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22. LA COMUNIDAD DE LOS PUEBLOS Y LA CONSTRUCCION
DE LA PAZ
La situación en el siglo XX
Naturaleza de la paz
Don de Dios
Obra de la justicia: Derechos humanos
La paz, fruto de la justicia y el amor
La paz de Cristo
La comunidad internacional: el bien común
mundial
En el orden económico
En el orden cultural
En el orden social: el crecimiento demográfico
Las discordias entre los pueblos
Sus causas
La guerra
El cristiano, sembrador de paz
LA SITUACION EN EL SIGLO XX
Nunca como en los tiempos modernos, seguramente, se ha repetido
tanto la palabra paz, Sin embargo, en lo que va de siglo ha habido
muchas guerras: la primera guerra mundial, la civil en Rusia, la
de Abisinia, la civil de España, la segunda mundial, la de
Indochina, la de Argelia, la de Corea, la de Vietnam, la de Biafra,
las árabe-judías, las de la América Central,
Líbano, las que han dado lugar a las independencias de muchos
pueblos que no las habían conseguido con medios pacíficos
y todo ello sin contar esa guerra doméstica en casi todas
las naciones, que es el terrorismo, etc. Todo esto ha producido
en el mundo, en este tiempo, muchísimos muertos y cuantiosísimas
pérdidas materiales.
Por otro lado, ha habido grandes esfuerzos entre los hombres para
organizar la sociedad de modo que se hiciera posible una paz duradera.
Así nació, después de la primera guerra mundial,
la Sociedad de Naciones y, después de la segunda, la Organización
de las Naciones Unidas. Se firmó por casi todos los países
la "Declaración de los derechos del hombre", y
un sinfín de políticos y todos los Romanos Pontífices
en numerosas alocuciones han pedido incesantemente por la paz. Y,
sin embargo, no hay paz. Esta es la realidad.
NATURALEZA DE LA PAZ
"Reemplacemos la violencia y el odio por la confianza y el
aprecio", dijo Juan Pablo II en Hiroshima.
El problema de la paz no es un problema técnico, y mucho
menos una consecuencia del temor a una loca carrera de armamentos:
El "si vis pacem, para bellum" (si quieres la paz, prepara
la guerra) será siempre un error. El problema de la paz es,
en realidad, un problema de orden moral. La paz no está en
la sola prosperidad material, sino en el desarrollo del perfeccionamiento
moral de los individuos y de los pueblos.
"La paz es el resultado de muchas actitudes y realidades convergentes;
es el resultado de preocupaciones morales, de principios éticos,
basados en el mensaje del Evangelio y corroborados por él."
(Juan Pablo II, Homilía en Drogheda, 29-9-79)
Don de Dios
"La paz es don incomparable de Dios" (Juan XXIII, Rm.
del 23-XII-79), y son innumerables las citas de la Sagrada Escritura
en que se habla de "la paz de Dios", "el Dios de
la paz", etc. La paz no la pueden encontrar los hombres, por
tanto, sino cuando su esfuerzo vaya en las líneas generales
del orden fijado por Dios. Sin Dios, la paz carece de fundamento
sólido, por eso es un error de principio confiar la paz al
materialismo moderno, que corrompe al hombre y lo aparta de Dios.
Sólo la vuelta a Dios y el reconocimiento de sus derechos,
hará que la paz vuelva a los hombres: "la paz de Díos
que sobrepuja todo conocimiento. (Fip. 4, 7)
"La paz es obra nuestra: exige nuestra acción decidida
y solidaria. Pero es inseparablemente y por encima de todo un don
de Dios. Los cristianos deben estar en primera fila entre aquellos
que oran diariamente por la paz, deben además educar para
orar por la paz. Ellos procurarán orar con María,
Reina de la paz"
(Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de
la Paz, 8-XII-78)
Obra de la justicia: derechos humanos
"La paz no es la mera ausencia de guerra, ni se reduce al solo
equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía
despótico, sino que con toda exactitud y propiedad se llama
"obra de la justicia" (Ps., 32, 7), por eso, la paz no
es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer."
(GS, 78)
La paz impone, por tanto, la primacía del derecho del hombre
y, mientras no se respeten estos derechos -y se están violando
una y otra vez-, no podrá haber paz entre los hombres. Si
justicia es dar a cada uno lo suyo, cuando todos tengan lo que les
pertenece, habrá verdadera paz. Pero mientras las injusticias
-cuando alguien no tenga lo que le corresponde como hombre- existan
entre los pueblos, éstos buscarán reivindicar sus
derechos y, si les son negados, se producirán fácilmente
situaciones violentas.
