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15. LA FAMILIA
El clima familiar no puede ser sustituido por
nada
La familia es una amplia comunidad de amor
La familia es una iglesia doméstica
Los cambios sociales y la familia
La familia, célula de la sociedad civil
y de la Iglesia
La familia y la sociedad civil
La familia y la Iglesia
Derechos y deberes de la familia frente a la sociedad
Los hijos, fruto del amor
Problema moral de la procreación. Doctrina
de la Humanae vitae
El Sínodo de los Obispos de 1980
La educación de los hijos
La Iglesia, madre y maestra de los esposos en
dificultades
La familia cristiana debe ser evangelizadora
EL CLIMA FAMILIAR NO PUEDE SER SUSTITUIDO POR
NADA
Es cierto que el niño puede nacer en muchos y variados ambientes
además del familiar: en residencias del Estado u otras asociaciones,
porque su madre sea soltera o porque haya sido abandonado. Puede
vivir sólo con la madre o con el padre por abandono del otro
progenitor. También puede vivir con los abuelos o con hermanastros
en una sociedad poligámica. También pueden vivir adoptados
en otra familia.
Todas estas alternativas al clima familiar genuino no pueden, en
general, sustituir ese clima aunque se den éxitos parciales.
La razón es que los hijos al ser fruto del amor de los padres,
tienen con ellos unas relaciones íntimas, estrechas, naturales.
En la familia, el niño es querido por sí mismo con
plenitud dentro de los límites humanos. Nunca el Estado,
un orfanato o alguna otra asociación puede sustituir a la
familia por muy bien que estén organizados. La paternidad
y la maternidad llevan a rodear a los hijos de cariño y amor,
además de solucionar los problemas de alimentación
y educación, que podrían ser solucionados de otras
formas; pero el amor paterno y materno no parece que pueda ser sustituido
de modo adecuado.
La familia es una amplia comunidad de amor
El amor de los esposos en el matrimonio ya es una comunidad de
amor y fuente de felicidad. Pero este mismo amor está llamado
a extenderse en la más amplia comunión de la familia,
de los padres y de los hijos, de los hermanos y las hermanas entre
sí, de los parientes y de los demás familiares.
"Esta comunión radica en los vínculos naturales
de la carne y de la sangre y se desarrolla encontrando su perfeccionamiento
propiamente humano en el instaurarse y madurar de vínculos
todavía más profundos y ricos del espíritu:
el amor que anima las relaciones interpersonales de los diversos
miembros de la familia, constituye la fuerza interior que plasma
y vivifica la comunión y la comunidad familiar."
(FC, 21)
La familia cristiana es una iglesia doméstica
La gracia de Cristo perfecciona a los esposos en el sacramento
del Matrimonio, pero no sólo a ellos, también abarca
a los hijos, e indirectamente a los demás familiares. En
la familia los hijos reciben el Bautismo y la Confirmación,
aprenden a rezar, allí se preparan para recibir a Cristo
en la Eucaristía, de modo que la Primera Comunión
es uno de los grandes acontecimientos familiares. En la familia
reciben consejo los hijos en la elección de estado, tanto
si es para contraer matrimonio, como si es para seguir un camino
de entrega más exclusiva a Dios y a los demás, como
pueda ser el sacerdocio, entrar en religión u otras formas
de entrega. La familia cristiana es un modelo para toda otra familia,
y es un punto de apoyo fuerte para poder vivir el mandato de Cristo
de hacer apostolado llevando almas a Dios. Incluso en el momento
de la muerte, la familia es un gran apoyo para sus componentes,
proporcionándoles, además de la ayuda familiar, el
acceso al sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático
o última comunión, antes de entrar en la vida eterna.
El Espíritu Santo, que es el alma de la Iglesia, vivifica
también la comunidad familiar, haciendo de ella una auténtica
"iglesia doméstica".
LOS CAMBIOS SOCIALES Y LA FAMILIA
El ambiente social influye claramente en la familia. No es lo mismo
vivir en la ciudad que en el campo, en un piso pequeño que
en una casa grande, por ejemplo. Por ello es necesario que la sociedad
ayude y proteja a la familia para que pueda desarrollar toda la
riqueza de su vida íntima.
