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11.LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
La Eucaristía es un sacrificio sacramental
La Ultima Cena y la Crucifixión.
Los sacrificios de la Biblia y el sacrificio de
Cristo
La Eucaristía es signo del amor de Jesús
Eucaristía e Iglesia.
La Eucaristía, sacramento de unidad y de
fraternidad.
La Eucaristía es alimento de vida
Banquete eucarístico.
La obligación de comulgar.
La presencia real de Cristo en la Eucaristía
Institución de la Eucaristía.
La transustanciación.
Permanencia de la presencia real: adoración
de la Eucaristía.
Sacramento del sacrificio de la cruz
El sacrificio de la cruz.
La Santa Misa renueva el sacrificio de Cristo
en la cruz.
Identidad y diferencias accidentales en ambos.
LA EUCARISTIA ES UN SACRIFICIO SACRAMENTAL
El sacrificio sacramental de la Eucaristía fue instituido
en la Ultima Cena, o Cena Pascual. La Muerte en la cruz de Nuestro
Señor Jesucristo y su Resurrección son el punto culminante
de su vida de entrega y sacrificio. Este sacrificio se continúa
en nuestros altares de un modo nuevo.
La institución se realizó en el contexto de la Última
Cena, que está impregnada del amor de Jesús a los
suyos. Esta institución nos ha sido contada cuatro veces
en el Nuevo Testamento. Los textos son muy similares; uno de ellos,
el de San Lucas, dice: "Y, tomando pan, dio gracias y dijo:
"Esto es mi cuerpo, el entregado por vosotros: haced esto en
memoria mía." Y de la misma manera el cáliz,
después de haber cenado, diciendo: "Este cáliz
es la nueva alianza en mi sangre, la derramara por vosotros.""
Los demás autores inspirados añaden pequeñas
diferencias; así, por ejemplo, San Mateo completa las palabras
de Cristo diciendo: "Tomad y comed" y "Bebed todos
de él", además de que la sangre será "derramada
por muchos". San Marcos y San Mateo precisan que fue después
de la bendición. San Pablo parece recoger el modo litúrgico
más primitivo con las mismas palabras sustancialmente, precedidas
de la frase: "en la noche en que fue entregado", al principio,
y "cuantas veces comáis este pan y bebáis este
cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta
que venga", al final.
La Ultima Cena y la Crucifixión
Es muy significativo, en la Eucaristía, tanto el momento
litúrgico judío en que se realiza su institución,
como los hechos posteriores.
a) La Ultima Cena fue una cena pascual según el rito judío.
En ella, Jesús instaura e instituye la Nueva Alianza en su
sangre. La Pascua judía recordaba la Antigua Alianza de Dios
con su pueblo, por la cual les había liberado de la esclavitud
en que vivían con los egipcios, les había dado una
Ley y les había enseñado un rito para adorarlo. El
día de la liberación -después de las plagas
que cayeron sobre Egipto- les mandó comer un cordero con
las sandalias puestas en ademán de estar preparados para
la marcha; por otra parte, fueron exterminados todos los primogénitos
de los egipcios, y los judíos se salvaron al marcar el dintel
de la puerta de sus casas con la sangre del cordero sacrificado.
En la liturgia judía, en cada casa se comía el cordero
junto con hierbas amargas, para que recordasen la dureza de la esclavitud,
y bebían un cáliz de bendición alabando a Dios
con diversos salmos. En el Templo -al día siguiente- se sacrificaba
un cordero por el Sumo Sacerdote, hacia el mediodía -hora
en que condenaron a Jesús a muerte-. En las casas se guardaba
pan sin fermentar como lo hicieron en Egipto.
