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8. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION
DE CRISTO EN LA IGLESIA
LA INSTITUCION DE LOS SACRAMENTOS POR JESUCRISTO
Al leer el Evangelio advertimos cómo algunos contemporáneos
de Jesús experimentaban cambios fundamentales en su vida
al encontrarse con El. En este caso están los doce Apóstoles,
los que fueron curados por Jesús, aquellos a quienes perdonó
sus pecados, etc. Dios, con su infinito poder, estableció
unos cauces para seguir encontrándose con Jesucristo glorioso
y poder experimentar la fuerza de su palabra y de su acción
santificadora.
Los sacramentos son el modo ordinario para seguir encontrándose
con Jesús. Responden a las necesidades vitales del hombre
en lo que respecta a la vida de la gracia: el nacimiento, el perdón
de las caídas, el alimento y la curación, el paso
a la madurez en la vida, la muerte, etcétera.
La humanidad de Jesucristo es el signo definitivo de salvación
en el mundo, y prolongó, a través de los tiempos,
el misterio que El mismo es, al instituir los sacramentos.
La institución de los sacramentos por Cristo consiste en
el hecho de haber unido la concesión de la vida divina a
determinados signos externos.
"Del misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección
de Cristo reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales."
(SC, 61)
La institución de los sacramentos está en estrecha
relación con la Encarnación y con la obra salvadera
de Cristo; es el fruto de la Muerte y Resurrección de Cristo.
Los Santos Padres suelen decir que los sacramentos nacieron de la
herida del costado del Señor, como también la Iglesia.
Cristo ha podido hacer que ciertos objetos visibles fueran signos
e instrumentos de salvación, porque Dios es omnipotente y
toda la creación está a su servicio.
La fuente última de los sacramentos es Dios Padre, y el
Espíritu Santo es quien animó la realización
de los sacramentos dentro de la Iglesia.
Por los sacramentos, Cristo quiso quedarse cerca de su Esposa,
la Iglesia, hasta que vuelva, y hacerla partícipe de su vida.
Los sacramentos son siete solamente. "Si alguno dijere que
los sacramentos de la Nueva Ley no fueron instituidos por Jesucristo
Nuestro Señor, o que son más o menos de siete, a saber:
Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción,
Orden y Matrimonio, o también que alguno de éstos
no es verdadera y propiamente sacramento, sea anatema."
(Concilio de Trento)
CRISTO GLORIOSO ACTUA EN LA IGLESIA
"Los sacramentos del Nuevo Testamento, instituidos por Cristo
Nuestro Señor y encomendados a la Iglesia, en cuanto que
son acciones de Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con
los que se expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se
realiza la santificación de los hombres."
(CIC, c. 840)
Cuando queremos comunicar alguna idea nuestra a otra persona lo
hacemos a través de signos. Estos signos unas veces son palabras,
otras son gestos, otras son cosas. El Señor se valió
también de signos en los cuales se mezclan las palabras,
los gestos y las cosas para indicarnos el don que Dios nos da: estos
signos no sólo significan el don de Dios, sino que además
nos dan el don que significan. A estos signos los llamamos sacramentos.
Los sacramentos nos muestran y significan, cada uno de un modo
distinto, la acción salvadera de Dios a través de
Jesucristo, y además producen en el alma lo que significan.
En sentido estricto, sacramento es: un signo sensible y eficaz
de la gracia instituido por Jesucristo, y así entendido,
sólo hay siete sacramentos. Pero también se puede
entender, en un sentido amplio, como: una realidad sensible que
significa otra realidad más profunda y es instrumento para
que ésta actúe. En esta acepción amplia, se
puede decir ciertamente que la Iglesia es sacramento, como la misma
humanidad de Cristo fue instrumento de la salvación operada
por Dios.
El Concilio Vaticano II dice expresamente: ,la Iglesia es en Cristo
como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión
íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano"
(LG, l) La Iglesia es sacramento en sentido amplio porque es la
expresión y continuación en la tierra del mismo Cristo.
