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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

15. LA FAMILIA

El clima familiar no puede ser sustituido por nada
La familia es una amplia comunidad de amor
La familia es una iglesia doméstica
Los cambios sociales y la familia
La familia, célula de la sociedad civil y de la Iglesia
La familia y la sociedad civil
La familia y la Iglesia
Derechos y deberes de la familia frente a la sociedad
Los hijos, fruto del amor
Problema moral de la procreación. Doctrina de la Humanae vitae
El Sínodo de los Obispos de 1980
La educación de los hijos
La Iglesia, madre y maestra de los esposos en dificultades
La familia cristiana debe ser evangelizadora

 

 

 

 

 

EL CLIMA FAMILIAR NO PUEDE SER SUSTITUIDO POR NADA

Es cierto que el niño puede nacer en muchos y variados ambientes además del familiar: en residencias del Estado u otras asociaciones, porque su madre sea soltera o porque haya sido abandonado. Puede vivir sólo con la madre o con el padre por abandono del otro progenitor. También puede vivir con los abuelos o con hermanastros en una sociedad poligámica. También pueden vivir adoptados en otra familia.

Todas estas alternativas al clima familiar genuino no pueden, en general, sustituir ese clima aunque se den éxitos parciales. La razón es que los hijos al ser fruto del amor de los padres, tienen con ellos unas relaciones íntimas, estrechas, naturales. En la familia, el niño es querido por sí mismo con plenitud dentro de los límites humanos. Nunca el Estado, un orfanato o alguna otra asociación puede sustituir a la familia por muy bien que estén organizados. La paternidad y la maternidad llevan a rodear a los hijos de cariño y amor, además de solucionar los problemas de alimentación y educación, que podrían ser solucionados de otras formas; pero el amor paterno y materno no parece que pueda ser sustituido de modo adecuado.

La familia es una amplia comunidad de amor

El amor de los esposos en el matrimonio ya es una comunidad de amor y fuente de felicidad. Pero este mismo amor está llamado a extenderse en la más amplia comunión de la familia, de los padres y de los hijos, de los hermanos y las hermanas entre sí, de los parientes y de los demás familiares.

"Esta comunión radica en los vínculos naturales de la carne y de la sangre y se desarrolla encontrando su perfeccionamiento propiamente humano en el instaurarse y madurar de vínculos todavía más profundos y ricos del espíritu: el amor que anima las relaciones interpersonales de los diversos miembros de la familia, constituye la fuerza interior que plasma y vivifica la comunión y la comunidad familiar."
(FC, 21)


La familia cristiana es una iglesia doméstica

La gracia de Cristo perfecciona a los esposos en el sacramento del Matrimonio, pero no sólo a ellos, también abarca a los hijos, e indirectamente a los demás familiares. En la familia los hijos reciben el Bautismo y la Confirmación, aprenden a rezar, allí se preparan para recibir a Cristo en la Eucaristía, de modo que la Primera Comunión es uno de los grandes acontecimientos familiares. En la familia reciben consejo los hijos en la elección de estado, tanto si es para contraer matrimonio, como si es para seguir un camino de entrega más exclusiva a Dios y a los demás, como pueda ser el sacerdocio, entrar en religión u otras formas de entrega. La familia cristiana es un modelo para toda otra familia, y es un punto de apoyo fuerte para poder vivir el mandato de Cristo de hacer apostolado llevando almas a Dios. Incluso en el momento de la muerte, la familia es un gran apoyo para sus componentes, proporcionándoles, además de la ayuda familiar, el acceso al sacramento de la Unción de los enfermos y el Viático o última comunión, antes de entrar en la vida eterna.

El Espíritu Santo, que es el alma de la Iglesia, vivifica también la comunidad familiar, haciendo de ella una auténtica "iglesia doméstica".


LOS CAMBIOS SOCIALES Y LA FAMILIA

El ambiente social influye claramente en la familia. No es lo mismo vivir en la ciudad que en el campo, en un piso pequeño que en una casa grande, por ejemplo. Por ello es necesario que la sociedad ayude y proteja a la familia para que pueda desarrollar toda la riqueza de su vida íntima.

