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  01. LOS PRIMEROS CUARENTA AÑOS DE LA IGLESIA
 
  02. LA IGLESIA EN EL MUNDO ANTIGUO
   
  03. LA IGLESIA EN EL MUNDO MEDIEVAL
   
  04. LA IGLESIA EN EL MUNDO MODERNO
   
  05. LA IGLESIA EN EL MUNDO CONTEMPORANEO
   
  06. LA IGLESIA Y LA TRANSMISION DE LA FE
   
  07. LA FIESTA CRISTIANA, EXPRESION CELEBRATIVA DE LA FE
   
  08. LOS SACRAMENTOS, SIGNOS VISIBLES DE LA ACCION DE CRISTO EN LA IGLESIA
   
  09. LA IGLESIA Y LA VIDA DE LOS CRISTIANOS
   
  10. EL AMOR, EJE FUNDAMENTAL DE LA EXISTENCIA CRISTIANA
   
  11. LA EUCARISTIA: CELEBRACION DEL AMOR DE CRISTO
   
  12. LA AMISTAD
   
  13. EL PERDON Y LA COMPASION
   
  14. EL MATRIMONIO
   
  15. LA FAMILIA
   
  16. EL CELIBATO APOSTOLICO, AMAR CON TODO EL CORAZON
   
  17. LINEAS FUNDAMENTALES DE LA MORAL DE CONVIVENCIA
   
  18. ESTRUCTURAS PARA LA CONVIVENCIA
   
  19. MORAL DE LA PRODUCCION, DISTRIBUCION Y USO DE LOS BIENES
   
  20. MORAL DE LAS RELACIONES LABORALES
   
  21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS
   
  22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION DE LA PAZ
   
   
   

 

 

21. MORAL DE LAS RELACIONES POLITICAS

La vida pública en nuestros días
La comunidad política
Su naturaleza
Necesidad de la autoridad
Origen de la autoridad
Diferentes formas legítimas del poder político
Fin de la comunidad política
Noción del bien común
Su contenido
Colaboración de todos en la vida pública
La democracia y sus implicaciones morales
La Iglesia y la comunidad política
El cristiano en la política: espíritu de servicio


 

 

 

LA VIDA PUBLICA EN NUESTROS DIAS

El hombre, como ya dijo Aristóteles, es un "animal político". La unidad de origen y la iguidad de naturaleza imponen al hombre relacionarse con los otros. El hombre no es un "ser para sí", sino que es un "ser para otro". En sus relaciones con los demás alcanza el hombre el pleno desarrollo de su personalidad.

Antiguamente, el hombre podía relacionarse a lo largo de su vida con muy pocos semejantes, aquellos que pertenecían a su mismo entorno, que era, por lo demás, muy reducido. Hoy día, el adelanto en los medios de comunicación, la posibilidad de trasladarse fácilmente de un lado a otro, la mayor participación en las tareas comunes, la mayor comunicación de las ideas, etc., han facilitado la vida pública de los hombres contemporáneos. Actualmente, el hombre se ha hecho más "político", más social.

Existe mayor vida pública que antaño; el hombre de hoy dedica más tiempo a sus relaciones con los demás, es más "para los demás", y los problemas de los otros no le son indiferentes. En primer lugar, porque los conoce a través de la rapidez de los medios de comunicación y, en segundo lugar, porque puede tener mayor intervención en su solución.


LA COMUNIDAD POLITICA

"El hombre está naturalmente ordenado a vivir en comunidad política, porque no pudiendo en la soledad procurarse todo aquello que la necesidad y el decoro de la vida exigen, como tampoco lo conducente a la perfección de su ingenio y de su alma, la providencia de Dios dispuso que el hombre naciera inclinado a asociarse y unirse a otros, ya en la sociedad doméstica, ya en la civil, única que le puede proporcionar todo lo que basta perfectamente para la vida."

(ID, 4)


Su naturaleza

Acerca de la naturaleza de la comunidad política hay que afirmar que proviene de la misma naturaleza del hombre, pues en el plan divino sobre éste, la sociedad política es el medio natural del que el individuo se sirve para alcanzar su fin, pues la sociedad nace para el hombre y no viceversa, como afirman los totalitarismos (cfr. DR, 29) La Iglesia condenó como falsa la doctrina llamada del "pacto social", según la cual todos los hombres cedían algo de sus derechos que se acumulaban en quien ostentaba el poder, trasladaban, por así decir, su voluntad al Estado (cfr. Di. 13)

Necesidad de la autoridad

La sociedad no puede existir, ni siquiera concebirse, sin una autoridad que promueva la concordia entre las distintas opiniones de los hombres que la componen y que, haciéndose intérprete del recto orden, la unifique y ordene hacia la consecución del fin que esa sociedad se proponga.

