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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

8. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA

  La institución de los sacramentos por Jesucristo
  Cristo glorioso actúa en la Iglesia
  Los sacramentos están ordenados a la santificación de los hombres
  Sacramentos de la iniciación cristiana
  Acceso a la Iglesia por el Bautismo
  El Bautismo, sacramento de la fe
  El Bautismo, nacimiento a la vida de Dios
  El Pueblo de Dios y la celebración del Bautismo
  Tiempo y lugar del Bautismo
  Cómo se realiza el Bautismo
  La Confirmación, sacramento de la madurez cristiana
  El sacramento del Espíritu Santo
  Lo que nos da la Confirmación
 

Modo de administrar este sacramento













LA INSTITUCION DE LOS SACRAMENTOS POR JESUCRISTO

Al leer el Evangelio advertimos cómo algunos contemporáneos de Jesús experimentaban cambios fundamentales en su vida al encontrarse con El. En este caso están los doce Apóstoles, los que fueron curados por Jesús, aquellos a quienes perdonó sus pecados, etc. Dios, con su infinito poder, estableció unos cauces para seguir encontrándose con Jesucristo glorioso y poder experimentar la fuerza de su palabra y de su acción santificadora.

Los sacramentos son el modo ordinario para seguir encontrándose con Jesús. Responden a las necesidades vitales del hombre en lo que respecta a la vida de la gracia: el nacimiento, el perdón de las caídas, el alimento y la curación, el paso a la madurez en la vida, la muerte, etcétera.

La humanidad de Jesucristo es el signo definitivo de salvación en el mundo, y prolongó, a través de los tiempos, el misterio que El mismo es, al instituir los sacramentos.

La institución de los sacramentos por Cristo consiste en el hecho de haber unido la concesión de la vida divina a determinados signos externos.

"Del misterio Pascual de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo reciben su poder todos los sacramentos y sacramentales."
(SC, 61)

La institución de los sacramentos está en estrecha relación con la Encarnación y con la obra salvadera de Cristo; es el fruto de la Muerte y Resurrección de Cristo. Los Santos Padres suelen decir que los sacramentos nacieron de la herida del costado del Señor, como también la Iglesia.

Cristo ha podido hacer que ciertos objetos visibles fueran signos e instrumentos de salvación, porque Dios es omnipotente y toda la creación está a su servicio.

La fuente última de los sacramentos es Dios Padre, y el Espíritu Santo es quien animó la realización de los sacramentos dentro de la Iglesia.

Por los sacramentos, Cristo quiso quedarse cerca de su Esposa, la Iglesia, hasta que vuelva, y hacerla partícipe de su vida.

Los sacramentos son siete solamente. "Si alguno dijere que los sacramentos de la Nueva Ley no fueron instituidos por Jesucristo Nuestro Señor, o que son más o menos de siete, a saber: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Orden y Matrimonio, o también que alguno de éstos no es verdadera y propiamente sacramento, sea anatema."
(Concilio de Trento)


CRISTO GLORIOSO ACTUA EN LA IGLESIA


"Los sacramentos del Nuevo Testamento, instituidos por Cristo Nuestro Señor y encomendados a la Iglesia, en cuanto que son acciones de Cristo y de la Iglesia, son signos y medios con los que se expresa y fortalece la fe, se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los hombres."
(CIC, c. 840)

Cuando queremos comunicar alguna idea nuestra a otra persona lo hacemos a través de signos. Estos signos unas veces son palabras, otras son gestos, otras son cosas. El Señor se valió también de signos en los cuales se mezclan las palabras, los gestos y las cosas para indicarnos el don que Dios nos da: estos signos no sólo significan el don de Dios, sino que además nos dan el don que significan. A estos signos los llamamos sacramentos.

Los sacramentos nos muestran y significan, cada uno de un modo distinto, la acción salvadera de Dios a través de Jesucristo, y además producen en el alma lo que significan.

