Página de Comella Firmet - Pide 3 deseos
Pide 3 deseos
Bienvenido a "Pide 3 deseos", otro de los experimentos de Comella Firmet
 

 ... Lo que un hombre desea, también lo imagina como cierto. 

Historia de una  infidelidad
Historia de una infidelidad.
 

 






Estaba entre la espada y la pared. Realmente. Aunque a ratos no lo encontraba tan terrible... Hay personas que hubieran soñado con disfrutar de la situación que estaba viviendo... Que pagarían por tener lo que yo tenia y por tener que tomar un camino u otro.Yo era incapaz de elegir... Primero estaba Pasión... con un tanga rojo verbena, y unos zapatos de tacón, desviviéndose por llamar mi atención... Loca por poseerme. Provocándome y seduciéndome día a día. Utilizando la imaginación para retenerme... Sorprendiéndome en cada cita.Y luego, ahí estaba Amor... No. A ella no le gustaba el rojo... decía que el rojo era de "putón" de terceras y usaba braguitas blancas con lacitos rosas... Bueno, no era lo mismo pero tenía su encanto. Al igual que sus mocasines marrones. Amor me decía cosas dulces al oído, me mimaba... Cuidaba de mi... Cuando me sentía desgraciado, allí estaba ella... Con sus mimos y unos spaghetti a la carbonara...Con Pasión nos íbamos de copas... A bailar...Teníamos sexo encima de la lavadora y de pie en el ascensor. Y muchas veces! Hacíamos mucho ruido, y yo en los momentos de placer gritaba como un loco y la llamaba por su nombre entero: - Pasión! Oh sí Pasión! Eres increíble, increíble! Oh Pasión!!!  Pa- pa- paaa... Maria de las Pasionessssss!!! - Luego mordía la almohada para no asustar a los vecinos…Con Pasión era diferente… Era un reto, una diversión… De vez en cuando íbamos a la playa y luego nos quedábamos dormidos allí hasta que venía la primera "maruja" y nos plantaba el parasol en la cabeza....Con Amor llevaba el parasol a la playa... Íbamos al cine. Casi todos los domingos salíamos a pasear... Y nos tomábamos una Coca-Cola en una terraza del puerto. Siempre la misma mesa. Siempre el mismo camarero con el diente dorado...Y los silencios eran normales... Demasiado. Pero de repente con cualquier cosa, ella me sonreía y comprendía porque ella era Amor.Y quizá si no tenía dolor de cabeza o no le había bajado la regla. Hacíamos el amor en mi viejo Ford ... Amor era mía ... Sólo mía. Y la quería... Sin duda. Me había costado muchos esfuerzos y sufrimientos llegar a ese punto de la relación. Aunque no fuera como lanzarse en paracaídas de la emoción.Si! Quería pasar todo el resto de mis días con ella... Me daba tanta paz, tanto equilibrio. Era tan feliz a su lado. Su olor… Sus caricias y su dulce voy… Era mi nena, mi ángel. Estaba seguro! Bueno, casi. Porque entonces me llamaba Pasión, antes de salir del trabajo ...Y me decía que me iba a esperar en plaza castilla... Que se moría de ganas de recorrer cada poro de mi cuerpo con su lengua… Y entonces no! Entonces Amor pasaba a un segundo plano. Porque yo sin Pasión no podía vivir. Así pues, si Amor me mandaba por casualidad un mensaje al móvil... Yo muy rápidamente le mentiría diciéndole que iba a salir muy tarde del despacho esa tarde y que sería imposible que me pudiera pasar por su casa ese día... Y Amor me resoplaría y me diría que la culpa es mía por no hablar claro con mi jefe… Que soy un blando. Y yo … aguantaría el chaparrón y encima me