La violación de los derechos humanos origina siempre rebeldía.
Esto se da de modo más manifiesto cuando se trata del derecho
de libertad de conciencia y libertad religiosa, porque los hombres,
por defender su fe, están dispuestos incluso a dar su vida.
La paz lleva consigo el establecimiento de un nuevo orden en todos
los niveles y ámbitos de las relaciones humanas: la disponibilidad
para crear mayor y más justa solidaridad entre los pueblos
es la primera condición de la paz. la paz exige el reconocimiento
de la ley natural, de la que derivan las normas del ser y del obrar.
"Vosotros sabéis muy bien que todas las sociedades,
nacionales o internacionales, serán juzgadas en este campo
de la paz por la aportación que hayan dado al desarrollo
del hombre y al respeto a sus derechos fundamentales"
(Juan Pablo II, Discurso al Cuerpo diplomático,
México)
La paz, fruto de la justicia y el amor
Servir a la paz es apresurar el día en que todos los pueblos,
sin excepción, dejadas a un lado las rivalidades y las contiendas,
se unirán en un abrazo fraternal. Pero esto no se logra con
la sola justicia, aunque sea absolutamente necesaria, pues ésta
no puede -aunque remueva las causas del mal- unir los corazones
y las almas. Solamente esta unión de almas y corazones puede
hacer que todos los hombres se sientan miembros de la gran familia
humana, sintiendo los unos como propias las necesidades y alegrías
de los demás.
La paz de Cristo
"La paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ella
habéis sido llamados en un solo cuerpo" (Col. 3, 15)
El propio Cristo habla de ella "mi paz os doy, no como el mundo
la da os la doy yo" (Jn. 14, 27)
"Jesucristo no nos da simplemente la paz. Nos da su paz acompañada
de su justicia. El es paz y justicia. Se hace nuestra paz y nuestra
justicia. "¿Qué significa esto? Significa que
Jesucristo -el Hijo de Dios hecho hombre, el hombre perfecto- perfecciona,
restaura y manifiesta en sí mismo la insuperable dignidad
que Dios desea dar al hombre desde el principio. El es el único
que realiza en sí lo que el hombre debe ser por vocación:
el único que está plenamente reconciliado con el Padre,
plenamente uno en sí mismo, plenamente entregado a los demás.
Jesucristo es la paz viviente y la justicia viviente. ,,Jesucristo
nos hace partícipes de lo que El es. Por su Encarnación,
el Hijo de Dios se unió en cierta manera con cada ser humano.
En lo más profundo de nuestro ser nos ha vuelto a crear;
en lo más íntimo nos ha reconciliado con Dios, nos
ha reconciliado con nosotros mismos, nos ha reconciliado con nuestros
hermanos y hermanas. El es nuestra paz"
(Juan Pablo II, Homilía en el Yankee Stadium,
2-X-79)
En consecuencia para que tenga paz la humanidad debe retornar a
Jesucristo y así la paz se hace cristiana. La paz es fruto
de la Redención en la que Cristo nos ha liberado trayendo
la paz a los hombres, paz que la Iglesia continúa comunicando.
Así se irá dando "la paz de Cristo en el Reino
de Cristo".
LA COMUNIDAD INTERNACIONAL: EL BIEN COMUN MUNDIAL
La sociedad política -el Estado- es una sociedad completa
y perfecta, y, por tanto, soberana. El conjunto de la humanidad,
en cambio, no puede ser considerada como sociedad porque no está
sometida a una única autoridad política. No obstante,
dé esto no se sigue el que esté prohibido aspirar
a una organización internacional de Estados que, sin renunciar
a su soberanía ni tratar de hacer de la humanidad una sociedad
política perfecta, asegure al género humano esa unión
que piden, no sólo la fraternidad humana, sino también
las mutuas exigencias de una solidaridad cada vez más estrecha
de todas las naciones de la tierra.
Así como las comunidades políticas de cada pueblo
se caracterizaban por la búsqueda del bien común de
sus respectivos súbditos, la búsqueda del bien común
mundial será la razón de ser de la comunidad internacional.