En sentido estricto, sacramento es: un signo sensible y eficaz de la gracia instituido por Jesucristo, y así entendido, sólo hay siete sacramentos. Pero también se puede entender, en un sentido amplio, como: una realidad sensible que significa otra realidad más profunda y es instrumento para que ésta actúe. En esta acepción amplia, se puede decir ciertamente que la Iglesia es sacramento, como la misma humanidad de Cristo fue instrumento de la salvación operada por Dios.

El Concilio Vaticano II dice expresamente: ,la Iglesia es en Cristo como un sacramento, o sea signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano" (LG, l) La Iglesia es sacramento en sentido amplio porque es la expresión y continuación en la tierra del mismo Cristo.

(los sacramentos) "por tanto contribuyen en gran medida a crear, corroborar y manifestar la comunión eclesiástica".
(CIC, c. 840)


LOS SACRAMENTOS ESTAN ORDENADOS A LA SANTIFICACION DE LOS HOMBRES

Los sacramentos producen la gracia santificante. Siendo acciones del Cristo glorioso tienen una eficacia sobrenatural.

Suponen la fe, ya que no tiene sentido acudir a recibirlos si no se tiene fe. Pero, a la vez, alimentan la fe, la robustecen y la expresan por medio de palabras y cosas. Esas cosas y esas palabras adquieren en el sacramento un sentido, un significado muy superior. Sirven, nada menos, que para comunicarnos la vida divina.

La celebración de los sacramentos prepara perfectamente a los fieles para recibir con fruto la misma gracia -si no ponen obstáculos- y para rendir a Dios el culto que se le debe dar.

A la vez, los sacramentos están ordenados a la edificación del cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. Por ello, los sacramentos no tienen sentido sino en la Iglesia. Son los sacramentos de la Iglesia (cfr. SC, 59)


SACRAMENTOS DE LA INICIACION CRISTIANA

En los primeros tiempos de la Iglesia, la predicación estaba dirigida a personas con edad suficiente para que pudieran entender la nueva doctrina. Por lo tanto, los primeros cristianos fueron hombres y mujeres adultos. En consecuencia, después del catecumenado en que se les enseñaba lo que debían creer, y cuando ya estaban dispuestos a ser cristianos, se les administraban, todos juntos, los sacramentos de la iniciación cristiana.

Estos sacramentos son el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía. Aunque la práctica varía algo en las distintas épocas y lugares, se les admitía en la Iglesia el Domingo de Resurrección, y se les administraba en una larga y emocionante ceremonia, primero el Bautismo, después la Confirmación y en tercer lugar la Eucaristía como punto culminante de unión con Jesús

Los sacramentos de la iniciación cristiana libran a los hombres del poder de las tinieblas; les unen a la Muerte, Sepultura y Resurrección de Cristo y les hacen hijos adoptivos de Dios.

Por el Bautismo se incorporan al pueblo de Dios y reciben el perdón de todos sus pecados. Se convierten en una nueva criatura por el agua y el Espíritu Santo (cfr. Jn. 3, 5) Por eso se llaman y son hijos de Dios.

En la Confirmación son marcados por el don del Espíritu Santo; se configuran más perfectamente al Señor y, llenos de ese Espíritu Santo, pueden dar testimonio de Jesucristo ante el mundo.

En la Eucaristía comen la carne del Hijo del hombre y beben su sangre, a fin de recibir la vida eterna y ofrecer a Dios el sacrificio por los pecados.

ACCESO A LA IGLESIA POR EL BAUTISMO

El Bautismo, sacramento de la fe

El Bautismo es el primer sacramento de la nueva ley, por el que los hombres se incorporan a la Iglesia y es, por tanto, puerta de los demás sacramentos.

La recepción del Bautismo, al menos de deseo, es necesaria para la salvación.

"El que no naciere por el agua y el Espíritu Santo, no podrá entrar en el reino de Dios" (Jn. 3, 15)

Jesucristo mandó a los Apóstoles: "Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mt. 28, 19) Por ello, el Bautismo es el sacramento de la fe con que los hombres, movidos por la gracia, responden al Evangelio de Cristo.

