Hijos de un Dios menor
Vi la película hace bastante tiempo y he querido utilizar su título para el tema que propongo hoy, porque creo que hay una serie de personas que se ven reconocidas por ese título. Estoy hablando de los que han sufrido los estragos de la Talidomida. Si queréis información aquí tenéis algunos links: investigación periodística e Hijos de la Talidomina
No sé lo que sentiréis vosotross, aquellos que hayáis decidido curiosear más sobre la talidomida, al ver algunas de las imágenes que allí se muestran, pero a mí me han alterado el sistema nervioso.
Para aquellos que no conozcáis a que tipo de tragedia familiar me estoy refiriendo y no tengáis ganas de que vuestro día tome un rumbo desafortunado, os comentaré que era un medicamento que se utilizó en embarazadas durante la década de los 60 y fue retirado por los efectos tan devastadores que causaba en los niños recién nacidos.
En su época fue un autentico desastre sanitario, pero los que somos de edad intermedia no hemos conocimos que pasa cuando la industria farmacéutica y la medicina falla de manera abrumadora. Comentaros que hace poco ha sido noticia de actualidad por un Congreso que han realizado recientemente.
Resumiendo, los niños nacían con graves deformaciones en las extremidades. He tenido que informarme del tema, no por gusto lógicamente.
Las imágenes de niños tan pequeños sin brazos, sin piernas... se han insertado en mi cerebro como un clavo en la madera, pero con un golpe seco.
Como si me hubiera caído de una escalera y hubiera notado ese ahogo, que a veces produce el caer de espaldas de un sitio relativamente elevado. Es una sensación rara, como si tus pulmones no pudieran respirar, de que te ahogas por dentro... He abierto la ventana, he respirado...
¿Por qué? ¿Cómo es posible que antes de ese momento no existieran estudios de los fármacos en humanos? ¿Pero en qué narices estaban pensando los investigadores?
El hombre es un ser tremendamente evolucionado, se adapta a cualquier circunstancia, a cualquier evento... nos ponemos armaduras ante la realidad cotidiana, utilizamos hidrógeno líquido para dar un aspecto robusto a nuestra sensibilidad. Luego ves una cosa así y todo revienta sin más, sin avisar. Miles de ideas pasan por tu mente, intentas sentir el dolor de sus padres al ver a su hijo, la pregunta clave siempre surge ante una tragedia: ¿por qué yo, por qué a mí?
La vida es a veces así de jodida, así de puta, así de ingrata... ya no quiero calificar si eso puede ser vida, para los familiares o para los afectados...
No, no... no quiero estirar las ideas, más allá, quiero tirar toneladas de arena sobre este tema, como si no hubiera existido, como si algo así no fuera posible nunca jamás.
Anoche me desperté con el rostro de este niño que mira con inocente curiosidad, un artefacto sacada de una película de serie B, C o la mierda de letra que corresponda... creo que no la habrá en todo el abecedario.
Tras eso buscas a los culpables, los mal nacidos de la Industria Farmacéutica que juegan con la vida de las personas, que sólo buscan aumentar y aumentar sus beneficios, no sé como será la vida de los visitadores médicos que informaban sobre esos fatídicos productos estrellas, pero personalmente no podría dormir tranquilo por el resto de mi vida, aunque no fuera culpa mía. Aunque, ¡que coño! Es cuestión de estómago, a todo se acostumbra el hombre...
Sin embargo, sólo deseo pasar esta página, otra putada más de este mundo... sí, otra más, como hay cien mil. Vale, pero a mí me ha jodido el día.


