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a la edad de cuatro o cinco años, entonces
la real historia de Francisco Leona y su víctima el niño Bernardo
González, ejercía una función real, la de advertencia de la cruel
realidad y de los terrores agazapados que podían asaltar a la infancia.
La historia dice así:
Hace mucho tiempo, en el verano de 1900,
el calor era sofocante y húmedo, el típico de nuestra tierra, la
provincia de Almería. Los temporeros iban y venían por las calles de
los pueblos buscando algo de trabajo, un jornal con el que poder
alimentar a su familia. Y así transcurría con la normalidad habitual de
un humilde pero noble pueblo agrícola, Gádor, pueblo situado en
la vega del río Andarax y bastante cerca de la capital. Allí vivía un
hombre temido por muchos por su mirada fría, por su vengativo carácter
y por una violencia desmedida que sus vecinos temían. Se llamaba
Francisco Leona Romero tenía 75 años de edad y era barbero y curandero.
Era familiar de los que durante muchos años habían ostentado el
caciquismo político en gádor y su infancia y adolescencia estuvo
envuelta de peleas, todas ellas impunes gracias a su familia. Ese
hombre pasaría a la historia por ser el "hombre del saco" o más
conocido en Almería "el sacamantecas". El 28 de Junio de 1900 el
niño Bernardo González Parra no regresó aquella tarde a su casa. Sus
padres, acompañados de familiares y vecinos de Gádor lo buscaron
infructuosamente hasta que decidieron dar parte a la guardia civil.
Pero la búsqueda siguió sin dar resultado. Pero fue entonces cuando a
las 4 de la tarde del 29, se presentó en el cuartel de la guardia civil
un vecino del pueblo que decía haber encontrado el cuerpo de un niño
muerto oculto bajo unas piedras y matorrales en el paraje de Gádor
nombrado por los vecinos como "las pocicas". El hombre que dio el aviso
a la guardia civil se llamaba Julio Hernández Rodriguez, más conocido
como el tonto, apodado así por su marcada debilidad mental. Cuando la
autoridad se presentó en el lugar, se comprobó que todo lo comentado
por él, resultó estar en lo cierto. La autopsia indicó la violencia del
crimen y la gran frialdad y crueldad con la que se había llevado a
cabo. El niño Bernardo González sufrió heridas múltiples en la cabeza,
con rotura de huesos, algunos de cuyos trozos se introdujeron en la
masa encefálica, producidos por un cuerpo contundente, como una piedra,
algún palo alargado de madera u arma contundente, asestado el golpe con
gran fuerza y fiereza . En la axila izquierda el cadáver tenía una
herida profunda producida seguramente por un hierro punzante y a su vez
con filo, que mediría unos cuatro centímetros de longitud, arma que
manejada de abajo a arriba dio ocasión a que su punta saliera por el
hombro donde produjo una herida de dos centímetros. Encima de la boca
del estómago le habían realizado un corte limpio que terminaba al
comienzo de la zona del púbis. Los intestinos habían sido extraídos y
cortados a la altura del duodeno. Se advirtió también que la grasa
corporal del colon había sido extraída. Tampoco se encontró en la
víctima rastro alguno del peritoneo.
Muchos del pueblo señalaron a Francisco Leona como posible autor, y la
guardia civil pensó lo mismo, debido sobre todo al extraño ritual con
el que se había asesinado al niño. El crimen parecía estar envuelto en
brujería. Los primeros interrogatorios a Leona fueron inútiles pero
cuando se le continuó presionando señaló a Julio "el tonto", el hombre
que había señalado a las autoridades donde estaba el cadáver del niño.
Así que Julio Hernández Rodríguez fue también detenido. La guardia
civil sometió a los dos sospechosos a un careo y todo empezó a
aclararse. Se acusaban mutuamente, incluyendo datos en la investigación
que solamente podrían conocer si los dos estaban relacionados con
el caso. Todo continuó igual hasta que Francisco Leona se desmoronó y
contó todo.
Un agricultor que sufría tuberculosis, Francisco Ortega "el moruno"
acudió a la curandera Agustina Rodríguez para que le aliviara la
enfermedad y le prolongara la vida, cosa con la que este hombre de 55
estaba obsesionado. La curandera le aplicó cataplasmas, le preparó
infusiones, pero nada funcionaba. Le comentó que seguramente Francisco
Leona podría ayudarle. Agustina, Leona, y el agricultor se reunieron
para hablar del caso. Leona comentó que la enfermedad sería mortal en
poco tiempo si no se sometía a su "tratamiento" en pocos días. Y le
dijo "es necesario que te bebas la sangre de un niño inocente aún vivo
y después te coloques una cataplasma sobre el pecho realizada con su
grasa". El moruno era un hombre supersticioso y fiel creyente de
supercherías y viejas supersticiones, creyó la palabra de Leona y
aunque dudó en un principio por el hecho de que se tendrían que
arrebatar la vida de un inocente, al final accedió. Acordaron el
elevado precio económico de la brujería y se planeó todo para conseguir
un niño. Julio "el tonto" era el hijo de la curandera Agustina y
ayudaría a Leona con el rapto y el transporte del niño. La tarde del 28
de Junio Leona Y Julio se ocultaron tras unos matorrales en un camino
transitado por niños, cuando vieron apartarse al niño Bernardo de un
grupo de niños con el que jugaba y quedarse solo, Leona lo asaltó le
aplicaron cloroformo, lo metieron en un saco y lo llevaron hasta el
cortijo de Agustina. Ya en la seguridad de la guarida avisaron al
moruno que acudió y comenzó el salvaje e inhumano ritual. Todavía vivo
Francisco Leona hizo el corte al niño en la axila, agustina llenaba
vasos de sangre que salía a borbotones, los mezclaba con azúcar y se
los daba de beber al moruno indicándole que repitiera las palabras
"antes mi vida que dios" mientras bebía la sangre. después de unos
vasos se le tapó la herida y le prácticaron un torniquete al niño
Bernardo para que no se desangrara ya que la extracción de la
grasa debía realizarse con él todavía vivo. Quedaron con el
moruno en llamarle cuando las cataplasma estuvieran listas y Leona y
Agustina continuaron con su macabra operación. Mientras tanto el niño
Bernardo abría de vez en cuando los ojos y había contemplado con horror
la terrible carnicería que se le estaba practicando. Lo volvieron a
meter en el saco, Julio y Leona lo llevaron hasta el paraje de
las pocicas, donde Leona cogería una piedra y le golpearía la cabeza
una y otra vez hasta que la aplastó, después le abrió el estomago y le
extrajo la grasa que necesitaba para las cataplasmas para
posteriormente abandonarlo para que se lo comieran las alimañas. No se
contaba con que Julio indicaría la situación del cadáver a la guardia
civil al no recibir de Leona ni de su madre las 50 pts prometidas por
su labor desempeñada en tan cruel acto.
Francisco
Leona murió en la cárcel sin llegar a conocer la sentencia que le
hubiera correspondido: garrote vil. El Tribunal condenó a la pena de
muerte en garrote a Francisco Ortega "el moruno", Agustina Rodríguez y
Julio Hernández "el tonto". Los informes psiquiátricos
influyeron para que "el tonto" fuera indultado.
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