En tiempos más antiguos era frecuente que conviviesen varias
generaciones en la misma casa o en lugares próximos. De esta
manera se constituía lo que se puede llamar la gran familia,
en la cual se relacionaban con asiduidad los abuelos, los padres,
los hijos e incluso los tíos, primos y sobrinos. El conjunto
era enriquecedor para cada individuo. En los tiempos actuales este
tipo de amplia convivencia familiar es más difícil,
tanto por las grandes concentraciones urbanas, como por la pequeñez
de muchas viviendas, y las exigencias de un trabajo alejado del
lugar de residencia, así como las distancias de los centros
escolares. Esto ha conducido a lo que se ha llamado la familia celular,
es decir, aquella formada casi exclusivamente por padres e hijos
con unas relaciones más leves con el conjunto familiar de
la gran familia.
También es de notar que una serie de valores esenciales
se han debilitado en los últimos tiempos, perjudicando gravemente
a la familia y a cada uno de sus miembros. A pesar de esas dificultades
externas, la familia puede ser el ámbito ideal para regenerar
muchos valores, pero debe tener en cuenta que no basta ya con una
actitud pasiva ante la sociedad, sino que esta actitud debe ser
crítica. Así, por ejemplo, deberá controlar
los programas de televisión, o dar criterio sobre ellos;
también convendrá que seleccione las publicaciones
que entran en la casa, y participar activamente en la escuela para
que se enseñe a los hijos de acuerdo con las propias convicciones,
y nunca en contra de ellas.
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"Cuando el valor de la familia esté amenazado
por presiones sociales y económicas, nosotros
reaccionaremos afirmando que la familia no sólo
es para el bien privado de cada persona, sino también
para el bien común de toda la sociedad, nación
y Estado."
(Juan Pablo II, discurso, 7-X-79)
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LA FAMILIA, CELULA DE LA SOCIEDAD CIVIL Y DE LA IGLESIA
La familia constituida por el matrimonio único e indisoluble
constituye una auténtica sociedad, en que el padre tiene
la autoridad y los hijos son como una prolongación de los
padres. Es a través de la familia como los seres humanos
se incorporan a la sociedad, tanto a la sociedad civil, como a la
Iglesia, por eso, la familia es la célula de ambas sociedades.
La familia tiene dos características esenciales por las
que se distingue de las demás sociedades y las fortalece.
Estas son:
1. La familia es la primera sociedad natural. Todas las demás
asociaciones son secundarias y no podrán ir contra la que
es primera, sino que deben ayudarla.
2. La familia es el fermento de la sociedad. Esta realidad hace
que su solidez y vida interna influya decisivamente en las demás
sociedades humanas: la familia es la célula fundamental de
la vida social. Es la comunidad humana fundamental.
La familia y la sociedad civil
La sociedad es como un cuerpo vivo cuya salud depende de la salud
de todos sus órganos. La familia es la sociedad primera y
celular.
De que las familias estén constituidas en rectitud y orden
dependerá, en gran parte, la prosperidad social, ya que la
sociedad será tal como sean las familias que la componen,
así como la salud y buen funcionamiento del ser vivo depende
del buen funcionamiento de sus células.
"La familia, encrucijada de diferentes generaciones que se
ayudan entre sí para adquirir una sabiduría más
honda y para armonizar los derechos de la persona con las demás
exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad"
(GS, 52)
La familia y la Iglesia
La Iglesia siempre ha sido una defensora de la familia. En primer
lugar porque es una institución natural, querida por Dios
para la vida del hombre. Además, a través de la familia
es como mejor puede la Iglesia ejercer su misión salvadera.
De la vitalidad cristiana de la familia se nutre la Iglesia porque,
en primer lugar, los matrimonios cristianos son fecundos y al añadir
un miembro más a la familia, lo añaden a la Iglesia.