Este bien común mundial es un postulado natural y afecta
a toda la familia humana y está ligado al bien común
de cada pueblo "porque el bien común de la propia nación
no puede ciertamente separarse del bien propio de toda la familia
humana" (PT, 98)
Este bien común mundial exige un orden que garantice la
convivencia. Este orden no puede ser puramente material, sino que
exige un orden moral que ha de tener en Dios su fundamento, pues
si se prescinde de El las leyes morales pierden toda su fuerza y
los mismos medios, que servirían para elevar el nivel de
la humanidad, pueden convertirse, al margen de la moral, en agentes
destructores de la misma humanidad.
Esta cooperación internacional debe darse en tres órdenes
principalmente: en el económico, en el cultural y en el social.
En el orden económico
El problema del nivel económico tiene importancia transcendental,
porque sin un equilibrio económico entre los pueblos es imposible
una paz estable. Desgraciadamente, todavía hoy se observa
que hay pueblos que viven en la abundancia y despilfarran y otros
que viven en la miseria más absoluta.
Para solventar este problema se puede hacer prestando ayudas de
urgencia con las que los pueblos que abundan, acudan en ayuda de
los que en un momento, por catástrofes, malas cosechas, etc.,
pasen necesidad. Esto lo exige la justicia y el sentimiento de humanidad.
Pero las ayudas de urgencia son insuficientes. Hay que acudir a
la raíz del problema eliminando las causas de la indigencia.
Se debe promover un verdadero desarrollo económico con inversiones
de capital por parte de los países ricos, que puedan elevar
el rendimiento de sus recursos económicos, pero sin que esto
suponga un nuevo colonialismo económico que lleve a estos
pueblos pobres a perder su independencia económica.
A esto debe ayudar la equidad en las relaciones comerciales, de
manera que no ocurra que los pueblos ricos se hagan cada vez más
ricos y los pobres, cada vez más pobres (cfr. PP, 56-57)
Estas ayudas deben ser proporcionadas por sociedades particulares
que lleven sus iniciativas, por organismos locales y estatales y
por los organismos internacionales, que deben promover y encauzar
estas ayudas a los pueblos necesitados.
En el orden cultural
Teniendo en cuenta que la cultura es lo que verdaderamente actúa
como motor en el desarrollo de los pueblos, se debe fomentar -dentro
de una verdadera cooperación internacional- la elevación
cultura¡ de los pueblos más atrasados. "Porque
el hambre de cultura no es menos deprimente que el hambre de alimentos"
(PP, 35)
Para ello debe fomentarse que, al principio, acudan los ciudadanos
más capacitados de estos países menos desarrollados
a universidades donde adquieran la preparación suficiente
para luego promover, en sus países de origen, escuelas elementales
y medias y nuevas universidades. Es muy importante que se promuevan
las condiciones sanitarias e higiénicas para desarraigar
enfermedades endémicas que tienen su origen, a veces, en
una cultura muy primitiva y rudimentaria o, sencillamente, en falta
de cultura.
Para lograr esto, junto con el capital necesario para el desarrollo,
se deben enviar técnicos y especialistas que enseñen
con generosidad y formen sin egoísmos a los nativos que así,
al cabo de un tiempo, podrán sustituirlos.
En el orden social: crecimiento demográfico
Dios dio la tierra al hombre para uso de todos y ha puesto en el
mundo bienes suficientes para todos. Sin embargo, se dan desequilibrios
en la repartición de la tierra y la población que
sostiene, pues mientras hay zonas muy pobladas con pocas tierras
que cultivar, hay, por el contrario, vastas extensiones en otras
zonas del mundo que, o no están cultivadas, o lo están
insuficientemente.
Se plantea, por este motivo, en algunos países el problema
demográfico. No se trata de reducir la población y
gastar para ello ingentes sumas de dinero en planificación
familiar, sino en emplear ese dinero, y más si hace falta,
en proporcionar a todos lo necesario. No se trata, en frase de Pablo
VI, de no invitar a la mesa de la humanidad a nuevos comensales,
sino en buscar alimentos para todos donde los haya. Se trata de
traer más alimentos a la mesa.
El recurso a métodos anticonceptivos es gravemente inmoral,
y más cuando los realizan organismos internacionales como
una condición para ayudar económicamente.
