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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES

Sentido teológico y ascético del trabajo humano
Participación en el poder creador de Dios
Participación en la Redención
Derecho y deber al trabajo
Condiciones del trabajo humano
Derecho a un trabajo digno
Derecho al descanso
Derecho a la libre asociación sindical
El trabajo en la empresa
La empresa, unión de esfuerzos
Participación en la gestión
El salario justo
Distribución del beneficio
Conflictos laborales
El cristiano, defensor de la justicia


 

 

SENTIDO TEOLOGICO Y ASCETICO DEL TRABAJO HUMANO

Participación en el poder creador de Dios

Tal vez donde se manifiestan con mayor claridad las relaciones del hombre y del mundo es en el trabajo, que aparece como una mediación, como un puente, como un "diálogo activo con la naturaleza que nos rodea" (Pablo VI, Homilía del 14-11-65)

El hombre, hecho a imagen y semejanza de Dios, ha sido puesto en el universo con el encargo y mandato de perfeccionarlo y acabarlo. Al darle al hombre la inteligencia y la libertad le hizo capaz de ir añadiendo a la materia una serie de perfecciones. Esta actividad, inteligente y libre, del hombre se llama trabajo. Dios quiere que el mundo, además de ser para el hombre, sea también obra del hombre mediante su trabajo.

Evidentemente, el hombre, perfeccionando lo creado, se convierte en colaborador de Dios. Esta doctrina ha sido enseñada siempre por la Iglesia. En los últimos tiempos ha sido expuesta por todos los Papas.

Que el trabajo humano es participar en la obra creadora de Dios, debe extenderse incluso a esos pequeños quehaceres de todos los días, siempre que resulten provechosos y en servicio de la sociedad, empezando por la célula de la sociedad que es la familia. Es misión de los cristianos, con su apostolado, que esta espiritualidad cristiana se extienda por todo el mundo (cfr. LE, 25)


"El trabajo no es una maldición, es una bendición de Dios que llama al hombre a dominar la tierra y a transformarla, para que con la inteligencia y el esfuerzo humanos continúe la obra creadora divina (...) Por ello el trabajo no ha de ser una mera necesidad, ha de ser visto como una verdadera vocación, un llamamiento de Dios a construir un mundo nuevo en el que habite la justicia y fraternidad, anticipo del Reino de Dios, en el que no habrá ya ni carencias ni limitaciones"

(Juan Pablo II, Jalisco, México, 30-1-79)


El hombre con su inteligencia añade a la materia perfecciones, y, perfeccionando lo creado, se hace colaborador de Dios.


Participación en la Redención

Que actualmente el trabajo es penoso, es un hecho que enseña la experiencia diaria, pero que el trabajo como tal no es una consecuencia ni castigo del pecado original, se sigue con toda evidencia del hecho de que existía, ya antes de la caída de Adán, como en la misma Biblia se indica.

Cristo viene a dar un sentido al trabajo del hombre y por eso "trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre" (GS, 22) Desde entonces la misma fatiga del trabajo humano se convierte en un medio para expiar los propios pecados y de ayuda a Cristo en la Redención de todos cuando se une al trabajo de Cristo y a su sacrificio.


"El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor a la obra que Cristo ha venido a realizar. Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdaderamente discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día en la actividad que ha sido llamado a realizar"
(LE, 27)

Por eso no sólo se ha de hablar de la dignidad del trabajo, sino también de la santidad del trabajo. El trabajo es un gran instrumento de perfección espiritual y de santificación para el hombre, porque todo trabajo puede convertirse en un acto sobrenatural, cuando se ofrece a Dios, siendo entonces fuente de mérito sobrenatural si se realiza con las debidas disposiciones.

Pero teniendo el trabajo una importante vertiente social, es decir, la de ser fuente de relación con los otros hombres, es también una ocasión para ayudarles a ir al Señor, participando así en la función salvadera de Cristo perpetuada por la Iglesia.

"Al haber sido asumido por Cristo, el trabajo se nos presenta como una realidad redimida y redentora: no sólo es el ámbito en el que el hombre vive, sino medio y camino de santidad, realidad santificable y santificadora"

(J. Escrivá de Balaguer, Es Cristo que pasa, 47)


DERECHO Y DEBER AL TRABAJO

a) El deber de trabajar
El trabajo, por su misma naturaleza, une a los hombres, creando unos vínculos muy íntimos entre aquellos que participan en una misma actividad profesional. El trabajo tiene siempre una vertiente social.