Tiene que haber quien diga qué y cómo se han de hacer las cosas, pues de lo contrario, con tantos pareceres, muchas veces se quedarían sin hacer. La autoridad es el principio unificador activo sin cuya presencia la sociedad no puede ser útil al hombre, pues constituye el vínculo necesario para asegurar la unión de todos los componentes del cuerpo social.

El Concilio Vaticano II dice a este respecto: "Mas son muchos y diferentes los hombres que se reúnen en la comunidad política y que pueden legítimamente inclinarse hacia soluciones diversas. Por lo tanto, para que, al opinar cada uno a su manera, no se disgregue la comunidad política, es necesaria una autoridad que dirija hacia el bien común la actuación de todos los ciudadanos" (GS, 74)

Origen de la autoridad

En los pueblos antiguos era frecuente la idea de que toda autoridad tenía algo de divino. La Sagrada Escritura confirma este sentir de los hombres, tanto en Jn. 19, 1: "No tendrías ningún poder sobre mí si no te hubiera sido dado de lo alto"; como en las palabras de San Pablo a los Romanos. "No hay autoridad que no venga de Dios; y las que hay, por Dios han sido establecidas" (13, 1)


Al afirmar el origen divino de la autoridad política se está afirmando implícitamente la existencia de Dios, que es el firme cimiento de todo el orden civil. Por eso, cuando la autoridad se aparta de Dios se aparta de su origen. Cuando el hombre niega a Dios y se proclama a sí mismo dueño de todos sus actos, cae a veces en la anarquía, o en formas de convivencia que rebajan su dignidad.

De aquí se deduce que se debe obedecer en conciencia a la autoridad como depositaria de la voluntad de Dios: "Es preciso someterse no sólo por temor al castigo, sino por conciencia" (Rom. 13, 5), de este modo la obediencia a quien legítimamente manda es un acto virtuoso y meritorio, que no lo es cuando se obedece solamente por temor al castigo.

León XIII decía que a la autoridad la dignidad le venía de "ser imagen de la majestad divina" (DI, 16) y "participación del poder infinito" (RN, 26) Este origen divino de la autoridad determina también su límite: todo lo que se oponga a la ley divina, natural o positiva, ya que "hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Act. 4, 19)

Diferentes formas legítimas del poder político

Que el poder tenga un origen divino no implica tampoco cómo puede llegar un hombre a ostentar ese poder. Se trata de ver cómo comunica Dios a los jefes de la sociedad el derecho de gobernar en su nombre y de imponer sus decisiones a la conciencia de los hombres.

"Del hecho de que la autoridad proviene de Dios no debe en modo alguno deducirse que los hombres no tengan derecho a elegir los gobernantes de la nación, establecer la forma de gobierno y determinar los procedimientos y los límites en el ejercicio de la autoridad."

(PT, 52)

FIN DE LA COMUNIDAD POLITICA

"La comunidad política nace, pues, para buscar el bien común: en él encuentra su justificación plena y su sentido, y de él recibe su jurídico ordenamiento primitivo y peculiar" (GS, 74)

Noción del bien común

Bien común "es el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible a las asociaciones y a cada uno de sus miembros, el logro más pleno y más fácil de la propia perfección" (GS, 26)

El bien común es, en esencia, una realidad propia de la sociedad en cuanto tal, que hace posible a sus miembros la existencia plenamente humana. De aquí se deduce que el fin de la sociedad sea el bien común, que hace posible el bien propio de cada uno de los miembros.

"La prosecución del bien común constituye la razón misma de ser de los poderes públicos, los cuales están obligados a procurarlo, reconociendo y respetando sus elementos esenciales y seguir los postulados de las respectivas situaciones históricas."

(PT, 54)


Se trata aquí del bien común terciporal ya que existe también el bien común último que es Dios. La prosecución de este -bien común último no corresponde a la sociedad civil sino a la Iglesia, pero porque el bien común temporal ha de tener presente el último, es por lo que la Iglesia tiene, en ocasiones, que decir su palabra sobre el bien común temporal. Para que se dé el bien común tienen que darse unas condiciones sociales externas: paz social entre todos los componentes de la sociedad; seguridad en el ejercicio de los derechos: "El bien común al que la autoridad sirve en el Estado se realiza sólo cuando todos los ciudadanos están seguros de sus deberes." (Juan Pablo II, RH, 17) De ahí que la meta sea la máxima libertad e independencia para los individuos y asociaciones, aunque siempre sometidas al mayor bien de la colectividad; y con ello una suficiente producción de bienes unida a su justa distribución.