Jesús partió de este rico significado litúrgico
para instituir el sacrificio sacramento¡ de la Eucaristía,
indicar así la liberación más honda y definitiva
que estaba realizando con su Redención: la salvación
de la esclavitud del pecado. Jesús mismo será el Cordero
pascual que quita el pecado del mundo, y el que realiza una Nueva
Alianza en su sangre.
b) La Crucifixión ocurrió al día siguiente
de la Ultima Cena; Jesús ya les había declarado el
sentido de su Muerte: es un verdadero sacrificio, es más,
es un holocausto -sacrificio total-, para la salvación de
toda la humanidad. En la cruz, Jesucristo consumó el sacrificio,
pasando a ser el nuevo Cordero pascual. La Resurrección será
la culminación de su victoria sobre la muerte y el pecado.
Al resucitar por su propio poder demuestra que el amor es más
fuerte que la muerte y que el pecado.
A lo largo de los tiempos, este sacrificio sacramental se perpetúa
en la Eucaristía.
LOS SACRIFICIOS EN LA BIBLIA Y EL SACRIFICIO DE CRISTO
En la liturgia eucarística, en el Canon romano, se hace
expresa referencia a tres sacrificios bíblicos: Abel, Abraham
y Melquisedec.
a) Abel es el primero de los justos que derrama su sangre por la
santidad. Fue la envidia de su santidad -era agradable a Dios- lo
que llevó a Caín a cometer el crimen. Su santidad
se manifestaba en que ofrecía lo mejor a Dios. Cristo, el
justo por excelencia, derrama su sangre por la santidad de todos
los hombres.
b) Abraham ofrece el sacrificio de su hijo Isaac en acto de fe,
aunque Dios no quiso que se consumase este sacrificio, Cristo se
ofrece en sacrificio para fundamentar la fe de todos los hombres.
c) Melquisedec ofrece un sacrificio de pan y vino. Cristo, siendo
también sacerdote y rey -como Melquisedec-, tomará
el pan y el vino para ofrecer su Cuerpo y su Sangre.
LA EUCARISTIA ES SIGNO DEL AMOR DE JESUS
En la Ultima Cena, Jesús, al instituir la Eucaristía,
manifiesta ampliamente sus sentimientos y el sentido de aquel trascendental
acto: es un acto de amor. Esto se puede observar en sus palabras
y en sus gestos. La Ultima Cena comienza con el lavatorio de los
pies de los discípulos por parte del Señor, con ello
les muestra que les sirve y quiere que todos sean servidores entre
sí como expresión de amor mutuo; al final del lavatorio
les dice: "sí estas cosas entendéis, seréis
felices si las practicáis" (Jn. 13, 17) Después
les da el "mandato nuevo" de que se amen unos a otros
como El los ha amado; más adelante, hablando muchas veces
de caridad, los eleva a la categoría de amigos: "Nadie
tiene amor mayor que éste de dar uno la vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando. Ya no
os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor;
pero os digo amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os
lo he dado a conocer" (Jn. 15, 13-15), e insiste después:
"Esto os mando: que os améis unos a otros" (Jn.
15, 17) Por último ruega por ellos para que no se pierda
ninguno.
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"El auténtico sentido de la Eucaristía
se convierte de por sí en escuela de amor activo
al prójimo. Sabemos que es éste el orden
verdadero e integral del amor que nos ha enseñado
el Señor: "En esto conoceréis todos
que sois mis discípulos: si tenéis amor
unos para con otros." La Eucaristía nos
educa para este amor de modo más profundo en
efecto, demuestra qué valor debe tener a los
ojos de Dios todo hombre, nuestro hermano y hermana,
si Cristo se ofrece a sí mismo de igual modo
a cada uno, bajo las especies de pan y vino"
(Juan Pablo II, carta, 24-11-1980)
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Eucaristía e Iglesia
La acción más importante de la Iglesia es "hacer
la Eucaristía", pero al mismo tiempo "la Eucaristía
construye" a la Iglesia. Todos los demás sacramentos
y toda acción realizada por la Iglesia conducen a la Eucaristía
porque allí es donde está presente Jesús del
modo más intenso. Es impensable la Iglesia sin Eucaristía,
a no ser que sea imposible celebrar el Santo Sacrificio.