Por otro lado, porque una profunda educación familiar cristiana
hará que esos miembros sean miembros activos en la Iglesia
y ayuden a la extensión del Reino de Dios. Juan Pablo I dijo:
"La santidad de la familia cristiana es, sin duda alguna. el
medio más apto para llevar a cabo la renovación serena
de la Iglesia que el Concilio deseaba con tanto afán; a través
de la oración en familia, la ecclesia domestica se convierte
así en realidad efectiva y lleva a la transformación
del mundo" (Citado por Juan Pablo II, en Nairobi)
DERECHOS Y DEBERES DE LA FAMILIA FRENTE A LA SOCIEDAD
Uno de los derechos fundamentales del hombre es el que tiene a
fundar una familia. Es éste un derecho natural que no puede
ser negado a ningún hombre. Constituida así la familia,
sus derechos le vienen de su misma naturaleza, no por una concesión
del Estado, pues su constitución es anterior a la de éste.
De modo que actuaría injustamente el Estado que negase o
pusiera obstáculos a los derechos de la familia. La principal
misión del Estado es procurar y facilitar los derechos individuales
y los de la familia.
Entre los derechos fundamentales de la familia se pueden enunciar:
a) Derecho a la procreación y educación de los
hijos, cuyos primeros responsables son los padres, con una responsabilidad
recibida directamente de Dios (cfr. Pío XI, Divini illius
Magistri, 16)
b) Derecho a gozar de una auténtica libertad, de modo
que el Estado sólo puede invadir la intimidad del hogar
para restablecer un derecho perturbado y sólo puede hacerlo
sin traspasar los límites que naturalmente exija el restablecimiento
del orden (cfr. Pío XI, RN, 11)
c) Derecho a los medios necesarios para su pleno desarrollo:
alimentos, escuelas, etc., y pertenece primariamente al padre
buscar estos medios por lo que tiene derecho al trabajo y a una
retribución suficiente de este trabajo.
d) Derecho a una vivienda digna y condiciones adecuadas a las
necesidades de la familia.
e) Derecho a un patrimonio familiar que le permita cumplir con
su misión de perfeccionarse y prosperar.
f) Derecho a la libertad de poder emigrar para encontrar el espacio
vital
necesario y los medios de subsistencia que necesite (cfr. Pío
XII, Rm, 1VI-1941)
Frente a estos derechos tiene la familia el deber de solidaridad
ciudadana de cooperar al bien común mediante el pago de impuestos
o prestaciones que la sociedad le exija, tanto el Estado, como los
organismos políticos inferiores: municipios, diputaciones,
etcétera.
LOS HIJOS, FRUTO DEL AMOR
Juan Pablo II, confirmando todo el Magisterio anterior, dijo en
su homilía en Limerick (Irlanda): "El matrimonio debe
incluir una apertura al don de los hijos. La señal característica
de la pareja cristiana es su generosa apertura a aceptar de Dios
los hijos como regalo de su amor" y añadió en
Washington: "La vida, además, es preciosa porque es
la expresión y el fruto del amor" Son los hijos, por
tanto, una consecuencia del amor de Dios a los hombres y del amor
del hombre y la mujer entre sí.
Problema moral de la procreación. Doctrina
de la Humanae vitae
En el uso del matrimonio puede darse un difícil problema
moral: ¿es lícito al ser humano realizar el acto conyugal
e impedir, al mismo tiempo, su fruto natural, que son los hijos?
Esto ha sucedido desde la Antigüedad, no es un problema moderno.
La Biblia narra el pecado de Onán, que fue condenado por
Dios a la muerte por querer impedir el nacimiento de hijos realizando
una unión incompleta (cfr. Gen. 38, 4-10) Hoy, la técnica
ha proporcionado nuevos medios para idéntico fin. Aunque
en un principio el descubrimiento de los anovulatorios fue un avance
médico curativo para la mujer, más adelante se ha
utilizado con el único fin de evitar embarazos, o procurar
que no progrese la concepción.
En un proceso cada vez más inmoral, se fueron añadiendo
nuevas técnicas para obtener con más seguridad el
fin anticonceptivo, aunque se pudiera prever que existían
efectos secundarios que perjudicaban a la mujer: anovulatorios con
posibles efectos abortivos, aparatos intrauterinos, esterilización
del hombre o de la mujer, y como último terrible remedio
el aborto procurado, que es el homicidio del niño aún
no nacido.
