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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA

La cultura
El hombre y la cultura Criterios para una cultura integral
La fe y la cultura
La verdad
El seguidor de Cristo y la verdad
Las diversas formas de veracidad
La opción cristiana por la verdad
La educación
Educación para la cultura íntegra del hombre Derechos del ciudadano a la educación
Falseamientos de la educación
Instituciones educativas fundamentales
Los medios de comunicación social
El derecho y el deber de la información
Los límites de la información


 

 

 

LA CULTURA

Es imposible la convivencia si no existe un mínimo de cultura. La ignorancia y la incultura llevan a los pueblos y a los hombres a la decadencia, y a perder las estructuras mínimas de la convivencia. La fe cristiana se ha interesado siempre por la cultura para que el vivir humano sea más elevado.


"¡Sí! ¡El futuro del hombre depende de la cultura!
¡Sí! ¡La paz del mundo depende de la primacía del Espíritu! ¡Sí! ¡El porvenir pacífico de la humanidad depende del amor!"

(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 2-VI-80)

El hombre y la cultura

Un hombre se perfecciona por medio de la cultura. El progreso de cada hombre se mide por el grado de cultura que adquiere de acuerdo con sus posibilidades. Esto significa que cada hombre puede siempre progresar en su cultura y perfeccionarse, aunque los grados de cultura de los diversos hombres sean distintos.

La cultura lleva a los hombres a tener un determinado estilo de vida. No es igual el modo de vivir de los hombres del Extremo Oriente que el de los europeos o los de África Central. Las diferencias son accidentales, porque todos los hombres son esencialmente iguales, pero sus reacciones y modo de comportarse son diversos. Se puede decir que por el solo hecho de ser humano, los hombres tienen una cultura, pero en un sentido más propio llamamos cultura al conjunto de conocimientos y costumbres que condicionan el actuar humano.


Se llama cultura "todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, tanto en la familia como en la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones; finalmente, a través del tiempo, expresa, comunica y conserva en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para que sirvan de provecho a muchos e incluso a todo el género humano"

(GS, 53)

Criterios para una cultura integral

La cultura puede adoptar formas variadísimas, esto no debe hacer olvidar algunos criterios para que esa cultura no se vuelva contra el hombre y lo esclavice, sino para que le libere y consiga que se supere continuamente.

a) El hombre es el único sujeto de cultura, su único objeto y su término.

De esta manera lo expresaba Juan Pablo II ante la UNESCO. Este criterio asegura que la cultura sea verdaderamente humana, y no conduzca a aberraciones, como, por ejemplo, las que produce el materialismo al pensar que es más importante para el hombre "tener" que "ser".

"Una cultura es aquello a través de lo cual el hombre, en cuanto hombre, se hace más hombre; "es" más, accede más al "ser"."

(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 2-VI-1980)

b) La cultura está íntimamente unida a la religión.

Esta afirmación está ampliamente probada por la historia. Tanto es así que las mejores manifestaciones de cultura de la mayoría de los pueblos son debidas a la religión. Es más, la misma razón de ser de esos pueblos la da el factor religioso más aún que el geográfico o racial. La religión influye profundamente en la cultura precisamente porque la cultura y la religión hacen referencia a lo humano.

La cultura atea que va surgiendo a partir del Renacimiento es, según dice Juan Pablo II, un gigantesco desafío, es el drama espiritual de nuestro tiempo.

La misión del cristiano será aclarar las confusiones y crear una plataforma de cultura que haga posible que los hombres inmersos en una cultura atea puedan entender el mensaje religioso, y específicamente el mensaje de Cristo.

c) La cultura hoy es ambivalente.

