regeneró a la esperanza viva por la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos (l Pe. 1, 3) Por eso el domingo es el principal día de fiesta que se debe proponer e inculcar en la piedad de los fieles de manera que sea también el día de alegría y del holgar en el trabajo (SC, 106)

"Las dos partes de que consta la Misa, a saber: la litúrgico de la Palabra y la Eucaristía, están tan íntimamente unidas que constituyen un solo acto de culto. Por esto el sagrado Sínodo exhorta vehementemente a los pastores de almas para que en la catequesis instruyan cuidadosamente a los fieles acerca de la participación en toda la Misa, sobre todo los domingos y días de precepto" (SC, 56)

"Con razón (...) se considera la liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, puesto que en ella, por medio de signos sensibles, se significa y realiza de una manera propia a cada uno de ellos la santificación del hombre, y es ejercido en ella, por el Cuerpo Místico de Cristo, es decir, por la Cabeza y por sus miembros, el culto público íntegro" (SC, 7)

 

Nuevo Código de Derecho Canónico

El domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa; y se abstendrán además de aquellos trabajos y actividades que impidan dar culto a Dios, gozar de la alegría propia del día del Señor o disfrutar del debido descanso de la mente y del cuerpo (CIC, c. 1247)

Para realizar una obra tan grande, Cristo está siempre presente a su Iglesia, sobre todo en la acción litúrgico. Está presente en el sacrificio de la misa, sea en la persona del ministro, "ofreciéndose ahora por ministerio de los sacerdotes e:] mismo que entonces se ofreció en la cruz", sea sobre todo bajo las especies eucarísticas. Está presente con su virtud en los sacramentos, de modo que, cuando alguien bautiza, es Cristo quien bautiza. Está presente en su palabra, pues cuando se lee en la Iglesia la Sagrada Escritura, es El quien habla. Está presente, por último, cuando la Iglesia suplica y canta salmos, el mismo que prometió: Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt. 18, 20)

Realmente, en esta obra tan grande por la que Dios es perfectamente glorificado y los hombres santificados, Cristo asocia siempre consigo a su amadísima esposa la Iglesia, que invoca a su Señor y por El tributa culto al Padre Eterno.

Con razón, pues, se considera la liturgia como el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo. En ella, los signos sensibles significan y, cada uno a su manera, realizan la santificación del hombre, y así el Cuerpo místico de Jesucristo, es decir, la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público íntegro. En consecuencia, toda celebración litúrgica, por ser obra de Cristo sacerdote y de su Cuerpo, que es la Iglesia, es acción sagrada por excelencia, cuya eficacia, con el mismo título y en el mismo grado, no la iguala ninguna otra acción de la Iglesia.
(SC, 7)