julio 08, 2004

La edad de la inocencia (I)



Últimamente me estoy aficionando a observar a los niños. A veces estoy tomando una cerveza y me quedo contemplando la típica escena familiar que se produce tres mesas más allá de donde estoy. Un día vi a un niño, aproximadamente de unos 6 ó 7 años y con unos rasgos bastante definidos. Ese día me quedé mirándole fijamente a la cara, intentando retener en lo posible su rostro.

El cuerpo de un niño cambia enormemente con el paso de los días, meses, si es pequeño, años si es más mayor. Su cara puede crecer, así como su nariz, sus orejas, incluso puede poblarse de granos, tener barba y más frondosidad en sus cejas... pero siempre mantiene unos rasgos que le caracterizan.

Es justo eso lo que buscaba ese día, memorizar sus facciones, para que cuando crezca pueda reconocerle. Sí, quiero acordarme de quien es para evitar que, dentro de 10, 15 años, pueda evitar que me atropelle con su moto o coche, o que me tropiece con él y me pegue una paliza con su pandilla de descerebrados en un ataque de locura transitoria o en una demostración de quien tiene los dos bultos más grandes en la entrepierna.

Ese niño ya no tiene infancia. Me pregunto con tristeza en qué momento de su corta vida pudo perderla. Observó ese rostro descompuesto de odio, esa mirada calculadora, esas manos agarrotadas de la ira más profunda... esa persona en potencia tiene ácido sulfúrico en su venas, 24 válvulas de inyección por corazón y carece de cualquier mínimo sentimiento humano. El cuadro general quedó aderezado con un: “Papá, eres un hijoputa”.

|
0 comments

julio 01, 2004

Los Sobres Sorpresa



No sé si os acordaréis de los famosos Sobres Sorpresa. ¿Os acordáis? Si es así es que tenéis una edad similar a la mía, si no sabéis de que hablo tal vez sois demasiados jóvenes para conocer aquella época. Si habéis contestado esto último será una mala señal para mí, porque supone que los años no perdonan y cuando me descuide tendré que ir a por la medicación para la próstata.

Los Sobres Sorpresa creo que costaban 5 pesetas. Si ya estoy oyendo las carcajadas, pero en aquella época con 25 pesetas tenías para pegarte un buen atracón de lo que quisieras. Había polos por 5 pesetas, y otros de 10 pesetas más grandes.

Los famosos sobres, por lo menos en aquella época, contenían de todo, pero nunca sabías que te podía tocar. Ahí estaba la gracia.

Ibas corriendo al kiosko pensando ya en el sobre que elegirías. No estoy hablando de un kiosko moderno de los que hay hoy en día, no, eran otros que estaban hechos todos de madera por fuera. Creo que hace mucho que desaparecieron. Os tengo que reconocer que todos ansiábamos tener un kiosco cuando fuésemos mayores para tener a nuestro alcances tal número de maravillas.

Cuando le habías pagado al kiosquero contenías la emoción , porque ya tenías el sobre en tu poder, incluso te esperabas un poco para abrirlo para mantener esa tensión tan agradable, y esa ilusión porque te tocase un soldado, un avión, un coche, o vete tú a saber qué.

A veces te llevabas una tremenda ilusión, otras veces te llevabas una decepción cuando el juguete no era lo que tú esperabas y te sentías estafado. Pero así eran los sobres sorpresa, nunca dejaban indiferente a nadie.

La vida, en verdad, es como un Sobre Sorpresa gigante, porque nunca sabes que te depara el destino, sino que tienes que ir avanzando a ciegas, y siempre te encuentras con alegrías, pero también con penas. Así son los Sobres Sorpresa.
Los sobres por detrás

|
0 comments