Los elementos constitutivos del bien común serán:
1) Un orden económico que facilite la base material;
2) Un orden jurídico que garantice los derechos de los individuos como personas;
3) Un sistema educativo que permita a todos disfrutar de los bienes de la cultura y tengan, por una mayor formación, una mayor responsabilidad;
4) Un orden espiritual y moral que facilite a los hombres su relación con su fin último, que es Dios.


Su contenido

Se puede afirmar que hoy día todo el contenido del bien común está en que se reconozcan y garanticen los derechos fundamentales del hombre. A veces, en nombre del bien común -que se confunde con el bien de un grupo identificado con el Estado- se han atropellado derechos fundamentales del hombre. El contenido del bien común es que se viva el espíritu de la "Declaración de los derechos del hombre" y no sólo que se acepte su letra (cfr. RH, 17), pues hay gobiernos, que habiendo suscrito la citada declaración, atropellan ignominiosamente la dignidad del hombre.


COLABORACION DE TODOS EN LA VIDA PUBLICA

Colaborar en la vida pública no es tan sólo lo que hacen los que con una vocación política toman parte activa en la política de la nación. Colaborar es una misión de todos los ciudadanos. A la vida pública contribuyen: la Iglesia, el Estado e instituciones intermedias y todos los ciudadanos.

- La Iglesia tiene el deber de llevar un acento humano y cristiano a la civilización de los hombres de hoy, marcando el camino seguro para reconstruir la convivencia social a la luz de Cristo.

- El Estado debe cooperar: garantizando los derechos de los ciudadanos y favoreciendo la responsabilidad de cada uno, para lo cual debe mantenerse dentro de los límites que marca el principio de subsidiariedad: respetando las iniciativas privadas; favoreciendo los organismos de convivencia y asociaciones privadas; y vigilando para que la economía vaya encaminada a favorecer a todos, pero especialmente a los más necesitados.

- Los ciudadanos deberán renovar su conciencia de responsabilidad contribuyendo cada uno según sus capacidades. Esto lo harán cumpliendo cada uno con su trabajo lo más perfectamente posible; ejerciendo el deber y el derecho a votar en conciencia y libremente para promover aquellas leyes encaminadas al bien común o evitar las que atenten al bien de la sociedad.

"A los seglares les corresponde el considerar como obligación suya el establecimiento del orden temporal; conducidos por la ley del Evangelio y por la mente de la Iglesia y unidos por la caridad cristiana, han de actuar directamente y en forma precisa; deben cooperar como ciudadanos con todos los demás con su competencia profesional y siempre con su propia responsabilidad; han de buscar en todas partes y en todo la justicia del Reino de Dios."

(AA, 7)


LA DEMOCRACIA Y SUS IMPLICACIONES MORALES

Muchas son las formas en que las sociedades pueden organizarse para conseguir el bien común. Juan XXIII, en la encíclica Pacem in terris, hacía notar que en la época moderna se pone de manifiesto la tendencia a redactar en forma concisa y clara los derechos fundamentales del hombre en unos textos jurídicos llamados constitución.

En la mayoría de las constituciones se acepta como forma de gobierno la democracia. Este concepto, tal como hoy se entiende, está fundado en la radical igualdad de todos los hombres.

Para que una democracia funcione hay que tener en cuenta que lo verdadero no depende nunca de una consulta electoral, sino de la misma naturaleza de las cosas. De una consulta depende lo que en un momento se crea conveniente por los consultados. Lo conveniente es aleatorio, es decir, puede serio hoy y dejar de serio más tarde.

Por parte de quienes se presentan a la elección hay que notar que deben actuar con sinceridad, exponiendo la verdad de lo que piensan hacer y limitando su actuación a aquello para lo que fueron elegidos.

Los consultados deben emitir su voto con una conciencia bien formada sobre la decisión que deben tomar y de la que luego serán responsables. Para formar bien la conciencia deberán tener siempre presente que todo el ordenamiento jurídico que va a regir la vida de la comunidad debe estar sometido al orden moral.

Todos los ciudadanos tienen el deber y el derecho a participar activamente en la vida pública. Esto lo harán según los modos marcados por la autoridad, y esta participación puede obligar en conciencia para conseguir el bien común.