sabría fatal porque en el fondo me siento como un cabrón. Soy un cabrón! Y la madre de Amor tendría que guardar el solomillo al Roquefort en un "tupper", ya que esa noche tampoco iba a cenar con ellos.Y después de herir los sentimientos de mi familia política yo me encontraba en secreto con Pasión … E íbamos a un hotel … Ella siempre iba depilada… Y mientras llegábamos al orgasmo los dos, exhaustos, inmensos de placer! Y Pasión estaba encima mío con ese cuerpo tan perfecto… Yo de repente me acordaba de Amor y no entendía porqué… Bueno sí, porque la quería … Y de repente me acordaba de que Amor a veces tenía muchos pelillos en las piernas y en las ingles… Pero no me importaba tanto.Y al día siguiente, iba un poco arrepentido a buscarla a la tienda donde trabajaba, con unas flores de la gasolinera y le decía -cariño- en todo momento. Y bueno… Pues venga! Volvía a ir a un hotel… Y nos queríamos en una cama de colchón blando y muelles chirriantes durante... durante… Supongo que durante una sola vez… Yo deseaba que nos quedáramos allí, dormidos los dos. Pero a ella le daba vergüenza y decía que sus padres no lo entenderían porque eran unos "carcas" … Yo protestaba y le ponía cara de pocos amigos. Luego como un rayo de luz que se cuela por la persiana por las mañanas me acordaba de mi salvaje y alocada Pasión… Ella se hubiera quedado el tiempo que hubiera hecho falta pero no me hubiera dejado pegar ojo… Y seguramente después del tercer polvo yo hubiera querido que ella se fuera … Porque necesitaba quedarme conmigo mismo.Si no controlaba la situación el rayo se iba a convertir en una lámpara "hal.logena"… Yo cada día estaba más majareta.Y los días pasaban. Los meses…Cada día estaba más confundido. Por más que lo sopesaba, no había "tu tía" de decidirme por una de las dos. Amor o Pasión?  A-m-o-r ? … P-a-s-i-ó-n?… Uf !Estaba en medio. La espada…La pared……Una me daba seguridad, y la otra, la espada -más clavada cada día- me hacía sentir vivo… Y se me había clavado de que manera! Pero la pared… Yo era de la opinión de que todo lo que entraba tenía que salir. Aunque se te hubiera clavado como un cuchillo... Pero ahí estaba yo. Sin poder decidir. Qué era mejor? Yo sabia que era mi obligación decidirme por una de las dos. Lo sabía. No podía andarme con esos juegos... Al final acabaría quemándome. No me reconocía…Pero es que era tan complicado...Yo estaba loco por Pasión. Pero no podía vivir sin Amor...Amor no me daba lo que me daba Pasión ... Y Pasión no era muy amorosa que dijéramos... A ella le iban más las miradas salvajes y las sabanas de raso... Las noches de fuegos artificiales...A Amor le gustaban los atardeceres... Las velas. Las caricias antes de los coitos... Los besos tiernos y suaves...Me estaba volviendo loco! No tuve otra elección.Después de muchas noches sin dormir y miles de dudas… De muchos meses tanto de satisfacción como de preocupación, dejé primero a Pasión y luego a Amor… Nunca les confesé todo aquello, ni existencia la una de la otra, pues tampoco lo sospechaban… Y para qué hacerlo más complicado y doloroso? Sólo les dije que estaba confundido … que me iba con Soledad, así las dos pasarían a odiarme y podrían olvidarme más fácilmente. Mientras, yo, me quedaría conmigo mismo e intentaría encontrarme … No les había mentido tanto … Porque me había quedado solo. 