En la Eucaristía se realizan, del modo más perfecto,
las dos acciones más importantes de la Iglesia:
a) Dar a Dios el culto perfecto, ya que perpetúa el sacrificio
de Cristo en la cruz.
b) Produce, de modo eminente, la santificación de los que
la reciben con las debidas disposiciones.
La comunión con Dios más completa en esta tierra
es con la Eucaristía, que es prenda de la unión definitiva
y eterna que poseerán los justos en el cielo.
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"La Eucaristía construye la Iglesia y la
construye como auténtica comunidad del Pueblo
de Dios, como asamblea de los fieles, marcada por el
mismo carácter de unidad, del cual participaron
los apóstoles y los primeros discípulos
del Señor"
(Juan Pablo II, RH, 30)
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La Eucaristía sacramento de unidad y fraternidad
En la Eucaristía está presente toda la Iglesia: "formamos
un solo cuerpo y un solo espíritu". La caridad de Cristo
infundida en los que comulgan los une con un vínculo de caridad,
pero, además, los une también con los que ya han alcanzado
triunfantes la vida eterna, y sirve para salvar a los que purifican
su vida terrena en el Purgatorio con los sufragios que se ofrecen.
A través de la Eucaristía se alcanza, cada uno según
sus disposiciones, la unión con Dios Padre, Dios Hijo y Dios
Espíritu Santo en Jesucristo. Al recibir la Eucaristía
se realiza la unión con la humanidad de Cristo y a través
de ella con la divinidad: "quien come mi carne y bebe mi sangre
permanece en mí y yo en él" (Jn. 6, 56)
Esta unidad comprende pues:
1) Unidad con Cristo, que es la fuente de vida. Esta unión
es real y plena mientras subsisten las especies eucarísticas
en el que comulga.
2) Unidad con la Iglesia. La Iglesia se congrega fundamentalmente
en torno a la Eucaristía: "en el sacramento del pan
eucarístico se representa y se reproduce la unidad de los
fieles, que constituyen un solo cuerpo de Cristo" (LG, 3)
Por la comunión, los cristianos se hacen "cada uno
miembro del otro" (Rom. 12, 5)
"Porque el pan es uno, somos muchos en un solo cuerpo, pues
todos participamos de ese único pan"
(1 Co, 19, 17)
3) Unidad con el género humano. La Iglesia tiene como
fin unir a todos los hombres con Dios. Esta unidad se realiza
en germen en la Eucaristía, con la esperanza de que se
haga realidad en una-comunión plena.
4) Unidad con los demás cristianos. la Iglesia desea,
con todas sus fuerzas, realizar la voluntad de Cristo de que todos
sean "un solo rebaño con un solo Pastor" (cfr.
Jn. 10, 16) Si no se da una unión plena en la fe de los
creyentes en Jesucristo tampoco se puede dar una intercomunión
en el Cuerpo de Cristo, pero esta unión es pedida intensamente
en la Eucaristía para que desaparezcan las barreras que
impiden la comunión total de los cristianos en una sola
fe, un solo Bautismo y una sola Comunión.
LA EUCARISTIA ES ALIMENTO DE VIDA
Cuando Jesucristo habla del nuevo sacramento de la Eucaristía
repite que el que lo recibe adquiere una nueva vida. Esto es muy
claro en el sermón eucarístico de Cafarnaúm:
"el que come de este pan vivirá para siempre" (Jn.
6, 58), es más, "si no coméis la carne del Hijo
del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida
en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida
eterna y yo le resucitaré el último día"
(Jn. 6, 53-54) Jesús quiere darse como verdadero alimento
espiritual de una manera tangible, como Pan vivo que da vida eterna
y es la vida del mundo. La Eucaristía está tan estrechamente
unida a esta vida como lo está la comida y la bebida para
la vida natural.