Estos nuevos métodos respecto a un problema antiguo han
exigido que los Papas y el Concilio Vaticano II enseñasen
la verdadera doctrina sobre la procreación. Se puede sintetizar
en los siguientes puntos:
1. La fecundidad matrimonial es un gran don.
2. La procreación es una manifestación de amor
verdadero y de la comunión entre los esposos que originan
una nueva vida.
3. No se pueden utilizar métodos artificiales para evitar
la fecundidad: onanismo, métodos mecánicos, químicos,
etc., y mucho menos el aborto procurado.
4. Es posible realizar una paternidad responsable limitando el
número de hijos, utilizando la continencia periódica,
es decir, usando del matrimonio solamente en los días no
fértiles de la mujer. Sin embargo, este método -cada
vez más perfeccionado- sólo es lícito si
se dan razones serias y proporcionadas, que pueden ser de tipo
médico, económico u otras.
5. Cada acto matrimonial debe estar abierto a la vida.
La encíclica Humanae vitae afirma: "La Iglesia, al exigir
que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada
por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial
debe quedar abierto a la transmisión de la vida" (11)
El Sínodo de los Obispos de 1980
Este Sínodo volvió a estudiar este tema, dada la
gravedad de la situación y de las presiones que se recibían
desde todos los ambientes. Después de largo estudio se reafirmó
en la doctrina tradicional y en la formulación de Pablo Vi.
En la clausura, el Papa Juan Pablo II dijo: "Los padres sinodales
han reafirmado abiertamente la validez y la verdad segura del anuncio
profético, dotado de un profundo significado y en consonancia
con la situación actual, contenido en la carta encíclica
Humanae vitae. Han analizado el problema de muchos hombres con un
gran vacío espiritual, aunque abunden en bienes materiales,
que los hacen incapaces de comprender el plan de Dios sobre la vida
humana. Gentes obsesionadas con el deseo de poseer, el afán
de poder y el ansia de placer, que rechazan su vocación fundamental
a participar en la vida y el amor de Dios."
El Papa Juan Pablo II ha insistido en este punto en la encíclica
Familiaris consorcio:
La doctrina y la norma siempre antigua y siempre
nueva de la Iglesia
Precisamente porque el amor de los esposos es una participación
singular en el misterio de la vida y del amor de Dios mismo, la
Iglesia sabe que ha recibido la misión especial de custodiar
y proteger la altísima dignidad del matrimonio y la gravísima
responsabilidad de la transmisión de la vida humana.
De este modo, siguiendo la tradición viva de la comunidad
eclesial a través de la historia, el reciente Concilio Vaticano
II y el magisterio de mi Predecesor Pablo VI, expresado sobre todo
en la encíclica Humanae vitae, han transmitido a nuestro
tiempo un anuncio verdaderamente profético, que reafirma
y propone de nuevo con claridad la doctrina y la norma siempre antigua
y siempre nueva de la Iglesia sobre el matrimonio y sobre la transmisión
de la vida humana.
Por esto, los Padres Sinodales, en su última asamblea, declararon
textualmente: "Este Sagrado Sínodo, reunido en la unidad
de la fe con el Sucesor de Pedro, mantiene firmemente lo que ha
sido propuesto en el Concilio Vaticano II (cfr. Gaudium et spes,
50) y después en la Encíclica Humanae vitae, y en
concreto, que el amor conyugal debe ser plenamente humano, exclusivo
y abierto a una nueva vida (Humanae vitae, 11 y cfr. 9 y 12) (29)
LA EDUCACION DE LOS HIJOS
Los padres no pueden limitarse a la transmisión de la vida;
su misión se prolonga en la educación de los hijos.
Los padres son los primeros y principales educadores. El Concilio
Vaticano II sintetiza esta misión con una frase muy rica:
"La familia es escuela del más rico humanismo."
Ciertamente, la familia no puede llegar a todos los aspectos educativos
de sus hijos y necesita de la escuela como necesario complemento,
pero los valores más importantes se aprenden de ordinario
en el ambiente familiar.
