agosto 04, 2005

Ahora los entiendo



Ahora los entiendo. Me refiero a los ladrones de bancos, y no precisamente en esos donde sentamos nuestro culo en los parques, que también los hay, aunque parezca mentira.

Si yo tuviera el conocimiento profesional y técnico que tienen ellos creo que no tendría reparos en r-o-b-a-r, con todas las letras, al último de los asaltadores de caminos que todavía están en circulación en esta nuestra sociedad.

Lógicamente, no hablo de los típicos ladronzuelos que atracan al banco y los pillan ese mismo día en un bar de lumis gastándose parte del botín y con un Mercedes en la puerta. No, hablo de los profesionales, sí de los de guante blanco que pasan por el banco se llevan todo el montante y a la mañana siguiente aparentemente todo está igual. Todo igual salvo por un pequeño boquete en la cámara acorazada.

La verdad es que se lo merecen. No, no os adelantéis, tampoco hablaba de la estafa diaria que cometen todos los días: las comisiones. No hablo de eso, incluso mi grado de tolerancia es permeable según el día, aunque tenemos una relación amor-odio de lo más interesante. Lo que no tolero y no voy a tolerar nunca es que nos quieran tomar el pelo delante de nuestros morros.

Si, ya voy, ya voy al grano... cuando aparecieron los cajeros nos lo vendieron como un gran avance de la ciencia, con lacito azul incluido, del mundo mundial del usuario de las entidades bancarias, aunque realmente para quien era un chollo, del mundo mundial, era para nuestra querida oficina bancaria, ya que si una maquinita nos daba el dinero no tendrían que contratar a tanto personal para atender en el mostrador.

Lógicamente eso no lo dijeron, ¿para qué marear más al consumidor?, pobrecito él bastante tiene ya. Las ventajas eran todas para el usuario, claro, ellos sólo trabajan para mejorar el día a día del usuario, faltaría plus.

Al principio los mirábamos como bichos raros, luego empezamos a utilizarlos incluso tras oir ciertas leyendas urbanas que si se quedaban con el dinero, que si había un chino dentro "encajao"... después de un tiempo formaron parte del mobiliario urbano y ahora, ahora ya no sabríamos vivir sin ellos.

Es en este momento cuando algún usurero de esos que cuenta el dinero euro a euro, mientras se le cae la baba por el colmillo, dicho sea de paso tras haber sableado a alguna pareja de novios sin un duro en el bolsillo que sólo tienen el alma que han vendido a su entidad bancaria, el mismisimo Belcebú, pero en versión ejecutivo impaciente...

Lo siento, no séra en todos los casos así, pero es que el favor no nos lo hacen los bancos por prestarnos el dinero, se lo hacemos nosotros a ellos, es que a veces las cosas se ven de otra maanera. Es que ciertas cosas me hace hervir tanto la sangre que me pierdo, lo sé... ese mismo usurero con cara de cabrón, porque a mi los banqueros no me inspiran la más mínima confianza por mucha gomina que se pongan en el pelo y por mucho yate que gasten, (ya me he vuelto a ir, véis) un buen día se les ocurrió que a los pobres mortales debían de cobrarles por ofrecerles dinero a través de los cajeros. ¡Qué menos!, encima que les solucionamos la vida, ¿qué más quieren?, ¡hombre no vamos a dejar de cobrar ese servicio!. Ahora es cuando me fisco en los hijos de su chingada madre (aquí habría que poner acento mejicano, claro).

Lo próximo es que la compra la tendremos que pasar por la caja registradora nosotros mismos, pasar la tarjeta, teclear lo que haya que teclear y encima darle un beso en el culo a la máquina que hace toda la gestión por ayudar a hacernos la vida más feliz.

A mí es que en esta sociedad de consumo hay cosas que todavía me hacen gravitar cinco centímetros por encima del suelo, pero lo que más me hace enfadar es que las empresas se crean que la gente es idiota. Sí, también lo sé, realmente es así, la mayoría somos idiotas, como borreguitos donde nos manda un tío con garrote y un perro de dos metros.

Pues conmigo se las van a ver todas. A mi no me cobra una comisión ni su puñetera madre madre, (es un deporte muy sano que cuando te manden la famosa cartita, te presentes en el banco, pides hablar con el director, interventor o similar y empiezas a tirar sapos y culebras por la boca... No falla, al cabo de poco te llaman diciéndote que no te la van a cobrar, luego te envían una carta certificando su amor incondicional), no me pongo la gasolina, porque no me sale de ciertas partes... y aquella en la que me la tengo que poner por cojones (véis, al final es que me enciendo...), porque mi depósito parece un tuareg que hace meses que no ve un oasis, me pongo 6 euros y voy a la próxima...

Pero si cada vez que a los jerifaltes se les ocurriese una brillante idea les montásemos un follón de libro, sí, de esos en que todos los que están en el banco se vuelven y te dan la razón, incluso oyes hasta alguna palmada aislada, pues otro gallo nos cantaría.

Aquí en España sólo protestamos si alguien intenta introducir un objeto desconocido por cierta zona que sirve para explulsar la comida procesada por nuestro estómago, y aún así todavía hay quien consiente, lógicamente a disgusto, claro, de lo contrario no tendría merito.

Sí, me hacen falta una vacaciones para ver si me calmo un poco. Así que voy hacerme caso a mí mismo y me voy a desconectar hasta septiembre para poder practicar el Tai Chi, Yoga, el Tranta, el Kamasutra... vamos lo que sea, con tal de que relaje. Nos leemos.

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