(los sacramentos) "por tanto contribuyen en gran medida a
crear, corroborar y manifestar la comunión eclesiástica".
(CIC, c. 840)
LOS SACRAMENTOS ESTAN ORDENADOS A LA SANTIFICACION DE LOS HOMBRES
Los sacramentos producen la gracia santificante. Siendo acciones
del Cristo glorioso tienen una eficacia sobrenatural.
Suponen la fe, ya que no tiene sentido acudir a recibirlos si no
se tiene fe. Pero, a la vez, alimentan la fe, la robustecen y la
expresan por medio de palabras y cosas. Esas cosas y esas palabras
adquieren en el sacramento un sentido, un significado muy superior.
Sirven, nada menos, que para comunicarnos la vida divina.
La celebración de los sacramentos prepara perfectamente
a los fieles para recibir con fruto la misma gracia -si no ponen
obstáculos- y para rendir a Dios el culto que se le debe
dar.
A la vez, los sacramentos están ordenados a la edificación
del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Por ello, los sacramentos
no tienen sentido sino en la Iglesia. Son los sacramentos de la
Iglesia (cfr. SC, 59)
SACRAMENTOS DE LA INICIACION CRISTIANA
En los primeros tiempos de la Iglesia, la predicación estaba
dirigida a personas con edad suficiente para que pudieran entender
la nueva doctrina. Por lo tanto, los primeros cristianos fueron
hombres y mujeres adultos. En consecuencia, después del catecumenado
en que se les enseñaba lo que debían creer, y cuando
ya estaban dispuestos a ser cristianos, se les administraban, todos
juntos, los sacramentos de la iniciación cristiana.
Estos sacramentos son el Bautismo, la Confirmación y la
Eucaristía. Aunque la práctica varía algo en
las distintas épocas y lugares, se les admitía en
la Iglesia el Domingo de Resurrección, y se les administraba
en una larga y emocionante ceremonia, primero el Bautismo, después
la Confirmación y en tercer lugar la Eucaristía como
punto culminante de unión con Jesús
Los sacramentos de la iniciación cristiana libran a los
hombres del poder de las tinieblas; les unen a la Muerte, Sepultura
y Resurrección de Cristo y les hacen hijos adoptivos de Dios.
Por el Bautismo se incorporan al pueblo de Dios y reciben el perdón
de todos sus pecados. Se convierten en una nueva criatura por el
agua y el Espíritu Santo (cfr. Jn. 3, 5) Por eso se llaman
y son hijos de Dios.
En la Confirmación son marcados por el don del Espíritu
Santo; se configuran más perfectamente al Señor y,
llenos de ese Espíritu Santo, pueden dar testimonio de Jesucristo
ante el mundo.
En la Eucaristía comen la carne del Hijo del hombre y beben
su sangre, a fin de recibir la vida eterna y ofrecer a Dios el sacrificio
por los pecados.
ACCESO A LA IGLESIA POR EL BAUTISMO
El Bautismo, sacramento de la fe
El Bautismo es el primer sacramento de la nueva ley, por el que
los hombres se incorporan a la Iglesia y es, por tanto, puerta de
los demás sacramentos.
La recepción del Bautismo, al menos de deseo, es necesaria
para la salvación.
"El que no naciere por el agua y el Espíritu Santo,
no podrá entrar en el reino de Dios" (Jn. 3, 15)
Jesucristo mandó a los Apóstoles: "Id y haced
discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo"
(Mt. 28, 19) Por ello, el Bautismo es el sacramento de la fe con
que los hombres, movidos por la gracia, responden al Evangelio de
Cristo.
El Bautismo marca a los que lo reciben con un sello (carácter)
indeleble, lo cual hace que no esté permitida su repetición
cuando se ha administrado válidamente.
