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18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
La cultura
El hombre y la cultura Criterios para una cultura
integral
La fe y la cultura
La verdad
El seguidor de Cristo y la verdad
Las diversas formas de veracidad
La opción cristiana por la verdad
La educación
Educación para la cultura íntegra del
hombre Derechos del ciudadano a la educación
Falseamientos de la educación
Instituciones educativas fundamentales
Los medios de comunicación social
El derecho y el deber de la información
Los límites de la información
LA CULTURA
Es imposible la convivencia si no existe un mínimo de cultura.
La ignorancia y la incultura llevan a los pueblos y a los hombres
a la decadencia, y a perder las estructuras mínimas de la
convivencia. La fe cristiana se ha interesado siempre por la cultura
para que el vivir humano sea más elevado.
"¡Sí! ¡El futuro del hombre depende de la
cultura!
¡Sí! ¡La paz del mundo depende de la primacía
del Espíritu! ¡Sí! ¡El porvenir pacífico
de la humanidad depende del amor!"
(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 2-VI-80)
El hombre y la cultura
Un hombre se perfecciona por medio de la cultura. El progreso de
cada hombre se mide por el grado de cultura que adquiere de acuerdo
con sus posibilidades. Esto significa que cada hombre puede siempre
progresar en su cultura y perfeccionarse, aunque los grados de cultura
de los diversos hombres sean distintos.
La cultura lleva a los hombres a tener un determinado estilo de
vida. No es igual el modo de vivir de los hombres del Extremo Oriente
que el de los europeos o los de África Central. Las diferencias
son accidentales, porque todos los hombres son esencialmente iguales,
pero sus reacciones y modo de comportarse son diversos. Se puede
decir que por el solo hecho de ser humano, los hombres tienen una
cultura, pero en un sentido más propio llamamos cultura al
conjunto de conocimientos y costumbres que condicionan el actuar
humano.
Se llama cultura "todo aquello con lo que el hombre afina y
desarrolla sus innumerables cualidades espirituales y corporales;
procura someter el mismo orbe terrestre con su conocimiento y trabajo;
hace más humana la vida social, tanto en la familia como
en la sociedad civil, mediante el progreso de las costumbres e instituciones;
finalmente, a través del tiempo, expresa, comunica y conserva
en sus obras grandes experiencias espirituales y aspiraciones para
que sirvan de provecho a muchos e incluso a todo el género
humano"
(GS, 53)
Criterios para una cultura integral
La cultura puede adoptar formas variadísimas, esto no debe
hacer olvidar algunos criterios para que esa cultura no se vuelva
contra el hombre y lo esclavice, sino para que le libere y consiga
que se supere continuamente.
a) El hombre es el único sujeto de cultura, su único
objeto y su término.
De esta manera lo expresaba Juan Pablo II ante la UNESCO. Este
criterio asegura que la cultura sea verdaderamente humana, y no
conduzca a aberraciones, como, por ejemplo, las que produce el materialismo
al pensar que es más importante para el hombre "tener"
que "ser".
"Una cultura es aquello a través de lo cual el hombre,
en cuanto hombre, se hace más hombre; "es" más,
accede más al "ser"."
(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 2-VI-1980)
b) La cultura está íntimamente unida a la religión.
Esta afirmación está ampliamente probada por la historia.
Tanto es así que las mejores manifestaciones de cultura de
la mayoría de los pueblos son debidas a la religión.
Es más, la misma razón de ser de esos pueblos la da
el factor religioso más aún que el geográfico
o racial. La religión influye profundamente en la cultura
precisamente porque la cultura y la religión hacen referencia
a lo humano.
La cultura atea que va surgiendo a partir del Renacimiento es,
según dice Juan Pablo II, un gigantesco desafío, es
el drama espiritual de nuestro tiempo.
La misión del cristiano será aclarar las confusiones
y crear una plataforma de cultura que haga posible que los hombres
inmersos en una cultura atea puedan entender el mensaje religioso,
y específicamente el mensaje de Cristo.
c) La cultura hoy es ambivalente.
