Volver a págia principal  
 
   
  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

11.LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO

La Eucaristía es un sacrificio sacramental
La Ultima Cena y la Crucifixión.
Los sacrificios de la Biblia y el sacrificio de Cristo
La Eucaristía es signo del amor de Jesús
Eucaristía e Iglesia.
La Eucaristía, sacramento de unidad y de fraternidad.
La Eucaristía es alimento de vida
Banquete eucarístico.
La obligación de comulgar.
La presencia real de Cristo en la Eucaristía
Institución de la Eucaristía.
La transustanciación.
Permanencia de la presencia real: adoración de la Eucaristía.
Sacramento del sacrificio de la cruz
El sacrificio de la cruz.
La Santa Misa renueva el sacrificio de Cristo en la cruz.
Identidad y diferencias accidentales en ambos.


 

 

LA EUCARISTIA ES UN SACRIFICIO SACRAMENTAL

El sacrificio sacramental de la Eucaristía fue instituido en la Ultima Cena, o Cena Pascual. La Muerte en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo y su Resurrección son el punto culminante de su vida de entrega y sacrificio. Este sacrificio se continúa en nuestros altares de un modo nuevo.

La institución se realizó en el contexto de la Última Cena, que está impregnada del amor de Jesús a los suyos. Esta institución nos ha sido contada cuatro veces en el Nuevo Testamento. Los textos son muy similares; uno de ellos, el de San Lucas, dice: "Y, tomando pan, dio gracias y dijo: "Esto es mi cuerpo, el entregado por vosotros: haced esto en memoria mía." Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: "Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, la derramara por vosotros."" Los demás autores inspirados añaden pequeñas diferencias; así, por ejemplo, San Mateo completa las palabras de Cristo diciendo: "Tomad y comed" y "Bebed todos de él", además de que la sangre será "derramada por muchos". San Marcos y San Mateo precisan que fue después de la bendición. San Pablo parece recoger el modo litúrgico más primitivo con las mismas palabras sustancialmente, precedidas de la frase: "en la noche en que fue entregado", al principio, y "cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga", al final.

La Ultima Cena y la Crucifixión

Es muy significativo, en la Eucaristía, tanto el momento litúrgico judío en que se realiza su institución, como los hechos posteriores.

a) La Ultima Cena fue una cena pascual según el rito judío. En ella, Jesús instaura e instituye la Nueva Alianza en su sangre. La Pascua judía recordaba la Antigua Alianza de Dios con su pueblo, por la cual les había liberado de la esclavitud en que vivían con los egipcios, les había dado una Ley y les había enseñado un rito para adorarlo. El día de la liberación -después de las plagas que cayeron sobre Egipto- les mandó comer un cordero con las sandalias puestas en ademán de estar preparados para la marcha; por otra parte, fueron exterminados todos los primogénitos de los egipcios, y los judíos se salvaron al marcar el dintel de la puerta de sus casas con la sangre del cordero sacrificado. En la liturgia judía, en cada casa se comía el cordero junto con hierbas amargas, para que recordasen la dureza de la esclavitud, y bebían un cáliz de bendición alabando a Dios con diversos salmos. En el Templo -al día siguiente- se sacrificaba un cordero por el Sumo Sacerdote, hacia el mediodía -hora en que condenaron a Jesús a muerte-. En las casas se guardaba pan sin fermentar como lo hicieron en Egipto.

Jesús partió de este rico significado litúrgico para instituir el sacrificio sacramento¡ de la Eucaristía, indicar así la liberación más honda y definitiva que estaba realizando con su Redención: la salvación de la esclavitud del pecado. Jesús mismo será el Cordero pascual que quita el pecado del mundo, y el que realiza una Nueva Alianza en su sangre.

b) La Crucifixión ocurrió al día siguiente de la Ultima Cena; Jesús ya les había declarado el sentido de su Muerte: es un verdadero sacrificio, es más, es un holocausto -sacrificio total-, para la salvación de toda la humanidad. En la cruz, Jesucristo consumó el sacrificio, pasando a ser el nuevo Cordero pascual. La Resurrección será la culminación de su victoria sobre la muerte y el pecado. Al resucitar por su propio poder demuestra que el amor es más fuerte que la muerte y que el pecado.