Por otra parte, el diálogo constante entre los gobernados y los gobernantes impide que el poder se aísle de los problemas reales y que se renueve y rejuvenezca continuamente la autoridad (cfr. PT, 73-74)


LA IGLESIA Y LA COMUNIDAD POLITICA

La Iglesia es la defensora de todos los valores genuinos del hombre. Ha sido siempre la defensora del hombre, al que ha dado siempre un valor transcendente, recordando con ello el deber que tiene todo hombre por su propia naturaleza creada, de dar a Dios la adoración que sólo El se merece. Ha defendido la primacía social del hombre frente al individualismo liberal y ha sido la que ha salvado el verdadero valor de la persona humana, defendiendo la justa y digna libertad del hombre frente a los totalitarismos degradantes.

La Iglesia sólo ha condenado aquellos regímenes políticos en que el hombre no es tratado como tal y ella, con su experiencia milenaria pero sobre todo por la ayuda del Espíritu Santo, tiene el conocimiento suficiente para detectar cuando se atropella la dignidad del hombre y se perjudica, por lo tanto, la convivencia humana. La Iglesia convive y coopera en todos los demás regímenes políticos, para bien de todos los ciudadanos, que lo son de la ciudad terrena y de la celeste.


EL CRISTIANO EN LA POLITICA: ESPIRITU DE SERVICIO

El cristiano que debe seguir a Cristo, aprende del divino Maestro que "no vino a ser servido sino a servir" (Mt. 20, 28), y ve en toda su vida un acto de servicio a los demás.

Sirve a los demás desde cualquier puesto que ocupe en la sociedad, tanto si es llamado a ejercer la autoridad, como en los puestos más humildes de aquélla. En un mundo en que la ambición de poder para medrar personalmente es la regla por la que se mueven muchos hombres, el cristiano tiene que dar ejemplo de servicio, y en un mundo de ambiciones personalistas, dar ejemplo de abnegación y ayuda a los demás. El amor al prójimo tiene que llevarle a ayudar a los demás, sin egoísmos ambiciosos, ni cómodas inhibiciones. Por otra parte, el cristiano debe sentirse responsable de los derechos de Dios y de la Iglesia y defenderlos, ya que esta tarea no es exclusiva de los obispos y sacerdotes.

VOCABULARIO

Política: Es el arte de gobernar a los pueblos y conservar el orden y las buenas costumbres para alcanzar el bien común.

Derechos humanos: Son aquellos derechos que nacen de la misma naturaleza del hombre, de su ser personal, y que, por eso, son universales, inviolables e inalienables. (Cfr. PT, n. g.)

Estado: Es la sociedad completa y perfecta, compuesta por grupos intermedios, ordenada a la realización del bien común de los individuos.

Nación: Unidad moral que resulta de una unidad de raza, lengua, cultura y tradiciones, y que tiene la voluntad efectiva de convivir.

Comunidad autonómica: Es el territorio cuyos habitantes se rigen por leyes propias, aunque sometidos en ciertos asuntos a las decisiones del gobierno central.

Régimen político: Es el modo como, a través de las leyes propias, se gobierna un pueblo.

Ordenamiento jurídico: Es el conjunto de todas las leyes que tienen vigencia en una sociedad y por las cuales se rige.

Constitución: Ley fundamental por la que se gobierna un estado y garantiza así el cumplimiento de los derechos y deberes de todos los ciudadanos.

Democracia: Es el sistema de gobierno en el que el pueblo elige a sus propios gobernantes.

Compromiso cristiano: Acción en la cual los discípulos de Cristo, movidos por su Espíritu y llenos de amor cristiano, se ponen al servicio de sus hermanos, de todos los hombres para construir un mundo de paz y justicia, donde se viven las bienaventuranzas. Así contribuyen a la plenitud del Reino de Dios. (Cve, p. 625.)

Paz: Es la concordia y buena correspondencia de unos con otros. la paz es el don más grande que tienen los pueblos.

Guerra: Lucha armada entre dos países, o grupos de países, para intentar solucionar sus mutuos problemas. La guerra, por sus terribles secuelas, debe ser siempre evitada.

Terrorismo: Forma moderna de guerra por la que por la sucesión de actos de violencia para infundir miedo en la sociedad, se busca derrocar un régimen político o imponer una determinada postura social. Nunca se debe recurrir a la violencia para solucionar problemas.

Colonización: Es la acción que un pueblo organizado ejerce sobre otro subdesarrollado, ya ocupando su territorio, o bien tomando a su cargo la administración del país. Puede haber colonizaciones solapadas en las que un país pierde su independencia, no de derecho, pero sí de hecho.