Siempre la cultura ha sido una transmisión de sabiduría
de unos hombres a otros; pero lo característico de nuestro
tiempo es la aceleración en la adquisición de nuevos
conocimientos. Por ello, el Concilio Vaticano II llamó a
este tiempo una nueva época. Con ello surge un nuevo estilo
de vida. La cultura actual, sin embargo, no está exenta de
contradicciones. Por un lado es progreso y por otro puede ser un
retroceso. Por ejemplo:
- El ingente progreso de las ciencias naturales y de las humanas,
por el desarrollo de la técnica lleva consigo múltiples
ventajas como la mejora de la economía, el dominio del mundo,
etc. Como contrapartida tiene la introducción de la mentalidad
materialista, los abusos contra la naturaleza, etcétera.
- La industrialización y la urbanización. Ambas favorecen
el empleo de muchos trabajadores y la producción de los nuevos
productos; pero con facilidad masifican a los hombres, y éstos
se pueden sentir aislados en medio de la gran ciudad.
- Intensidad en las comunicaciones. La técnica aplicada
a los medios de comunicación ha llevado a un alto nivel de
información en todo el mundo.
En contrapartida existe el peligro de la manipulación de
esa información.
- El intercambio entre naciones ha llevado a un mayor conocimiento
mutuo, y con ello a una mayor uniformidad de las culturas, y a una
mayor universalidad. Sin embargo, son frecuentes las barreras de
los nacionalismos y de los particularismos.
d) La cultura está subordinada a la perfección integral
de la persona humana.
La cultura es para el hombre y no el hombre para la cultura. Este
principio es fundamental para evitar los excesos de un falso culturalismo
que prescinda del bien del hombre.
El criterio para que una cultura sea realmente progresiva es "el
respeto a los derechos de la persona y de la sociedad particular
o mundial, dentro de los límites del bien común"
(GS, 59)
La fe y la cultura
El cristiano se siente llamado a colaborar en el desarrollo de
la cultura en todas sus formas. Esto es así porque se siente
colaborador de Dios en la obra de la creación. Perfeccionando
la creación se perfecciona a sí mismo, y crea el ambiente
cultura¡ más propicio para que los no cristianos y
los no creyentes puedan conocer a Dios y darle gloria. La fe, por
tanto, potencia el impulso cultural que está en todos los
hombres y lo ilumina para no errar en este logro.
LA VERDAD
"El hombre es él mismo mediante la verdad, y llega
a ser más él mismo mediante el conocimiento cada vez
más perfecto de la verdad."
(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 28-6-80)
Lo primero que hay que afirmar es que la inteligencia del hombre
está ordenada a alcanzar la verdad. Es impensable que una
facultad tan perfecta como la inteligencia humana estuviera, por
naturaleza, ordenada a equivocarse, a errar. La equivocación
y el error serán accidentes en la vida de la inteligencia,
por frecuentes que sean.
El hombre alcanza la verdad cuando conoce las cosas tal como son
en la realidad. Esto le permite usarlas y vivir entre ellas. Lo
contrario haría imposible la vida del hombre.
Esto no quiere decir que conozcamos las cosas del mundo en toda
su profundidad, en todo su contenido. La prueba de ello es que el
progreso de las ciencias consiste en ir conociendo más perfectamente
las cosas. Los hombres tenemos un conocimiento limitado, pero eso
no quiere decir que sea erróneo, sino verdadero.
Por consiguiente, el hombre debe esforzarse en conocer la verdad
acerca de las cosas. Y debe también procurar que ese conocimiento
de la verdad sea lo más perfecto posible.
Además, el hombre no sólo puede conocer la verdad,
sino que puede transmitirla por medio del lenguaje. Por ello, siendo
un ser que ha de convivir con los de su especie, tiene especial
importancia que sea veraz, es decir, que diga la verdad.
El seguidor de Cristo y la verdad
Una de las cosas que más impresionaron a los discípulos
fue el amor a la verdad que observaron en la vida de Cristo y cómo
reaccionó frente a la hipocresía del ambiente que
rodeaba a los fariseos y doctores de la Ley, que el propio Jesús
recrimina cuando les dice a los discípulos: "Haced,
pues, y guardad lo que os digan, pero no imitéis sus obras,
porque ellos dicen y no hacen" (Mt. 23, 3)
De aquí que una de las señales del discípulo
de Cristo será siempre su amor a la verdad.
El cristiano ha de amar la verdad porque ama a Cristo, que se definió
a sí mismo como la Verdad (cfr. Jn. 14, 6) Además,
el amor al prójimo así se lo exige porque la vida
del hombre sería insoportable si no se dijese la verdad.