El Bautismo marca a los que lo reciben con un sello (carácter) indeleble, lo cual hace que no esté permitida su repetición cuando se ha administrado válidamente.


El Bautismo, nacimiento a la vida de Dios

El Bautismo hace a los hombres partícipes de la naturaleza divina (cfr. 2Pt. 1, 4) al hacerlos hijos de Dios. La invocación de la Santísima Trinidad sobre los que van a ser bautizados hace que sean marcados con el nombre de las tres divinas Personas y entren en comunión con el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.

Libera del pecado, perdonándonos el pecado original y los pecados personales.

Estos efectos los realiza el Bautismo por la fuerza del misterio de la Pasión y Resurrección del Señor. Los bautizados unen su vida con la de Cristo, siendo como "sepultados con El en la muerte" para ser "juntamente con El vivificados y resucitados" (cfr. Rom. 6, 4-5; Ef. 2, 6) Por el Bautismo los hombres pasan de la muerte del pecado a la vida de la gracia.

El Pueblo de Dios y la celebración del Bautismo

La preparación al Bautismo es tarea que incumbe a la Iglesia, ya que ella transmite y alimenta la fe recibida de los Apóstoles. Tanto los padrinos y padres como los parientes, amigos y demás asistentes a la celebración representan al pueblo de Dios y manifiestan la fe y alegría de acoger en la Iglesia a los recién bautizados.

Todos los bautizados deben, en efecto, sentir como una misión y una responsabilidad propia el comunicar por medio de los sacramentos la vida de Cristo a nuevos miembros y el ayudarles luego a alcanzar la madurez y plenitud de esa vida. La fe en la que son bautizados tanto los niños como los adultos, es un tesoro no sólo de sus familias, sino de toda la Iglesia. Esta fe la han de manifestar, de modo principal, los padres y padrinos.

a) Los padres
Su misión y funciones son importantísimas, ya que ellos han de transmitir la fe a sus hijos. Por ello, se han de preparar convenientemente antes de la celebración del sacramento y asistir a la celebración en la que su hijo renacerá del agua y del Espíritu Santo.

b) Los padrinos
Según costumbre antiquísima de la Iglesia, no se admite a un adulto al Bautismo sin un padrino. En el Bautismo de los niños también debe haber un padrino, cuya misión es, juntamente con los padres, presentar al niño y procurar que después lleve una vida congruente.

Las condiciones que debe reunir el padrino son:

- tener la madurez necesaria para cumplir esa función,
- haber recibido los tres sacramentos de la iniciación cristiana,
- llevar una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir
- no ser el padre o la madre del que se va a bautizar.

Los ministros

El ministro ordinario del Bautismo es el obispo, el presbítero y el diácono. Los obispos encomiendan a los párrocos la preparación y administración de este sacramento.

Los demás sacerdotes y diáconos, por ser colaboradores del párroco en su ministerio, también preparan el Bautismo y lo administran, de acuerdo con el párroco.

No habiendo sacerdote ni diácono, en caso de peligro inminente de muerte, cualquier fiel, y aun cualquier hombre que tenga la intención requerida, puede e incluso debe conferir el Bautismo. Si el peligro no es tan inmediato, debe ser un fiel el que bautice. Es muy conveniente que, al menos, haya, si es posible, uno o dos testigos.

Quiénes pueden ser bautizados

"Es capaz de recibir el Bautismo todo ser humano aún no bautizado, y sólo él" (CIC, c. 864)

Tiempo y lugar del Bautismo

En el caso de los niños, como lo primero a tener en cuenta es su salvación, el Bautismo se debe celebrar dentro de las primeras semanas siguientes al nacimiento.

El lugar propio para el Bautismo es principalmente el templo parroquias o una iglesia u oratorio.