Crecimiento demográfico: Se llama así al incremento de la población de un país, bien por un aumento de natalidad, o bien por un aumento de la inmigración.

Emigración: Es el abandono del propio país para irse a establecer en otro, bien temporal, bien definitivamente. Es un derecho natural del hombre que debe ser tutelado.

Sociedad de Naciones: Organismo internacional creado por la paz de Versalles (1919) que se proponía asegurar la paz y la justicia entre las naciones miembros de la organización.

Organización de las Naciones Unidas: Organismo internacional creado el 26 de junio de 1945 por las cincuenta naciones firmantes de la Carta de S. Francisco. Consta de diversos organismos.



Honestidad en la vida política

Sí, en definitiva, la mejor respuesta a la violencia política es siempre y en todas partes un tipo de sociedad donde las leyes son justas, donde el Gobierno hace el máximo esfuerzo para satisfacer las legítimas necesidades de la población y donde los ciudadanos pueden, en seguridad y en paz, vivir juntos y construir su propio futuro y el de sus compatriotas.

Una sociedad así requiere con toda certeza una enorme honestidad a todos los niveles, como ya he mencionado.

Por parte de los dirigentes, lo primero. Pues, sin esta probidad de carácter en los líderes políticos, todo acto de gobierno enseguida se hace sospechoso y deteriora la atmósfera social. No hay necesidad de insistir: esta honradez, esta lealtad, este desprendimiento se refieren no sólo a los Gobiernos, sino también a los parlamentarios, a los funcionarios de las diversas instituciones, y también en particular, a las personas comprometidas de un modo u otro en el campo de la información. Los ciudadanos tienen derecho, en efecto, a la honradez de sus responsables; tienen derecho a la verdad, a una verdad libre de alteración y de manipulación. Las mentiras, las insinuaciones tendenciosas, las afirmaciones erróneas desgarran la sociedad y preparan el terreno, a corto o largo plazo, para la acción absolutamente absurda de los terroristas.

Esta obra capital y permanente de saneamiento y funcionabilidad de las esferas dirigentes de toda nación al servicio del pueblo, a pesar de las incomprensiones, las críticas o las violencias injustificadas, lleva consigo grandes exigencias de tenacidad y sangre fría, que son admirables y podrían incluso desanimar a aquellos que consagran generosamente a esta tarea sus talentos y su vida. Lo sabemos, la palabra "desánimo" no es digna del hombre, y aún menos del cristiano. En los días que siguieron al suceso del 13 de mayo y en el transcurso de mi larga convalecencia, medité mucho sobra el misterio del mal, de su expansión tan contagiosa a veces, pero también -y me ayudaron a ello el número incalculable de testimonios de simpatía que recibí- sobre el misterio más asombroso aún de la solidaridad de los hombres en el bien, en la construcción y reconstrucción de una sociedad y de una civilización fundada sobre el amor y el compartir. Y me venía a la memoria la frase tan repetida del Apóstol Pablo: "No te dejes vencer del mal, antes vence el mal con el bien" (Rom. 12, 21)

(Juan Pablo II, alocución a la unión mundial demócrata-cristiana, 18-11-82)

Actuación política del cristiano

Los cristianos deben tener conciencia de la vocación particular y propia que tienen en la comunidad política; en virtud de esta vocación están obligados a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común; así demostrarán también con los hechos cómo pueden armonizarse la autoridad y la libertad, la iniciativa personal y la necesaria solidaridad del cuerpo social, las ventajas de la unidad combinada con la provechosa diversidad. El cristiano debe reconocer la legítima pluralidad de opiniones temporales discrepantes y debe respetar a los ciudadanos que, aun agrupados, defienden lealmente su manera de ver. Los partidos políticos deben promover todo lo que a su juicio exige el bien común; nunca, sin embargo, está permitido anteponer intereses propios al bien común.

Hay que prestar gran atención a la educación cívica y política, que hoy día es particularmente necesaria para el pueblo, y sobre todo para la juventud, a fin de que todos los ciudadanos puedan cumplir su misión en la vida de la comunidad política. Quienes son, pueden llegar a ser capaces de ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política, prepárense para ella y procuren ejercitarla con olvido del propio interés y de toda ganancia vena¡. Luchen con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un solo hombre o de un solo partido político; conságrense con sinceridad y rectitud, más aún, con caridad y fortaleza política, al servicio de todos.

(GS, 75)