A lo largo de los tiempos, este sacrificio sacramental se perpetúa en la Eucaristía.


LOS SACRIFICIOS EN LA BIBLIA Y EL SACRIFICIO DE CRISTO

En la liturgia eucarística, en el Canon romano, se hace expresa referencia a tres sacrificios bíblicos: Abel, Abraham y Melquisedec.

a) Abel es el primero de los justos que derrama su sangre por la santidad. Fue la envidia de su santidad -era agradable a Dios- lo que llevó a Caín a cometer el crimen. Su santidad se manifestaba en que ofrecía lo mejor a Dios. Cristo, el justo por excelencia, derrama su sangre por la santidad de todos los hombres.

b) Abraham ofrece el sacrificio de su hijo Isaac en acto de fe, aunque Dios no quiso que se consumase este sacrificio, Cristo se ofrece en sacrificio para fundamentar la fe de todos los hombres.

c) Melquisedec ofrece un sacrificio de pan y vino. Cristo, siendo también sacerdote y rey -como Melquisedec-, tomará el pan y el vino para ofrecer su Cuerpo y su Sangre.


LA EUCARISTIA ES SIGNO DEL AMOR DE JESUS

En la Ultima Cena, Jesús, al instituir la Eucaristía, manifiesta ampliamente sus sentimientos y el sentido de aquel trascendental acto: es un acto de amor. Esto se puede observar en sus palabras y en sus gestos. La Ultima Cena comienza con el lavatorio de los pies de los discípulos por parte del Señor, con ello les muestra que les sirve y quiere que todos sean servidores entre sí como expresión de amor mutuo; al final del lavatorio les dice: "sí estas cosas entendéis, seréis felices si las practicáis" (Jn. 13, 17) Después les da el "mandato nuevo" de que se amen unos a otros como El los ha amado; más adelante, hablando muchas veces de caridad, los eleva a la categoría de amigos: "Nadie tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os digo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer" (Jn. 15, 13-15), e insiste después: "Esto os mando: que os améis unos a otros" (Jn. 15, 17) Por último ruega por ellos para que no se pierda ninguno.

"El auténtico sentido de la Eucaristía se convierte de por sí en escuela de amor activo al prójimo. Sabemos que es éste el orden verdadero e integral del amor que nos ha enseñado el Señor: "En esto conoceréis todos que sois mis discípulos: si tenéis amor unos para con otros." La Eucaristía nos educa para este amor de modo más profundo en efecto, demuestra qué valor debe tener a los ojos de Dios todo hombre, nuestro hermano y hermana, si Cristo se ofrece a sí mismo de igual modo a cada uno, bajo las especies de pan y vino"

(Juan Pablo II, carta, 24-11-1980)

Eucaristía e Iglesia

La acción más importante de la Iglesia es "hacer la Eucaristía", pero al mismo tiempo "la Eucaristía construye" a la Iglesia. Todos los demás sacramentos y toda acción realizada por la Iglesia conducen a la Eucaristía porque allí es donde está presente Jesús del modo más intenso. Es impensable la Iglesia sin Eucaristía, a no ser que sea imposible celebrar el Santo Sacrificio.

En la Eucaristía se realizan, del modo más perfecto, las dos acciones más importantes de la Iglesia:

a) Dar a Dios el culto perfecto, ya que perpetúa el sacrificio de Cristo en la cruz.

b) Produce, de modo eminente, la santificación de los que la reciben con las debidas disposiciones.

La comunión con Dios más completa en esta tierra es con la Eucaristía, que es prenda de la unión definitiva y eterna que poseerán los justos en el cielo.