En tiempos más antiguos era frecuente que conviviesen varias generaciones en la misma casa o en lugares próximos. De esta manera se constituía lo que se puede llamar la gran familia, en la cual se relacionaban con asiduidad los abuelos, los padres, los hijos e incluso los tíos, primos y sobrinos. El conjunto era enriquecedor para cada individuo. En los tiempos actuales este tipo de amplia convivencia familiar es más difícil, tanto por las grandes concentraciones urbanas, como por la pequeñez de muchas viviendas, y las exigencias de un trabajo alejado del lugar de residencia, así como las distancias de los centros escolares. Esto ha conducido a lo que se ha llamado la familia celular, es decir, aquella formada casi exclusivamente por padres e hijos con unas relaciones más leves con el conjunto familiar de la gran familia.

También es de notar que una serie de valores esenciales se han debilitado en los últimos tiempos, perjudicando gravemente a la familia y a cada uno de sus miembros. A pesar de esas dificultades externas, la familia puede ser el ámbito ideal para regenerar muchos valores, pero debe tener en cuenta que no basta ya con una actitud pasiva ante la sociedad, sino que esta actitud debe ser crítica. Así, por ejemplo, deberá controlar los programas de televisión, o dar criterio sobre ellos; también convendrá que seleccione las publicaciones que entran en la casa, y participar activamente en la escuela para que se enseñe a los hijos de acuerdo con las propias convicciones, y nunca en contra de ellas.

"Cuando el valor de la familia esté amenazado por presiones sociales y económicas, nosotros reaccionaremos afirmando que la familia no sólo es para el bien privado de cada persona, sino también para el bien común de toda la sociedad, nación y Estado."

(Juan Pablo II, discurso, 7-X-79)


LA FAMILIA, CELULA DE LA SOCIEDAD CIVIL Y DE LA IGLESIA

La familia constituida por el matrimonio único e indisoluble constituye una auténtica sociedad, en que el padre tiene la autoridad y los hijos son como una prolongación de los padres. Es a través de la familia como los seres humanos se incorporan a la sociedad, tanto a la sociedad civil, como a la Iglesia, por eso, la familia es la célula de ambas sociedades.

La familia tiene dos características esenciales por las que se distingue de las demás sociedades y las fortalece. Estas son:

1. La familia es la primera sociedad natural. Todas las demás asociaciones son secundarias y no podrán ir contra la que es primera, sino que deben ayudarla.

2. La familia es el fermento de la sociedad. Esta realidad hace que su solidez y vida interna influya decisivamente en las demás sociedades humanas: la familia es la célula fundamental de la vida social. Es la comunidad humana fundamental.

La familia y la sociedad civil

La sociedad es como un cuerpo vivo cuya salud depende de la salud de todos sus órganos. La familia es la sociedad primera y celular.

De que las familias estén constituidas en rectitud y orden dependerá, en gran parte, la prosperidad social, ya que la sociedad será tal como sean las familias que la componen, así como la salud y buen funcionamiento del ser vivo depende del buen funcionamiento de sus células.


"La familia, encrucijada de diferentes generaciones que se ayudan entre sí para adquirir una sabiduría más honda y para armonizar los derechos de la persona con las demás exigencias de la vida social, constituye el fundamento de la sociedad"
(GS, 52)

La familia y la Iglesia

La Iglesia siempre ha sido una defensora de la familia. En primer lugar porque es una institución natural, querida por Dios para la vida del hombre. Además, a través de la familia es como mejor puede la Iglesia ejercer su misión salvadera. De la vitalidad cristiana de la familia se nutre la Iglesia porque, en primer lugar, los matrimonios cristianos son fecundos y al añadir un miembro más a la familia, lo añaden a la Iglesia. Por otro lado, porque una profunda educación familiar cristiana hará que esos miembros sean miembros activos en la Iglesia y ayuden a la extensión del Reino de Dios. Juan Pablo I dijo: "La santidad de la familia cristiana es, sin duda alguna. el medio más apto para llevar a cabo la renovación serena de la Iglesia que el Concilio deseaba con tanto afán; a través de la oración en familia, la ecclesia domestica se convierte así en realidad efectiva y lleva a la transformación del mundo" (Citado por Juan Pablo II, en Nairobi)