comella_firmet@lycos.es
 

El  favor
El favor.
 

 




Prácticamente acaba de llegar de comer. Pero yo ya estaba echando monedas en la maquina de cafés de la empresa, y no habían pasado ni diez minutos desde que había entrado por la puerta. Supongo que en el fondo lo que me pasaba es que tenia un pánico terrible a quedarme mucho rato a solas con Naya, mi compañera de trabajo. Pues no había llegado todavía ningún colega más al departamento y los jefes estaban de viaje. La verdad era esa, sí. Me volvía loco. Estaba terriblemente enamorado de ella. Bebía los vientos por sus ojos, por su sonrisa. Sus labios me hacían perder el norte …

Llevaba meses pidiédole una cita. La había invitado a cenar, a bailar, al cine, al teatro, a un concierto… A mil quinientos cafés… Y la respuesta siempre había sido NO.

Jamás un YA VEREMOS, o un HOY NO ME VA BIEN… Para nada nunca me había dado una triste esperanza… Y lo más terrible y desesperador de todo, nunca me había dado una justificación para aquella respuesta negativa. Lo cual venía a decir que le importaba un pimiento yo y mis sentimientos así como lo que pudiera pensar.

En ese momento, entraba yo con mi café en vaso de plástico y cucharilla de palo, de plástico también, claro.

Y allí la vi, sentada, como el ser más maravilloso del mundo, escribiendo una carta para el subdirector, en su lugar de trabajo habitual. Me puse nervioso, para variar, y me entraron unas ganas terribles de ir al baño.

Tampoco entendía porqué estaba tan atontado, no era la primera vez que me quedaba solo con ella en la oficina… Tengo que reconocer que perdía los papeles e incluso me sentía ridículo cuando me dirigía a ella, últimamente me sentía terriblemente inseguro a su lado… Estaba locamente enamorado, sin duda.

Y todo ocurrió justo después de salir del baño, cuando iba a sentarme en mi escritorio y de repente ella se volvió hacia mi y me dedico la sonrisa más cautivadora del mundo. Yo, claro, no sabía que es lo que la había motivado, pero me gustó a la vez que me sedujo de cabo a rabo. Sin querer, se me fueron los ojos a su corta falda y a sus largas piernas. Dios! " Si pudiera acariciarlas" pensé. Era una diosa autentica.

Ella seguía sonriendo y me miraba fijamente. Se humedeció los labios. Estaba tan sexi…

Se tocaba el pelo, parecía como si lo hiciera porque supiera que a mi me recorría una llama por dentro cada vez que lo hacia. Y balanceaba sus piernas como jugando a algo que no acertaba a entender ni casi a creer.

De repente se levantó lentamente y empezó a dirigirse a mi, a acercarse…

- Naya… - pronuncié tímidamente.

Ella me cogió del brazo, presionando mi bíceps izquierdo con firmeza pero con suavidad y con ese gesto me acercó a ella.

- Mad - Me susurró al oído.

- Qu - é?- Contesté yo muerto de miedo con voz entrecortada.

- Tengo algo que decirte…


No entendía nada, tenia el cuerpo totalmente paralizado de arriba abajo, bueno quizás no todo… (Mi amíguete el del primer piso iba loco por subir a la suite del ático y tirar fuegos artificiales) Pero yo… Yo, estaba atónito. Sentía un calor tremendo por todas las partes de mi cuerpo. Me sonrojé pues pensé incluso que ella se iba a dar cuenta de lo nervioso que estaba.

- Maaaaad - Volvió a repetirme cerca de la oreja. Luego me pegó un mordisco en el lóbulo de ésta, que me hizo estremecer del todo. - Ummmmmm - Exclamó. - Dios! No podía creerlo.


- Tengo que decirte algo - Volvió a repetir.

- Hoy es tu día… Te voy a hacer un favor. Y ya sabes que no suelo hacer favores…

- Ufffff … Dejé ir yo sin contemplaciones.

- Debo decírtelo ahora, pues podría ser tarde si te lo digo en otro momento…

- Naaaaya - repetía casi sin aliento y con tono bajo.

- Es de vital importancia que te lo diga ahora mismo…


Yo no podía articular sílaba alguna, estaba poseído por ella. Que estaba totalmente pegada a mi, presionando sus perfectos pechos contra mi tórax. Me había llevado a su terreno. Me tenía contra la pared, completamente desquiciado por sus caricias y sus besos. Me besaba como nunca me había besado nadie, quizás fuera porque había deseado tanto esos labios que me parecían únicos. Con cada beso me quitaba un suspiro. El calor de su lengua …


No paraba de rozarme, de provocarme, de insinuarse con sus fogosos acercamientos … Su respiración …


Hubiera estado respirando de aquel calor toda la vida. Hubiera querido congelar ese aliento y guardarlo en mi congelador hasta el fin de mis días… Sí, realmente estaba loco, lo sé. Pero por ella.