Sin el trabajo de las generaciones pasadas y de la presente, la vida del hombre no sólo no tendría el nivel que tiene en la actualidad, sino que sería prácticamente imposible.

En la parábola de los talentos queda afirmado para un cristiano el deber de trabajar y queda condenada la holgazanería, y San Pablo afirma: "Si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma" (2Tes. 3, 10)

El trabajo es una forma de caridad social pues se es útil a los demás y se puede ayudar a los menesterosos.

El deber de trabajar brota de distintas fuentes: como medio de sostener la vida, como perfeccionamiento personal, como miembro de la sociedad y como precepto impuesto por Dios.

El trabajo es, para la mayoría de los hombres, el único medio lícito para sostener la propia vida y la de los demás. Con su trabajo pone al servicio de los demás los bienes producidos.

El hombre tiene el deber de trabajar -aunque no lo necesite para comer- como medio para conseguir la perfección personal -natural y sobrenatural- a la que ha sido llamado por Dios. Esto se hace, no solamente porque evitando la ociosidad se evitan muchos vicios, sino porque con el trabajo cada uno se hace hombre (cfr. LE, 10) Gracias al trabajo el hombre se hace a sí mismo porque construye su personalidad y la pone al servicio de los demás.

El hombre es un ser social que vive en una sociedad y recibe bienes de esa sociedad, a la que debe prestar también su colaboración. La equidad pide que, a cambio de lo que hacen los demás por él todos los días, haga también él algo diariamente por los demás. El hombre ocioso no puede pensar que está en paz con la sociedad. Es un parásito de ella.

En la Sagrada Escritura aparece explícito el precepto de trabajar dado por Dios al hombre. Los pasajes del Génesis (1, 26-28) tienen un valor especial en la manifestación de la voluntad divina respecto al trabajo del hombre (cfr. LE, 4) En el Nuevo Testamento queda patente en San Pablo: "Y a que procuréis vivir en paz, atendáis a las cosas propias y trabajéis con vuestras manos, conforme os tenemos ordenado" (l Tes . 4, 11)

b) El derecho a trabajar
Como a todo deber corresponde un derecho, si todo hombre tiene el deber de trabajar, debe tener también el derecho a encontrar un trabajo con que ganarse la vida: Si existe el deber personal del trabajo impuesto por la naturaleza, existe también el derecho natural de cada individuo para tener un trabajo como medio de proveer a su propia vida y a la de sus hijos (cfr. LE, 18)

El derecho a trabajar es un derecho natural derivado del derecho a la vida; del derecho que tiene cada individuo a buscar su propia perfección; y de poder cumplir el mandato de Dios, y debe ser reconocido como uno de los derechos fundamentales del hombre. En la "Declaración universal de los derechos humanos" (10-XII-48) se recoge en el artículo 23, 1.

La posibilidad de que todos los hombres puedan realizar el derecho a trabajar es uno de los elementos fundamentales del orden social.

"La primera y fundamental preocupación de todos y cada uno de los hombres de gobierno, políticos, dirigentes de sindicatos y dueños de empresa debe ser ésta: dar trabajo a todos"

(Juan Pablo II, en el estadio de Mortimbi en Sao Paulo, 3-VII-80)

El derecho a trabajar es un derecho derivado del deber de trabajar, y es uno de los derechos fundamentales del hombre, y el que todos puedan ejercitarlo es un elemento importantísimo para la paz social.


CONDICIONES DEL TRABAJO HUMANO

Como el trabajo es para el hombre y no al contrario, resulta que hay que tener en cuenta varios aspectos en ese trabajo. Primero, que el trabajo ha de ser digno del hombre. Segundo, que el hombre no es una máquina y necesita descansar. Y tercero, que el hombre como ser social puede asociarse con los demás en asociaciones laborales.

Derecho a un trabajo digno

El trabajo, para estar de acuerdo con la dignidad del hombre, debe reunir también ciertas condiciones de dignidad, porque procede inmediatamente de la persona (cfr. GS, 67)

Se atenta contra la dignidad del trabajo cuando: se le considera solamente como instrumento de producción; no se realiza con unas condiciones higiénicas y de moralidad que no envilezcan a los trabajadores; no es de acuerdo con la edad y el sexo, teniendo que abandonar la madre las obligaciones familiares.