DERECHOS Y DEBERES DE LA FAMILIA FRENTE A LA SOCIEDAD

Uno de los derechos fundamentales del hombre es el que tiene a fundar una familia. Es éste un derecho natural que no puede ser negado a ningún hombre. Constituida así la familia, sus derechos le vienen de su misma naturaleza, no por una concesión del Estado, pues su constitución es anterior a la de éste. De modo que actuaría injustamente el Estado que negase o pusiera obstáculos a los derechos de la familia. La principal misión del Estado es procurar y facilitar los derechos individuales y los de la familia.

Entre los derechos fundamentales de la familia se pueden enunciar:

a) Derecho a la procreación y educación de los hijos, cuyos primeros responsables son los padres, con una responsabilidad recibida directamente de Dios (cfr. Pío XI, Divini illius Magistri, 16)

b) Derecho a gozar de una auténtica libertad, de modo que el Estado sólo puede invadir la intimidad del hogar para restablecer un derecho perturbado y sólo puede hacerlo sin traspasar los límites que naturalmente exija el restablecimiento del orden (cfr. Pío XI, RN, 11)

c) Derecho a los medios necesarios para su pleno desarrollo: alimentos, escuelas, etc., y pertenece primariamente al padre buscar estos medios por lo que tiene derecho al trabajo y a una retribución suficiente de este trabajo.

d) Derecho a una vivienda digna y condiciones adecuadas a las necesidades de la familia.

e) Derecho a un patrimonio familiar que le permita cumplir con su misión de perfeccionarse y prosperar.

f) Derecho a la libertad de poder emigrar para encontrar el espacio vital
necesario y los medios de subsistencia que necesite (cfr. Pío XII, Rm, 1VI-1941)

Frente a estos derechos tiene la familia el deber de solidaridad ciudadana de cooperar al bien común mediante el pago de impuestos o prestaciones que la sociedad le exija, tanto el Estado, como los organismos políticos inferiores: municipios, diputaciones, etcétera.


LOS HIJOS, FRUTO DEL AMOR

Juan Pablo II, confirmando todo el Magisterio anterior, dijo en su homilía en Limerick (Irlanda): "El matrimonio debe incluir una apertura al don de los hijos. La señal característica de la pareja cristiana es su generosa apertura a aceptar de Dios los hijos como regalo de su amor" y añadió en Washington: "La vida, además, es preciosa porque es la expresión y el fruto del amor" Son los hijos, por tanto, una consecuencia del amor de Dios a los hombres y del amor del hombre y la mujer entre sí.

Problema moral de la procreación. Doctrina de la Humanae vitae

En el uso del matrimonio puede darse un difícil problema moral: ¿es lícito al ser humano realizar el acto conyugal e impedir, al mismo tiempo, su fruto natural, que son los hijos? Esto ha sucedido desde la Antigüedad, no es un problema moderno. La Biblia narra el pecado de Onán, que fue condenado por Dios a la muerte por querer impedir el nacimiento de hijos realizando una unión incompleta (cfr. Gen. 38, 4-10) Hoy, la técnica ha proporcionado nuevos medios para idéntico fin. Aunque en un principio el descubrimiento de los anovulatorios fue un avance médico curativo para la mujer, más adelante se ha utilizado con el único fin de evitar embarazos, o procurar que no progrese la concepción.

En un proceso cada vez más inmoral, se fueron añadiendo nuevas técnicas para obtener con más seguridad el fin anticonceptivo, aunque se pudiera prever que existían efectos secundarios que perjudicaban a la mujer: anovulatorios con posibles efectos abortivos, aparatos intrauterinos, esterilización del hombre o de la mujer, y como último terrible remedio el aborto procurado, que es el homicidio del niño aún no nacido.