El Bautismo, nacimiento a la vida de Dios
El Bautismo hace a los hombres partícipes de la naturaleza
divina (cfr. 2Pt. 1, 4) al hacerlos hijos de Dios. La invocación
de la Santísima Trinidad sobre los que van a ser bautizados
hace que sean marcados con el nombre de las tres divinas Personas
y entren en comunión con el Padre, y el Hijo, y el Espíritu
Santo.
Libera del pecado, perdonándonos el pecado original y los
pecados personales.
Estos efectos los realiza el Bautismo por la fuerza del misterio
de la Pasión y Resurrección del Señor. Los
bautizados unen su vida con la de Cristo, siendo como "sepultados
con El en la muerte" para ser "juntamente con El vivificados
y resucitados" (cfr. Rom. 6, 4-5; Ef. 2, 6) Por el Bautismo
los hombres pasan de la muerte del pecado a la vida de la gracia.
El Pueblo de Dios y la celebración del
Bautismo
La preparación al Bautismo es tarea que incumbe a la Iglesia,
ya que ella transmite y alimenta la fe recibida de los Apóstoles.
Tanto los padrinos y padres como los parientes, amigos y demás
asistentes a la celebración representan al pueblo de Dios
y manifiestan la fe y alegría de acoger en la Iglesia a los
recién bautizados.
Todos los bautizados deben, en efecto, sentir como una misión
y una responsabilidad propia el comunicar por medio de los sacramentos
la vida de Cristo a nuevos miembros y el ayudarles luego a alcanzar
la madurez y plenitud de esa vida. La fe en la que son bautizados
tanto los niños como los adultos, es un tesoro no sólo
de sus familias, sino de toda la Iglesia. Esta fe la han de manifestar,
de modo principal, los padres y padrinos.
a) Los padres
Su misión y funciones son importantísimas, ya que
ellos han de transmitir la fe a sus hijos. Por ello, se han de preparar
convenientemente antes de la celebración del sacramento y
asistir a la celebración en la que su hijo renacerá
del agua y del Espíritu Santo.
b) Los padrinos
Según costumbre antiquísima de la Iglesia,
no se admite a un adulto al Bautismo sin un padrino. En el Bautismo
de los niños también debe haber un padrino, cuya misión
es, juntamente con los padres, presentar al niño y procurar
que después lleve una vida congruente.
Las condiciones que debe reunir el padrino son:
- tener la madurez necesaria para cumplir esa función,
- haber recibido los tres sacramentos de la iniciación cristiana,
- llevar una vida congruente con la fe y con la misión que
va a asumir
- no ser el padre o la madre del que se va a bautizar.
Los ministros
El ministro ordinario del Bautismo es el obispo, el presbítero
y el diácono. Los obispos encomiendan a los párrocos
la preparación y administración de este sacramento.
Los demás sacerdotes y diáconos, por ser colaboradores
del párroco en su ministerio, también preparan el
Bautismo y lo administran, de acuerdo con el párroco.
No habiendo sacerdote ni diácono, en caso de peligro inminente
de muerte, cualquier fiel, y aun cualquier hombre que tenga la intención
requerida, puede e incluso debe conferir el Bautismo. Si el peligro
no es tan inmediato, debe ser un fiel el que bautice. Es muy conveniente
que, al menos, haya, si es posible, uno o dos testigos.
Quiénes pueden ser bautizados
"Es capaz de recibir el Bautismo todo ser humano aún
no bautizado, y sólo él" (CIC, c. 864)
Tiempo y lugar del Bautismo
En el caso de los niños, como lo primero a tener en cuenta
es su salvación, el Bautismo se debe celebrar dentro de las
primeras semanas siguientes al nacimiento.
El lugar propio para el Bautismo es principalmente el templo parroquias
o una iglesia u oratorio.
Como se realiza el Bautismo
Se realiza por la ablución del agua con las palabras que
dan sentido a la ablución. El agua del Bautismo debe ser
agua natural y limpia. Fuera del caso de necesidad, debe estar bendecida.