Una forma de solucionar en parte el problema es fomentar una equitativa
libertad de emigración e inmigración, que promueva
el desarrollo de otras zonas despobladas y poco desarrolladas. Es,
por tanto, justo que se respete el derecho a la emigración,
pues todos los hombres son libres para buscar su alimento y el de
su familia donde quiera que lo haya; es, por tanto, una exigencia
natural del hombre. Sería injusto que países donde
existen recursos sin explotar cierren sus puertas a hombres que
pueden ponerlos en explotación, aumentando de este modo,
al mismo tiempo, la riqueza del país que los acoge: "De
esta suerte, las naciones que dan y los Estados que reciben, contribuirán
a la par al incremento del bienestar humano y al progreso de la
cultura humana"
(Pío XII, Rm. 1-6-41)
LAS DISCORDIAS ENTRE PUEBLOS
Sus causas
Siempre en la historia de la humanidad se han dado discordias entre
los pueblos como consecuencia de distintos intereses. Múltiples
son las causas de estas desavenencias. Entre ellas cabrían
destacar:
a) Como causa más amplia y general estará el que
cuando por afán de poder o poseer se conculquen las libertades
de los pueblos y los derechos humanos.
b) Los nacionalismos exacerbados que aíslan a los pueblos
y les llevan despreciar a los demás.
c) El racismo, cuando no da el trato conveniente a las minorías
étnicas y pretende determinar la superioridad de una raza
que domine.
d) Las diferencias económicas entre unos y otros, que engendran
la envidia y la subversión.
En el fondo de todas las discordias está siempre el pecado
de los hombres. Para solucionar estos conflictos debe darse siempre
el diálogo abierto entre los que se sienten ofendidos y los
presuntos ofensores. Este diálogo debe ser abierto a la rectificación,
de lo contrario no tendría ningún efecto.
Un diálogo donde la generosidad de unos venga a cubrir las
necesidades de otros. Para dilucidar estas cuestiones se creó,
en 1945, la Organización de las Naciones Unidas, donde, en
presencia de todos sus miembros, se discuten los problemas que afectan
a determinados pueblos. El inconveniente que tiene es que, al no
haber una autoridad universal con fuerza coactiva, no se pueden
imponer las decisiones, sobre todo a los más fuertes.
La guerra
La última fase del diálogo entre los pueblos en discordia
es la guerra, que es el conjunto de actos de violencia realizados
por un Estado contra otro, o de un grupo de pueblos contra otro
grupo.
La doctrina católica sobre la guerra ha tenido varias etapas,
y no porque hayan cambiado los principios morales que las sostenían,
los cuales no pueden cambiar por estar fundados en el quinto mandamiento:
"No matarás", sino porque ha cambiado la naturaleza
y el modo de hacerse la guerra.
Siempre la Iglesia ha considerado como ¡lícita la
guerra ofensiva o de agresión y la licitud de la defensiva,
ya que el grupo injustamente atacado tiene el deber -y no sólo
el derecho- de defenderse, especialmente si se trata de valores
importantes.
El Concilio Vaticano li, en la Constitución Gaudium et spes,
después de afirmar en el número 79 la licitud de la
guerra defensiva, añade a continuación una restricción
que reduce la licitud de la guerra defensiva a aquellas de ámbito
geográfico muy reducido y con armamentos de los llamados
convencionales. Los males de una guerra con las armas modernas serían
tan graves, que difícilmente harían que se guardase
el principio de la proporcionalidad entre ofensa y defensa.
La guerra moderna debe ser evitada, pues es un procedimiento inmoral
para reparar una injusticia internacional. El mejor sistema para
evitarla es recurrir al desarme, pero no solamente al de armamentos,
sino a la abolición de las armas del odio, de la codicia
y del afán inmoderado de prestigio. El desarme, si ha de
ser completo, debe llegar en verdad hasta las mismas conciencias
(cfr. PT, 113-116)
"Toda acción bélica que, sin discriminación
alguna, pretende la destrucción de ciudades enteras o de
extensas regiones con sus habitantes, es un crimen contra Dios y
contra el mismo hombre, que se debe condenar con toda firmeza y
sin vacilación alguna.(...) Mas para que esto no suceda ya
en el futuro, los obispos de toda la tierra, congregados juntos,
piden con insistencia a los gobernantes todos (...)consideren tan
grande responsabilidad ante Dios y ante la humanidad."
(GS, 80)
EL CRISTIANO, SEMBRADOR DE PAZ
A pesar de la aspiración de los pueblos a la paz, y de las
innumerables iniciativas tomadas para conseguirlo, el mundo actual
es un semillero de guerras por todas partes, de violencia y de tensiones.