Resumiendo, se puede decir que las condiciones del trabajo deben ser tales que permitan que el trabajador se realice como persona.


"El trabajo es un bien del hombre (...) Y no es sólo un bien "útil" o "para disfrutar", sino un bien "digno", es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta (...) porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido se hace más hombre"
(LE, 9)


Derecho al descanso

El derecho al descanso es necesario porque el hombre debe reponer las fuerzas desgastadas por el trabajo diario, y porque debe tener también un honesto esparcimiento divirtiéndose -es decir, apartándose de lo de todos los días-. También lo es para mirar por la unidad familiar, que exige que los padres convivan con los hijos para poder educarlos.

Pero como el hombre tiene también un destino sobrenatural y debe dar a Dios el culto debido, necesita también un tiempo para el cumplimiento de estos deberes (cfr. MM, 67)

"Otro sector relativo a las prestaciones es el vinculado con el derecho al descanso; se trata ante todo de regular el descanso semana], que comprenda al menos el domingo y además un reposo más largo, es decir, las llamadas vacaciones una vez al año o eventualmente varias veces por períodos más breves" (Ibíd., 19)

Derecho a la libre asociación sindical

"Sobre la base de todos estos derechos, junto con la necesidad de asegurarlos por parte de los mismos trabajadores, brota aún otro derecho, es decir, el derecho a asociarse; esto es, a formar asociaciones o uniones que tengan como finalidad la defensa de los intereses vitales de los hombres empleados en las diversas profesiones"
(LE, 20)

El derecho a la libre asociación proviene de la tendencia natural del hombre -ser social- a unirse con los demás para alcanzar más fácilmente la satisfacción de sus apetencias.

Este derecho debe ser tutelado por el Estado, pero sin inmiscuirse en la autonomía de las asociaciones que nazcan como consecuencia del ejercicio de este derecho (cfr. RN, 43) Por esta misma razón deben mantenerse estas asociaciones al margen de intereses políticos ajenos a la misma vida laboral.

El ejercicio libre de este derecho ha sido siempre un elemento muy importante para reivindicar los justos derechos de los trabajadores. La experiencia histórica enseña que las organizaciones de este tipo son un elemento indispensable de la vida social.


EL TRABAJO EN LA EMPRESA

La empresa es la unidad de producción de bienes y servicios que afluyen a la sociedad. Debe, por tanto, estar orientada al bien común.

El fin inmediato de la empresa es la producción de bienes necesarios al hombre y a la sociedad, pero sólo una concepción materialista de la vida puede poner como fin exclusivo de la misma la producción material. La empresa debe ser un elemento donde el hombre se perfeccione, de ahí que una recta concepción de la empresa debe basarse en la dignidad humana de los que en ella trabajan. Cualquier otro fundamento que no sea la dignidad humana, hará que la empresa se vuelva en contra del propio hombre y del mismo orden social. la empresa, como toda la economía, debe estar al servicio del hombre (cfr. MM, 13)

La empresa, unión de esfuerzos

Dos son los elementos de que dispone el hombre para la producción económica: el capital y el trabajo. Ambos son absolutamente necesarios, de tal manera que el uno sin el otro no conseguirían su fin.

Debe verse, por tanto, la empresa como una unión de esfuerzos para la consecución de un fin común. Pensar que debe existir oposición entre ambos es un mal grave para toda la sociedad. Debe, por el contrario, existir una colaboración entre los elementos que constituyen la empresa porque concurren a un mismo fin. Esta colaboración debe tener una manifestación jurídica adecuada, que puede ser varia.