Se puede utilizar tanto el rito de inmersión como el de
infusión. En cualquier caso habrá tres inmersiones
o tres infusiones de agua sobre la cabeza, diciendo las siguientes
palabras: "N., yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo
y del Espíritu Santo".
Se debe procurar que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano.
CELEBRACION DEL BAUTISMO
RITO DE ACOGIDA
Se interroga a padres y padrinos sobre el nombre y sobre sus
disposiciones.
LITURGIA DE LA PALABRA
Lecturas bíblicas y homilía.
Oración de los fieles.
Oración de exorcismo y unción prebautismal.
LITURGIA DEL SACRAMENTO
Bendición e invocación a Dios sobre el agua. Renuncias
y profesión de fe.
Bautismo.
Unción con el Santo Crisma.
Imposición de la vestidura blanca.
Entrega del cirio.
Effeta (puede omitirse)
CONCLUSION DEL RITO
Recitación de la oración dominical.
Bendición.
LA CONFIRMACION, SACRAMENTO DE LA MADUREZ CRISTIANA
"La participación de la naturaleza divina que los hombres
reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene ciertas analogía
con el origen, el nacimiento y el sustento de la vida natural. En
efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el
sacramento de la Confirmación y finalmente son alimentados
en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así
por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana,
reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida
divina y avanzan hacia la perfección de la caridad."
(Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae)
Con el Bautismo comenzó una nueva vida en el alma, que debe
crecer. Para crecer necesita la gracia y la colaboración
de la libertad. Por eso Jesucristo instituyó un sacramento
que marca la mayoría de edad en 1,1 vida cristiana. Este
sacramento representa, pues, la ayuda para vivir con la responsabilidad
de un cristiano consciente de su nueva vida y su misión,
aunque la edad natural sea poca.
El Concilio Vaticano II explica la Confirmación en la Iglesia
del siguiente modo: "Por el sacramento de la Confirmación
(los bautizados) se vinculan más estrechamente a la Iglesia,
se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo
y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir
y defender la fe con su palabra y sus obras como verdaderos testigos
de Cristo" (LG, 11)
El sacramento del Espíritu Santo
Los bautizados avanzan por el camino de la iniciación cristiana
por medio del sacramento de la Confirmación, por el cual
reciben la efusión del Espíritu Santo, que fue enviado
por Jesucristo sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.
Por esta donación del Espíritu Santo, los fieles
se configuran más perfectamente con Cristo y se fortalecen
con su poder para dar testimonio de Jesucristo y edificar su Cuerpo
en la fe y en la caridad.
A través de este sacramento nos marca el Espíritu
Santo con su fuerza, al modo como lo hizo con los primeros discípulos
de Cristo en Pentecostés. Jesús lo había prometido:
"recibiréis el poder del Espíritu Santo, que
vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén,
en toda Judea, en Samaria y hasta en el extremo de la tierra"
(Act. 1, 8) En muchos lugares de la Sagrada Escritura se puede observar
el poder del Espíritu en los que son fieles.
El Espíritu Santo envía sus dones en la Confirmación
para que libremente podamos superar las dificultades, que nunca
serán superiores a la ayuda divina, pudiendo decirse: "Todo
lo puedo en aquél que me conforta"
(Fip. 4, 13)
Lo que nos da la Confirmación
Causa la gracia santificante en quien la recibe convenientemente.
Une más estrechamente a la Iglesia. Es consecuencia lógica
de la mayor unión con el Espíritu Santo,
Destina al apostolado. La Confirmación no sólo fortalece
y perfecciona al que la recibe, sino que empuja a extender la fe.
Este aspecto nos lleva a llamar al confirmado testigo de Cristo
que defiende y propaga la fe.
Con la Confirmación se recibe la misión de un modo
más firme: <,El apostolado de los laicos es una participación
en la misión salvífica de la Iglesia a la que están
destinados por el mismo Señor, en virtud del Bautismo y de
la Confirmación" (LG, 33)
El fiel cristiano puede obtener la salvación eterna sin
haber recibido la Confirmación, ya que nada impide a los
que han sido regenerados por el Bautismo entrar en el cielo. Pero
sería pecado no recibirlo por menosprecio.