Siempre la cultura ha sido una transmisión de sabiduría de unos hombres a otros; pero lo característico de nuestro tiempo es la aceleración en la adquisición de nuevos conocimientos. Por ello, el Concilio Vaticano II llamó a este tiempo una nueva época. Con ello surge un nuevo estilo de vida. La cultura actual, sin embargo, no está exenta de contradicciones. Por un lado es progreso y por otro puede ser un retroceso. Por ejemplo:

- El ingente progreso de las ciencias naturales y de las humanas, por el desarrollo de la técnica lleva consigo múltiples ventajas como la mejora de la economía, el dominio del mundo, etc. Como contrapartida tiene la introducción de la mentalidad materialista, los abusos contra la naturaleza, etcétera.

- La industrialización y la urbanización. Ambas favorecen el empleo de muchos trabajadores y la producción de los nuevos productos; pero con facilidad masifican a los hombres, y éstos se pueden sentir aislados en medio de la gran ciudad.

- Intensidad en las comunicaciones. La técnica aplicada a los medios de comunicación ha llevado a un alto nivel de información en todo el mundo.

En contrapartida existe el peligro de la manipulación de esa información.

- El intercambio entre naciones ha llevado a un mayor conocimiento mutuo, y con ello a una mayor uniformidad de las culturas, y a una mayor universalidad. Sin embargo, son frecuentes las barreras de los nacionalismos y de los particularismos.

d) La cultura está subordinada a la perfección integral de la persona humana.

La cultura es para el hombre y no el hombre para la cultura. Este principio es fundamental para evitar los excesos de un falso culturalismo que prescinda del bien del hombre.

El criterio para que una cultura sea realmente progresiva es "el respeto a los derechos de la persona y de la sociedad particular o mundial, dentro de los límites del bien común"

(GS, 59)

La fe y la cultura

El cristiano se siente llamado a colaborar en el desarrollo de la cultura en todas sus formas. Esto es así porque se siente colaborador de Dios en la obra de la creación. Perfeccionando la creación se perfecciona a sí mismo, y crea el ambiente cultura¡ más propicio para que los no cristianos y los no creyentes puedan conocer a Dios y darle gloria. La fe, por tanto, potencia el impulso cultural que está en todos los hombres y lo ilumina para no errar en este logro.


LA VERDAD

"El hombre es él mismo mediante la verdad, y llega a ser más él mismo mediante el conocimiento cada vez más perfecto de la verdad."

(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 28-6-80)


Lo primero que hay que afirmar es que la inteligencia del hombre está ordenada a alcanzar la verdad. Es impensable que una facultad tan perfecta como la inteligencia humana estuviera, por naturaleza, ordenada a equivocarse, a errar. La equivocación y el error serán accidentes en la vida de la inteligencia, por frecuentes que sean.

El hombre alcanza la verdad cuando conoce las cosas tal como son en la realidad. Esto le permite usarlas y vivir entre ellas. Lo contrario haría imposible la vida del hombre.

Esto no quiere decir que conozcamos las cosas del mundo en toda su profundidad, en todo su contenido. La prueba de ello es que el progreso de las ciencias consiste en ir conociendo más perfectamente las cosas. Los hombres tenemos un conocimiento limitado, pero eso no quiere decir que sea erróneo, sino verdadero.

Por consiguiente, el hombre debe esforzarse en conocer la verdad acerca de las cosas. Y debe también procurar que ese conocimiento de la verdad sea lo más perfecto posible.

Además, el hombre no sólo puede conocer la verdad, sino que puede transmitirla por medio del lenguaje. Por ello, siendo un ser que ha de convivir con los de su especie, tiene especial importancia que sea veraz, es decir, que diga la verdad.

El seguidor de Cristo y la verdad

Una de las cosas que más impresionaron a los discípulos fue el amor a la verdad que observaron en la vida de Cristo y cómo reaccionó frente a la hipocresía del ambiente que rodeaba a los fariseos y doctores de la Ley, que el propio Jesús recrimina cuando les dice a los discípulos: "Haced, pues, y guardad lo que os digan, pero no imitéis sus obras, porque ellos dicen y no hacen" (Mt. 23, 3)

De aquí que una de las señales del discípulo de Cristo será siempre su amor a la verdad.