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"Siendo, pues, fuente de caridad, la Eucaristía
ha ocupado siempre el centro de la vida de los discípulos
de Cristo. Tiene el aspecto de pan y de vino, es decir,
de comida y de bebida; por lo mismo es tan familiar
el hombre, y está tan estrechamente vinculada
a su vida, como lo está efectivamente la comida
y la bebida. la veneración a Dios que es amor
nace del culto eucarístico de esa especie de
intimidad en que El mismo, análogamente a la
comida y a la bebida, llena nuestro ser espiritual,
asegurándole, al igual que ellos, la vida."
(Juan Pablo II, carta, 24-11-1980)
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Banquete eucarístico
"¡Oh sagrado banquete en que se come a Cristo!",
dice la liturgia de la Iglesia, y al invitar a la comunión
repite: ¡Dichosos los llamados a la Cena del Señor!
La Eucaristía es el alimento de los hijos de Dios. El cristiano
debe tener "hambre" y "sed" eucarísticas.
Este hambre y sed de la Eucaristía no puede llevar a acercarse
al sacramento con la conciencia manchada de pecado grave, porque
sería una incongruencia y un sacrilegio. No se puede desear
estar unido a Cristo en el sacramento del amor, y al mismo tiempo
rechazarle con el pecado no confesado. Por eso, cuando existan pecados
graves es necesario acudir al sacramento de la Penitencia y así
la unión con Cristo es sincera y produce todo el fruto deseado.
La obligación de comulgar
La Iglesia ha concretado la necesidad de comulgar una vez al año,
por Pascua. Esta obligación comienza en cuanto el cristiano
llega a la edad del discernimiento, poco más o menos a los
siete años. La razón de este mínimo mandado
por la Iglesia es que se necesita recibir al Señor para salvarse.
Obligación de recibir el Viático
En peligro de muerte se debe recibir la Comunión en forma
de Viático, aunque se haya comulgado ese día. El Viático
será la mejor ayuda para hacer ese último viaje.
Pero la Iglesia, consciente de las gracias que vienen por la Comunión,
recomienda la comunión frecuente. "Dese amplia libertad
a todos los fieles cristianos, de cualquier condición que
sean, para comulgar diaria y frecuentemente, por cuanto así
lo desea Cristo Nuestro Señor y la Iglesia Católica,
de tal manera que a nadie, que esté en gracia de Dios y tenga
recta y piadosa intención, se le niegue" (Decreto 16-XII-1905)
Cada uno, consciente de la infinita dignidad de este augusto sacramento,
debe procurar acercarse a recibirlo con toda la frecuencia que le
sea posible. Cuando la Comunión sacramento no sea posible,
pueden los cristianos acudir a la comunión espiritual, que
es el deseo de recibir a Cristo si fuera posible. Es una gran ayuda
para crecer en amor a la Sagrada Eucaristía y fuente de muchas
gracias.
LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN LA EUCARISTIA
Institución de la Eucaristía
Tras la promesa de la Eucaristía en la Sinagoga de Cafarnaúm,
Jesucristo realizó su institución en la Ultima Cena.
El relato más antiguo de los cuatro que poseemos dice así:
"Porque yo recibí del Señor lo que os he transmitido:
que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado,
tomó pan y después de dar gracias, lo partió
y dijo: Esto es mi Cuerpo, que se da por vosotros; haced esto es
memoria mía. Asimismo, también tomó el cáliz,
después de cenar, diciendo. Este cáliz es la nueva
Alianza en mi sangre. Cuantas veces lo bebierais hacedlo en memoria
mía" (lCor. 11, 23-25) Los demás evangelistas
son concordes con San Pablo. En estos textos se encuentran las palabras
de la Consagración con las cuales se renovará la presencia
de Jesús entre los hombres.