"La Eucaristía construye la Iglesia y la construye como auténtica comunidad del Pueblo de Dios, como asamblea de los fieles, marcada por el mismo carácter de unidad, del cual participaron los apóstoles y los primeros discípulos del Señor"

(Juan Pablo II, RH, 30)


La Eucaristía sacramento de unidad y fraternidad

En la Eucaristía está presente toda la Iglesia: "formamos un solo cuerpo y un solo espíritu". La caridad de Cristo infundida en los que comulgan los une con un vínculo de caridad, pero, además, los une también con los que ya han alcanzado triunfantes la vida eterna, y sirve para salvar a los que purifican su vida terrena en el Purgatorio con los sufragios que se ofrecen.


A través de la Eucaristía se alcanza, cada uno según sus disposiciones, la unión con Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo en Jesucristo. Al recibir la Eucaristía se realiza la unión con la humanidad de Cristo y a través de ella con la divinidad: "quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él" (Jn. 6, 56)
Esta unidad comprende pues:

1) Unidad con Cristo, que es la fuente de vida. Esta unión es real y plena mientras subsisten las especies eucarísticas en el que comulga.

2) Unidad con la Iglesia. La Iglesia se congrega fundamentalmente en torno a la Eucaristía: "en el sacramento del pan eucarístico se representa y se reproduce la unidad de los fieles, que constituyen un solo cuerpo de Cristo" (LG, 3) Por la comunión, los cristianos se hacen "cada uno miembro del otro" (Rom. 12, 5)

"Porque el pan es uno, somos muchos en un solo cuerpo, pues todos participamos de ese único pan"
(1 Co, 19, 17)

3) Unidad con el género humano. La Iglesia tiene como fin unir a todos los hombres con Dios. Esta unidad se realiza en germen en la Eucaristía, con la esperanza de que se haga realidad en una-comunión plena.

4) Unidad con los demás cristianos. la Iglesia desea, con todas sus fuerzas, realizar la voluntad de Cristo de que todos sean "un solo rebaño con un solo Pastor" (cfr. Jn. 10, 16) Si no se da una unión plena en la fe de los creyentes en Jesucristo tampoco se puede dar una intercomunión en el Cuerpo de Cristo, pero esta unión es pedida intensamente en la Eucaristía para que desaparezcan las barreras que impiden la comunión total de los cristianos en una sola fe, un solo Bautismo y una sola Comunión.


LA EUCARISTIA ES ALIMENTO DE VIDA

Cuando Jesucristo habla del nuevo sacramento de la Eucaristía repite que el que lo recibe adquiere una nueva vida. Esto es muy claro en el sermón eucarístico de Cafarnaúm: "el que come de este pan vivirá para siempre" (Jn. 6, 58), es más, "si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna y yo le resucitaré el último día" (Jn. 6, 53-54) Jesús quiere darse como verdadero alimento espiritual de una manera tangible, como Pan vivo que da vida eterna y es la vida del mundo. La Eucaristía está tan estrechamente unida a esta vida como lo está la comida y la bebida para la vida natural.

"Siendo, pues, fuente de caridad, la Eucaristía ha ocupado siempre el centro de la vida de los discípulos de Cristo. Tiene el aspecto de pan y de vino, es decir, de comida y de bebida; por lo mismo es tan familiar el hombre, y está tan estrechamente vinculada a su vida, como lo está efectivamente la comida y la bebida. la veneración a Dios que es amor nace del culto eucarístico de esa especie de intimidad en que El mismo, análogamente a la comida y a la bebida, llena nuestro ser espiritual, asegurándole, al igual que ellos, la vida."

(Juan Pablo II, carta, 24-11-1980)

Banquete eucarístico

"¡Oh sagrado banquete en que se come a Cristo!", dice la liturgia de la Iglesia, y al invitar a la comunión repite: ¡Dichosos los llamados a la Cena del Señor! La Eucaristía es el alimento de los hijos de Dios. El cristiano debe tener "hambre" y "sed" eucarísticas.

Este hambre y sed de la Eucaristía no puede llevar a acercarse al sacramento con la conciencia manchada de pecado grave, porque sería una incongruencia y un sacrilegio. No se puede desear estar unido a Cristo en el sacramento del amor, y al mismo tiempo rechazarle con el pecado no confesado. Por eso, cuando existan pecados graves es necesario acudir al sacramento de la Penitencia y así la unión con Cristo es sincera y produce todo el fruto deseado.