El cristiano ha de amar la verdad porque ama a Cristo, que se definió a sí mismo como la Verdad (cfr. Jn. 14, 6) Además, el amor al prójimo así se lo exige porque la vida del hombre sería insoportable si no se dijese la verdad.

Las diversas formas de veracidad

La veracidad es la virtud que inclina siempre a decir la verdad. La palabra ha sido dada por Dios al hombre para que pueda transmitir su pensamiento; quien usa de ella para decir lo contrario abusa de este don de Dios y quebranta el plan divino.

Pero la caridad no puede estar al margen de la verdad (cfr. Ef. 4, 15), por lo que a veces habrá de callar o decirla sin herir.

En ocasiones, la verdad deberá ser guardada como el propio Cristo hizo, pues hubo cosas que sólo las dijo a los Doce, y alguna "como la revelación del traidor- sólo a uno. Hay obligación de guardar secreto de cosas que se saben pero que pondrían en descubierto la intimidad del prójimo" Según la gravedad de la cosa es mayor la obligación de guardar secreto.

Pero el hombre está obligado no sólo a que la verdad resplandezca en sus palabras, sino también en sus obras. Las obras tienen que ser también una consecuencia de lo que se es. Esta virtud se llama autenticidad. Hay que conformar la vida con la auténtica verdad. En este sentido Cristo anunció que la verdad libera (cfr. Jn. 8, 32)

La fidelidad es la virtud que inclina al hombre a cumplir lo prometido.

La opción cristiana por la verdad

Existe en el mundo una acusada tendencia a la insinceridad. El cristiano debe estar en guardia, para no dejarse llevar por esa corriente.

La falta de veracidad trae consigo la desconfianza entre los individuos y los pueblos. Se confunde la desconfianza en los demás, con una elemental cautela, o con una forma de prudencia.

Es inmoral enmascarar el propio pensamiento e intenciones, recurrir a la estrategia de la mentira para conseguir ventajas en el orden económico, social o político, etcétera.

-La verdad os hará libres", dijo Jesús (Jn. 8, 32) La mentira es, por el contrario, un yugo que esclaviza, como demuestra la experiencia. Además, la sabiduría popular dice que: "se coge antes a un mentiroso, que a un cojo".


LA EDUCACION

"La primera y esencial tarea de la cultura es la educación."

(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 2-VI-80)


Educación para la cultura íntegra del hombre

La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue a ser cada vez más perfectamente hombre.

La verdadera educación se propone formar a la persona en orden a su fin último y al bien de las sociedades de las que el hombre es miembro.

Por eso, todo hombre tiene derecho a que se le estimule, en cualquier actividad educativa, a apreciar con recta conciencia los valores morales.

De ahí deriva el que no se debe confundir educación con mera instrucción. Dice Juan Pablo II: "¿No ha tenido lugar un desplazamiento unilateral hacia la instrucción en el sentido estricto del término. (... ) Si la instrucción se refiere únicamente a lo que posee el hombre ¿no es el hombre quien se encuentra cada vez más oscurecido (... ) En lugar de obrar en favor de lo que el hombre debe "ser", la educación actúa únicamente en favor de lo que el hombre puede crecer en el aspecto del "tener", de la "posesión". La siguiente etapa de esta alienación es habituar al hombre, privándose de su propia subjetividad, a ser objeto de múltiples manipulaciones: las manipulaciones ideológicas o políticas, que se hacen a través del monopolio o del control, por parte de las fuerzas económicas o de los poderes políticos, de los medios de comunicación social" (Discurso en la UNESCO)

Derechos del ciudadano a la educación

"Todos los hombres de cualquier raza, condición y edad, por ser participantes de la dignidad de la persona humana, tienen el derecho inalienable a una educación" (GE, l)

Hoy es posible, en la mayoría de los países, liberar a los hombres de la miseria de la ignorancia. Al menos, se puede conseguir que todos los hombres tengan, como mínimo, esa cultura que puede llamarse "básica". También se debe tender a que los bien dotados intelectualmente tengan la posibilidad de llegar a los estudios superiores, para que más adelante puedan colaborar al bien común de la sociedad, desempeñando las tareas, funciones y servicios que corresponden a su aptitud natural y a la competencia adquirida.