La transustanciación
La transustanciación consiste en la "maravillosa y
singular conversión de toda la sustancia del pan en el Cuerpo
y toda la sustancia del vino en la Sangre, permaneciendo sólo
las especies de pan y vino".
Por la transustanciación, el propio Cristo, que está
en el cielo, comienza a estar presente bajo las especies sacramentales
sin experimentar ningún cambio, por lo que puede decirse
verdaderamente que el pan se hace Cristo.
Aunque no podemos comprender con nuestra razón este misterio,
sabemos por la fe, fundamentada en la palabra de Jesús, que
El está realmente presente en la Eucaristía.
Bajo cada una de las especies sacramentales y bajo cada una de
sus partes cuando se separan, está contenido Jesucristo entero:
su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad.
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"Pero es muy distinto el modo verdaderamente sublime
por el cual Cristo está presente en su Iglesia
en el sacramento de la Eucaristía, ya que contiene
al mismo Cristo y es como la perfección de la
vida espiritual y el fin de todos los sacramentos. Tal
presencia se llama "real" no por exclusión,
como si las otras no fueran reales, sino por antonomasia,
ya que es, además, corporal y sustancial y por
ella se hace presente Cristo, Dios y hombre, entero
e íntegro"
(Pablo VI, Mysterium Fidei)
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La presencia real de Cristo se prolonga mientras perduren los accidentes
del pan y del vino. Esta es la razón por la que, en cuanto
en el accidente se da la descomposición orgánica,
desaparece la presencia de Cristo.
Permanencia de la presencia real: adoración
de la Eucaristía
Es dogma de fe que, "después de efectuada la Consagración,
el Cuerpo y la Sangre de Cristo están presentes de manera
permanente en la Eucaristía"
Los primeros cristianos creían firmemente en la permanencia
de Cristo bajo las especies sacramentales, como lo prueba la costumbre
de llevar la Eucaristía a los que no podían asistir
a la Misa, a los enfermos y presos; la de entregar la Eucaristía
a los fieles para que la llevasen a sus casas; la de conservar las
partículas que habían quedado de la Comunión.
Así consta por los testimonios de San Justino, Tertuliano,
San Basilio, Didaché, San Cirilo de Alejandría, etcétera.
Es dogma de fe que a Cristo, presente en la Eucaristía,
se le debe culto de verdadera adoración. La razón
de este culto es muy sencilla: si en la Eucaristía está
realmente Cristo y Cristo es Dios verdadero, se debe adorar a Cristo
allí donde esté y, por tanto, en la Eucaristía.
Aquí se funda toda la devoción y veneración
de la Iglesia a este sacramento augusto.
SACRAMENTO DEL SACRIFICIO DE LA CRUZ
Por la Eucaristía se perpetúa y renueva constantemente
el sacrificio de Cristo en favor de la Iglesia. Por ello dice Juan
Pablo II: "La Eucaristía es sobre todo un sacrificio:
Sacrificio de la Redención y al mismo tiempo sacrificio de
la Nueva Alianza" (DC, 9)
El sacrificio de la cruz
Aunque los que mataron a Jesús cometieron un homicidio culpable,
por parte de Cristo su Muerte fue un auténtico sacrificio
en que Jesús es el sacerdote, la víctima y el altar.
Su sacrificio es perfecto porque Jesús es el sacerdote perfecto
al ser perfecto hombre unido hipostáticamente a la divinidad;
además, Jesús es la víctima perfecta pues se
entrega libremente, sin pecado, por amor, para reparar la injusticia
de todos los pecados de la humanidad, especialmente el pecado original.
El sacrificio de Cristo es el sacrificio de la Nueva Alianza.