Las diversas formas de veracidad
La veracidad es la virtud que inclina siempre a decir la verdad.
La palabra ha sido dada por Dios al hombre para que pueda transmitir
su pensamiento; quien usa de ella para decir lo contrario abusa
de este don de Dios y quebranta el plan divino.
Pero la caridad no puede estar al margen de la verdad (cfr. Ef.
4, 15), por lo que a veces habrá de callar o decirla sin
herir.
En ocasiones, la verdad deberá ser guardada como el propio
Cristo hizo, pues hubo cosas que sólo las dijo a los Doce,
y alguna "como la revelación del traidor- sólo
a uno. Hay obligación de guardar secreto de cosas que se
saben pero que pondrían en descubierto la intimidad del prójimo"
Según la gravedad de la cosa es mayor la obligación
de guardar secreto.
Pero el hombre está obligado no sólo a que la verdad
resplandezca en sus palabras, sino también en sus obras.
Las obras tienen que ser también una consecuencia de lo que
se es. Esta virtud se llama autenticidad. Hay que conformar la vida
con la auténtica verdad. En este sentido Cristo anunció
que la verdad libera (cfr. Jn. 8, 32)
La fidelidad es la virtud que inclina al hombre a cumplir lo prometido.
La opción cristiana por la verdad
Existe en el mundo una acusada tendencia a la insinceridad. El
cristiano debe estar en guardia, para no dejarse llevar por esa
corriente.
La falta de veracidad trae consigo la desconfianza entre los individuos
y los pueblos. Se confunde la desconfianza en los demás,
con una elemental cautela, o con una forma de prudencia.
Es inmoral enmascarar el propio pensamiento e intenciones, recurrir
a la estrategia de la mentira para conseguir ventajas en el orden
económico, social o político, etcétera.
-La verdad os hará libres", dijo Jesús (Jn.
8, 32) La mentira es, por el contrario, un yugo que esclaviza, como
demuestra la experiencia. Además, la sabiduría popular
dice que: "se coge antes a un mentiroso, que a un cojo".
LA EDUCACION
"La primera y esencial tarea de la cultura es la educación."
(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 2-VI-80)
Educación para la cultura íntegra del hombre
La educación consiste, en efecto, en que el hombre llegue
a ser cada vez más perfectamente hombre.
La verdadera educación se propone formar a la persona en
orden a su fin último y al bien de las sociedades de las
que el hombre es miembro.
Por eso, todo hombre tiene derecho a que se le estimule, en cualquier
actividad educativa, a apreciar con recta conciencia los valores
morales.
De ahí deriva el que no se debe confundir educación
con mera instrucción. Dice Juan Pablo II: "¿No
ha tenido lugar un desplazamiento unilateral hacia la instrucción
en el sentido estricto del término. (... ) Si la instrucción
se refiere únicamente a lo que posee el hombre ¿no
es el hombre quien se encuentra cada vez más oscurecido (...
) En lugar de obrar en favor de lo que el hombre debe "ser",
la educación actúa únicamente en favor de lo
que el hombre puede crecer en el aspecto del "tener",
de la "posesión". La siguiente etapa de esta alienación
es habituar al hombre, privándose de su propia subjetividad,
a ser objeto de múltiples manipulaciones: las manipulaciones
ideológicas o políticas, que se hacen a través
del monopolio o del control, por parte de las fuerzas económicas
o de los poderes políticos, de los medios de comunicación
social" (Discurso en la UNESCO)
Derechos del ciudadano a la educación
"Todos los hombres de cualquier raza, condición y edad,
por ser participantes de la dignidad de la persona humana, tienen
el derecho inalienable a una educación" (GE, l)
Hoy es posible, en la mayoría de los países, liberar
a los hombres de la miseria de la ignorancia. Al menos, se puede
conseguir que todos los hombres tengan, como mínimo, esa
cultura que puede llamarse "básica". También
se debe tender a que los bien dotados intelectualmente tengan la
posibilidad de llegar a los estudios superiores, para que más
adelante puedan colaborar al bien común de la sociedad, desempeñando
las tareas, funciones y servicios que corresponden a su aptitud
natural y a la competencia adquirida.