Tanto con el ejemplo como con prudentes consejos educan a los hijos,
es decir, los conducen a un correcto uso de la libertad que les
lleve a la madurez humana y, sobre todo, a la vida eterna.
Es conveniente recordar aquí que este deber primario a educar
corresponde a los padres y no a otras instituciones sociales, como
el Estado o la escuela, que en este punto son subsidiarias del derecho
y deber de los padres a educar a los hijos. Las sociedades superiores,
al tener más medios que la familia, le ayudan a conseguir
sus fines, pero nunca pueden sustituirla, y nunca pueden suplantarla
educando contra las convicciones de los padres.
Respecto a la misma fe, la familia es la primera educadora, ayudándola
para ello los sacerdotes y las demás instituciones católicas.
La experiencia demuestra la verdad de este principio, y es patente
la profundidad que alcanzan las verdades hechas vida y aprendidas
en el hogar desde la primera edad.
LA IGLESIA, MADRE Y MAESTRA DE LOS ESPOSOS EN DIFICULTADES
La Iglesia no puede ni quiere abandonar a los esposos que encuentren
dificultades en cumplir su misión. Para ello, como madre,
está siempre dispuesta a ayudar a los que encuentren difícil
seguir plenamente la ley natural válidamente enseñada
por la Iglesia; para ello les proporciona el calor humano y espiritual
que les proporcionaría el mismo Cristo. Pero como maestra
no puede permitir que se falsifique la verdad del amor matrimonial
y su fecundidad natural, ya que está convencida de que "no
puede haber verdadera contradicción entre la ley divina de
la transmisión de la vida y la de favorecer el auténtico
amor conyugal" (FC, 33) Esto se hace posible enseñando
el verdadero sentido de la castidad conyugal, que se adquiere con
el sacrificio propio de todo amor verdadero (cfr. GS, 51)
LA FAMILIA CRISTIANA DEBE SER EVANGELIZADORA
Todos los fieles cristianos tienen, por el Bautismo, la misión
de extender la Buena Nueva de salvación que Cristo trajo
a la tierra. Esta evangelización debe empezar en la misma
familia de modo que todos vivan de acuerdo con la fe del modo más
generoso posible. Pero además debe extenderse a otras familias
ayudándolas a superar las tentaciones que surgen en la vida
diaria, especialmente el materialismo y la ignorancia. La vitalidad
de una familia cristiana es fuente de vida para muchas más.
Los esposos llamados a evangelizar
La familia no está destinada a cerrarse en sí misma.
Por vocación es testigo del amor de Cristo en el barrio,
entre los vecinos, entre los amigos, en el trabajo. Es ahí
donde se realiza especialmente su apostolado.
(Cve. p. 534.)
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VOCABULARIO
Familia: Es la comunidad,
vivificada por el amor, que forman los esposos con sus
hijos y los parientes más próximos (Cfr.
FC. n. 18)
Clan: Nombre que se
da a todos los miembros de un grupo que proceden de
un tronco común consanguíneo.
Iglesia doméstica: Nombre que da a la familia
el Concilio Vaticano II, pues en ella son engendrados
los hijos de Dios por el bautismo, los padres educan
en la fe a sus hijos y los dirigen para vivir cristianamente.
Así se cumple en la familia la triple misión
que Cristo encomendó a su Iglesia: sacerdotal,
profético y real.
Procreación:
Acto y efecto en el que los padres transmiten la vida
a sus hijos.
Patrimonio familiar:
Es el conjunto de bienes materiales pertenecientes a
la familia, que le permiten hacer frente a las necesidades
espirituales y materiales, tanto presentes como venideras.
Anticonceptivos: Se
llaman así todos los métodos, físicos
o químicos, que tienden a privar al acto sexual
de su capacidad generadora natural.
Anovulatorios: Son todos
aquellos productos químicos, que actuando sobre
el organismo de la mujer, impiden la ovulación.
Muchos de ellos tienen, además, efectos abortivos.