Nuestro mundo parece caracterizarse por esas múltiples tensiones
y discordias a todos los niveles: en las familias, en los diversos
grupos sociales y económicos, en naciones enteras y, finalmente,
en el género humano, reducido a dos bloques opuestos y fuertemente
armados.
La libertad humana es capaz de engendrar paz, justicia y prosperidad,
pero, de hecho, también es el origen de las injusticias,
los enfrentamientos y las guerras. Todos los conflictos podrían
ser superados si los hombres actuaran con buena voluntad, aunque
la solución de los problemas técnicos fuese difícil
o casi imposible.
La Iglesia quiere la paz de las almas y su salvación eterna.
Pero también quiere la paz terrena y la reconciliación
entre los hombres. La Iglesia sabe que la inclinación al
mal que existe en todo hombre, procedente del pecado original, se
agrava con los pecados personales y ejerce su influjo en las mismas
estructuras sociales, que están, en cierto modo, marcadas
por el pecado del hombre.
Conociendo las causas, el remedio se presenta más claro.
Se trata de remediar el pecado primeramente en el corazón
del hombre, y después superar el influjo del pecado en las
estructuras sociales. Si se siguiese el camino opuesto no sería
posible alcanzar la paz y la reconciliación.
Cuando los hombres -o al menos gran parte de ellos- viven reconciliados
con Dios, poseen la paz de Dios en sus almas. En consecuencia, sus
actividades son actividades de paz y de justicia. Al extenderse
esta actitud a todos los ámbitos del actuar humano, se supera
la lógica del enfrentamiento por la lógica de la solidaridad
y del diálogo. De esta manera, cuando surjan problemas y
conflictos será más fácil la solución
porque la actitud es de diálogo, de reconciliación
y de búsqueda de soluciones.
El profeta Isaías (9, 6) llama al Mesías "Príncipe
de la paz". Los cristianos saben que solamente con Cristo los
hombres tendrán paz.
El desarme, problema ético
Desearía añadir una última consideración:
la producción y la posesión de armamentos son la consecuencia
de una crisis ética que corroe a la sociedad en todas sus
dimensiones: política, social y económica. La paz,
lo he repetido muchas veces, es el resultado del respeto a los principios
éticos. El verdadera desarme, aquel que garantizará
la paz entre los pueblos, no se realizará sino con la solución
de esta crisis ética. De modo que si los esfuerzos de reducción
de los armamentos y el posterior desarme total no van acompañados
de forma paralela par un enderezamiento ético, están
destinados de antemano al fracaso.
Intentar volver a poner nuestro mundo en su sitio, eliminar de
él la confusión de los espíritus engendrada
por la mera búsqueda de intereses y de privilegios o por
la defensa de pretensiones ideológicas: ésta es la
tarea absolutamente prioritaria si se desea llegar a progresar en
la lucha por el desarme. Si no, nos quedaremos en falsas apariencias.
Pues la verdadera causa de nuestra inseguridad se encuentra en
una crisis profunda de la humanidad. Vale la pena, a través
de la sensibilización de las conciencias en lo absurdo de
la guerra, crear las condiciones materiales y espirituales que disminuyan
las desigualdades clamorosas y que den a todos un mínimo
de espacio para la libertad de espíritu.
En un mundo en el que la comunicación es tan rápida
como generalizada, no se puede seguir tolerando la existencia simultánea
de personas superalimentadas y de desnutridos sin que nazca el resentimiento
y sin que éste lleve a la violencia. Por otra parte, el espíritu
tiene también sus derechos primordiales e inalienables y
es justo que los reclame en los países donde le falta el
espacio para vivir serenamente según sus propias convicciones.
Yo invito a todos los que combaten por la paz a comprometerse en
esta lucha por la eliminación de las verdaderas causas de
la inseguridad de los hombres, uno de cuyos efectos es la terrible
carrera de armamentos.
Cambiar F-1 sentido de la tendencia actual de la carrera de armamentos
lleva consigo, por consiguiente, una lucha paralela en dos frentes:
por un lado, una lucha inmediata y urgente de los gobiernos para
reducir progresiva y equitativamente los armamentos; por otro, una
lucha más paciente, pero no menos necesaria, a nivel de la
conciencia de los pueblos para enrolarse en la causa ética
de la inseguridad generadora de violencia, es decir, las desigualdades
materiales y espirituales de nuestro mundo.