A estos derechos a la educación y a la cultura corresponde el deber que pesa sobre cada hombre de cultivarse a sí mismo y de ayudar a los demás. No cumple, por eso, su deber el estudiante que no aprovecha las clases y los cursos en que participa. No cumple con su deber el que dejándose llevar de la pereza, alcanza un nivel de conocimientos que está por debajo de sus posibilidades y de las oportunidades de que ha gozado.

Los poderes públicos tienen, por tanto, el deber de popularizar la instrucción, procurando eliminar el analfabetismo

(cfr. Declaración de los obispos españoles, 1976)

Falseamientos de la educación

De cualquier modo, no se habrá conseguido un objetivo verdaderamente humano por el hecho de que todos los hombres tengan acceso a la cultura. No basta con que todos se eduquen, sino que es necesario que se eduquen como personas, es decir, en la libertad. Por eso, todos los totalitarismos, del signo que sean, quieren monopolizar la enseñanza para configurar desde el poder las mentes de los ciudadanos. Consiguientemente, combaten la enseñanza libre o privada y procuran obstaculizarla de mil modos, porque una escuela libre es un reducto de libertad.

Instituciones educativas fundamentales

"La educación del hombre se realiza, sobre todo, en la familia."

(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 12)


Los padres, por haber dado la vida a sus hijos, tienen la muy grave obligación de educarlos y, han de ser reconocidos como sus primeros y principales educadores.

La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales, que todas las sociedades necesitan.

Pero el deber de la educación, que pertenece en primer lugar a la familia, necesita la ayuda de toda la sociedad.

A la sociedad civil le corresponden ciertas obligaciones y derechos en el terreno de la educación. Debe tutelar los deberes y derechos de los padres y demás educadores y colaborar con ellos. Debe suplir a los padres y otras sociedades cuando falta la actuación de éstos (principio de subsidiariedad), atendiendo siempre a los deseos de los propios padres.

Según lo exigiere el bien común, le corresponde al Estado fundar escuelas e instituciones propias. Pero es un atentado a la libertad de los ciudadanos que el Estado se irrogue el título de único que puede educar.

La Iglesia, por ser una sociedad humana, capaz de educar, puede fundar instituciones educativas, como otras muchas sociedades dentro del Estado. A lo largo de los siglos ha fundado escuelas a todos los niveles; hizo nacer las universidades medievales en Europa: en París y en Bolonia, en Salamanca y en Heildelberg, en Cracovia y en Lovaina

(cfr. Juan Pablo II, ibíd.)

La Iglesia, además de la formación cultura] común, crea para la comunidad escolar un ambiente animado por un espíritu evangélico de libertad y caridad. Ayuda a los adolescentes a crecer según Cristo y, finalmente, ordena todos los conocimientos al mensaje de la salvación para que la cultura humana esté iluminada por la fe.

Los padres católicos tienen el derecho y la obligación de exigir que sus hijos puedan recibir la educación cristiana a la vez que la profana. En particular tienen el derecho de que sus hijos no estén en escuelas sometidas a programas inspirados por el ateísmo.


LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL

Un fenómeno importante de nuestro tiempo es la extensión y la rapidez de la información. Los medios de información se han llegado a llamar "medios de comunicación de masas".

Sin embargo, cabe el peligro de una masificación de los hombres, que al estar informados por el mismo canal, o según el mismo prisma, acaben ejercitando poco su juicio propio y se despersonalicen. Esto se puede evitar con una amplia libertad de información, y con un control moral de la información, de modo que no se falte a la verdad. La información debe servir para la construcción de una vida más humana que no se degrade con la mentira o la desinformación.