La obligación de comulgar

La Iglesia ha concretado la necesidad de comulgar una vez al año, por Pascua. Esta obligación comienza en cuanto el cristiano llega a la edad del discernimiento, poco más o menos a los siete años. La razón de este mínimo mandado por la Iglesia es que se necesita recibir al Señor para salvarse.

Obligación de recibir el Viático

En peligro de muerte se debe recibir la Comunión en forma de Viático, aunque se haya comulgado ese día. El Viático será la mejor ayuda para hacer ese último viaje.

Pero la Iglesia, consciente de las gracias que vienen por la Comunión, recomienda la comunión frecuente. "Dese amplia libertad a todos los fieles cristianos, de cualquier condición que sean, para comulgar diaria y frecuentemente, por cuanto así lo desea Cristo Nuestro Señor y la Iglesia Católica, de tal manera que a nadie, que esté en gracia de Dios y tenga recta y piadosa intención, se le niegue" (Decreto 16-XII-1905)

Cada uno, consciente de la infinita dignidad de este augusto sacramento, debe procurar acercarse a recibirlo con toda la frecuencia que le sea posible. Cuando la Comunión sacramento no sea posible, pueden los cristianos acudir a la comunión espiritual, que es el deseo de recibir a Cristo si fuera posible. Es una gran ayuda para crecer en amor a la Sagrada Eucaristía y fuente de muchas gracias.


LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN LA EUCARISTIA

Institución de la Eucaristía

Tras la promesa de la Eucaristía en la Sinagoga de Cafarnaúm, Jesucristo realizó su institución en la Ultima Cena. El relato más antiguo de los cuatro que poseemos dice así: "Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y después de dar gracias, lo partió y dijo: Esto es mi Cuerpo, que se da por vosotros; haced esto es memoria mía. Asimismo, también tomó el cáliz, después de cenar, diciendo. Este cáliz es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces lo bebierais hacedlo en memoria mía" (lCor. 11, 23-25) Los demás evangelistas son concordes con San Pablo. En estos textos se encuentran las palabras de la Consagración con las cuales se renovará la presencia de Jesús entre los hombres.

La transustanciación

La transustanciación consiste en la "maravillosa y singular conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo y toda la sustancia del vino en la Sangre, permaneciendo sólo las especies de pan y vino".

Por la transustanciación, el propio Cristo, que está en el cielo, comienza a estar presente bajo las especies sacramentales sin experimentar ningún cambio, por lo que puede decirse verdaderamente que el pan se hace Cristo.

Aunque no podemos comprender con nuestra razón este misterio, sabemos por la fe, fundamentada en la palabra de Jesús, que El está realmente presente en la Eucaristía.

Bajo cada una de las especies sacramentales y bajo cada una de sus partes cuando se separan, está contenido Jesucristo entero: su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.

"Pero es muy distinto el modo verdaderamente sublime por el cual Cristo está presente en su Iglesia en el sacramento de la Eucaristía, ya que contiene al mismo Cristo y es como la perfección de la vida espiritual y el fin de todos los sacramentos. Tal presencia se llama "real" no por exclusión, como si las otras no fueran reales, sino por antonomasia, ya que es, además, corporal y sustancial y por ella se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero e íntegro"

(Pablo VI, Mysterium Fidei)


La presencia real de Cristo se prolonga mientras perduren los accidentes del pan y del vino. Esta es la razón por la que, en cuanto en el accidente se da la descomposición orgánica, desaparece la presencia de Cristo.

Permanencia de la presencia real: adoración de la Eucaristía

Es dogma de fe que, "después de efectuada la Consagración, el Cuerpo y la Sangre de Cristo están presentes de manera permanente en la Eucaristía"

Los primeros cristianos creían firmemente en la permanencia de Cristo bajo las especies sacramentales, como lo prueba la costumbre de llevar la Eucaristía a los que no podían asistir a la Misa, a los enfermos y presos; la de entregar la Eucaristía a los fieles para que la llevasen a sus casas; la de conservar las partículas que habían quedado de la Comunión. Así consta por los testimonios de San Justino, Tertuliano, San Basilio, Didaché, San Cirilo de Alejandría, etcétera.

