Monumentos

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Iglesia parroquial de EL Salvador:

Esta situada en el centro de la villa siendo su edificio más importante. Intervinieron en su construcción varios arquitectos. García Martínez de Lequeitio inició su construcción en 1498 y a él se debe su portada gótica tardía y parte de las naves laterales. Juan Martínez de Mutio edificó entre 1515 y 1520 y entre 1544 y 1556 los restantes grandes elementos. También intervinieron Juan de Huequel haciendo la torre hacia 1572 y Pedro de Aguilera y Domingo de Urroz que llevaron a cabo la obra de la sacristía entre los años 1635 y 1650.

Es una construcción con paredes de mampostería y elementos de sillería reforzado por contrafuertes. La planta es de forma cuadrangular formada por tres naves de cuatro tramos a igual altura. La nave central está rematada con una cabecera ochavada de tres paños y a los pies hay un tramo suplementario, en el que se sitúa el coro y sirve de base para la torre. El tejado está sostenido por pilares redondos con arcos apuntados que soportan crucerías en forma de estrella. La portada, que está orientada al sur y se encuentra en el penúltimo tramo, está rematada con tres arquivoltas apuntadas.

La torre original, que amenazaba ruina, tuvo que ser desmontada para hacer otra. Esta obra fue encargada en el año 1711 al calagurritano Sebastián de Portu, que con el auxilio de Juan de Aguirre y Juan de Morgata la desmontaron. Parece ser que Sebastián de Portu no cumplió con su cometido por lo cual le fue rescindido el contrato haciéndose uno nuevo en 1711 con Juan de Anguiozar, a quien ayudaron Juan de San Juan y Bautista de Olazábal, concluyéndola en 1718. La nueva torre tiene dos cuerpos de planta cuadrada en sillería y mampostería con un tercero superior en forma octogonal de sillería y ladrillo donde se encuentran las campanas.

En su interior destaca el retablo mayor, obra barroca del mediados del siglo XVII y los laterales de finales del mismo siglo. También encontramos diversas imágenes romanicistas, barrocas e hispano flamencas, varios cuadros, la capilla dedicada al caballero pedroseño D. Juan de Villarreal (que fue Gobernador General de México) de finales del S. XVII cerrada con una maravillosa rejería barroca. Cabe destacar, por último el coro de finales del XVII con 16 asientos y facistol, una imagen de la virgen romanicista y un gran órgano barroco de hacia mediados del XVIII.

Iglesia de San Juan

Este edificio clasicista, que está en estado de ruina manteniéndose en pie los muros y los arranques de las bóvedas, se encuentra en el casco urbano, al lado del río, siendo su construcción de la primera mitad del siglo XVII. Es obra de Pedro de Aguilera (el mismo que construye la sacristía de la parroquial). La fachada, de fuerte sabor madrileño, la realizó Francisco de Guinea dirigido por Félix Domínguez. Está realizado con sillería en la fachada y en el zócalo y con mampostería encadenada con ladrillo en el resto. Su planta es de cruz latina de una sola nave con tres tramos, un crucero, una cabecera rectangular y cúpula sobre pechinas. En la cabecera hay una cripta, quizá para sacristía y enterramientos. Destaca en al fachada la imagen de San Juan y a ambos lados los escudos de su fundador, rematándose con una espadaña de dos huecos. Fue fundada por el caballero pedroseño Juan de Pedroso, que instituyó además varias capellanías para ayudar a los curas de la misma.

Ermita de Nuestra Señora del Patrocinio

Según cuenta el presbítero pedroseño D. Juan Matías Herce Anguiano en su "Compendio Histórico de la Villa de Pedroso" escrito en 1786, la ermita de Ntra. Sra. del Patrocinio debe su fundación a la piedad del venerable sacerdote, hijo de esta villa, licenciado D. Juan Domingo Herce, Comisario del Santo Oficio de la Inquisición y cura que fue durante 20 años de la parroquia de Pedroso, edificándola en el mismo sitio en que antes estuvo la ermita de Santo Domingo de la Calzada.