El derecho y el deber de la información

La información es útil e incluso necesaria, para que puedan los hombres contribuir al bien común. Existe, pues, en la sociedad humana el derecho a la información sobre lo que conviene a cada uno.

El recto uso de la información exige que sea siempre objetiva, verdadera, y, salvada la justicia y la caridad, íntegra. Además ha de ser honesta y conveniente, respetando las leyes morales del hombre, sus legítimos derechos y dignidad tanto en la obtención de la noticia como en su divulgación.

"Mediante una información completa, cuidadosa, exacta y fiel hacéis capaces a todos los hombres y mujeres de ser partícipes y responsables del progreso general de todos. El ideal es que vuestras vidas se dediquen al servicio de la verdad.
"A este propósito quisiera recordamos lo que dijo Jesucristo durante el proceso que decidió su vida (y fue el único elemento que adujo en su defensa): "Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad" (Jn., 18, 37)".

(Juan Pablo II, México)

Los límites de la información

El orden moral está por encima de todo, incluido el arte. Peculiares deberes competen a los destinatarios de la información -lectores, espectadores y oyentes-, que, por personal y libre elección, reciben las informaciones. Deben elegir lo que contribuye a la virtud, ciencia y arte y evitar lo que puede ser causa u ocasión de daño espiritual para ellos o para otros, aunque sólo sea por el mal ejemplo dado, y lo que favorezca las malas producciones, contribuyendo económicamente en empresas que sólo persiguen el lucro utilizando incluso (o sobre todo) la inclinación del hombre al pecado.

Están asimismo obligados a informarse sobre los juicios o criterios seguros y seguirlos según la recta conciencia.

Todos, y sobre todo los jóvenes, han de acostumbrarse a ser moderados y disciplinados en el uso de estos instrumentos. Deben procurar entender bien lo oído, visto o leído y dialogar con sus educadores, si son personas de recto criterio moral, para formar juicio recto.

Los padres de familia tienen el deber de velar para que no entren en sus hogares las lecturas, etc., que pueden dañar a sus hijos y para que no los vean en otra parte.

Los periodistas, escritores, actores, productores, etc., tienen la obligación de no hacer daño moral.

Las autoridades civiles deben defender y tutelar, en primer lugar, la libertad justa de información. También están obligados a procurar justa y celosamente, mediante leyes, que no se siga daño a las costumbres. Esto no es limitar la libertad, sino potenciara.

Por último, la libertad no justifica la presentación de lo que es antihumano, como la violencia o la degradación. Y la información no justifica invadir la intimidad de la vida privada de las personas.

VOCABULARIO

Cultura: Con esta palabra se indica, en sentido general, todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales; procura dominar las realidades materiales con su conocimiento y trabajo; hace más humana la vida social, civil y familiar; escribe o levanta obras que enaltecen el espíritu humano; adquiere experiencias espirituales que sirven de provecho a muchos, e incluso a todo el género humano. (Cve, p. 599.)
Es, por tanto, el mejoramiento de las facultades físicas, intelectuales y morales del hombre y el resultado que esta mejora tiene en el individuo y en la sociedad.

Ciencia: Quiere decir el esfuerzo y los métodos que el hombre emplea para acercarse lo más posible a la realidad de la creación, para descubrirla y conocerla. Esto el hombre lo hace sobre todo mediante la observación, la experiencia repetida, y la reflexión.
Cuando el hombre se entrega verdaderamente al estudio o cultivo de una ciencia, puede contribuir sobremanera a que la familia humana se eleve a los más altos pensamientos sobre la verdad, el bien y la belleza, quedando así como más iluminada por los reflejos de la sabiduría de Dios. (Cve, p. 599.)

Evolución: Se refiere al dinamismo y continuo cambio que percibimos en todo el universo. Crece y progresa hacia alguna parte. Antes de que apareciera el hombre en la creación, durante miles de años ya existió la vida en la tierra. Y antes, durante millones de años hubo una transformación progresiva del cosmos. La creación, es un maravilloso signo de la grandeza y de la presencia activa y amorosa de Dios en ella. (ibid.)