Paternidad responsable:
Designa el modo inteligente y libre con que los cónyuges
han de cumplir su misión de cooperar con Dios
en la transmisión de la vida. Mientras que en
los seres inferiores tal transmisión está
confiada a la ley del instinto, en el hombre supone
el conocimiento y la voluntaria obediencia de la ley
de Dios, inscrita en su naturaleza y manifestada externamente
por la Revelación. Paternidad responsable es,
pues, sinónimo de cumplir, consciente y responsablemente,
la ley de Dios.
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Carta de los Derechos de la Familia
La Santa Sede insta a los Estados, Organizaciones Internacionales
y a todas las instituciones y personas interesadas, para que promuevan
el respeto de estos derechos y aseguren su efectivo reconocimiento
y observancia.
ARTICULO 1
Todas las personas tienen el derecho a elegir libremente su estado
de vida y por lo tanto derecho a contraer matrimonio y establecer
una familia o a permanecer célibes.
ARTICULO 2
El matrimonio no puede ser contraído sin el libre y pleno
consentimiento de los esposos debidamente expresado.
ARTICULO 3
Los esposos tienen el derecho inalienable de fundar una familia
y decidir sobre el intervalo entre los nacimientos y el número
de hijos a procrear, teniendo en plena consideración los
deberes para consigo mismos, para con los hijos ya nacidos, la familia
y la sociedad, dentro de una justa jerarquía de valores y
de acuerdo con el orden moral objetivo que excluye el recurso a
la contracepción, la esterilización y el aborto.
ARTICULO 4
La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde
el momento de la concepción.
a) El aborto es una directa violación del derecho fundamental
a la vida del ser humano.
b) El respeto por la dignidad del ser humano excluye toda manipulación
experimental o explotación del embrión humano.
c) Todas las intervenciones sobre el patrimonio genético
de la persona humana que no están orientadas a corregir las
anomalías, constituyen una violación del derecho a
la integridad física y están en contraste con el bien
de la familia.
ARTICULO 5
Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen
el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por
esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros
y principales educadores de sus hijos.
a) Los padres tienen el derecho de educar a sus hijos conforme a
sus convicciones morales y religiosas. (...)
b) Los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas
u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus
conciencias. (...)
c) Los padres tienen el derecho de obtener que sus hijos no sean
obligados a seguir cursos que no están de acuerdo con sus
convicciones morales y religiosas.(...)
d) Los derechos de los padres son violados cuando el Estado impone
un sistema obligatorio de educación del que se excluye toda
formación religiosa. (...)
e) La familia tiene el derecho de esperar que los medios de comunicación
social sean instrumentos positivos para la construcción de
la sociedad y que fortalezcan los valores fundamentales de la familia.
Al mismo tiempo ésta tiene derecho a ser protegida adecuadamente,
en particular respecto a sus miembros más jóvenes,
contra los efectos negativos y los abusos de los medios de comunicación.(...)
ARTICULO 6
La familia tiene el derecho de existir y progresar como familia.
ARTICULO 7
Cada familia tiene el derecho de vivir libremente su propia vida
religiosa en el hogar, bajo la dirección de los padres, así
como el derecho de profesar públicamente su fe y propagarla,
participar en los actos de culto en público y en los programas
de instrucción religiosa libremente elegidos, sin sufrir
alguna discriminación.
ARTICULO 8
La familia tiene el derecho de ejercer su función social
y política en la construcción de la sociedad.
ARTICULO 9
Las familias tienen el derecho de poder contar con una adecuada
política familiar por parte de las autoridades públicas
en el terreno jurídico, económico, social y fiscal,
sin discriminación alguna.
ARTICULO 10
Las familias tienen derecho a un orden social y económico
en el que la organización del trabajo permita a sus miembros
vivir juntos, y que no sea obstáculo para la unidad, bienestar,
salud y estabilidad de la familia, ofreciendo también ¡a
posibilidad de un sano esparcimiento.
a) La remuneración por el trabajo debe ser suficiente para
fundar y mantener dignamente a la familia, sea mediante un salario
adecuado, llamado "salario familiar" sea mediante otras
medidas sociales como los subsidios familiares o la remuneración
por el trabajo en casa de uno de los padres; y debe ser tal que
las madres no se vean obligadas a trabajar fuera de casa en detrimento
de la vida familiar y especialmente de la educación de los
hijos.
b) El trabajo de la madre en casa debe ser reconocido y respetado
por su valor para la familia y la sociedad.