Me rodeaba con sus piernas, envolviéndome con su sensualidad y su excitación

Yo no pude contenerme y le puse las manos en su redondo trasero… Estaba duro. Tuve incluso medio segundo para suponer que debía ir al gimnasio al menos una hora al día. Estaba totalmente enloquecido por el momento.

Naya empezó a bajar lentamente. Y no dejaba de decir:


- Tengo que decírtelo Mad… Tengo que hacerlo cielo…

Si hubiera tenido suficientes fuerzas habría gritado "Dimélo ya", pero no podía ni tenerme en pie, me temblaba todo. No tenía tiempo más que en pensar en "Poséeme, poséeme…"

Ella seguía bajando por mi cuerpo, besándome por debajo de la camisa, de la cual ya no estaban todos los botones abrochados … Ahora me lamía el ombligo …

- Oh Naya… Porque has tardado tanto… uuuum Nnna… - No pude ni acabar de pronunciar su nombre, la excitación me podía…

Naya seguía con su juego, se dirigía decidida pero sin prisa al centro de mis pasiones, se dirigía a él, sí sí sí…

- Maaaaaad

- Dime…

Estaba justo entonces posada en el principio de mi pantalón. Cuando lo soltó sin más:

- Tienes la bragueta bajada cariño! Te olvidaste de subírtela cuando saliste del W.C. - Y con una sonrisa similar a la que me había dedicado minutos atrás se alejó de mi de golpe y porrazo, con frialdad y gesto diabólico. Me guiñó un ojo y se volvió a sentar en su escritorio sin dudar en empezar a mecanografiar la carta que supongo estaba apunto de terminar.

Yo me quedé allí de piedra, con mi calentón, alucinado. Dejó de gustarme para siempre…


comella_firmet@lycos.es
 

"Pide 3 deseos" es una idea original de Comella Firmet * Textos registrados
La noche que me sentí solo
La noche que me sentí solo.
 

 


Esa noche había llegado a la ciudad, una ciudad totalmente fría y desconocida para mí, me sentía solo. La habitación del hotel me absorbía las ganas de seguir despierto, lentamente todo yo me iba hundiendo en una ligera depresión, en una crudelísima inquietud. Así que intenté escabullirme de mi fea oscuridad interior y salí a la calle sin saber muy bien que rumbo escoger. La noche tampoco me sugería gran cosa… Hasta que la vi a ella. Que allí estaba, como si no pudiera elegir, de pie, permanecía inmóvil en esa esquina, mirando a su alrededor, observaba impasible: La calle, la poca gente que se veía paseando, el parque, los coches, el carterista oculto en el callejón… Yo me sorprendí, y me dejé iluminar por aquella figura aparentemente inalcanzable, pero accesible a más no poder. Realmente me llamó la atención que ella pudiera estar quieta como si nada estuviera pasando. Observándolo todo y escuchando los ruidos que estropeaban el encanto de la noche. Comprendí que no me podía quejar de mi vida, porque algunos eran mucho más esclavos que yo de su condición natural.

La verdad es que creía tener mucha más suerte que aquella silueta oscura, esbelta, tan alta y distante del mundo, tan lejos de no tener corazón. Sí, porque ella también debería tener sentimientos, ¿no? Aunque nadie lo pensara al verla, la cuestión es que ella iluminó mi camino hacia ninguna parte. Lentamente me acercaba a ella, y me daba cuenta de que a medida que lo hacía, seguía sin tener planes para esa noche, “y por qué no?”, me pregunté, “podría quedarme toda la noche, o parte de ella, mirándola. Realmente si la miras con detenimiento, radia una luz despampanante, que no te deja ver más allá de tus narices, y desprende un calor…”, pensé. Ciertamente brillaba con luz propia, hasta la encontraba bonita a pesar de su edad, porque no podía esconder ni con la gran cantidad de pintura que exhibía que era una antigua, por no decir un trasto para el desguace, (y no exagero). Supongo que ella me vio, pero ni sé inmutó, en ese momento pensé que era fría y frívola pero después vi que no podía disimular que por dentro era cálida y que podía poner los pelos de punta a cualquiera que con un simple roce tocara sus partes más recónditas.