Participación en la gestión

Si la empresa es una unión de esfuerzos, ha de haber una participación activa de todos los que la constituyen -propietarios, administradores, técnicos y trabajadores- incluida también la gestión de aquélla. Una decisión mal tomada o irresponsable ocasiona perjuicios a todos los componentes. De este modo tiene el trabajador un cauce para poder expresar su iniciativa personal y su responsabilidad. Esto se debe hacer también en la esfera de la economía nacional cuando una decisión política pueda tener repercusiones en los trabajadores. Entonces deberá consultarse antes con los legítimos representantes del mundo laboral, de modo que todos los protagonistas de la vida económica tengan la posibilidad efectiva de participar libre y activamente en la elaboración y control de las decisiones que les afectan, en todos los niveles (cfr. Juan Pablo II, Sao Paulo, 3-VII-80)

Pueden darse muy distintas formas de participación, que vendrán aconsejadas según las características propias de cada empresa. Estas formas pueden ir desde la simple información sobre la marcha de ésta, pasando por distintos grados de participación del trabajador en la dirección de la empresa, hasta ir introduciendo -dentro de lo que permitan las circunstancias- elementos del contrato de sociedad en el contrato de trabajo de modo que se mejore así la condición general del trabajador (cfr. Pío XII, Rm. 11-111-51)

El que el trabajador pueda participar según su capacidad en la gestión de la empresa no excluye el papel decisivo que en una empresa tiene el empresario, que es como el artista inspirado o el inventor genial.

"Una concepción humana de la empresa debe, sin duda, salvaguardar la autoridad y la necesaria eficacia de la unidad de dirección; pero no puede reducir a sus colaboradores de cada día a la condición de simples silenciosos ejecutores, sin posibilidad alguna de hacer valer su experiencia, enteramente pasivos respecto a las decisiones que dirigen su actividad."
(M M, 1 7)


El salario justo

Es necesario que el trabajo tenga una compensación en quien lo realiza que le permita vivir con dignidad. El trabajo puede retribuirse de muy distintas maneras, pero la más frecuente es el salario.

En la Sagrada Escritura se habla de salario cuando Labán contrata a Jacob (Gn. 29, 15); de que no se debe retener el salario del trabajador (cfr. Eccli. 34, 27); y esto ni siquiera un solo día (cfr. Lv. 19, 13) Jesús confirmó el derecho del trabajador a su salario (cfr. Mt. 10, 10; Lc. 10, 7) Acerca de la cuantía, la Sagrada Escritura no dice nada, sin embargo, al hablar de un "derecho" hace referencia a la justicia, por lo que se deduce que el salario deberá ser "justo"

Si se considera la parábola del amo que contrata jornaleros (Mt. 20, 1-15) se ve que el criterio sobre el salario no proviene tan sólo del trabajo realizado, sino también de las necesidades del trabajador, que teniendo voluntad de trabajar no llega -por alguna circunstancia- a ganarse lo suficiente. Comparando Mt. 10, 10 y Lc. 10, 7, se llega a la conclusión de que el salario debe ser suficiente para el sustento. Por eso el buen patrono da a todos sus trabajadores lo que necesitan para vivir dignamente. Para lograr una justa determinación del salario habrá que considerar: a) las necesidades del trabajador; b) su rendimiento económico; c) la situación de la empresa; d) el bien común.

a) Las necesidades del trabajador

El salario debe permitir a los trabajadores un nivel de vida digno para que sean capaces de hacer frente a sus responsabilidades familiares, de modo que el salario del cabeza de familia permita su digna subsistencia sin que se haga necesaria otra ayuda. Otra cosa es que ayuden, con un trabajo adecuado, al mejor mantenimiento de la familia. Se debe llegar al salario familiar para que las mujeres no se vean obligadas a trabajar fuera de casa por razones económicas, sino que es necesario que la familia pueda vivir convenientemente, incluso cuando la madre se dedica plenamente a ella (cfr. OA, 32)

b) Atendiendo a su rendimiento

Es decir, debe contemplarse la aportación del trabajo a la producción del producto. Son condenables tanto las retribuciones insuficientes que explotan al trabajador, como las excesivas por trabajos sin importancia que no las merecen. Atender al rendimiento económico es fundamental para una verdadera justicia, ya que facultades diferentes son acreedoras a retribuciones diferentes (cfr. RN, 14)

c) La situación de la empresa

Sería injusto exigir un salario tan elevado que pusiera en peligro la subsistencia de la empresa misma, dejando sin trabajo a todos los que forman parte de ella. Pero no toda situación mala de la empresa justifica un salario más bajo que el justo. No lo es cuando la situación procede de un mal equipo directivo, que debe sustituirse, o de un sistema impositivo mal establecido, que debe subsanarse (cfr. OA, 33)

d) El bien común

Deben considerarse como exigencias del bien común en esta materia: dar ocupación al mayor número de trabajadores; evitar que se constituyan categorías de trabajadores privilegiados, que actuarían frente al conjunto como grupos de presión perjudicando a los demás; y mantener una adecuada proporción entre salarios y coste de la vida, ajustando a éste los salarios cada vez que sea necesario (cfr. OA, 34)

En lo referente a la justa retribución del salario, debe la autoridad velar para que se cumpla la justicia, preocupándose de los más débiles, ya que de otra manera es insostenible la paz social de la que el Estado es el guardián.