Como se realiza el Bautismo

Se realiza por la ablución del agua con las palabras que dan sentido a la ablución. El agua del Bautismo debe ser agua natural y limpia. Fuera del caso de necesidad, debe estar bendecida.

Se puede utilizar tanto el rito de inmersión como el de infusión. En cualquier caso habrá tres inmersiones o tres infusiones de agua sobre la cabeza, diciendo las siguientes palabras: "N., yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".

Se debe procurar que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano.


CELEBRACION DEL BAUTISMO

RITO DE ACOGIDA

Se interroga a padres y padrinos sobre el nombre y sobre sus disposiciones.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lecturas bíblicas y homilía.
Oración de los fieles.
Oración de exorcismo y unción prebautismal.

LITURGIA DEL SACRAMENTO

Bendición e invocación a Dios sobre el agua. Renuncias y profesión de fe.
Bautismo.
Unción con el Santo Crisma.
Imposición de la vestidura blanca.
Entrega del cirio.
Effeta (puede omitirse)

CONCLUSION DEL RITO

Recitación de la oración dominical.
Bendición.

LA CONFIRMACION, SACRAMENTO DE LA MADUREZ CRISTIANA


"La participación de la naturaleza divina que los hombres reciben como don mediante la gracia de Cristo, tiene ciertas analogía con el origen, el nacimiento y el sustento de la vida natural. En efecto, los fieles renacidos en el Bautismo se fortalecen con el sacramento de la Confirmación y finalmente son alimentados en la Eucaristía con el manjar de la vida eterna, y, así por medio de estos sacramentos de la iniciación cristiana, reciben cada vez con más abundancia los tesoros de la vida divina y avanzan hacia la perfección de la caridad."
(Pablo VI, Const. ap. Divinae consortium naturae)

Con el Bautismo comenzó una nueva vida en el alma, que debe crecer. Para crecer necesita la gracia y la colaboración de la libertad. Por eso Jesucristo instituyó un sacramento que marca la mayoría de edad en 1,1 vida cristiana. Este sacramento representa, pues, la ayuda para vivir con la responsabilidad de un cristiano consciente de su nueva vida y su misión, aunque la edad natural sea poca.

El Concilio Vaticano II explica la Confirmación en la Iglesia del siguiente modo: "Por el sacramento de la Confirmación (los bautizados) se vinculan más estrechamente a la Iglesia, se enriquecen con una fuerza especial del Espíritu Santo y con ello quedan obligados más estrictamente a difundir y defender la fe con su palabra y sus obras como verdaderos testigos de Cristo" (LG, 11)

El sacramento del Espíritu Santo

Los bautizados avanzan por el camino de la iniciación cristiana por medio del sacramento de la Confirmación, por el cual reciben la efusión del Espíritu Santo, que fue enviado por Jesucristo sobre los Apóstoles el día de Pentecostés.

Por esta donación del Espíritu Santo, los fieles se configuran más perfectamente con Cristo y se fortalecen con su poder para dar testimonio de Jesucristo y edificar su Cuerpo en la fe y en la caridad.

A través de este sacramento nos marca el Espíritu Santo con su fuerza, al modo como lo hizo con los primeros discípulos de Cristo en Pentecostés. Jesús lo había prometido: "recibiréis el poder del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta en el extremo de la tierra" (Act. 1, 8) En muchos lugares de la Sagrada Escritura se puede observar el poder del Espíritu en los que son fieles.

El Espíritu Santo envía sus dones en la Confirmación para que libremente podamos superar las dificultades, que nunca serán superiores a la ayuda divina, pudiendo decirse: "Todo lo puedo en aquél que me conforta"
(Fip. 4, 13)

Lo que nos da la Confirmación

Causa la gracia santificante en quien la recibe convenientemente.
Une más estrechamente a la Iglesia. Es consecuencia lógica de la mayor unión con el Espíritu Santo,

Destina al apostolado. La Confirmación no sólo fortalece y perfecciona al que la recibe, sino que empuja a extender la fe. Este aspecto nos lleva a llamar al confirmado testigo de Cristo que defiende y propaga la fe.