A semejanza del Bautismo, la Confirmación imprime una señal
indeleble en el alma, llamada carácter, por ello es irrepetible.
Modo de administrar este sacramento
El sacramento de la Confirmación se confiere por la unción
del crisma en la frente, que se hace por la imposición de
la mano y mediante las palabras: "N., recibe por esta señal
el don del Espíritu Santo".
El crisma debe ser confeccionado con aceite y bálsamo, y
ha de ser consagrado por el obispo en la Misa que se celebra con
este motivo el día de Jueves Santo.
Ordinariamente es el obispo el que puede confirmar. Pero de modo
extraordinario puede el sacerdote administrar este sacramento si
le ha sido concedida esta facultad.
CELEBRACION DE LA CONFIRMACION
(Se tiene normalmente dentro de la Misa, para que se manifieste
más claramente la conexión de este sacramento con
toda la iniciación cristiana.)
- RITOS INICIALES.
- LITURGIA DE LA PALABRA.
- PRESENTACION DE LOS CONFIRMANDOS.
- HOMILIA 0 EXHORTACION.
- RENOVACION DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO.
- IMPOSICION DE MANOS.
- CRISMACION.
- ORACION DE LOS FIELES.
- LITURGIA EUCARISTICA (continúa la Misa como de ordinario)
- BENDICION U ORACION SOBRE EL PUEBLO (en lugar de la bendición
habitual)
Los Dones del Espíritu Santo son siete:
Sabiduría que perfecciona la caridad.
Entendimiento que perfecciona la fe.
Ciencia que perfecciona el conocimiento de las realidades creadas.
Consejo que perfecciona la prudencia.
Fortaleza que perfecciona la fortaleza.
Piedad que perfecciona la filiación divina.
Temor que perfecciona el respeto a Dios,
Los frutos del Espíritu Santo en el alma son:
caridad paciencia longanimidad modestia
gozo benignidad fe continencia
paz bondad castidad
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VOCABULARIO
Liturgia: Procede
de una palabra griega que significa propiamente un
servicio público que, en general, un individuo
presta a la comunidad. La palabra se aplicó
primeramente a la celebración de la Eucaristía
o Santa Misa. Modernamente, en Occidente, designa
todo el conjunto de la oración pública
u oficial de la Iglesia, de la que el acto o celebración
culminante es la Eucaristía.
(Cve. p. 467)
Sacramentos: El término
"sacramento", ha sido reservado para aquellos
signos sagrados o acciones santas establecidas por
Cristo mediante las cuales El nos comunica su gracia.
Los sacramentos son acciones (gestos y palabras) de
la Iglesia en las que Jesús, por su amor y
con la fuerza de su Espíritu, sigue haciéndose
presente en medio de nosotros. (ibíd.)
Gracia: La gracia
de Dios es un don interno, sobrenatural, que se nos
da, sin ningún merecimiento nuestro, por los
méritos de Jesucristo, en orden a la vida eterna.
Gracia santificante:
La gracia santificante es un don sobrenatural, inherente
a nuestra alma, que nos hace justos, hijos adoptivos
de Dios y herederos de la gloria.
Gracia actual: Gracia
actual es un don sobrenatural que ilumina nuestro
entendimiento y mueve y conforta nuestra voluntad
para que obremos el bien y nos abstengamos del mal.
Materia del sacramento:
La materia del sacramento es la cosa sensible que
para él se emplea, como, por ejemplo, el agua
natural en el Bautismo; el óleo y el bálsamo
en la Confirmación.
Forma verbal del sacramento:
La forma verbal del sacramento son las palabras que
para hacerlo se profieren.
Ministro del sacramento:
El ministro del sacramento es la persona que hace
o confiere el sacramento.
Sujeto en el sacramento.