Distribución del beneficio

Cuando por razones de la ley del mercado, el precio de venta supera al coste total del producto -coste en que deben ser incluidas las justas retribuciones del trabajo, del capital y del empresario- y se produce un beneficio adicional, éste, que se ha producido por el esfuerzo común de toda la empresa, debe ser repartido también entre todos los que han contribuido a crearlo. Por eso, "la justicia social prohíbe que una clase excluya a otra de la participación en los beneficios. (QA, 25) Tanto la doctrina liberal -que atribuye todo el beneficio al capital-, como el marxismo -que atribuye toda la plusvalía al trabajo exclusivamente- deben ser rechazados como injustos.

Esta participación en los beneficios puede permitir al trabajador -que recibe ya un salario suficiente- ir formando con su ahorro un capital con el que podrá acceder a ser propietario de una parte de la empresa en que trabaja. Con esto se habría roto el antagonismo capitalista-trabajador, sostenido por los marxistas para seguir manteniendo la lucha de clases (cfr. LE, 11)

Conflictos laborales

Los conflictos laborales pueden surgir cuando alguna de las partes -trabajadores o patronos- se siente lesionada en sus derechos por culpa de la otra parte.

Se trata, entonces, de restablecer la justicia por medio de un diálogo constructivo para que las partes se avengan a un compromiso que satisfaga los derechos de ambas.

Otras veces, en cambio, se recurre a medios que pueden quebrantar la justicia y que no pueden ser empleados indiscriminadamente. -Por más que sucesivamente recurran a la misma idea de justicia, sin embargo la experiencia demuestra que otras fuerzas negativas, como son el rencor, el odio e incluso la crueldad han tomado la delantera a la justicia. En tal caso el ansia de aniquilar al enemigo, de limitar su libertad y hasta de imponerle una dependencia total, se convierte en el motivo fundamental de la acción; esto contrasta con la esencia de la justicia, la cual tiende por naturaleza a establecer la igualdad y la equiparación entre las partes en conflicto. Esta especie de abuso de la idea de justicia y la alteración práctica de ella atestiguan hasta qué punto la acción humana puede alejarse de la misma justicia, por más que se haya emprendido en su nombre" (DM, 12)

Los paros voluntarios -huelgas- deben ser evitados por el daño que hacen a todos, a la sociedad entera, cuya inmensa mayoría de -miembros no tienen nada que ver con el conflicto planteado entre una determinada empresa y sus trabajadores. Únicamente pueden ser toleradas como mal menor cuando se hayan agotado todas las demás vías de solución. Lo mismo puede decirse de los cierres patronales -lock out- que pueden ser aún más perjudiciales pues pueden convertirse en medios de presión de los más fuertes sobre los más débiles.

Las huelgas por motivos ajenos a las razones laborales serán moralmente injustas y muy difícilmente pueden tener justificación.


EL CRISTIANO, DEFENSOR DE LA JUSTICIA

"Siguiendo las huellas de tal enseñanza (se refiere a la doctrina social católica) procede la educación y formación de las conciencias humanas en el espíritu de la justicia" (DM, 12)

El cristiano, a quien Dios llama continuamente a la construcción de un mundo nuevo, donde se incoe el Reino de Dios por medio de Jesucristo, no puede olvidar que el Reino de Cristo tiene que ser un "reino de justicia, de amor y de paz". Por tanto, debe buscar que haya paz, la cual no es posible sin justicia y amor. Debe por ello amar la justicia pero teniendo siempre en cuenta que además de la justicia que manda dar lo estricto, debe reinar también la caridad que lleva a excederse en el amor al prójimo, sea quien sea.