Es dogma de fe que a Cristo, presente en la Eucaristía, se le debe culto de verdadera adoración. La razón de este culto es muy sencilla: si en la Eucaristía está realmente Cristo y Cristo es Dios verdadero, se debe adorar a Cristo allí donde esté y, por tanto, en la Eucaristía. Aquí se funda toda la devoción y veneración de la Iglesia a este sacramento augusto.


SACRAMENTO DEL SACRIFICIO DE LA CRUZ

Por la Eucaristía se perpetúa y renueva constantemente el sacrificio de Cristo en favor de la Iglesia. Por ello dice Juan Pablo II: "La Eucaristía es sobre todo un sacrificio: Sacrificio de la Redención y al mismo tiempo sacrificio de la Nueva Alianza" (DC, 9)

El sacrificio de la cruz

Aunque los que mataron a Jesús cometieron un homicidio culpable, por parte de Cristo su Muerte fue un auténtico sacrificio en que Jesús es el sacerdote, la víctima y el altar. Su sacrificio es perfecto porque Jesús es el sacerdote perfecto al ser perfecto hombre unido hipostáticamente a la divinidad; además, Jesús es la víctima perfecta pues se entrega libremente, sin pecado, por amor, para reparar la injusticia de todos los pecados de la humanidad, especialmente el pecado original.
El sacrificio de Cristo es el sacrificio de la Nueva Alianza.

"Creemos que la Misa celebrada por el sacerdote, representante de la persona de Cristo, en virtud del poder recibido por el sacramento del Orden y ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es el sacrificio del Calvario, hecho presente sacramentalmente en nuestros altares"

(Credo de Pablo VI, 24)



La Santa Misa renueva el sacrificio de Cristo en la cruz

El sacrificio de Cristo es único y de valor infinito para reparar por todos los pecados de los hombres y para conseguir la gracia divina para los hombres. Este único sacrificio se perpetúa en nuestros altares a través de la Santa Misa, que aplica a los fieles los méritos de Cristo. La Misa es la renovación incruenta del sacrificio de la cruz. Por ello Jesús había dicho: "Haced esto en memoria mía" (Lc. 22, 19)

En efecto, el pan y el vino presentados en el altar y consagrados por el sacerdote se convierten verdadera, real y sustancialmente en el Cuerpo entregado y en la Sangre derramada de Cristo mismo. De modo sacramental e incruento re-presentan el sacrificio cruento ofrecido por Jesucristo en la cruz al Padre para la salvación del mundo.

El Sacrificio del Altar no es una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo sino un sacrificio propio y verdadero de valor infinito. Es por tanto, una verdad de fe que la Santa Misa es verdadero y propio sacrificio.

Identidad y diferencias accidentales en ambos

"Cristo es el mediador de una nueva Alianza, a fin de que por su muerte, para redención de las transgresiones cometidas bajo la primera Alianza reciban los que han sido llamados las promesas de la herencia eterna" (Heb. 9, 15)

En la cruz, la víctima y el sacerdote fue Cristo, que se entregó y ofreció al Eterno Padre para la Redención del género humano.

En la Misa, la víctima es Cristo, que se ofrece por el ministerio del sacerdote. Además, es toda la Iglesia quien ofrece el sacrificio, ya que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, Cristo mismo.

El fin por el que se ofreció el sacrificio de la Cruz fue un fin de alabanza al Padre y de reparación de los pecados. Este fin es el mismo en la Santa Misa:

"Acuérdate, Señor... y de todos los aquí reunidos... por ellos y todos los suyos, por el perdón de sus pecados... te ofrecemos, y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza, a ti, eterno Dios, vivo y verdadero"

(Plegaria eucarística I)


El Padre Eterno recibe simultáneamente el sacrificio de la cruz y todas las Misas que se han celebrado, se celebran y se celebrarán en todo el mundo. Así pues, para Dios solamente hay un sacrificio.

