EL PARALÍTICO DE BETESDA

En nuestro andar en el Camino del Señor, hemos conocido algunas personas que, a pesar de pertenecer a religiones con poca Iluminación y Gracia del Espíritu Santo, han nacido de nuevo, conociendo al Señor y entregándose a Él. Ya el Señor les dijo a sus Apóstoles que había personas que eran de Él, pero, aparentemente, no seguían el Camino de la Iglesia. Recuerda, si no, el siguiente pasaje: "Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es. Y cualquiera que os diere un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, de cierto os digo que no perderá su recompensa" (Marcos 9.38-41). Este tipo de personas son una bella excepción, pero no por ello debemos menospreciarlas, todo lo contrario, cualquiera que conoce al Señor, es de Él.

¿Cómo es posible que una persona que vive dentro de una organización humana y doctrinal, que en muchas cosas están apartadas del Verdadero Evangelio de Nuestro Señor, pueda nacer de nuevo en ese medio?. La respuesta nos la da el mismo Señor en el Capítulo 5 del Evangelio de Juan:

"1Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén."

Como en otras ocasiones, el Señor, aprovecha las festividades judías para darles su verdadero sentido espiritual, y enseñarnos cómo debemos celebrarlas.

"2Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos."

La puerta de las Ovejas es Cristo, Su Evangelio, como puerta por la que sus ovejas, nosotros, accedemos a Él. El estanque representa a la propia religión, judía en este caso, que tiene agua (Palabra de Dios), ya que está cerca de Cristo, pero no está Viva, sino, como su propio nombre indica, estancada, sucia, mezclada con doctrinas de hombre y, por tanto, inutilizada.

Betesda significa "casa de misericordia" y sus cinco pórticos eran galerías cubiertas donde descansaban los enfermos que esperaban la Gracia o Misericordia de Dios, pero bajo la cobertura de doctrinas religiosas.

"3En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. 4Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese."

La multitud de enfermos son todos los miembros de esas religiones, personas de buena voluntad que buscan a Dios, pero que beben aguas sucias, estancadas y esperan que con el movimiento del agua, de la Misericordia de Dios, se les dé Vida, Palabra sin adulterar, que les haga sanar su alma, el cual estaba enferma y ensuciada por el pecado. Sin embargo, en estas religiones, como ya habíamos dicho antes, son muy pocas las personas que, en vida, llegan a conocer verdaderamente al Señor, Una entre una multitud.

"5Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo."

Pero existe otro tipo de personas, que permanecen toda la vida dentro una religión, creyendo que se está haciendo lo bueno ante Dios, aunque reconocen que les falta algo, que no le conocen plenamente, que están enfermos y necesitan su Gracia para ser sanados.

"6Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?"

El Señor se muestra a estas personas, que tienen un gran ánimo de escuchar Su Palabra, a través de un cristiano que le predica el mensaje de Salvación de Cristo, que Él entregó su Vida por nosotros.

"7Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo."

Es tan poca la Palabra de Dios, no la letra, que hay en estas religiones, pues está ahogada por doctrinas humanas, que nada tiene que ver con el Verdadero Evangelio, que muestran incredulidad ante la posibilidad de conocer a Dios. Hace no mucho tiempo, en España se difundió una encuesta sobre la fe de los ciudadanos; aparentemente, muchos españoles la habían perdido, porque veían los errores y desmanes de la religión católica, la religión mayoritaria, tal y como ocurre en muchos de los países de habla castellana. La gente pierde el interés por Dios al ver que sus "ministros" no son puros y santos, y ven a las instituciones religiosas como algo de otro siglo y sin sentido.

Sin embargo, la Palabra está Viva y el Evangelio tiene, si cabe, un mayor significado en estos días, pues, tal y como ocurría en el Imperio Romano que conocieron los Apóstoles, la corrupción, el amor al dios dinero, la cultura del todo vale y los abusos, están a la orden del día.

Todas estas personas desengañadas no tienen un referente Puro al que agarrarse, dependen de otros, de mediadores, para conocer la voluntad de Dios. Por eso el desánimo está presente en la sociedad de hoy.

"8Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. 9Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día."

Es por tanto que, cuando a esas personas, que están deseosas de escuchar a Dios, se les predica el Evangelio, el Sacrificio Verdadero y Único por el pecado, saltan de alegría, comprendiendo que estaban muertas en sus pecados y concupiscencias religiosas, y encuentran a un Dios Misericordioso, que les abre las puertas del perdón y de una Vida libre y con sentido, es decir, que por fin el hombre ha encontrado el Reposo. El Señor pide que comience a andar, a caminar en una nueva y verdadera relación con Él.