Con la Confirmación se recibe la misión de un modo más firme: <,El apostolado de los laicos es una participación en la misión salvífica de la Iglesia a la que están destinados por el mismo Señor, en virtud del Bautismo y de la Confirmación" (LG, 33)

El fiel cristiano puede obtener la salvación eterna sin haber recibido la Confirmación, ya que nada impide a los que han sido regenerados por el Bautismo entrar en el cielo. Pero sería pecado no recibirlo por menosprecio.

A semejanza del Bautismo, la Confirmación imprime una señal indeleble en el alma, llamada carácter, por ello es irrepetible.

Modo de administrar este sacramento

El sacramento de la Confirmación se confiere por la unción del crisma en la frente, que se hace por la imposición de la mano y mediante las palabras: "N., recibe por esta señal el don del Espíritu Santo".

El crisma debe ser confeccionado con aceite y bálsamo, y ha de ser consagrado por el obispo en la Misa que se celebra con este motivo el día de Jueves Santo.

Ordinariamente es el obispo el que puede confirmar. Pero de modo extraordinario puede el sacerdote administrar este sacramento si le ha sido concedida esta facultad.


CELEBRACION DE LA CONFIRMACION

(Se tiene normalmente dentro de la Misa, para que se manifieste más claramente la conexión de este sacramento con toda la iniciación cristiana.)

- RITOS INICIALES.

- LITURGIA DE LA PALABRA.

- PRESENTACION DE LOS CONFIRMANDOS.

- HOMILIA 0 EXHORTACION.

- RENOVACION DE LAS PROMESAS DEL BAUTISMO.

- IMPOSICION DE MANOS.

- CRISMACION.

- ORACION DE LOS FIELES.

- LITURGIA EUCARISTICA (continúa la Misa como de ordinario)

- BENDICION U ORACION SOBRE EL PUEBLO (en lugar de la bendición habitual)


Los Dones del Espíritu Santo son siete:

Sabiduría que perfecciona la caridad.
Entendimiento que perfecciona la fe.
Ciencia que perfecciona el conocimiento de las realidades creadas.
Consejo que perfecciona la prudencia.
Fortaleza que perfecciona la fortaleza.
Piedad que perfecciona la filiación divina.
Temor que perfecciona el respeto a Dios,

Los frutos del Espíritu Santo en el alma son:

caridad paciencia longanimidad modestia
gozo benignidad fe continencia
paz bondad castidad

VOCABULARIO

Liturgia: Procede de una palabra griega que significa propiamente un servicio público que, en general, un individuo presta a la comunidad. La palabra se aplicó primeramente a la celebración de la Eucaristía o Santa Misa. Modernamente, en Occidente, designa todo el conjunto de la oración pública u oficial de la Iglesia, de la que el acto o celebración culminante es la Eucaristía.
(Cve. p. 467)

Sacramentos: El término "sacramento", ha sido reservado para aquellos signos sagrados o acciones santas establecidas por Cristo mediante las cuales El nos comunica su gracia. Los sacramentos son acciones (gestos y palabras) de la Iglesia en las que Jesús, por su amor y con la fuerza de su Espíritu, sigue haciéndose presente en medio de nosotros. (ibíd.)

Gracia: La gracia de Dios es un don interno, sobrenatural, que se nos da, sin ningún merecimiento nuestro, por los méritos de Jesucristo, en orden a la vida eterna.

Gracia santificante: La gracia santificante es un don sobrenatural, inherente a nuestra alma, que nos hace justos, hijos adoptivos de Dios y herederos de la gloria.

Gracia actual: Gracia actual es un don sobrenatural que ilumina nuestro entendimiento y mueve y conforta nuestra voluntad para que obremos el bien y nos abstengamos del mal.

Materia del sacramento: La materia del sacramento es la cosa sensible que para él se emplea, como, por ejemplo, el agua natural en el Bautismo; el óleo y el bálsamo en la Confirmación.