Ambos sacrificios se realizan de diferente modo: En la cruz hubo derramamiento de sangre, fue cruento y la muerte fue real, mientras que en la Santa Misa no hay derramamiento de sangre, es incruento y la muerte es mística, misteriosa.

VOCABULARIO


Eucaristía: Es una palabra griega que quiere decir "gracias", o también "es bueno el regalo que tú me haces" Para los cristianos la Misa es la Eucaristía por excelencia, en ella nosotros damos gracias a Dios Padre con Cristo, por El y en El. La Eucaristía da todo su sentido a la vida del Hijo de Dios, hecho hombre, principalmente a su Muerte en la cruz por amor nuestro (Cve, p. 497)

Acción de gracias: Quiere decir dar gracias a alguien que nos hace un favor, que es fuente de alegría. Para Ello no sólo se usan las palabras. Es una acción. Se pone en movimiento todo el ser, todo él es expresión. Los cristianos de los primeros siglos decían "Acción de gracias" para designar el sacrificio del pan y del vino, del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La Eucaristía, en la que el Padre nos da a su Hijo y el Hijo se ofrece con nosotros al Padre, es la más grande de toda acción de gracias. (Ibíd.)

Plegaria eucarística: Con esta palabra designamos la plegaria central de la Misa, plegaria de acción de gracias. Los cristianos de Oriente la denominan "anáfora" que quiere decir "ofrenda" En la liturgia romana se llama "Canon de la Misa" Esta plegaria eucarística se refiere explícitamente a la que el Señor efectuó el día de Jueves Santo. (Ibíd.)

Fracción del pan: Esta expresión es hebrea y evoca una comida judía, en la que quien preside, pronuncia una bendición antes de partir el pan y repartirlo entre los comensales. Entre los cristianos, esta expresión significó muy pronto la celebración de la Eucaristía. Esta no se celebraba en el Templo judío, sino en alguna casa cristiana y no se separaba de un verdadero banquete fraterno o ágape. (Ibíd.)

Memorial: Es el recuerdo del sacrificio por excelencia: el de Jesucristo, quien se entrega por amor nuestro. No es sólo recuerdo, sino re-presentación o actualización del sacrificio de Jesús. En la Eucaristía hoy la gracia redentora se hace presente para nosotros y, al mismo tiempo, todos nosotros somos ofrecidos a Dios quien nos acepta complacido. (Ibíd.)

La Santa Misa: la Santa Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies de pan y vino en memoria del sacrificio de la cruz. Es sustancialmente el mismo de la cruz, en cuanto el mismo Jesucristo que se ofreció en la cruz es el que se ofrece por mano de los sacerdotes, sus ministros, sobre nuestros altares; mas, cuanto al modo con que se ofrece, el sacrificio de la Misa difiere del sacrificio de la cruz, si bien guarda con éste la más íntima relación, pues en la cruz, Jesucristo se ofreció derramando su Sangre y mereciendo por nosotros, mientras en nuestros altares se sacrifica El mismo sin derramamiento de sangre y nos aplica los frutos de su Pasión y Muerte.

Especies eucarísticas: Las especies son la cantidad y las cualidades sensibles del pan y del vino, como la figura, el color, el sabor, que permanecen de un modo admirable sin su sustancia por virtud de Dios omnipotente.


Extractos de algunos discursos y homilías de Juan Pablo II.

La exposición y adoración del Santísimo Sacramento, las Horas Santas y las procesiones eucarísticas, son asimismo elementos valiosos de vuestra herencia, en pleno acuerdo con las enseñanzas del Concilio Vaticano II. En este momento me gozo también en reafirmar ante Irlanda y ante el mundo entero, la maravillosa doctrina de la Iglesia Católica sobre la consoladora presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, su presencia real en el sentido más pleno, es decir, la presencia sustancial por la que Cristo, total y completo, Dios y hombre, está presente (cf. Mysterium fidei, 39) En la Misa y fuera de la Misa, la Eucaristía es el cuerpo y sangre de Jesucristo y merece, por tanto, el culto que se da a Dios vivo y sólo a El. (Irlanda.)
El encuentro eucarístico es, en efecto, un encuentro de amor. Por eso resulta imprescindible acercarse a El con devoción y purificados de todo pecado grave. (España.)