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"Creemos que la Misa celebrada por el sacerdote,
representante de la persona de Cristo, en virtud del
poder recibido por el sacramento del Orden y ofrecida
por él en nombre de Cristo y de los miembros
de su Cuerpo místico, es el sacrificio del Calvario,
hecho presente sacramentalmente en nuestros altares"
(Credo de Pablo VI, 24)
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La Santa Misa renueva el sacrificio de Cristo en la cruz
El sacrificio de Cristo es único y de valor infinito para
reparar por todos los pecados de los hombres y para conseguir la
gracia divina para los hombres. Este único sacrificio se
perpetúa en nuestros altares a través de la Santa
Misa, que aplica a los fieles los méritos de Cristo. La Misa
es la renovación incruenta del sacrificio de la cruz. Por
ello Jesús había dicho: "Haced esto en memoria
mía" (Lc. 22, 19)
En efecto, el pan y el vino presentados en el altar y consagrados
por el sacerdote se convierten verdadera, real y sustancialmente
en el Cuerpo entregado y en la Sangre derramada de Cristo mismo.
De modo sacramental e incruento re-presentan el sacrificio cruento
ofrecido por Jesucristo en la cruz al Padre para la salvación
del mundo.
El Sacrificio del Altar no es una pura y simple conmemoración
de la Pasión y Muerte de Jesucristo sino un sacrificio propio
y verdadero de valor infinito. Es por tanto, una verdad de fe que
la Santa Misa es verdadero y propio sacrificio.
Identidad y diferencias accidentales en ambos
"Cristo es el mediador de una nueva Alianza, a fin de que
por su muerte, para redención de las transgresiones cometidas
bajo la primera Alianza reciban los que han sido llamados las promesas
de la herencia eterna" (Heb. 9, 15)
En la cruz, la víctima y el sacerdote fue Cristo, que se
entregó y ofreció al Eterno Padre para la Redención
del género humano.
En la Misa, la víctima es Cristo, que se ofrece por el ministerio
del sacerdote. Además, es toda la Iglesia quien ofrece el
sacrificio, ya que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo,
Cristo mismo.
El fin por el que se ofreció el sacrificio de la Cruz fue
un fin de alabanza al Padre y de reparación de los pecados.
Este fin es el mismo en la Santa Misa:
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"Acuérdate, Señor... y de todos
los aquí reunidos... por ellos y todos los suyos,
por el perdón de sus pecados... te ofrecemos,
y ellos mismos te ofrecen, este sacrificio de alabanza,
a ti, eterno Dios, vivo y verdadero"
(Plegaria eucarística I)
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El Padre Eterno recibe simultáneamente el sacrificio de la
cruz y todas las Misas que se han celebrado, se celebran y se celebrarán
en todo el mundo. Así pues, para Dios solamente hay un sacrificio.
Ambos sacrificios se realizan de diferente modo: En la cruz hubo
derramamiento de sangre, fue cruento y la muerte fue real, mientras
que en la Santa Misa no hay derramamiento de sangre, es incruento
y la muerte es mística, misteriosa.
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VOCABULARIO
Eucaristía: Es
una palabra griega que quiere decir "gracias",
o también "es bueno el regalo que tú
me haces" Para los cristianos la Misa es la Eucaristía
por excelencia, en ella nosotros damos gracias a Dios
Padre con Cristo, por El y en El. La Eucaristía
da todo su sentido a la vida del Hijo de Dios, hecho
hombre, principalmente a su Muerte en la cruz por amor
nuestro (Cve, p. 497)
Acción de gracias:
Quiere decir dar gracias a alguien que nos hace un favor,
que es fuente de alegría. Para Ello no sólo
se usan las palabras. Es una acción. Se pone
en movimiento todo el ser, todo él es expresión.
Los cristianos de los primeros siglos decían
"Acción de gracias" para designar el
sacrificio del pan y del vino, del Cuerpo y la Sangre
de Cristo. La Eucaristía, en la que el Padre
nos da a su Hijo y el Hijo se ofrece con nosotros al
Padre, es la más grande de toda acción
de gracias. (Ibíd.)