Revolución: Es el cambio violento de las instituciones políticas de un país. La revolución, lejos de solucionar, agrava los problemas. Lesiona gravemente la dignidad del hombre. Su capacidad de destruir es grande. Promete liberación y hunde en esclavitudes peores que las antiguas.

Industrialización: Se llama así al momento del desarrollo económico de una sociedad en la que se da predominio al establecimiento de industrias en ese país.

Urbanización: Es el proceso de creación de ciudades y poblaciones para albergar las masas de población que abandonan los pequeños lugares.

Verdad moral: Es la identificación de lo que se dice con lo que se piensa.

Mentira: Decir lo contrario de lo que se piensa o se cree. Vivir en la mentira impide una relación auténtica con el otro. La "gran mentira" es desconocer al verdadero Dios e ir detrás de los ídolos. El término ídolo equivale a mentira; la mentira es algo intrínsecamente malo y, por tanto, nunca es lícita. (Cve, p. 373.) La mentira puede ser jocosa, cuando se dice por simple broma o pasatiempo; oficiosa, si se dice en beneficio propio; y perniciosa, cuando perjudica al prójimo.

Autenticidad: Es la virtud del hombre que con sus obras da testimonio de la verdad que piensa. La autenticidad evangélica nos exige dejar las "máscaras,, que nos impiden manifestar nuestro ser más íntimo. A la autenticidad se oponen: la hipocresía, que es fingir lo que no se es; la jactancia, que consiste en exagerar las propias cualidades; y la simulación, que es la mentira llevada a cabo con hechos en vez de con palabras.

Educar: Desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales de una persona.

Instruir: Comunicar sistemáticamente conocimientos o doctrinas.

Información: Es la comunicación de noticias, ideas y doctrinas. Ha de ser veraz y, salvadas la justicia y la caridad, íntegra, Ha de estar informada por la prudencia, ya que no siempre es prudente decir toda la verdad.

Mundo: Conjunto de la creación, ofrecido por Dios al hombre para que lo transforme y perfeccione, perfeccionándose a sí mismo. El mundo es el teatro de la historia humana, con los afanes, fracasos y victorias del hombre.
Los cristianos creemos que el mundo, fundado y conservado por el amor del Creador, está esclavizado bajo la servidumbre del pecado, pero que, mediante la muerte y resurrección de Jesucristo, ha sido liberado y nosotros estamos llamados a transformarlo para que se cumpla en plenitud el plan de Dios. (Cve. p. 451.)


Cultura y fe

La cultura no es sólo tarea de individuos, es también y esencialmente tarea común, fruto de la cooperación de muchos. El cristiano debe cooperar con todos los que trabajan por la cultura. Pero la condición imprescindible de esta cooperación es el reconocimiento y el respeto, por parte de todos, de la entera verdad del hombre y de su dignidad. Cuando se dan cooperaciones que no respetan esta condición no es al hombre al que se sirve sino a ideologías destructivas del hombre; se traiciona, por tanto, el empeño cultural. La fidelidad a la visión cristiana del hombre, enseñada por la Iglesia, no aísla sino que, por el contrario, hace Efectivamente capaces de crear cultura verdadera: universalmente humana y humanizada. "Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en realidad es una sala, es decir, la divina"

(Gaudium et Spes, 22)

La síntesis entre la cultura y la fe no es sólo una exigencia de la cultura, sino también de la fe. Como ha enseñado mi predecesor Pablo VI, "es preciso evangelizar -no de forma decorativa, a semejanza de un barniz superficial, sino de modo vital, en profundidad y hasta las raíces " la cultura y las culturas del hombre... partiendo siempre de la persona y volviendo siempre a las relaciones de las personas entre ellas y con Dios" (Evangelii nuntiandi, 20) Si, en efecto, es cierto que la fe no se identifica con ninguna cultura y es independiente con respecto a todas las culturas, no es menos cierto que, precisamente por esto, la fe está llamada a inspirar, a impregnar toda cultura. Es todo el hombre, en lo concreto de su existencia cotidiana, el que es salvado en Cristo y es, por ello, todo el hombre el que debe realizarse en Cristo. Una fe que no se haga cultura es una fe no acogida plenamente, no pensada enteramente, no vivida fielmente.