El test real de la vitalidad cristiana de un pueblo, de una parroquia, una diócesis y una nación se encuentra en la respuesta a esta pregunta: ¿Qué puesto ocupa la sagrada Eucaristía en vuestras vidas? Pues por la participación en el Misterio pascual de su Muerte y Resurrección, Jesús hace de nosotros eficaces colaboradores en la difusión de su Reino en la tierra. La Misa es lo que importa verdaderamente. A través de la Eucaristía, Cristo guía nuestras vidas y construye nuestras comunidades de amor, comprensión y misericordia. (Nigeria.)

Este sacrificio eucarístico traza el constante ritmo de la vida de la Iglesia, también de vuestra parroquia. ¡Centrad vuestras actividades parroquiales en la sagrada Eucaristía, en el encuentro personal con Cristo, perenne huésped nuestro! Deseo, en especial, recordamos la necesidad de que participéis en la Santa Misa los domingos y días festivos.
La unión con Jesús en la Eucaristía influirá en vuestra vida y enriquecerá vuestra parroquia, pues la comunidad cristiana crece y se consolida gracias al testimonio de vida que sus miembros saben ofrecer. (España.)

El sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo ofrecido por nosotros es un acto de amor supremo por parte del Salvador. Es su gran victoria sobre el pecado y la muerte, victoria que El a su vez nos comunica. La Eucaristía es promesa de vida eterna, puesto que Jesús mismo nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene la vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn. 6, 54) (Irlanda.)

El Pueblo de Dios aquí sobre la tierra vive de la Eucaristía, que en ella va a sacar fuerzas para afrontar las fatigas cotidianas y las luchas en todos los campos de su existencia. (Brasil.)

En la Eucaristía y con Cristo adquirís mayor comprensión y misericordia para con el Pueblo de Dios. Y en la Eucaristía recibís fuerza para perseverar en la dedicación a un servicio abnegado. (Estados Unidos.)

Un sacerdote -sea el Papa, un obispo o un sacerdote del interior- al celebrar la Eucaristía, un cristiano al participar en la Misa y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no pueden dejar de abismarse en las maravillas de este sacramento. Son tantas las dimensiones que en él se pueden considerar: es el sacrificio de Cristo que misteriosamente se renueva; son el pan y el vino transformados, transubstanciados en el Cuerpo y Sangre del Señor; es la gracia que se comunica por este alimento espiritual al alma del cristiano. (Brasil.)

¿Dónde encontráis la fuerza para esta misión? ¿Cuál es la fuente de vuestra inspiración? Siempre es Cristo. Recordad las palabras del Evangelio: "Yo estaré con vosotros" (Mt. 28, 20) Sí, Cristo está con nosotros, principalmente en la Eucaristía. Y esta mañana, en su Sacrificio, Cristo nos ofrece con nuestras obras a su Padre del cielo. De este modo, El da un valor cada vez más profundo a todo trabajo. El da a nuestra vida un significado completamente nuevo. En Jesucristo nuestro Salvador y Señor, y en su Eucaristía, encontramos la fuente de nuestra fortaleza y la causa de nuestra alegría. (Nigeria.)

Adoro te devota

1. Te adoro con devoción, Dios escondido.
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.

2. Al juzgar de Ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto,
pero basta con el oído para creer con firmeza,
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta palabra de verdad

3. En la cruz se escondía sólo la divinidad,
pero aquí también se esconde la humanidad
creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió el ladrón arrepentido,

4. No veo las llagas como las vio Tomas,
pero confieso que eres mi Dios;
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere, que te ame.

5. ¡Oh memorial de la muerte del Señor
Pan vivo que da la vida al hombre;
concédele a mi alma que de Ti viva,
y que siempre saboree tu dulzura.

6. Señor Jesús, bondadoso pelicano,
límpiame, a mí, inmundo, con tu Sangre
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.

7. Jesús, a quien ahora veo escondido,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro ya no oculto,
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.