Estos nuevos métodos respecto a un problema antiguo han exigido que los Papas y el Concilio Vaticano II enseñasen la verdadera doctrina sobre la procreación. Se puede sintetizar en los siguientes puntos:

1. La fecundidad matrimonial es un gran don.

2. La procreación es una manifestación de amor verdadero y de la comunión entre los esposos que originan una nueva vida.

3. No se pueden utilizar métodos artificiales para evitar la fecundidad: onanismo, métodos mecánicos, químicos, etc., y mucho menos el aborto procurado.

4. Es posible realizar una paternidad responsable limitando el número de hijos, utilizando la continencia periódica, es decir, usando del matrimonio solamente en los días no fértiles de la mujer. Sin embargo, este método -cada vez más perfeccionado- sólo es lícito si se dan razones serias y proporcionadas, que pueden ser de tipo médico, económico u otras.

5. Cada acto matrimonial debe estar abierto a la vida.


La encíclica Humanae vitae afirma: "La Iglesia, al exigir que los hombres observen las normas de la ley natural interpretada por su constante doctrina, enseña que cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida" (11)


El Sínodo de los Obispos de 1980

Este Sínodo volvió a estudiar este tema, dada la gravedad de la situación y de las presiones que se recibían desde todos los ambientes. Después de largo estudio se reafirmó en la doctrina tradicional y en la formulación de Pablo Vi. En la clausura, el Papa Juan Pablo II dijo: "Los padres sinodales han reafirmado abiertamente la validez y la verdad segura del anuncio profético, dotado de un profundo significado y en consonancia con la situación actual, contenido en la carta encíclica Humanae vitae. Han analizado el problema de muchos hombres con un gran vacío espiritual, aunque abunden en bienes materiales, que los hacen incapaces de comprender el plan de Dios sobre la vida humana. Gentes obsesionadas con el deseo de poseer, el afán de poder y el ansia de placer, que rechazan su vocación fundamental a participar en la vida y el amor de Dios."


El Papa Juan Pablo II ha insistido en este punto en la encíclica Familiaris consorcio:

La doctrina y la norma siempre antigua y siempre nueva de la Iglesia

Precisamente porque el amor de los esposos es una participación singular en el misterio de la vida y del amor de Dios mismo, la Iglesia sabe que ha recibido la misión especial de custodiar y proteger la altísima dignidad del matrimonio y la gravísima responsabilidad de la transmisión de la vida humana.

De este modo, siguiendo la tradición viva de la comunidad eclesial a través de la historia, el reciente Concilio Vaticano II y el magisterio de mi Predecesor Pablo VI, expresado sobre todo en la encíclica Humanae vitae, han transmitido a nuestro tiempo un anuncio verdaderamente profético, que reafirma y propone de nuevo con claridad la doctrina y la norma siempre antigua y siempre nueva de la Iglesia sobre el matrimonio y sobre la transmisión de la vida humana.

Por esto, los Padres Sinodales, en su última asamblea, declararon textualmente: "Este Sagrado Sínodo, reunido en la unidad de la fe con el Sucesor de Pedro, mantiene firmemente lo que ha sido propuesto en el Concilio Vaticano II (cfr. Gaudium et spes, 50) y después en la Encíclica Humanae vitae, y en concreto, que el amor conyugal debe ser plenamente humano, exclusivo y abierto a una nueva vida (Humanae vitae, 11 y cfr. 9 y 12) (29)


LA EDUCACION DE LOS HIJOS

Los padres no pueden limitarse a la transmisión de la vida; su misión se prolonga en la educación de los hijos. Los padres son los primeros y principales educadores. El Concilio Vaticano II sintetiza esta misión con una frase muy rica: "La familia es escuela del más rico humanismo."

Ciertamente, la familia no puede llegar a todos los aspectos educativos de sus hijos y necesita de la escuela como necesario complemento, pero los valores más importantes se aprenden de ordinario en el ambiente familiar.