En mi reciente Exhortación apostólica he escrito: "Es mediante la inculturación" -es decir, mediante una fe que se convierta en cultura- "como se camina hacia la reconstrucción plena de la Alianza con la Sabiduría de Dios, que es el propio Cristo" (Familiaris consortio, 10) Es esta "reconstrucción plena,, la que necesita el hombre

de hoy. Sólo la verdad plena sobre el hombre, que nos da la fe, fielmente pensada bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, puede hacernos capaces de percibir en su unidad profunda y de armonizar la cada vez mayor diversidad de los elementos que constituyen la cultura de hoy: unificación y armonización en la que consiste la sabiduría (cfr. Gaudium et spes, 15)

(Juan Pablo II, alocución 16-1-82)


Información y moral

Un sector que tan de cerca toca la información y formación del hombre y de la opinión pública, es lógico que tenga exigencias muy apremiantes de carácter ético. Entre ellas están la de que quienes se dedican a la comunicación, conozcan y lleven a la práctica fielmente en este campo las normas de orden moral" (Inter mirifica, 4), y que "la información sea siempre verdadera", respetando, escrupulosamente las leyes morales y los legítimos derechos y dignidad del hombre" (ibid. 5)

Así, desde una dimensión antropológica no reductiva, se podrá ofrecer un servicio de comunicación que responda a la verdad profunda del hombre. Y en la que las normas de la ética profesional hallen su sentido de convergencia con la Verdad que aporta el Cristianismo.

La búsqueda de la verdad indeclinable exige un esfuerzo constante, exige situarse en el adecuado nivel de conocimiento y de selección crítica. No es fácil, lo sabemos bien. Cada hombre lleva consigo sus propias ideas, sus preferencias y hasta sus prejuicios.

Pero el responsable de la comunicación no puede escudarse en lo que suele llamarse la imposible objetividad. Si es difícil una objetividad completa y total, no lo es la lucha por dar con la verdad, la decisión de proponer la verdad, la práxis de no manipular la verdad, la actitud de ser incorruptible ante la verdad. Con la sola guía de una recta conciencia ética, y sin claudicaciones por motivos de falso prestigio, de interés personal, político, económico o de grupo.

(Juan Pablo II, alocución a los medios de comunicación social, 2-XI-82)


Serás hombre, si...

Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila cuando todo a tu lado es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca las dudas que ellos tengan. Si esperas en tu puesto, sin fatiga en la espera; si, engañado, no engañas; si no buscas más odio que el odio que te tengan...
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres;
si, al hablar, no exageras lo que sabes y quieres.
Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo, si piensas y rechazas lo que piensas en vano. Si tropiezas el triunfo, si llega tu derrota, y a los dos impostores les tratas de igual forma.
Si logras que se sepa la verdad que has hablado, a pesar del sofisma del orbe encanallado.
Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea la de toda tu vida.
Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría tus ganancias de siempre a la suerte de un día; y pierdes y te lanzas de nuevo a la pelea sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.
Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, aun después de su fuga de tu cuerpo en fatiga y se agarren contigo cuando no quede nada porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.
Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud. Si marchas junto a reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie, que te hiera, llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ni uno te precisa.
Si llenas el minuto inolvidable y cierto, de sesenta segundos que te llevan al cielo...
Todo lo de esta tierra será de tu dominio y mucho más aún: serás hombre, ¡hijo mío!

R. Kipling


Y no te extrañe el título puesto a estos versos de Kipling, porque "ser hombre" es imprescindible para quien quiere vivir como hijo de Dios en la santa Iglesia de Cristo.