¿Pero por qué posaba con cara de estrecha y tenía esa postura tan erizada? No lo entiendo, al fin y al cabo ella era de dominio público, ese era su “modus vivendis”, ya lo tendría que tener asumido desde hace tiempo. Lo más peculiar del caso era que además casi nadie se daba cuenta de su presencia, era una más del montón, aunque como ya he dicho antes, un poco más vieja y desmejorada.

De todas maneras, esa noche había tenido suerte, porque yo sí me daba cuenta de que estaba allí, muerta de aburrimiento, en su esquina, la de toda la vida, y decidí quedarme cerca de ella para observar su sencillo cuerpo. Un cuerpo sin curvas pero que me llamaba la atención, aún no sé por qué, quizás porque estaba solo y aburrido. Estuve horas mirándola, sólo miraba, pues no podía hacer nada más, de lo contrario me jugaba mi reputación de persona cuerda y centrada si alguien me llegaba a ver, por ejemplo algún inversor del negocio que estaba cerrando en la ciudad.

Más tarde, me senté en un banco de madera a pocos metros de su oxidado cuerpo, pero lo suficientemente cerca como para ver sus tatuajes. Inscripciones tan horteras como: “Mary amor Coco”. ¡Dios qué vulgar! ¡Qué manera de llamar la atención! ¿No sabían ver que daba pena? A mí me daba lástima y me hizo recapacitar sobre mi situación esa solitaria noche. Yo al menos volvería con mi familia al día siguiente en el avión de las siete y media de la tarde. Pero ella…, por lo visto, seguiría allí (o al menos eso creo), con esa facha…De todos modos la larguirucha me caía bien, pensaba que era de “buena pasta”, porque sino no seguiría allí, aguantando a las verdes y a las maduras, viendo que sólo las moscas y los mosquitos se le acercaban y se le pegaban, con la intención de habitar en ella.

¿Pero qué hacía allí exactamente? De momento hacía bonito, sí, sí. Encajaba en el paisaje, y además ofrecía un servicio a la sociedad, como muchas de sus compañeras. La verdad es que su rostro centelleaba chispas de luz (no sé si de felicidad, más que nada por su monótona vida), no es que la conociera de toda la vida para deducir todo esto, o para juzgarla, ( quizás sea un poco injusto), pero es que su aspecto ilustraba todas mis teorías, las cuales cuento quizá con poca agilidad. Me acordaré siempre de ella…, ella, que dió luz a mi noche y a mi soledad, a pesar de que yo nunca le dirigí ni una sola palabra, porque sólo los locos y los borrachos le hablan a una farola.

comella_firmet@lycos.es




 

  Las otras

Páginas donde encontrar más relatos de Comella Firmet

Biblioteca virtual de letras Selección de textos de la Universidad Federal de Pelotas en Brasil
Guallavito club

El blog de Comella Firmet donde podrás leer algunos de sus relatos y deleitarte con muchos otros textos de sus amigos más cuentistas.

La web de Comella Firmet Los relatos de Comella Firmet ;) Cae en su intríngulis, te gustará. 
Grupobuho El mejor portal de cuentos que existe actualmente en la red. Su ambiente amigable y distendido hace de él un sitio ideal para publicar tus relatos, participar en sus foros, o navegar por la cantidad de información y servicios que te ofrecen.
Tus relatos ¿Quieres publicar? ¿Dar a conocer tus escritos? Gonzalo Hernández te da la posibilidad de hacerlo así como también de disfrutar de muchos otros relatos más.
    Dirección e-mail de Comella Firmet
Contacta conmigo en :  comella_firmet@lycos.es
Hasta tu próximo deseo ...