A estos derechos a la educación y a la cultura corresponde
el deber que pesa sobre cada hombre de cultivarse a sí mismo
y de ayudar a los demás. No cumple, por eso, su deber el
estudiante que no aprovecha las clases y los cursos en que participa.
No cumple con su deber el que dejándose llevar de la pereza,
alcanza un nivel de conocimientos que está por debajo de
sus posibilidades y de las oportunidades de que ha gozado.
Los poderes públicos tienen, por tanto, el deber de popularizar
la instrucción, procurando eliminar el analfabetismo
(cfr. Declaración de los obispos españoles,
1976)
Falseamientos de la educación
De cualquier modo, no se habrá conseguido un objetivo verdaderamente
humano por el hecho de que todos los hombres tengan acceso a la
cultura. No basta con que todos se eduquen, sino que es necesario
que se eduquen como personas, es decir, en la libertad. Por eso,
todos los totalitarismos, del signo que sean, quieren monopolizar
la enseñanza para configurar desde el poder las mentes de
los ciudadanos. Consiguientemente, combaten la enseñanza
libre o privada y procuran obstaculizarla de mil modos, porque una
escuela libre es un reducto de libertad.
Instituciones educativas fundamentales
"La educación del hombre se realiza, sobre todo, en
la familia."
(Juan Pablo II, Discurso en la UNESCO, 12)
Los padres, por haber dado la vida a sus hijos, tienen la muy grave
obligación de educarlos y, han de ser reconocidos como sus
primeros y principales educadores.
La familia es, por tanto, la primera escuela de las virtudes sociales,
que todas las sociedades necesitan.
Pero el deber de la educación, que pertenece en primer lugar
a la familia, necesita la ayuda de toda la sociedad.
A la sociedad civil le corresponden ciertas obligaciones y derechos
en el terreno de la educación. Debe tutelar los deberes y
derechos de los padres y demás educadores y colaborar con
ellos. Debe suplir a los padres y otras sociedades cuando falta
la actuación de éstos (principio de subsidiariedad),
atendiendo siempre a los deseos de los propios padres.
Según lo exigiere el bien común, le corresponde al
Estado fundar escuelas e instituciones propias. Pero es un atentado
a la libertad de los ciudadanos que el Estado se irrogue el título
de único que puede educar.
La Iglesia, por ser una sociedad humana, capaz de educar, puede
fundar instituciones educativas, como otras muchas sociedades dentro
del Estado. A lo largo de los siglos ha fundado escuelas a todos
los niveles; hizo nacer las universidades medievales en Europa:
en París y en Bolonia, en Salamanca y en Heildelberg, en
Cracovia y en Lovaina
(cfr. Juan Pablo II, ibíd.)
La Iglesia, además de la formación cultura] común,
crea para la comunidad escolar un ambiente animado por un espíritu
evangélico de libertad y caridad. Ayuda a los adolescentes
a crecer según Cristo y, finalmente, ordena todos los conocimientos
al mensaje de la salvación para que la cultura humana esté
iluminada por la fe.
Los padres católicos tienen el derecho y la obligación
de exigir que sus hijos puedan recibir la educación cristiana
a la vez que la profana. En particular tienen el derecho de que
sus hijos no estén en escuelas sometidas a programas inspirados
por el ateísmo.
LOS MEDIOS DE COMUNICACION SOCIAL
Un fenómeno importante de nuestro tiempo es la extensión
y la rapidez de la información. Los medios de información
se han llegado a llamar "medios de comunicación de masas".
Sin embargo, cabe el peligro de una masificación de los
hombres, que al estar informados por el mismo canal, o según
el mismo prisma, acaben ejercitando poco su juicio propio y se despersonalicen.
Esto se puede evitar con una amplia libertad de información,
y con un control moral de la información, de modo que no
se falte a la verdad. La información debe servir para la
construcción de una vida más humana que no se degrade
con la mentira o la desinformación.
El derecho y el deber de la información
La información es útil e incluso necesaria, para
que puedan los hombres contribuir al bien común. Existe,
pues, en la sociedad humana el derecho a la información sobre
lo que conviene a cada uno.
El recto uso de la información exige que sea siempre objetiva,
verdadera, y, salvada la justicia y la caridad, íntegra.