Tanto con el ejemplo como con prudentes consejos educan a los hijos, es decir, los conducen a un correcto uso de la libertad que les lleve a la madurez humana y, sobre todo, a la vida eterna.

Es conveniente recordar aquí que este deber primario a educar corresponde a los padres y no a otras instituciones sociales, como el Estado o la escuela, que en este punto son subsidiarias del derecho y deber de los padres a educar a los hijos. Las sociedades superiores, al tener más medios que la familia, le ayudan a conseguir sus fines, pero nunca pueden sustituirla, y nunca pueden suplantarla educando contra las convicciones de los padres.

Respecto a la misma fe, la familia es la primera educadora, ayudándola para ello los sacerdotes y las demás instituciones católicas. La experiencia demuestra la verdad de este principio, y es patente la profundidad que alcanzan las verdades hechas vida y aprendidas en el hogar desde la primera edad.


LA IGLESIA, MADRE Y MAESTRA DE LOS ESPOSOS EN DIFICULTADES

La Iglesia no puede ni quiere abandonar a los esposos que encuentren dificultades en cumplir su misión. Para ello, como madre, está siempre dispuesta a ayudar a los que encuentren difícil seguir plenamente la ley natural válidamente enseñada por la Iglesia; para ello les proporciona el calor humano y espiritual que les proporcionaría el mismo Cristo. Pero como maestra no puede permitir que se falsifique la verdad del amor matrimonial y su fecundidad natural, ya que está convencida de que "no puede haber verdadera contradicción entre la ley divina de la transmisión de la vida y la de favorecer el auténtico amor conyugal" (FC, 33) Esto se hace posible enseñando el verdadero sentido de la castidad conyugal, que se adquiere con el sacrificio propio de todo amor verdadero (cfr. GS, 51)


LA FAMILIA CRISTIANA DEBE SER EVANGELIZADORA

Todos los fieles cristianos tienen, por el Bautismo, la misión de extender la Buena Nueva de salvación que Cristo trajo a la tierra. Esta evangelización debe empezar en la misma familia de modo que todos vivan de acuerdo con la fe del modo más generoso posible. Pero además debe extenderse a otras familias ayudándolas a superar las tentaciones que surgen en la vida diaria, especialmente el materialismo y la ignorancia. La vitalidad de una familia cristiana es fuente de vida para muchas más.

Los esposos llamados a evangelizar

La familia no está destinada a cerrarse en sí misma. Por vocación es testigo del amor de Cristo en el barrio, entre los vecinos, entre los amigos, en el trabajo. Es ahí donde se realiza especialmente su apostolado.
(Cve. p. 534.)

VOCABULARIO


Familia: Es la comunidad, vivificada por el amor, que forman los esposos con sus hijos y los parientes más próximos (Cfr. FC. n. 18)

Clan: Nombre que se da a todos los miembros de un grupo que proceden de un tronco común consanguíneo.

Iglesia doméstica: Nombre que da a la familia el Concilio Vaticano II, pues en ella son engendrados los hijos de Dios por el bautismo, los padres educan en la fe a sus hijos y los dirigen para vivir cristianamente. Así se cumple en la familia la triple misión que Cristo encomendó a su Iglesia: sacerdotal, profético y real.

Procreación: Acto y efecto en el que los padres transmiten la vida a sus hijos.

Patrimonio familiar: Es el conjunto de bienes materiales pertenecientes a la familia, que le permiten hacer frente a las necesidades espirituales y materiales, tanto presentes como venideras.

Anticonceptivos: Se llaman así todos los métodos, físicos o químicos, que tienden a privar al acto sexual de su capacidad generadora natural.

Anovulatorios: Son todos aquellos productos químicos, que actuando sobre el organismo de la mujer, impiden la ovulación. Muchos de ellos tienen, además, efectos abortivos.

Paternidad responsable: Designa el modo inteligente y libre con que los cónyuges han de cumplir su misión de cooperar con Dios en la transmisión de la vida. Mientras que en los seres inferiores tal transmisión está confiada a la ley del instinto, en el hombre supone el conocimiento y la voluntaria obediencia de la ley de Dios, inscrita en su naturaleza y manifestada externamente por la Revelación. Paternidad responsable es, pues, sinónimo de cumplir, consciente y responsablemente, la ley de Dios.

