CECC - Revista 05 - SIMA AGUSTÍN

SIMA AGUSTÍN

Juan Carlos Morales Sierra

Todo empezó cuando fuimos a casa de Agustín(un autóctono de Abanillas, cerca
de Serdio) a meternos unos lingotazos de sidra y vino; entonces, entre sorbo
y sorbo, surgió el tema de ir a buscar una sima que estaba en su parcela,
que según él tenía un diámetro como de tres o cuatro metros y de tal
profundidad que no se veía el fondo. La cuestión es que el hombrecillo había
sembrado su parcela de "ucálitos" y la vegetación había crecido tanto desde
entonces que ya no se acordaba muy bien del emplazamiento de la boca y había
que limpiar un poco la zona para buscarla. Lo de ir a limpiar un poco la
zona no nos pareció un gran inconveniente así que le dijimos que sí, que
nosotros le buscábamos la sima( ahora estimo que ése ha sido uno de los
mayores errores de mi vida- jejeje)
El bueno de agustín nos ofreció algunas herramientas para hacernos más fácil
el trabajo de limpiar los matojos, y nosotros las aceptamos de buen grado:
una hoz, una lima, algunos palos... Ya estaba todo listo para la primera
oleada! Aprovechando la hermosa mañana de aquel día los intrépidos
espeleólogos(Josemi, Raúl, Silvia, Edu, Alberto, JJ y yo) se dispusieron a
realizar el primer asalto a la sima Agustín. El día anterior algunos de los
integrantes habían estado por la zona y habían abierto un caminito hasta la
posible zona de emplazamiento del agujero, así que nos metimos todos por
ahí. Como a los 30cm de haber empezado a caminar sentí que algo me agarraba
del mono... ¡UNA ENORME ZARZA!, rápidamente hice uso de mi arma(llamémosle
''segadora de cosas") y conseguí librarme de ella. El camino fue tortuoso,
entre zarzas, enredaderas, felipas enormes y asesinas, etc. Una vez se hubo
llegado al árbol con la marca de Agustín, dónde según él podía estar la boca
en sus alrededores, nos dispusimos todos en fila y decidimos batir la zona.
Aquello fue un infierno, matojos pinchantes de la altura de un hombretón que
se adherían a tu cuerpo como sanguijuelas, ramas que te agarraban de los
tobillos...(¡"las zarzas coronel Truman... están por todas partes"!). Hubo
un momento, y lo digo en serio, en que ya no nos veíamos unos a otros, y eso
que estábamos a pocos metros de distancia. Estuvimos unas cuantas horas
buscando la dichosa sima con resultado nefasto, no encontramos ni un mísero
agujerito; eso sí, nos pusimos hasta el culo de arañas "tigre", como las
denominamos debido a las rayas negras y amarillas que mimetizaban su cuerpo.
Tras la infructuosa búsqueda de la pirmera jornada volvimos a casa de
Agustín, quien visiblemente afectado por nuestro fracaso nos prometió
acompañarnos en nuestra búsqueda del día siguiente. Y así fue como al otro
día por la mañana aquel hombre menudo, de piel curtida y hojos penetrantes
nos esperaba sentado en el banco de su portal. Lo montamos en el coche de
Raúl y tiramos hacia la parcela de "ucálitos". A decir verdad no tardamos
mucho en encontrar la sima, comparado con la jornada anterior claro. Estaba
al lado de un árbol y tenía metro y medio de diámetro(como mucho), desde la
boca, una vez limpia de matojos, se observaba un agujero de unos siete u
ocho metros de profundidad cuya dirección quebraba y se encaminaba hacia el
río, lo cual hacía presagiar que podía tirar, pero como no llevábamos los
equipos decidimos posponer su exploración por un día.
El tándem Silvia-Juanky fue el encargado de bajar hacia lo desconocido.
Aseguramos a un árbol cercano y después de colocar un spit en la cabecera
bajamos. Efectivamente el quiebro que se observaba desde arriba se
encaminaba en dirección al río y bajando. Seguimos el curso de la
minigalería que partía desde el suelo del pozo principal y tras pasar
algunas estrecheces llegamos a una salita que se cerraba; era toda de
arcilla, mientras que el pozo de entrada era de caliza. Y eso fue todo.
Subimos, acordonamos la boca para que ningún despistado tuviera un trágico
final y fuimos a contarle la experiencia a Don Agustín.
El paisano se mostró agradecido por haber localizado su sima y tras escuchar
atentamente nuestras descripciones del interior nos convidó a tomar unos
cuantos tragos de "Mistela", pero no aceptamos. Sin embargo no nos fuimos
con las manos vacías: unas cebollas y unos tomates de su propia cosecha
fueron nuestro premio, además de una experiencia inolvidable( y yo diría que
irrepetible).