Una recopilación de fotos hechas desde febrero hasta mayo. Una mezcolanda de salidas de fiesta y paseos diversos para intentar despejar la cabeza.
Adjunto la profunda carta que envié a Ñoto de madrugada para transmitir la esencia de tan jocosa noche:
Hola Ñoto. Una pena que no te pudieras venir. Yo salí prácticamente forzado y realmente valió la pena. Al principio no pudimos entrar en las cuevas, pero si en el bar de enfrente, que intentaba ser una burda imitación, pero luego por fin entramos. Había muchos gritos (me acordé de la vez que estuve contigo), eso si, pero pillamos dos jarras. Estábamos María, Basa y el Pablo. El alcohol empezó a hacer efecto, las fotos que nos/le hicimos a María son de infarto algunas. Luego bailamos como locos. Pusieron mi canción favorita de Madonna (que te adjunto), que me trajo recuerdos de cuando salí a capital o el Ananda y todo era baile y felicidad. Me acerqué a María para susurrarle mientras ésta canción sonaba, "tiempos de felicidad, tiempos de mentira" y seguí bailando, pegando saltos como un poseso, como hacía antes. Ya no pensé que pudiera divertirme, que todo iba a ser quedarse en casa amargado, sin querer ver a nadie. Luego, Basa se sintió cansado y el Pablo protestó porque acababa de pillar una cerveza. Esperamos un rato fuera, filosofando (despotricando contra todo el mundo) sentados en la calle. Una chorba preguntó por "la cartuja" y Basa todo empanado respondió que estaba en Sevilla. Nos despedimos del Pablo, a quien convenía más ir en búho en vista de que llevaba a Basa y María. Primero dejamos a María en su casa, mientras sonaba a todo volumen "the show must go on", Basa se desplomaba sobre mi brazo y la única a quien despertaba un poco la música era María, que estaba arropada en el asiento de atrás con mi manta de emergencias. Yo estaba algo ciego, incluso llamé a Tomas para que me dijera donde estaban los controles, pero no me pudo ayudar. Avanzábamos por interminables obras de la m-30, que serpenteaban y subían y bajaban, mientras queen tronaba, la lluvia dificultaba la conducción y la visibilidad. Yo apenas podía controlar el coche, pero por fin pude llevar a los dos a casa, sin perderme casi nada. Llegué a mi casa sobre las 7, habiendo pillado algo de comida en una gasolinera y me eché algún vicio al KOTOR2 mientras le contaba algo al Pablo por Messenger. Por fin me acosté tras haber cagado felizmente y ahí quedó una noche realmente agradable, dónde todo hay que decirlo María estaba radiante y con un escote al que costaba no mirar.
Un abrazo
P.S. Me he apuntado a lo de alpinismo. Por ahora solo estamos nosotros tres.
P.S.P.S. Te quiero
P.S.P.S.P.S. Papo