ARTICULO 11
La familia tiene derecho a una vivienda decente, apta para la vida
familiar, y proporcionada al número de sus miembros, en un
ambiente físicamente sano que ofrezca los servicios básicos
para la vida de la familia y de la comunidad.
ARTICULO 12
Las familias de emigrantes tienen derecho a la misma protección
que se da a las otras familias.
Una explosión matizable
Bastante de la literatura que existe sobre población se
encuentra bañada de un tinte catastrofista -unas veces intencionado
y otras no- debido a que basan sus cálculos en unas afirmaciones
de Malthus, que ya la vida se ha encargado de demostrar que son
erróneas.
Porque la población no crece a manera de una progresión
geométrico, como señaló este científico
inglés. No, la población crece de una manera muy distinta
e irregular. Ni durante todas las épocas, ni en las diversas
naciones la población crece uniformemente. El crecimiento
de la población, más que en línea recta ascendente
se hace a modo de escalones. Es decir, en un momento determinado
de la historia y dependiendo de muchas y variadas causas, se produce
"una revolución demográfica"; un ascenso
o un descenso muy rápido. Estas mismas circunstancias, el
medio ambiente en su sentido más amplio, se encarga después
de frenar este ascenso o este descenso, todo por causas naturales:
así es como ha venido sucediendo en toda la historia de la
humanidad.
El mito de la explosión demográfica
Todos en un círculo
Si todos los habitantes del mundo, 4.500 millones de personas,
nos reuniésemos en una gigantesca manifestación y
con una densidad igual a la que se utiliza en los medios de comunicación
para calcular la asistencia a este tipos de actos -cuatro personas
por metro cuadrado- cabríamos en un círculo de 19
kilómetros de radio.
Los bautizados en el nombre del Señor Jesús están
casados también en su nombre. Su amor, es una participación
en el amor de Dios. Él es su fuente. Los matrimonios de parejas
cristianas, hoy renovados y bendecidos, son imágenes terrenas
de la maravilla de Dios; la amorosa comunión, generadora
de vida, de Tres Personas en un solo Dios, y de la alianza de Dios
en Cristo con la Iglesia.
El matrimonio cristiano es un sacramento de salvación. Es
el camino hacia la santidad para todos los miembros de una familia.
Así, pues, con todo mi corazón, os pido encarecidamente,
que vuestros hogares sean centros de oración; hogares en
los que las familias se encuentren a gusto en la presencia de Dios;
hogares a los que otros son invitados a compartir la hospitalidad,
la oración y la alabanza a Dios: "Dando gracias a Dios
en vuestros corazones, cantad a Dios salmos, himnos y cánticos
espirituales; y todo cuanto hacéis de palabra o de obra,
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias
a Dios Padre por Él" (Col. 3, 16-17).
(Juan Pablo II, York, 31 -V-82)
"¡Opta por la vida!"
Esta decisiva llamada orienta nuestra mirada hacia determinados
problemas acuciantes de nuestra vida social; ahora quisiera referirme
sólo a tres de ellos en especial. En primer lugar, sin duda,
tenemos ahí la perpetua tarea de motivar a jóvenes
hombres y mujeres a que afirmen la vida y dejen traslucir, incluso
en su plenitud concreta, la dignidad del hombre a través
de un matrimonio y familia configurados responsablemente. En la
medida en que se dicen mutuamente el sí, inician juntos un
camina hacia el futuro, que en última instancia supera la
pequeña felicidad de cada uno por separado y que incluso
debería llevar a la afirmación de la vida en los propios
hijos. Procurad, al respecto, abrir los ojos y el corazón
de los hombres, pues no hay ningún bien de consumo tan valioso
y atractivo que pueda proporcionar una felicidad semejante a la
del encuentro y trato diario con el misterioso mundo de un niño
como persona que se va desarrollando, a aquel que ha aprendido a
ver estos valores y a alegrarse por ello.
(Juan Pablo II, aloc. obispos alemanes).
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