 


Carta de los Derechos de la Familia

La Santa Sede insta a los Estados, Organizaciones Internacionales y a todas las instituciones y personas interesadas, para que promuevan el respeto de estos derechos y aseguren su efectivo reconocimiento y observancia.


ARTICULO 1

Todas las personas tienen el derecho a elegir libremente su estado de vida y por lo tanto derecho a contraer matrimonio y establecer una familia o a permanecer célibes.


ARTICULO 2

El matrimonio no puede ser contraído sin el libre y pleno consentimiento de los esposos debidamente expresado.


ARTICULO 3

Los esposos tienen el derecho inalienable de fundar una familia y decidir sobre el intervalo entre los nacimientos y el número de hijos a procrear, teniendo en plena consideración los deberes para consigo mismos, para con los hijos ya nacidos, la familia y la sociedad, dentro de una justa jerarquía de valores y de acuerdo con el orden moral objetivo que excluye el recurso a la contracepción, la esterilización y el aborto.


ARTICULO 4

La vida humana debe ser respetada y protegida absolutamente desde el momento de la concepción.

a) El aborto es una directa violación del derecho fundamental a la vida del ser humano.
b) El respeto por la dignidad del ser humano excluye toda manipulación experimental o explotación del embrión humano.
c) Todas las intervenciones sobre el patrimonio genético de la persona humana que no están orientadas a corregir las anomalías, constituyen una violación del derecho a la integridad física y están en contraste con el bien de la familia.


ARTICULO 5

Por el hecho de haber dado la vida a sus hijos, los padres tienen el derecho originario, primario e inalienable de educarlos; por esta razón ellos deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de sus hijos.
a) Los padres tienen el derecho de educar a sus hijos conforme a sus convicciones morales y religiosas. (...)

b) Los padres tienen el derecho de elegir libremente las escuelas u otros medios necesarios para educar a sus hijos según sus conciencias. (...)

c) Los padres tienen el derecho de obtener que sus hijos no sean obligados a seguir cursos que no están de acuerdo con sus convicciones morales y religiosas.(...)

d) Los derechos de los padres son violados cuando el Estado impone un sistema obligatorio de educación del que se excluye toda formación religiosa. (...)

e) La familia tiene el derecho de esperar que los medios de comunicación social sean instrumentos positivos para la construcción de la sociedad y que fortalezcan los valores fundamentales de la familia. Al mismo tiempo ésta tiene derecho a ser protegida adecuadamente, en particular respecto a sus miembros más jóvenes, contra los efectos negativos y los abusos de los medios de comunicación.(...)

ARTICULO 6

La familia tiene el derecho de existir y progresar como familia.


ARTICULO 7

Cada familia tiene el derecho de vivir libremente su propia vida religiosa en el hogar, bajo la dirección de los padres, así como el derecho de profesar públicamente su fe y propagarla, participar en los actos de culto en público y en los programas de instrucción religiosa libremente elegidos, sin sufrir alguna discriminación.


ARTICULO 8

La familia tiene el derecho de ejercer su función social y política en la construcción de la sociedad.


ARTICULO 9

Las familias tienen el derecho de poder contar con una adecuada política familiar por parte de las autoridades públicas en el terreno jurídico, económico, social y fiscal, sin discriminación alguna.


ARTICULO 10

Las familias tienen derecho a un orden social y económico en el que la organización del trabajo permita a sus miembros vivir juntos, y que no sea obstáculo para la unidad, bienestar, salud y estabilidad de la familia, ofreciendo también ¡a posibilidad de un sano esparcimiento.

a) La remuneración por el trabajo debe ser suficiente para fundar y mantener dignamente a la familia, sea mediante un salario adecuado, llamado "salario familiar" sea mediante otras medidas sociales como los subsidios familiares o la remuneración por el trabajo en casa de uno de los padres; y debe ser tal que las madres no se vean obligadas a trabajar fuera de casa en detrimento de la vida familiar y especialmente de la educación de los hijos.

b) El trabajo de la madre en casa debe ser reconocido y respetado por su valor para la familia y la sociedad.