Sin prejuicios de ninguna clase, unamos todas nuestras fuerzas
racionales y espirituales de hombres de Estado, de ciudadanos, de
responsables religiosos para matar la violencia y el odio y buscar
los caminos de la paz.
(Juan Pablo II, mensaje a la II asamblea especial de
la O.N.U. para el desarme, 7-VI-82)
Solidaridad sin fronteras
La solidaridad humana debe manifestarse, entonces, para venir en
ayuda de las víctimas y de los países que no pueden
hacer frente de pronto a tantas urgencias y cuya economía
puede quedar arruinada. Es una cuestión de justicia internacional,
sobre todo para con los países que con tanta frecuencia se
ven afectados por esos siniestros, mientras que otros se encuentran
en condiciones geográficas o climáticas que, en comparación,
puede decirse que son privilegiadas. Es también una cuestión
de caridad para todos aquellos que consideren que todo hombre y
toda mujer es un hermano y una hermana cuyos sufrimientos deben
ser llevados y compartidos entre todos. La solidaridad, en la justicia
y en la caridad, no debe conocer ni fronteras ni límites.
(Juan Pablo II, Homilía en Uagadugu, 10-5-80.)
Las siglas que en los textos se citan son referidas a los documentos
del Concilio Vaticano II y a la Biblia de la. B.A.C.
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DOCUMENTO
|
SIGLA |
| AD GENTES, Decreto sobre la actividad misionera
de la Iglesia |
AG |
| APOSTOLICAM ACTUOSITATEM, Decreto
sobre el apostolado de los laicos |
AA |
| CHRISTUS DOMINUS, Decreto sobre el oficio pastoral
de los obispos |
CHD |
| DEL VERBUM, Constitución dogmática
sobre la divina Revelación |
DV |
| DIGNITATIS HUMANAE, Declaración sobre la
libertad religiosa |
DH |
| GAUDIUM ET SPES, Constitución pastoral
sobre la Iglesia en el mundo actual |
GS |
| GRAVISSIMUM EDUCATIONIS, Declaración sobre
la educación cristiana |
GE |
| INTER MIRIFICA, Decreto sobre los medios de comunicación
social |
IM |
| LUMEN GENTIUM, Constitución dogmática
sobre la Iglesia |
LG |
| NOSTRA AETATE, Declaración sobre las relaciones
de la Iglesia con las religiones no cristianas |
NA |
| OPTATAM TOTIUS, Decreto sobre la formación
sacerdotal |
OT |
| ORIENTALIUM ECCLESIARUM, Decreto sobre las Iglesias
orientales Católicas |
OE |
| PERFECTAE CARITATIS, Decreto sobre la renovación
de la vida religiosa |
PC |
| PRESBYTERORUM ORDINIS, Decreto sobre el ministerio
y vida de los presbíteros |
PO |
| SACROSANCTUM CONCILIUM, Constitución sobre
la Sagrada liturgia |
SC |
| UNITATIS REDINTEGRATIO, Decreto sobre el ecumenismo |
UR |
| LEON XIII |
|
| Rerum novarum |
RN |
| Diuturnum illud |
DI |
| Immortale Del |
ID |
| PIO XI |
|
| Divini illius Magistri |
DIM |
| Quadragesimo anno |
OA |
| Divini Redemptoris |
DR |
| Casti connubii |
CC |
| PIO XII |
|
| Summi pontificatus |
SP |
| Sacra virginitas |
SV |
| JUAN XXIII |
|
| Pacem in terris |
PT |
| Mater et Magistra |
MM |
| PABLO VI |
|
| Ecclesiam suam |
ES |
| Populorum progressio |
PP |
| Octogesima adveniens |
OA |
| JUAN PABLO II |
|
| Redemptor hominis |
RH |
| Dives in misericordia |
DM |
| Laborem exercens |
LE |
| Familiaris consorcio |
FC |
| OTRAS SIGLAS: |
|
| Directorio General Catequístico |
DGC |
| Gran Enciclopedia Rialp |
GER |
| Confróntese |
cfr, cf. |
| Código de Derecho Canónico |
CIC |
| Canon, cánones |
C,CC |
| CON VOSOTROS ESTA.Catecismo de preadolescentes |
Cve |
| BIBLIA PARA LA INICIACION CRISTIANA PT |
Bplic |
|