Plegaria eucarística:
Con esta palabra designamos la plegaria central de la
Misa, plegaria de acción de gracias. Los cristianos
de Oriente la denominan "anáfora" que
quiere decir "ofrenda" En la liturgia romana
se llama "Canon de la Misa" Esta plegaria
eucarística se refiere explícitamente
a la que el Señor efectuó el día
de Jueves Santo. (Ibíd.)
Fracción del pan:
Esta expresión es hebrea y evoca una comida judía,
en la que quien preside, pronuncia una bendición
antes de partir el pan y repartirlo entre los comensales.
Entre los cristianos, esta expresión significó
muy pronto la celebración de la Eucaristía.
Esta no se celebraba en el Templo judío, sino
en alguna casa cristiana y no se separaba de un verdadero
banquete fraterno o ágape. (Ibíd.)
Memorial: Es el recuerdo
del sacrificio por excelencia: el de Jesucristo, quien
se entrega por amor nuestro. No es sólo recuerdo,
sino re-presentación o actualización del
sacrificio de Jesús. En la Eucaristía
hoy la gracia redentora se hace presente para nosotros
y, al mismo tiempo, todos nosotros somos ofrecidos a
Dios quien nos acepta complacido. (Ibíd.)
La Santa Misa: la Santa
Misa es el Sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo,
que se ofrece sobre nuestros altares bajo las especies
de pan y vino en memoria del sacrificio de la cruz.
Es sustancialmente el mismo de la cruz, en cuanto el
mismo Jesucristo que se ofreció en la cruz es
el que se ofrece por mano de los sacerdotes, sus ministros,
sobre nuestros altares; mas, cuanto al modo con que
se ofrece, el sacrificio de la Misa difiere del sacrificio
de la cruz, si bien guarda con éste la más
íntima relación, pues en la cruz, Jesucristo
se ofreció derramando su Sangre y mereciendo
por nosotros, mientras en nuestros altares se sacrifica
El mismo sin derramamiento de sangre y nos aplica los
frutos de su Pasión y Muerte.
Especies eucarísticas:
Las especies son la cantidad y las cualidades sensibles
del pan y del vino, como la figura, el color, el sabor,
que permanecen de un modo admirable sin su sustancia
por virtud de Dios omnipotente.
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Extractos de algunos discursos y homilías de Juan Pablo II.
La exposición y adoración del Santísimo Sacramento,
las Horas Santas y las procesiones eucarísticas, son asimismo
elementos valiosos de vuestra herencia, en pleno acuerdo con las
enseñanzas del Concilio Vaticano II. En este momento me gozo
también en reafirmar ante Irlanda y ante el mundo entero,
la maravillosa doctrina de la Iglesia Católica sobre la consoladora
presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento, su presencia
real en el sentido más pleno, es decir, la presencia sustancial
por la que Cristo, total y completo, Dios y hombre, está
presente (cf. Mysterium fidei, 39) En la Misa y fuera de la Misa,
la Eucaristía es el cuerpo y sangre de Jesucristo y merece,
por tanto, el culto que se da a Dios vivo y sólo a El. (Irlanda.)
El encuentro eucarístico es, en efecto, un encuentro de amor.
Por eso resulta imprescindible acercarse a El con devoción
y purificados de todo pecado grave. (España.)
El test real de la vitalidad cristiana de un pueblo, de una parroquia,
una diócesis y una nación se encuentra en la respuesta
a esta pregunta: ¿Qué puesto ocupa la sagrada Eucaristía
en vuestras vidas? Pues por la participación en el Misterio
pascual de su Muerte y Resurrección, Jesús hace de
nosotros eficaces colaboradores en la difusión de su Reino
en la tierra. La Misa es lo que importa verdaderamente. A través
de la Eucaristía, Cristo guía nuestras vidas y construye
nuestras comunidades de amor, comprensión y misericordia.
(Nigeria.)