Forma verbal del sacramento: La forma verbal del sacramento son las palabras que para hacerlo se profieren.

Ministro del sacramento: El ministro del sacramento es la persona que hace o confiere el sacramento.

Sujeto en el sacramento. El sujeto en el sacramento es la persona que lo recibe.

Catecumenado: Es un tiempo de maduración en la vida cristiana para aquellos que acogen la Buena Noticia acerca de Cristo y que, en el tiempo oportuno, serán bautizados. (... ) Es una institución eclesial, en la cual los candidatos al bautismo son iniciados en el misterio de la fe, en el ejercicio de las costumbres evangélicas y en la celebración de los sacramentos. De gran importancia en los primeros siglos de la Iglesia, el Concilio Vaticano II ha ordenado su restauración. (Cve, p. 477)

Imposición de manos: En la Sagrada Escritura, el gesto de la imposición de manos es signo de bendición, de liberación y de consagración. En la Iglesia primitiva, este gesto acompaña a la transmisión que los apóstoles hacen del Don del Espíritu. Con la imposición de las manos, los bautizados son designados para realizar una tarea concreta, según sus posibilidades, dentro de la misión universal de la Iglesia.
(Cve, p. 485)

Unción crismal: En la Sagrada Escritura, la unción con aceite perfumado (óleo) es símbolo de alegría y honor, de curación, de consagración y de elección. Por eso, los reyes, sacerdotes y profetas son los ungidos de Dios.

Por encima de todos y de modo especialísimo, el Ungido de Dios es Jesús (Mesías, Cristo = ungido) Jesús es el Ungido por el Espíritu de Dios. El cristiano, nuevo Cristo, participa de su misma unción. (Ibíd.)

Señal o sello de la cruz: A la imposición de la mano y a la unción se une en la confirmación la señal o el sello con la cruz. La cruz es la señal de los cristianos. Ellos siguen a Jesús, quien, por la fuerza del Espíritu, superó por nosotros las dificultades del dolor y de la cruz. Cristo Jesús está marcado con el sello de Dios, su Padre, es decir, con el Espíritu. De este sello participa también el cristiano. El, como Jesús, está marcado con el Espíritu. Este "sello" del Espíritu será su defensa en el momento de la prueba, de la cruz. (Ibíd.)

 

Incorporados a Cristo

A través del Bautismo somos incorporados a Cristo. Aceptamos su promesa y sus mandamientos.

El significado del Bautismo queda reflejado en el simbolismo del rito sacramental. El agua, derramada sobre nosotros, habla del poder redentor del Sufrimiento, de la Muerte y de la Resurrección de Cristo, que nos lavan la herencia del pecado y nos hacen pasar de un reino de tinieblas a un reino de luz y de amor. Mediante el Bautismo somos sumergidos en la Muerte de Cristo -bautizados, como dice San Pablo, en su Muerte-, para resucitar con El en su Resurrección (cf. Rom 6, 3-5) La unción de nuestras cabezas con óleo significa que somos fortalecidos con el poder de Cristo y nos convertimos en templos vivos del Espíritu Santo.

Incorporados a la Iglesia

Mediante el Bautismo somos incorporados a la Iglesia. El ministro, nuestros padres y padrinos nos persignan con la señal de la cruz, gloriosa enseña de Cristo. Y ello patentiza que es toda la asamblea de los fieles, la comunidad entera de Cristo, la que nos sostiene en la nueva vida de fe y obediencia que se desprende de nuestro Bautismo, nuestro renacer en Cristo.

