CECC - Revista 05 - Mi versión de los hechos

MI VERSION DE LOS HECHOS

Paloma Nuñez Lagos

La verdad es que el tema amenazaba desastre desde el principio...
Cuando me enteré de que bajaban las temperaturas y además iba a llover
todo el fin de semana, ya era demasiado tarde para echarme atrás con
alguna excusa chapucera; se contaba con mi coche (incluso Luis bajaba
desde Pamplona a Madrid porque se necesitaba otro coche), y en una
rápida autoterapia intensiva reconcentrada, me hice a la idea de que
dormir en tienda de campaña muerta de frío mientras diluviaba, tampoco
era tan desagradable si se miraba con buenos ojos... Todo es cuestión
de actitud, mariconadas las justas, el sábado madrugón que me voy de
cuevas.
Encontrábame yo pues, tan tranquila, el viernes a las 5 de la tarde
comiendo en casa de unos amigos, cuando me llama JoseMi al móvil y me
dice "¿Qué tal vas? Yo ya me he duchado"... Desterré inmediatamente la
posibilidad de que nuestro amigo JoseMi sencillamente quisiera
compartir conmigo sus hábitos de higiene, para darme cuenta de que me
tenía que ir a casa cagando leches a hacer la mochila. (Supongo que me
perdería justo el mail en el que se decía que salíamos el viernes y no
el sábado. Y eso jode, porque te tienes que tragar catorce mails al día
de las mejores fotos del 2003, adopta un cachorro de iguana sin
gasto alguno, reenvía este mensaje de paz a tus 10 mejores amigos antes
de 3 minutos y tendrás suerte infinita...., ¡y te dejas el importante!)
Vale. No encuentro el puto casco. ¿Puede ser que me lo llevara a la
sierra para guardarlo en el garaje porque olía mucho a carburo? Me
suena, puede ser... miro en todas partes 7 veces al borde del infarto.
En subir a la sierra y bajar tardo por lo menos 2 horas, con el atasco
que habrá ahora... mierda!. Justo cuando estaba revisando la terraza de
la cocina por octava vez, ví una bolsa misteriosa en el cajón de las
patatas...¡mi casco!
A diez y pico salíamos, Gonzalo y Luis por una parte, y JoseMi, Juanki
y yo por otra.
La siguiente fué cuando en el viaje me salté la última gasolinera. Y lo
peor es que lo hice aposta. "Ya paro en Cifuentes en una gasolinera que
yo me sé..." Y resulta que estaba cerrada (puede que influyera que eran
más de las 12 de la noche). Por chula. En Villanueva de Alcorón me
dijeron que el sábado la única gasolinera abierta era la de Beteta, a
30 km. Buscando el refugio nos saltamos el desvío alguna que otra
vez..., las justas para que se me encendiera la luz de la reserva.
Qué buena idea lo de los refugios. Dormir con techo, y beber pacharán
con tus amiguitos alrededor del calor de la chimenea. La cosa
mejoraba...
El sábado nada más levantarme me fui a Beteta. Se ofrecieron a
acompañarme pero les dije que no hacía falta: "Sólo preocuparos y venir
a buscarme si en una hora no he vuelto". Pasado Peñalén empezó a
granizar , yo sin tener ni idea de cuánto duraba mi reserva, sin
acelerar en las cuestas abajo para ahorrar, no me apetecía nada
quedarme tirada, qué pereza. ¡Pero conseguí llegar! Tardé algo más de
una hora..., y cuando llegué y ví que los muy cabrones no se habían
preocupado na-da, se me quitó de golpe el cargo de conciencia de
haberme tomado un cafe calentito en una bar de Beteta (lo vi mientras
buscaba un sitio para comprar churros para todos, y no pude resistir la
tentación)
Bueno, que cuando llegamos a Manuel Mozo ya estaba ocupada, en la boca
había aparcado un todo terreno y habían montado un chiringuito con
toldo y todo. Llamémosla la cueva-aborto I. ¡Qué putada!, si sólo son
las 12, ¿dónde vamos? Por aquí tengo el libro... A Mata asnos (y eso
que Juanky dijo que lloviendo no le parecía una buena idea...). Hale,
volver a salir del camino esquivando piedras y charcos para irnos a
cascarla, no sin antes por supuesto, pasar por delante de la gasolinera
de Beteta que unas horas antes había sido testigo del fín de mi
angustia (joder qué frase!). No sabemos dónde es, preguntamos en el
pueblo a un viejecillo que se explica como el culo, nos pasamos el
desvío bueno del camino el par de veces de rigor..., y por fin llegamos
a la cueva-aborto II; entraba tanta agua por la boca que era impensable
entrar.
Pero no nos pensaban desanimar dos fracasillos de nada. Otra vez a
consultar el libro... Vamos a Bocaquemada, también llamada cueva-aborto
III, (pero eso es dentro de un rato, antes hay que volver a la zona
donde estábamos antes, osea; a cascarla). No hay mención especial en
este caso para mi gasolinera.
Ibamos con los corazones llenos de júbilo espeleológico por el camino
embarrado y lleno de piedras, a eso de las tres o cuatro de la tarde,
cuando mi coche se hundió hasta la ingle en un charco que ocultaba un
pedazo de socabón-traicionero-de-la-muerte y dijo que no se movía.
Lo intentamos todo. Con el coche de Luis y una cuerda (de las viejas,
eh?), intentamos remolcar mi coche desde delante, desde detrás...
imposible. Lloviendo, llenos de barro, ...y todavía nos reíamos. A la
hora y media o más, Luis y yo fuimos a buscar a los del todo terreno
que nos habían pisado la cueva de Manuel Mozo para que nos salvaran, y
los encontramos justo saliendo de la cueva.
Una vez salvados (tardaron 5 segundos), y de vivir un auténtico rally
para salir de allí con los coches patinando y sabiendo que si te
parabas la cagabas, hubo diversidad de opiniones. Luis quería, por
supuesto, hacer Manuel Mozo que ya estaba libre... y Gonzalo se
apuntaba, pero a JoseMi se le habían quitado las ganas y Juanki había
quedado en Madrid, aunque también lo estaba dudando. Yo no sabía qué
hacer. Si me quedaba, tenía que llevarse JoseMi mi coche a Madrid (se
había ofrecido a esperarnos pero no me parecía bien), y yo ir el
domingo a su casa a por las llaves y luego a la Plaza de Toros a
buscarlo...y a la sierra a la comida familiar antes de las 2..., estaba
calada...y decidí irme, a pesar de que Luis descojonándose me dijera
que era una cobarde!.
Al fin y al cabo, me hacía hasta ilusión haber vivido mi primera cueva-
aborto; que básicamente consiste en irte de cuevas y no hacer cuevas.
Incluso había tenido 3 en 1, como los Kinder Sorpresa!
Respecto a mi coche, todo esto nos ha servido para conocernos más. Ya
sé cuánto le dura la reserva y dónde tiene escondidos todos los ganchos
para caso de disgusto. Le debo una buena lavada, no os imaginais cómo
está, por dentro y por fuera... ¡Para que a mí me haya dado vergüenza
traerlo a la oficina...!