Las obras de esta primera época pudieron comenzar en torno a 1670, quedándonos de ellas la extraordinaria cúpula de media naranja junto con los retablos, el baldaquino de la virgen, todos ellos de arte barroco, y la mayoría de las imágenes y cuadros.

Hacia 1750 se inicia la reestructuración definitiva de la ermita, gracias a la iniciativa de D. Juan Manuel de Baños, natural de Pedroso y vecino de Madrid.

El proyecto de remodelación se debe al maestro de obras madrileño D. Félix Domínguez y al aparejador D. Agustín Paniagua que fue el encargado de terminarla, de ahí que la influencia madrileña se deje notar claramente en esta parte de la ermita.

Este proyecto no sólamente planteó la construcción de la fachada sino también "alargar la ermita de siete a ocho varas, quitar la bóveda y texado, darle más altura no dejando en ella más que los dos pedazos de pared a los costados, quitando la pared del cerrado y ésta retirarla adentro para dejar la plazuela despejada rellenándola de tierra, igualando la casa de los señores capellanes con la ermita..."

Pero no fue hasta el año 1786 cuando se da el impulso definitivo gracias a la iniciativa del entonces alcalde, D. Salvador Hernández Anguiano, que ante la falta de dinero para seguir con las obras, decide remitir una carta a todos los hijos del pueblo residentes en distintos puntos de España y América al objeto de que contribuyeran a los cuantiosos gastos de la fachada que se trataba de fabricar en este edificio religioso.

Entre las donaciones destaca la del doctor D. Pedro Ignacio Ibarreta y Ribera (que era Chantre de la Iglesia Catedral de Guadalajara de Indias, Méjico) que había remitido 2.000 reales, que sirvieron además para agrandar la casa pegante para que cobijase las tres capellanías que atendían el culto de la ermita.

El importe de todo este conjunto de reformas, que dejó la ermita más o menos como la conocemos hoy en día, ascendió a la cantidad de 63.781 reales y 10 maravedís, interviniendo en ellas además de los ya citados algunos artífices regionales de reconocido prestigio como el arquitecto, najerino de adopción, Francisco de Gurrea que fue quien materializó la fachada. El mismo D. Juan Manuel de Baños regaló una campana para la espadaña que culmina la fachada.

El edificio, de claras influencias madrileñas, es de mampostería encadenada con ladrillo y sillería. La fachada, con tres arcos de ingreso al pórtico, está rematada con una espadaña de dos huecos. Su planta es rectangular de una sola nave de cinco tramos, con crucero y cabecera cuadrangular. En su interior destaca los dos retablos, el baldaquino que sirve de camerino a la virgen del Patrocinio, que es una escultura de una sola pieza, todos ellos barroco de finales del XVII. También encontramos varias imágenes y cuadros de esa época y su magnifica cúpula decorada con yeserías policromadas.

Ermita de Santa Marina:

Encima del pueblo y en el lugar que llaman "las eras" encontramos esta ermita, que necesita una rápida reparación. Su parte más antigua, el ábside, puede datar de principios del XVI, el resto fue reconstruida hacia mediados del XVII. Su construcción es de mampostería y sillarejo. Tiene planta cuadrangular de una sola nave cubierta con techumbre de madera y cabecera con cañón con arco de medio punto. Las imágenes que había (Santa Marina y Santa Teodosia) han pasado a la parroquial.

Si nos gusta pasear podemos visitar en su maravilloso entorno, en pleno monte, las ruinas de otras dos ermitas: la de Santa Teodosia, y la de San Cristobal . Según cuenta la tradición la imagen titular de la Ermita de Santa Teodosia, estaba calzada con unas albarcas de oro que fueron robadas. En tiempos, era meta de una romería populosa (por Pascua de Pentecostés) siendo costumbre que jugaran los hombres a las chapas y las mujeres a los bolos. Además podemos visitar lo que queda de la Ermita de San Cristobal en el término que lleva su nombre. Cerca del pueblo se encontraba la Ermita de Santa Ana de la que ya no queda vestigio alguna y que fue dedicada a cementerio a principios del XIX. Los pedroseños antiguos hablan de la existencia de hasta siete ermitas.

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