Para ello el cristiano no tiene que recurrir a ninguna ideología política, sino que lo debe hacer en función de su vocación cristiana. Su adscripción a alguna ideología le ayudará a hacerlo, como ayuda siempre al hombre el asociarse con otros, pero esto siempre y cuando esa ideología no sostenga puntos -bastaría uno sólo- incompatibles con la fe cristiana.

VOCABULARIO

Trabajo: Es la colaboración en la obra creadora y salvadera del Señor. Dios quiso que todo hombre trabajara para dominar la tierra. En manos del malvado, el trabajo es fuente de injusticia y de división. El Magisterio de la Iglesia insiste en la necesidad de participar y colaborar en el mundo del trabajo, estableciendo en él unas relaciones de justicia y de fraternidad (Cve, p. 229) San Pablo estimulaba a sus comunidades a un trabajo cotidiano y constante. El trabajo salvaguarda la libertad personal, quien no trabaja se encuentra en vergonzosa dependencia de otros. El trabajo asimismo proporciona los medios para practicar la caridad. Todo trabajo humano debe poder desarrollarse en condiciones que no perjudiquen la salud de quien lo realiza y éste tiene derecho a ser retribuido dignamente por su trabajo. (Cve, p. 365.)

Equidad: Es la virtud que tiende en general a hacer cumplir la ley en su espíritu según la voluntad del legislador, aunque se pase por encima de la letra de la ley o a veces se vaya en contra de ella. La equidad corrige los efectos de una concepción literal de los derechos y deberes y se opone directamente al formalismo y al fariseísmo, que sólo ve en la ley su materialidad y no su espíritu.

Ocio: Es la diversión u ocupación reposada para descanso de otras tareas. Es necesario que el trabajador tenga un tiempo de ocio para reponer las fuerzas, dar a sus sentidos un honesto esparcimiento, mirar por la unidad familiar y cumplir sus deberes religiosos. (Cfr. MM, 250.)

Sindicato: Son aquellas asociaciones laborales que, en virtud del derecho natural de asociación, realizan los trabajadores o los patronos para representar y defender sus propios intereses.

Empresa: Es la comunidad integrada por el capital y el trabajo que, bajo la dirección del empresario, tiene como fin la producción de determinados bienes o servicios a la sociedad.

Capital: Es el conjunto de bienes: materias primas, máquinas e instalaciones, que entran en una producción ulterior como causa material.

Salario: Es la retribución cierta, inmediata y determinada previamente, que el trabajador recibe por poner su trabajo al servicio de la empresa.

Participación en beneficios: Se entiende por esto el régimen establecido por la ley o por acuerdos particulares, según el cual todos los trabajadores de una empresa, que reúnan las condiciones requeridas, tienen derecho a percibir una parte segura de los beneficios netos de la empresa en razón de su propio trabajo.

Cogestión: Es el sistema social por el que los trabajadores son llamados a participar en la gestión de la empresa junto con el capital. Es una consecuencia de ser la empresa una comunidad de intereses en la que todos se verían afectados por las decisiones tomadas.

Huelga: Es el abandono del trabajo por parte de los trabajadores organizados, para la consecución de fines económicos, sociales o políticos.

Cierre patronal: Es la interrupción del empleo de los trabajadores por parte de la empresa para la consecución o defensa de sus propios intereses.



El evangelio del trabajo

La proclamación más exhaustiva del Evangelio del trabajo la hizo Jesús, el Hijo de Dios hecho hambre, sometido al duro esfuerzo. El dedicó gran parte de su vida terrena al trabajo de artesano e incorporó el mismo trabajo a su obra de salvación.

El hombre es, en cuanto persona, el centro de la creación, porque sólo él ha sido creado a imagen y semejanza de Dios... El trabajo tiene en sí una fuerza que puede dar vida a una comunidad: la solidaridad.

Por su misma dinámica intrínseca la empresa está llamada a realizar, bajo vuestro impulso, una función social -que es profundamente ética-: la de contribuir al perfeccionamiento del hombre, de cada hombre, sin ninguna discriminación; creando las condiciones que hacen posible un trabajo en el que, a la vez que se desarrollan las capacidades personales, se consiga una producción eficaz y razonable de bienes y servicio, y se haga al obrero consciente de trabajar realmente "en algo propio"

La empresa es, por tanto, no solamente un organismo, una estructura de producción, sino que debe transformarse en comunidad de vida, en un lugar donde el hombre convive y se relaciona con sus semejantes; y donde el desarrollo personal no sólo es permitido sino fomentado. El enemigo principal de la concepción cristiana de la empresa, ¿no es quizás un cierto funcionalismo que hace de la eficacia el postulado único e inmediato de la producción y del trabajo?