El sujeto en el sacramento es la persona que lo recibe.
Catecumenado: Es un
tiempo de maduración en la vida cristiana para
aquellos que acogen la Buena Noticia acerca de Cristo
y que, en el tiempo oportuno, serán bautizados.
(... ) Es una institución eclesial, en la cual
los candidatos al bautismo son iniciados en el misterio
de la fe, en el ejercicio de las costumbres evangélicas
y en la celebración de los sacramentos. De
gran importancia en los primeros siglos de la Iglesia,
el Concilio Vaticano II ha ordenado su restauración.
(Cve, p. 477)
Imposición de manos:
En la Sagrada Escritura, el gesto de la imposición
de manos es signo de bendición, de liberación
y de consagración. En la Iglesia primitiva,
este gesto acompaña a la transmisión
que los apóstoles hacen del Don del Espíritu.
Con la imposición de las manos, los bautizados
son designados para realizar una tarea concreta, según
sus posibilidades, dentro de la misión universal
de la Iglesia.
(Cve, p. 485)
Unción crismal:
En la Sagrada Escritura, la unción con aceite
perfumado (óleo) es símbolo de alegría
y honor, de curación, de consagración
y de elección. Por eso, los reyes, sacerdotes
y profetas son los ungidos de Dios.
Por encima de todos y de modo especialísimo,
el Ungido de Dios es Jesús (Mesías,
Cristo = ungido) Jesús es el Ungido por el
Espíritu de Dios. El cristiano, nuevo Cristo,
participa de su misma unción. (Ibíd.)
Señal o sello de la
cruz: A la imposición de la mano y a
la unción se une en la confirmación
la señal o el sello con la cruz. La cruz es
la señal de los cristianos. Ellos siguen a
Jesús, quien, por la fuerza del Espíritu,
superó por nosotros las dificultades del dolor
y de la cruz. Cristo Jesús está marcado
con el sello de Dios, su Padre, es decir, con el Espíritu.
De este sello participa también el cristiano.
El, como Jesús, está marcado con el
Espíritu. Este "sello" del Espíritu
será su defensa en el momento de la prueba,
de la cruz. (Ibíd.)
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Incorporados a Cristo
A través del Bautismo somos incorporados
a Cristo. Aceptamos su promesa y sus mandamientos.
El significado del Bautismo queda reflejado en el simbolismo del
rito sacramental. El agua, derramada sobre nosotros, habla del poder
redentor del Sufrimiento, de la Muerte y de la Resurrección
de Cristo, que nos lavan la herencia del pecado y nos hacen pasar
de un reino de tinieblas a un reino de luz y de amor. Mediante el
Bautismo somos sumergidos en la Muerte de Cristo -bautizados, como
dice San Pablo, en su Muerte-, para resucitar con El en su Resurrección
(cf. Rom 6, 3-5) La unción de nuestras cabezas con óleo
significa que somos fortalecidos con el poder de Cristo y nos convertimos
en templos vivos del Espíritu Santo.
Incorporados a la Iglesia
Mediante el Bautismo somos incorporados a la Iglesia. El ministro,
nuestros padres y padrinos nos persignan con la señal de
la cruz, gloriosa enseña de Cristo. Y ello patentiza que
es toda la asamblea de los fieles, la comunidad entera de Cristo,
la que nos sostiene en la nueva vida de fe y obediencia que se desprende
de nuestro Bautismo, nuestro renacer en Cristo.
Por el Bautismo somos integrados en la comunidad de fe. Entramos
a formar parte del Pueblo de Dios en peregrinación, que,
en todos los tiempos y lugares, sigue adelante con la esperanza
puesta en el cumplimiento de la promesa.. Es nuestro deber situarnos
responsablemente y con amor junto a aquellos que, desde el principio
"eran asiduos a la enseñanza de los Apóstoles,
en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones.