Además ha de ser honesta y conveniente, respetando las leyes
morales del hombre, sus legítimos derechos y dignidad tanto
en la obtención de la noticia como en su divulgación.
"Mediante una información completa, cuidadosa, exacta
y fiel hacéis capaces a todos los hombres y mujeres de ser
partícipes y responsables del progreso general de todos.
El ideal es que vuestras vidas se dediquen al servicio de la verdad.
"A este propósito quisiera recordamos lo que dijo Jesucristo
durante el proceso que decidió su vida (y fue el único
elemento que adujo en su defensa): "Yo para esto he nacido
y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad"
(Jn., 18, 37)".
(Juan Pablo II, México)
Los límites de la información
El orden moral está por encima de todo, incluido el arte.
Peculiares deberes competen a los destinatarios de la información
-lectores, espectadores y oyentes-, que, por personal y libre elección,
reciben las informaciones. Deben elegir lo que contribuye a la virtud,
ciencia y arte y evitar lo que puede ser causa u ocasión
de daño espiritual para ellos o para otros, aunque sólo
sea por el mal ejemplo dado, y lo que favorezca las malas producciones,
contribuyendo económicamente en empresas que sólo
persiguen el lucro utilizando incluso (o sobre todo) la inclinación
del hombre al pecado.
Están asimismo obligados a informarse sobre los juicios
o criterios seguros y seguirlos según la recta conciencia.
Todos, y sobre todo los jóvenes, han de acostumbrarse a
ser moderados y disciplinados en el uso de estos instrumentos. Deben
procurar entender bien lo oído, visto o leído y dialogar
con sus educadores, si son personas de recto criterio moral, para
formar juicio recto.
Los padres de familia tienen el deber de velar para que no entren
en sus hogares las lecturas, etc., que pueden dañar a sus
hijos y para que no los vean en otra parte.
Los periodistas, escritores, actores, productores, etc., tienen
la obligación de no hacer daño moral.
Las autoridades civiles deben defender y tutelar, en primer lugar,
la libertad justa de información. También están
obligados a procurar justa y celosamente, mediante leyes, que no
se siga daño a las costumbres. Esto no es limitar la libertad,
sino potenciara.
Por último, la libertad no justifica la presentación
de lo que es antihumano, como la violencia o la degradación.
Y la información no justifica invadir la intimidad de la
vida privada de las personas.
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VOCABULARIO
Cultura: Con esta palabra
se indica, en sentido general, todo aquello con lo que
el hombre afina y desarrolla sus innumerables cualidades
espirituales y corporales; procura dominar las realidades
materiales con su conocimiento y trabajo; hace más
humana la vida social, civil y familiar; escribe o levanta
obras que enaltecen el espíritu humano; adquiere
experiencias espirituales que sirven de provecho a muchos,
e incluso a todo el género humano. (Cve, p. 599.)
Es, por tanto, el mejoramiento de las facultades físicas,
intelectuales y morales del hombre y el resultado que
esta mejora tiene en el individuo y en la sociedad.
Ciencia: Quiere decir
el esfuerzo y los métodos que el hombre emplea
para acercarse lo más posible a la realidad de
la creación, para descubrirla y conocerla. Esto
el hombre lo hace sobre todo mediante la observación,
la experiencia repetida, y la reflexión.
Cuando el hombre se entrega verdaderamente al estudio
o cultivo de una ciencia, puede contribuir sobremanera
a que la familia humana se eleve a los más altos
pensamientos sobre la verdad, el bien y la belleza,
quedando así como más iluminada por los
reflejos de la sabiduría de Dios. (Cve, p. 599.)
Evolución: Se
refiere al dinamismo y continuo cambio que percibimos
en todo el universo. Crece y progresa hacia alguna parte.
Antes de que apareciera el hombre en la creación,
durante miles de años ya existió la vida
en la tierra. Y antes, durante millones de años
hubo una transformación progresiva del cosmos.
La creación, es un maravilloso signo de la grandeza
y de la presencia activa y amorosa de Dios en ella.
(ibid.)
Revolución: Es
el cambio violento de las instituciones políticas
de un país. La revolución, lejos de solucionar,
agrava los problemas. Lesiona gravemente la dignidad
del hombre. Su capacidad de destruir es grande. Promete
liberación y hunde en esclavitudes peores que
las antiguas.