Las relaciones de trabajo son, ante todo, relaciones entre seres humanos y no pueden medirse con el único método de la eficacia. Vosotros mismos, queridos empresarios presentes, si queréis
que vuestra actividad profesional sea coherente con vuestra fe, no os conforméis con que "las cosas marchen", que sean eficaces, productivas y eficientes; sino buscad más bien que los frutos de la empresa redunden en beneficio de todos por medio de la promoción humana global y el perfeccionamiento personal de aquellos que trabajan a vuestro lado y colaboran con vosotros.

Sé que la realidad socioeconómica es por su misma naturaleza bastante compleja, hasta el punto de parecer difícilmente gobernable en los momentos de crisis agudas, sobre todo cuando adquiere proporciones planetarias. Sin embargo, es precisamente en tales situaciones cuando conviene dejarse guiar por un gran sentido de justicia y por una total confianza en Dios. En los tiempos difíciles y duros para todos -como son los de las crisis económicas- no se puede abandonar a su suerte a los obreros, sobre todo a los que -como los pobres, los inmigrantes- sólo tienen sus brazos para mantenerse. Conviene recordar siempre un principio importante de la Doctrina Social Cristiana: "la jerarquía de valores, el sentido profundo del trabajo mismo exigen que el capital esté en función del trabajo y no el trabajo en función del capital" (Laborem exercens, 23)

Y ahora, al finalizar nuestro encuentro, quiero deciros una última palabra, queridos hermanos obreros y queridos empresarios de España: ¡Sed solidarios!

(Juan Pablo II, en Barcelona, 7-XI-82)


Solidaridad del cristiano en el trabajo

A pesar de que los problemas actuales parecen enormes, no hay razón para que nos resignemos. Este mundo -también el mundo en su situación actual- nos ha sido encomendado por Dios como tarea. Y nuestra fe cristiana contiene muchos motivos y principios que nos llevan a esforzarnos por llevar a cabo esa tarea correctamente. Las primeras páginas de la Biblia -la descripción de la obra de la creación constituyen en cierto sentido el primer evangelio del trabajo. El hombre fue creado a imagen de Dios y por su trabajo participa en la obra del Creador. Esto no se refiere sólo a los trabajos extraordinarios. Los hombres y mujeres que cuidan de su sustento mediante el trabajo cotidiano pueden estar justamente convencidos de que en ese trabajo continúan la obra del Creador.

La evolución de los problemas sociales en la industria y en la economía ha impelido cada vez con más fuerza a los trabajadores, hacia una acción común, hacia la solidaridad. Los obreros y obreras han ido abriendo caminos mediante una acción común y se han liberado de situaciones de envilecimiento y opresión. Ellos crearon los presupuestos de una existencia más digna, de una vida en justicia y libertad. En esta tarea, los trabajadores cristianos encontraron también energía y estímulo especialmente en la doctrina social de la Iglesia.

La solidaridad cristiana vive del "para" no del "contra" La acción solidaria pretende superar el sufrimiento innecesario producido por los hombres o por la naturaleza. Al hacerlo se vuelve también, ante todo, contra aquellos que pueden estar interesados en el mantenimiento de ese estado de injusticia o de ausencia de salvación. Pero, en último término, el impulso a la acción no deberá nacer del "contra", que puede conducir a una nueva opresión, sino del "para" liberador. En di caso de Jesús vemos que El no evita el enfrentamiento con los hacedores del mal y los sostenedores de la injusticia. Pero su objetivo es la conversión de los pecadores, no su destrucción; su objetivo es la vida, no la muerte. El objetivo de la solidaridad de los trabajadores no debería ser tampoco la victoria, el triunfo o el predominio, sino la ayuda, el mejoramiento y el entendimiento.

Así pues, si vosotros os fusionáis solidariamente para construir un mundo más justo, más digno del hombre, estaréis al servicio de la vida. La voluntad salvífica de Dios lo abarca todo, El quiere que tengamos vida y que la tengamos en abundancia.

(Juan Pablo II, 12-XI-83)