(Act. 2, 42)
Lazos sacramentales de unidad
El Bautismo crea unos lazos sacramentales de unidad que vinculan
a todos los que han renacido mediante El. Pero F-1 Bautismo, de
por sí, es sólo un principio, un punto de partida,
pues está orientado a la plenitud de la vida en Cristo (cf.
Unitatis redintegratio, 22) El Bautismo es el fundamento de la unidad
que todos los cristianos tienen en Cristo: unidad que debemos tratar
de perfeccionar.
Nosotros, los bautizados, tenemos una tarea común a realizar
como hermanos y hermanas en Cristo. El mundo tiene necesidad de
Jesucristo y de su Evangelio; la Buena Nueva de que Dios nos ama,
de que Dios Hijo nació, fue crucificado y murió para
salvarnos, de que resucitó y de que nosotros resucitamos
con El, y de que en el Bautismo nos ha marcado por vez primera con
la señal de su Espíritu, integrándose en una
comunidad de amor y de testigos de su verdad.
(Juan Pablo II, 28-5-82, Westminster)
El don del Espíritu Santo
Este don, que hace Cristo de su Espíritu Santo, va a ser
derramado sobre vosotros de una manera especial. Oiréis las
palabras que la Iglesia pronuncia sobre vosotros, invocando al Espíritu
Santo para que confirme vuestra fe, para que os selle con su amor,
para que os fortalezca en su servicio. Ocuparéis vuestro
propio lugar entre los demás cristianos de todo el mundo,
actualmente ciudadanos plenos del Pueblo de Dios. Daréis
testimonio de la verdad del Evangelio en el nombre de Jesucristo.
Llevaréis un estilo de vida tal, que santifique toda la vida
humana.
El compromiso cristiano y la batalla contra el pecado
El mismo Espíritu Santo viene hoy a vosotros en el sacramento
de la Confirmación, para comprometemos más plenamente
en la batalla que libra la Iglesia contra el pecado y en su misión
de fomentar la santidad. Viene a habitar más plenamente en
vuestros corazones y a fortalecemos en la lucha contra el mal. Queridos
jóvenes: El mundo de hoy os necesita, pues necesita hombres
y mujeres llenos del Espíritu Santo. Necesita vuestro coraje
y vuestra esperanza, vuestra fe y vuestra perseverancia. Vosotros
construiréis el mundo del mañana. Hoy, recibís
el don del Espíritu Santo, para que podáis trabajar
con fe profunda y caridad constante, para ayudar a que el mundo
consiga los frutos de la reconciliación y de la paz. Fortalecidos
con el Espíritu Santo y sus múltiples dones, entregaos
de todo corazón a la batalla que libra la Iglesia contra
el pecado. Luchad contra vuestro egoísmo; tratad de no obsesionaros
con las cosas materiales. Sed miembros activos del Pueblo de Dios:
vivid mutuamente reconciliados y dedicaos a la obra de la justicia,
que traerá la paz a la tierra.
Pablo VI, expone lo que este sacramento realiza
en los cristianos que lo celebran:
"Con el sacramento de la Confirmación los renacidos
en el Bautismo reciben el Don inefable, el mismo Espíritu
Santo, por el cual son enriquecidos con una fuerza especial y, marcados
por el carácter del mismo sacramento, quedan vinculados más
perfectamente a la Iglesia y más estrictamente obligados
a difundir y defender con la palabra y las obras la propia fe, como
auténticos testigos de Cristo" (Año 1971)
(Juan Pablo II, 30-5-82, Coventry)
Misión de parte de Cristo
Debéis comprender que hoy no estáis solos. Formamos
un cuerpo, un pueblo, una Iglesia de Cristo. El padrino que tenéis
a vuestro lado representa ante vosotros a toda la comunidad. Unidos
a la gran muchedumbre de testigos de todos los países y de
todas las edades, vosotros representáis a Cristo. Sois jóvenes
que habéis recibido una misión de parte de Cristo,
que hoy os dice: "Como el Padre me ha enviado, así os
envío yo".
(Ibíd.)
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