Por el Bautismo somos integrados en la comunidad de fe. Entramos a formar parte del Pueblo de Dios en peregrinación, que, en todos los tiempos y lugares, sigue adelante con la esperanza puesta en el cumplimiento de la promesa.. Es nuestro deber situarnos responsablemente y con amor junto a aquellos que, desde el principio "eran asiduos a la enseñanza de los Apóstoles, en la comunión, en la fracción del pan y en las oraciones. (Act. 2, 42)

Lazos sacramentales de unidad

El Bautismo crea unos lazos sacramentales de unidad que vinculan a todos los que han renacido mediante El. Pero F-1 Bautismo, de por sí, es sólo un principio, un punto de partida, pues está orientado a la plenitud de la vida en Cristo (cf. Unitatis redintegratio, 22) El Bautismo es el fundamento de la unidad que todos los cristianos tienen en Cristo: unidad que debemos tratar de perfeccionar.

Nosotros, los bautizados, tenemos una tarea común a realizar como hermanos y hermanas en Cristo. El mundo tiene necesidad de Jesucristo y de su Evangelio; la Buena Nueva de que Dios nos ama, de que Dios Hijo nació, fue crucificado y murió para salvarnos, de que resucitó y de que nosotros resucitamos con El, y de que en el Bautismo nos ha marcado por vez primera con la señal de su Espíritu, integrándose en una comunidad de amor y de testigos de su verdad.

(Juan Pablo II, 28-5-82, Westminster)

El don del Espíritu Santo

Este don, que hace Cristo de su Espíritu Santo, va a ser derramado sobre vosotros de una manera especial. Oiréis las palabras que la Iglesia pronuncia sobre vosotros, invocando al Espíritu Santo para que confirme vuestra fe, para que os selle con su amor, para que os fortalezca en su servicio. Ocuparéis vuestro propio lugar entre los demás cristianos de todo el mundo, actualmente ciudadanos plenos del Pueblo de Dios. Daréis testimonio de la verdad del Evangelio en el nombre de Jesucristo. Llevaréis un estilo de vida tal, que santifique toda la vida humana.


El compromiso cristiano y la batalla contra el pecado

El mismo Espíritu Santo viene hoy a vosotros en el sacramento de la Confirmación, para comprometemos más plenamente en la batalla que libra la Iglesia contra el pecado y en su misión de fomentar la santidad. Viene a habitar más plenamente en vuestros corazones y a fortalecemos en la lucha contra el mal. Queridos jóvenes: El mundo de hoy os necesita, pues necesita hombres y mujeres llenos del Espíritu Santo. Necesita vuestro coraje y vuestra esperanza, vuestra fe y vuestra perseverancia. Vosotros construiréis el mundo del mañana. Hoy, recibís el don del Espíritu Santo, para que podáis trabajar con fe profunda y caridad constante, para ayudar a que el mundo consiga los frutos de la reconciliación y de la paz. Fortalecidos con el Espíritu Santo y sus múltiples dones, entregaos de todo corazón a la batalla que libra la Iglesia contra el pecado. Luchad contra vuestro egoísmo; tratad de no obsesionaros con las cosas materiales. Sed miembros activos del Pueblo de Dios: vivid mutuamente reconciliados y dedicaos a la obra de la justicia, que traerá la paz a la tierra.

Pablo VI, expone lo que este sacramento realiza en los cristianos que lo celebran:

"Con el sacramento de la Confirmación los renacidos en el Bautismo reciben el Don inefable, el mismo Espíritu Santo, por el cual son enriquecidos con una fuerza especial y, marcados por el carácter del mismo sacramento, quedan vinculados más perfectamente a la Iglesia y más estrictamente obligados a difundir y defender con la palabra y las obras la propia fe, como auténticos testigos de Cristo" (Año 1971)
(Juan Pablo II, 30-5-82, Coventry)

Misión de parte de Cristo

Debéis comprender que hoy no estáis solos. Formamos un cuerpo, un pueblo, una Iglesia de Cristo. El padrino que tenéis a vuestro lado representa ante vosotros a toda la comunidad. Unidos a la gran muchedumbre de testigos de todos los países y de todas las edades, vosotros representáis a Cristo. Sois jóvenes que habéis recibido una misión de parte de Cristo, que hoy os dice: "Como el Padre me ha enviado, así os envío yo".
(Ibíd.)