"10Entonces los judíos dijeron a aquel que había sido sanado: Es día de reposo; no te es lícito llevar tu lecho."

Pero lo increíble es que, los hombres de religión, representados por los judíos, no se preocupaban del hecho de su curación, todo lo contrario, miraron al hombre con enojo y le reprobaron por ir con su lecho, con su cruz, como decía el propio Señor: "Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará." (Lucas 9.23-24). El lecho, por tanto, representa la propia vida del hombre, puesta al servicio de Dios, que ahora es nuestro descanso, tal y como ocurre con la Cruz, pues en ella crucificamos nuestros pecados juntamente con Cristo. Por esta misma circunstancia el Señor sana en un día de reposo, en un Sábado, pues él es nuestro reposo: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas" (Mateo 11.28-29)

La religión no entiende que puedas llevar una vida libre, sin seguir mandamientos de hombres ni la letra de la Ley de Dios, cumpliendo la Ley espiritualmente gracias al Espíritu de Dios que habita en nosotros.

"11El les respondió: El que me sanó, él mismo me dijo: Toma tu lecho y anda. 12Entonces le preguntaron: ¿Quién es el que te dijo: Toma tu lecho y anda? 13Y el que había sido sanado no sabía quién fuese, porque Jesús se había apartado de la gente que estaba en aquel lugar."

Esta persona, cuando es interrogada por la religión, y el le cuenta las maravillas que Dios ha hecho con él, responde que no sabe de la religión del que le predicó, que a él sólo le hablaron de la Misericordia de Dios y del perdón de sus pecados, pues aunque Cristo todavía estaba vivo, en la Eternidad ya se había producido su muerte y resurrección, pues este hombre andaba todavía en la promesa. Para nuestros días, cuando una persona es sanada por Dios, automáticamente forma parte de la Iglesia del Señor, una Iglesia sin institución, regida de una forma espiritual, y en la que todos sus miembros tienen una relación directa y personal con Él. Ahora esta persona no soporta las obras de la religión, como las describe el Señor: "Porque atan cargas pesadas y difíciles de llevar, y las ponen sobre los hombros de los hombres; pero ellos ni con un dedo quieren moverlas" (Mateo 23.4). El Señor nos ha liberado de todas ellas y nos enseña el Camino, en el que vamos a ser guiados por el Espíritu Santo: "Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber." (Juan 16.13-15).

"14Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor."

El Señor, una vez que hemos creído y recibido al Consolador en nuestra Alma, nos guía y avisa que ya no podemos mirar hacia atrás, deseando realizar las cosas que antes hacíamos, cuando estábamos bajo el régimen del pecado: "Porque mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley obraban en nuestros miembros llevando fruto para muerte. Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra." (Romanos 7.5-6). Y si, a pesar de la advertencia de Nuestro Señor, hiciéramos lo que no queremos, pues, como humanos que somos, nos dejamos llevar por los deseos de nuestra carne, podemos ser privados de la protección del Señor y, por lo tanto, perder esta preciosa relación que, por Gracia, Él nos ha dado, pudiendo pecar incluso contra el propio Espíritu: "A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero." (Mateo 12.32).

"15El hombre se fue, y dio aviso a los judíos, que Jesús era el que le había sanado. 16Y por esta causa los judíos perseguían a Jesús, y procuraban matarle, porque hacía estas cosas en el día de reposo."

El mundo y, sobre todo, los hombres de religión no comprenden que no necesites de ellos para que te guíen en el "conocimiento" de Dios. Recuerda que una vez que has muerto al pecado y renacido en el Señor, no necesitas nada más, pues: "Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo." (1ª Corintios 2.16). Ya no necesitamos ningún "curso bíblico", pues tenemos al mejor y mayor Maestro, quien nos llevará a todo conocimiento de su Doctrina: "Pero vosotros no queráis que os llamen Rabí; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos." (Mateo 23.8). Y todo ello de una forma directa y a través del Espíritu Santo, para que de una forma espiritual comprendamos los designios de Dios.

"17Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo. 18Por esto los judíos aun más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios."

Jesús rompe con la letra y doctrina de observancia del día físico de reposo. En Él hayamos nuestro reposo y, como Él hace, debemos trabajar para que mucha más gente de todo el mundo pueda encontrar ese reposo que está buscando, librándole de las doctrinas que conducen a la nada, para llevarles al Verdadero Camino de Salvación, el Descanso Eterno: "Y el efecto de la justicia será paz; y la labor de la justicia, reposo y seguridad para siempre. Y mi pueblo habitará en morada de paz, en habitaciones seguras, y en recreos de reposo." (Isaías 32. 17-18).