Una de las cosas que más me aterran...
Una de las cosas que más me aterran en esta vida es perder la cabeza. Pero no perderla durante un momento, no, hablo de que un día, como otro cualquiera, al despertar no sepas donde estás. Que cuando te gires te lleves una sorpresa al descubrir una mujer en tu cama de la que no recuerdas absolutamente nada, que te habla con naturalidad, incluso se desnuda delante de ti. Lógicamente tú buscas el baño para ponerte una ropa que has encontrado arrugada en una silla, no tienes idea de quién la ha dejado allí, aunque los pantalones, la camisa y los zapatos te quedan perfectamente. Mientras deambulas descubriendo las habitaciones de esta casa extraña, ningún objeto te recuerda nada, incluso ves fotos tuyas y de la mujer que viste anteriormente.
Empiezas a desesperarte, piensas que es algo pasajero, que tienes que tranquilizarte, porque si no tu corazón saldrá despedido de tu pecho. Cierras los ojos e intentas organizar tus pensamientos, pero no tienes recuerdos. Sólo ves oscuridad en tu memoria. Reflexionas un poco más y buscas algún documento que te permita saber quien eres. Rebuscas por encima de los muebles, te oscultas cuidadosamente los pantalones, la camisa, miras en bolsillo trasero del pantaló y notas un bulto. Metes la mano y ves una vieja cartera, esperanzado la abres... en un carnet aparece un rostro que no sabes de quien es, pero que dice llamarse Juan Antonio Pérez. Frunces el ceño. La mujer que se ha vestido te pregunta si te pasa algo, asustado respondes que no. No se queda muy convencida te da un beso en los labios, y te dice luego nos vemos. Pasas la punta de tu lengua por tus labios y no reconoces ese sabor a fresa de los labios que te acaban de besar.
Solo en ese piso, te miras al espejo del baño. Ese de ahí no soy yo, te dices a tu mismo, lo que te asusta todavía más. Ansioso decides bajar a la calle para intentar recordar cómo llegaste allí y de que manera. Sales de esa casa extraña y al bajar por la escalera ves a un señor que sale de otro piso y que te da la mano, e incluso te pregunta que como estás, que no te ve buena cara, una mala noche, te pregunta. Piensas que más que eso lo que te pasa es una pesadilla.
Al salir del portal de esa finca, observas por primera vez una calle con coches, comienzas a andar sin orden ni sentido, intentado ver algo que te ayude a recordar, alguna calle, algún edificio o algún rincón...
Después de varias horas caminando un teléfono móvil vibra en tu bolsillo. Lo coges y miras la pantalla y ves que pone “Pedro trabajo”, no reconoces ni el nombre que aparece ni tampoco el número. Decides contestar, sin saber que decir, el hombre que dice llamarse Pedro te dice que había quedado contigo para ir a visitar a un tal Jesús no sé que, que ni siquiera conoces. Necesitas compartir tu deseperación con alguien, aunque no lo conozcas de nada, y decides contarle la verdad. Le dices que te sientes terriblemente agotado y que no te encuentras demasiado bien, tu vida se te escapa como agua entre las manos, sin que puedas hacer nada por evitarlo. Estás viviendo la peor paranoia que se pueda imaginar.
La voz al otro lado del teléfono, después de escucharte, se queda callada. Percibes preocupación en su contestación que te pide que te vayas a casa lo antes posible y que te acuestes, por último antes de colgar añade que seguramente debes de haber cogido la gripe o algo así.
Cuelgas sin entender nada, pensando que nunca sabrías volver a la casa de donde has salido esta mañana. Te sientas en un banco secando el sudor que se acumula en tu frente, con todo el cuerpo extenuado, lloras amargamente... alguien te ha quitado tu vida.
Sin darte cuenta te quedas dormido en el banco. Tu cuerpo y mente se relajan por fin. Estás soñando que tienes una vida de verdad, donde todo tiene sentido. Sabes que estás soñando, que lo que sueñas no es real, pero no quieres despertar por miedo a enfrentarte a la realidad.