ARTICULO 11

La familia tiene derecho a una vivienda decente, apta para la vida familiar, y proporcionada al número de sus miembros, en un ambiente físicamente sano que ofrezca los servicios básicos para la vida de la familia y de la comunidad.

ARTICULO 12

Las familias de emigrantes tienen derecho a la misma protección que se da a las otras familias.


Una explosión matizable

Bastante de la literatura que existe sobre población se encuentra bañada de un tinte catastrofista -unas veces intencionado y otras no- debido a que basan sus cálculos en unas afirmaciones de Malthus, que ya la vida se ha encargado de demostrar que son erróneas.

Porque la población no crece a manera de una progresión geométrico, como señaló este científico inglés. No, la población crece de una manera muy distinta e irregular. Ni durante todas las épocas, ni en las diversas naciones la población crece uniformemente. El crecimiento de la población, más que en línea recta ascendente se hace a modo de escalones. Es decir, en un momento determinado de la historia y dependiendo de muchas y variadas causas, se produce "una revolución demográfica"; un ascenso o un descenso muy rápido. Estas mismas circunstancias, el medio ambiente en su sentido más amplio, se encarga después de frenar este ascenso o este descenso, todo por causas naturales: así es como ha venido sucediendo en toda la historia de la humanidad.

El mito de la explosión demográfica

Todos en un círculo

Si todos los habitantes del mundo, 4.500 millones de personas, nos reuniésemos en una gigantesca manifestación y con una densidad igual a la que se utiliza en los medios de comunicación para calcular la asistencia a este tipos de actos -cuatro personas por metro cuadrado- cabríamos en un círculo de 19 kilómetros de radio.

Los bautizados en el nombre del Señor Jesús están casados también en su nombre. Su amor, es una participación en el amor de Dios. Él es su fuente. Los matrimonios de parejas cristianas, hoy renovados y bendecidos, son imágenes terrenas de la maravilla de Dios; la amorosa comunión, generadora de vida, de Tres Personas en un solo Dios, y de la alianza de Dios en Cristo con la Iglesia.

El matrimonio cristiano es un sacramento de salvación. Es el camino hacia la santidad para todos los miembros de una familia. Así, pues, con todo mi corazón, os pido encarecidamente, que vuestros hogares sean centros de oración; hogares en los que las familias se encuentren a gusto en la presencia de Dios; hogares a los que otros son invitados a compartir la hospitalidad, la oración y la alabanza a Dios: "Dando gracias a Dios en vuestros corazones, cantad a Dios salmos, himnos y cánticos espirituales; y todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por Él" (Col. 3, 16-17).

(Juan Pablo II, York, 31 -V-82)

"¡Opta por la vida!"

Esta decisiva llamada orienta nuestra mirada hacia determinados problemas acuciantes de nuestra vida social; ahora quisiera referirme sólo a tres de ellos en especial. En primer lugar, sin duda, tenemos ahí la perpetua tarea de motivar a jóvenes hombres y mujeres a que afirmen la vida y dejen traslucir, incluso en su plenitud concreta, la dignidad del hombre a través de un matrimonio y familia configurados responsablemente. En la medida en que se dicen mutuamente el sí, inician juntos un camina hacia el futuro, que en última instancia supera la pequeña felicidad de cada uno por separado y que incluso debería llevar a la afirmación de la vida en los propios hijos. Procurad, al respecto, abrir los ojos y el corazón de los hombres, pues no hay ningún bien de consumo tan valioso y atractivo que pueda proporcionar una felicidad semejante a la del encuentro y trato diario con el misterioso mundo de un niño como persona que se va desarrollando, a aquel que ha aprendido a ver estos valores y a alegrarse por ello.

(Juan Pablo II, aloc. obispos alemanes).