Industrialización:
Se llama así al momento del desarrollo económico
de una sociedad en la que se da predominio al establecimiento
de industrias en ese país.
Urbanización:
Es el proceso de creación de ciudades y poblaciones
para albergar las masas de población que abandonan
los pequeños lugares.
Verdad moral: Es la
identificación de lo que se dice con lo que se
piensa.
Mentira: Decir lo contrario
de lo que se piensa o se cree. Vivir en la mentira impide
una relación auténtica con el otro. La
"gran mentira" es desconocer al verdadero
Dios e ir detrás de los ídolos. El término
ídolo equivale a mentira; la mentira es algo
intrínsecamente malo y, por tanto, nunca es lícita.
(Cve, p. 373.) La mentira puede ser jocosa, cuando se
dice por simple broma o pasatiempo; oficiosa, si se
dice en beneficio propio; y perniciosa, cuando perjudica
al prójimo.
Autenticidad: Es la
virtud del hombre que con sus obras da testimonio de
la verdad que piensa. La autenticidad evangélica
nos exige dejar las "máscaras,, que nos
impiden manifestar nuestro ser más íntimo.
A la autenticidad se oponen: la hipocresía, que
es fingir lo que no se es; la jactancia, que consiste
en exagerar las propias cualidades; y la simulación,
que es la mentira llevada a cabo con hechos en vez de
con palabras.
Educar: Desarrollar
o perfeccionar las facultades intelectuales y morales
de una persona.
Instruir: Comunicar
sistemáticamente conocimientos o doctrinas.
Información:
Es la comunicación de noticias, ideas y doctrinas.
Ha de ser veraz y, salvadas la justicia y la caridad,
íntegra, Ha de estar informada por la prudencia,
ya que no siempre es prudente decir toda la verdad.
Mundo: Conjunto de la
creación, ofrecido por Dios al hombre para que
lo transforme y perfeccione, perfeccionándose
a sí mismo. El mundo es el teatro de la historia
humana, con los afanes, fracasos y victorias del hombre.
Los cristianos creemos que el mundo, fundado y conservado
por el amor del Creador, está esclavizado bajo
la servidumbre del pecado, pero que, mediante la muerte
y resurrección de Jesucristo, ha sido liberado
y nosotros estamos llamados a transformarlo para que
se cumpla en plenitud el plan de Dios. (Cve. p. 451.)
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Cultura y fe
La cultura no es sólo tarea de individuos, es también
y esencialmente tarea común, fruto de la cooperación
de muchos. El cristiano debe cooperar con todos los que trabajan
por la cultura. Pero la condición imprescindible de esta
cooperación es el reconocimiento y el respeto, por parte
de todos, de la entera verdad del hombre y de su dignidad. Cuando
se dan cooperaciones que no respetan esta condición no es
al hombre al que se sirve sino a ideologías destructivas
del hombre; se traiciona, por tanto, el empeño cultural.
La fidelidad a la visión cristiana del hombre, enseñada
por la Iglesia, no aísla sino que, por el contrario, hace
Efectivamente capaces de crear cultura verdadera: universalmente
humana y humanizada. "Cristo murió por todos, y la vocación
suprema del hombre en realidad es una sala, es decir, la divina"
(Gaudium et Spes, 22)
La síntesis entre la cultura y la fe no es sólo una
exigencia de la cultura, sino también de la fe. Como ha enseñado
mi predecesor Pablo VI, "es preciso evangelizar -no de forma
decorativa, a semejanza de un barniz superficial, sino de modo vital,
en profundidad y hasta las raíces " la cultura y las
culturas del hombre... partiendo siempre de la persona y volviendo
siempre a las relaciones de las personas entre ellas y con Dios"
(Evangelii nuntiandi, 20) Si, en efecto, es cierto que la fe no
se identifica con ninguna cultura y es independiente con respecto
a todas las culturas, no es menos cierto que, precisamente por esto,
la fe está llamada a inspirar, a impregnar toda cultura.
Es todo el hombre, en lo concreto de su existencia cotidiana, el
que es salvado en Cristo y es, por ello, todo el hombre el que debe
realizarse en Cristo. Una fe que no se haga cultura es una fe no
acogida plenamente, no pensada enteramente, no vivida fielmente.