Este sacrificio eucarístico traza el constante ritmo de
la vida de la Iglesia, también de vuestra parroquia. ¡Centrad
vuestras actividades parroquiales en la sagrada Eucaristía,
en el encuentro personal con Cristo, perenne huésped nuestro!
Deseo, en especial, recordamos la necesidad de que participéis
en la Santa Misa los domingos y días festivos.
La unión con Jesús en la Eucaristía influirá
en vuestra vida y enriquecerá vuestra parroquia, pues la
comunidad cristiana crece y se consolida gracias al testimonio de
vida que sus miembros saben ofrecer. (España.)
El sacrificio del Cuerpo y Sangre de Jesucristo ofrecido por nosotros
es un acto de amor supremo por parte del Salvador. Es su gran victoria
sobre el pecado y la muerte, victoria que El a su vez nos comunica.
La Eucaristía es promesa de vida eterna, puesto que Jesús
mismo nos dice: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
la vida eterna, y yo le resucitaré el último día"
(Jn. 6, 54) (Irlanda.)
El Pueblo de Dios aquí sobre la tierra vive de la Eucaristía,
que en ella va a sacar fuerzas para afrontar las fatigas cotidianas
y las luchas en todos los campos de su existencia. (Brasil.)
En la Eucaristía y con Cristo adquirís mayor comprensión
y misericordia para con el Pueblo de Dios. Y en la Eucaristía
recibís fuerza para perseverar en la dedicación a
un servicio abnegado. (Estados Unidos.)
Un sacerdote -sea el Papa, un obispo o un sacerdote del interior-
al celebrar la Eucaristía, un cristiano al participar en
la Misa y recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, no pueden dejar
de abismarse en las maravillas de este sacramento. Son tantas las
dimensiones que en él se pueden considerar: es el sacrificio
de Cristo que misteriosamente se renueva; son el pan y el vino transformados,
transubstanciados en el Cuerpo y Sangre del Señor; es la
gracia que se comunica por este alimento espiritual al alma del
cristiano. (Brasil.)
¿Dónde encontráis la fuerza para esta misión?
¿Cuál es la fuente de vuestra inspiración?
Siempre es Cristo. Recordad las palabras del Evangelio: "Yo
estaré con vosotros" (Mt. 28, 20) Sí, Cristo
está con nosotros, principalmente en la Eucaristía.
Y esta mañana, en su Sacrificio, Cristo nos ofrece con nuestras
obras a su Padre del cielo. De este modo, El da un valor cada vez
más profundo a todo trabajo. El da a nuestra vida un significado
completamente nuevo. En Jesucristo nuestro Salvador y Señor,
y en su Eucaristía, encontramos la fuente de nuestra fortaleza
y la causa de nuestra alegría. (Nigeria.)
Adoro te devota
1. Te adoro con devoción, Dios escondido.
oculto verdaderamente bajo estas apariencias.
A Ti se somete mi corazón por completo,
y se rinde totalmente al contemplarte.
2. Al juzgar de Ti se equivocan la vista, el tacto, el gusto,
pero basta con el oído para creer con firmeza,
creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios:
nada es más verdadero que esta palabra de verdad
3. En la cruz se escondía sólo la divinidad,
pero aquí también se esconde la humanidad
creo y confieso ambas cosas,
y pido lo que pidió el ladrón arrepentido,
4. No veo las llagas como las vio Tomas,
pero confieso que eres mi Dios;
haz que yo crea más y más en Ti,
que en Ti espere, que te ame.
5. ¡Oh memorial de la muerte del Señor
Pan vivo que da la vida al hombre;
concédele a mi alma que de Ti viva,
y que siempre saboree tu dulzura.
6. Señor Jesús, bondadoso pelicano,
límpiame, a mí, inmundo, con tu Sangre
de la que una sola gota puede liberar
de todos los crímenes al mundo entero.
7. Jesús, a quien ahora veo escondido,
te ruego que se cumpla lo que tanto ansío:
que al mirar tu rostro ya no oculto,
sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.
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