En mi reciente Exhortación apostólica he escrito:
"Es mediante la inculturación" -es decir, mediante
una fe que se convierta en cultura- "como se camina hacia la
reconstrucción plena de la Alianza con la Sabiduría
de Dios, que es el propio Cristo" (Familiaris consortio, 10)
Es esta "reconstrucción plena,, la que necesita el hombre
de hoy. Sólo la verdad plena sobre el hombre, que nos da
la fe, fielmente pensada bajo la guía del Magisterio de la
Iglesia, puede hacernos capaces de percibir en su unidad profunda
y de armonizar la cada vez mayor diversidad de los elementos que
constituyen la cultura de hoy: unificación y armonización
en la que consiste la sabiduría (cfr. Gaudium et spes, 15)
(Juan Pablo II, alocución 16-1-82)
Información y moral
Un sector que tan de cerca toca la información y formación
del hombre y de la opinión pública, es lógico
que tenga exigencias muy apremiantes de carácter ético.
Entre ellas están la de que quienes se dedican a la comunicación,
conozcan y lleven a la práctica fielmente en este campo las
normas de orden moral" (Inter mirifica, 4), y que "la
información sea siempre verdadera", respetando, escrupulosamente
las leyes morales y los legítimos derechos y dignidad del
hombre" (ibid. 5)
Así, desde una dimensión antropológica no
reductiva, se podrá ofrecer un servicio de comunicación
que responda a la verdad profunda del hombre. Y en la que las normas
de la ética profesional hallen su sentido de convergencia
con la Verdad que aporta el Cristianismo.
La búsqueda de la verdad indeclinable exige un esfuerzo
constante, exige situarse en el adecuado nivel de conocimiento y
de selección crítica. No es fácil, lo sabemos
bien. Cada hombre lleva consigo sus propias ideas, sus preferencias
y hasta sus prejuicios.
Pero el responsable de la comunicación no puede escudarse
en lo que suele llamarse la imposible objetividad. Si es difícil
una objetividad completa y total, no lo es la lucha por dar con
la verdad, la decisión de proponer la verdad, la práxis
de no manipular la verdad, la actitud de ser incorruptible ante
la verdad. Con la sola guía de una recta conciencia ética,
y sin claudicaciones por motivos de falso prestigio, de interés
personal, político, económico o de grupo.
(Juan Pablo II, alocución a los medios de comunicación
social, 2-XI-82)
Serás hombre, si...
Si guardas en tu puesto la cabeza tranquila cuando todo a tu lado
es cabeza perdida.
Si tienes en ti mismo una fe que te niegan y no desprecias nunca
las dudas que ellos tengan. Si esperas en tu puesto, sin fatiga
en la espera; si, engañado, no engañas; si no buscas
más odio que el odio que te tengan...
Si eres bueno y no finges ser mejor de lo que eres;
si, al hablar, no exageras lo que sabes y quieres.
Si sueñas y los sueños no te hacen su esclavo, si
piensas y rechazas lo que piensas en vano. Si tropiezas el triunfo,
si llega tu derrota, y a los dos impostores les tratas de igual
forma.
Si logras que se sepa la verdad que has hablado, a pesar del sofisma
del orbe encanallado.
Si vuelves al comienzo de la obra perdida, aunque esta obra sea
la de toda tu vida.
Si arriesgas en un golpe y lleno de alegría tus ganancias
de siempre a la suerte de un día; y pierdes y te lanzas de
nuevo a la pelea sin decir nada a nadie de lo que es y lo que era.
Si logras que tus nervios y el corazón te asistan, aun después
de su fuga de tu cuerpo en fatiga y se agarren contigo cuando no
quede nada porque tú lo deseas y lo quieres y mandas.
Si hablas con el pueblo y guardas tu virtud. Si marchas junto a
reyes con tu paso y tu luz.
Si nadie, que te hiera, llega a hacerte la herida.
Si todos te reclaman y ni uno te precisa.
Si llenas el minuto inolvidable y cierto, de sesenta segundos que
te llevan al cielo...
Todo lo de esta tierra será de tu dominio y mucho más
aún: serás hombre, ¡hijo mío!
R. Kipling
Y no te extrañe el título puesto a estos versos de
Kipling, porque "ser hombre" es imprescindible para quien
quiere vivir como hijo de Dios en la santa Iglesia de Cristo.
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