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Presentación / Présentation
Toledo 1º de julio de 2005 - Tolède 1er juillet 2005
Palacio de Benacazón - Palais de Bénacazon
 

El 1º de Julio de 2005 a las 19.00 se presentó en el Palacio de Benacazón de Toledo el libro FRANCESES EN EL CAMINO de Luis Español Bouché, galardonado con el I Premio Estatal de Investigación Histórica convocado por la Gran Logia de España, con un prólogo de José María Solé Mariño.


Le premier Juillet 2005 à 19.00, au Palais de Benacazon de Tolède s'est effectuée la présentation du livre FRANCESES EN EL CAMINO de Luis Español Bouché, lauréat du I Premio Estatal de Investigación Histórica convoqué par la Grande Loge d'Espagne, avec un avant-propos de José María Solé Mariño.

Discurso de Luis Español Bouché

Me han pedido que como autor de este libro pronuncie unas palabras. Naturalmente, esas palabras tienen que empezar por expresar mi agradecimiento hacia todos aquellos que han encontrado hoy tiempo para desafiar el verano toledano y las carreteras atestadas de coches un primero de julio; tanto a mis amigos, que reconozco entre el público, como a todos aquellos que no tengo el gusto de conocer, a todos Vds. a todos vosotros que estáis aquí, quiero decirles y deciros ¡gracias! También renovar mi agradecimiento al jurado que me premió, a la Gran Logia de España y muy especialmente a don Clemente Herrero, don Pablo Martín y don Antonio Campos que están hoy aquí y cuyo papel ha sido relevante en la organización de este evento y de su antecedente en Santiago.


También quiero dar las gracias a don José Corominas por haber tenido la deferencia de prologar mi trabajo así como a don José María Solé, que ha escrito una generosa y atentísima presentación. José María no para, está siempre pendiente del cierre de las revistas para las que trabaja, o de los libros que escribe; recordarán Vds. aquel libro tan divertido de Los pícaros Borbones o las memorias de Leandro Ruiz Moragas, ahora Leandro de Borbón, de las que él fue el redactor. Casi no tenemos tiempo para vernos y me parece maravilloso que haya conseguido dedicar tiempo a leer mi trabajo y a escribir lo que él, en su modestia, llama prologuito, pero que a mí me parece que es un pedazo de prólogo.


Dicho esto, no quiero repetir lo que ya dije en Santiago al recoger el premio: entonces tenía que hablar del contenido porque sólo lo conocían los miembros del jurado. Sería ahora absurdo detenerme en un contenido que cualquiera de Vds. puede consultar directamente: el libro está publicado, tiene un índice de capítulos y está a su disposición a la entrada de este espléndido edificio. Quisiera profundizar más bien en los motivos que me movieron a escribirlo, en la esencia de mi estudio.


Como todos Vds. sabrán ya, el tema de este premio era el Camino de Santiago. Algunos buenos amigos me convencieron para intentar presentar un trabajo pero, la verdad, es que me pareció difícil en extremo decir algo nuevo sobre el Camino. Se ha escrito tanto ya sobre Santiago... La bibliografía del Camino en lengua española pasa de dos mil ejemplares, a los que se unen otras tantas en francés, inglés y alemán. Lo mismo ocurrirá con esta nueva convocatoria centrada en Toledo, ciudad todavía más cargada de historia que Santiago. Piensen Vds. que cuando Santiago empezó a cobrar importancia, Toledo hacía cinco siglos que era ya el corazón de España. Si Santiago fue la capital cultural y espiritual de una Europa en movimiento, de una España que se constituyó a lo largo del Camino, Toledo carece de esa dimensión europea porque es una ciudad más antigua, más peninsular, más española; es la capital de la España vetusta, la España de los godos. Hay una lógica y una intención admirables en la elección primero de Santiago y luego de Toledo como sedes de este premio: en el primer caso, es la capital del mundo cristiano y europeo, de la España externa; en el segundo es la capital de tres religiones y de la España eterna.


Pues regresando a Santiago, diré que tras desechar otros temas, al final me decidí por el papel de los franceses en el Camino de Santiago. En efecto, de todos los caminos que llevan a Compostela, el Camino Francés es la vía principal. Que la principal peregrinación de la Cristiandad usara un Camino Francés y que su objetivo y recorrido estuviera principalmente en España ofrecía, creo, suficiente materia para una investigación y para una reflexión.


Para ese trabajo no pretendí encontrar nuevos materiales sino más bien ordenar y organizar, de todo ese corpus compostelano, aquellos datos que más se ajustaban a mi estudio. He podido subrayar que la importancia de Santiago como sede y la propaganda de la peregrinación es en buena medida obra de los Benedictinos franceses de Cluny y de las dos casas de Borgoña —la condal y la ducal— que empiezan respectivamente a reinar sobre Castilla y Portugal en los tiempos de Diego Gelmírez, el gran artífice de la peregrinación. Por otro lado, los textos que sirvieron para reforzar el mito de Santiago, empezando por buena parte de la Historia Compostelana o la totalidad del Códice Calixtino también fueron obra de los monjes franceses de la poderosa Orden Benedictina. El momento de mayor popularidad de Santiago coincidió en el tiempo con la irradiación de la cultura y la política francesas al sur de los Pirineos: franceses vinieron a sostener la lucha de los cristianos contra el Islam, franceses repoblaron el norte de España —singularmente a lo largo del Camino— y maestros y aprendices franceses trajeron a España nuevas formas del arte románico, y luego del gótico. En la misma Catedral de Santiago hay elementos claramente relacionados con Francia: una de las puertas de la Catedral, hoy desaparecida, se llamaba antiguamente del Paraíso o francígena. La usaban los peregrinos franceses y la capilla más antigua de aquella Catedral es la Capilla de Francia o del Rey de Francia refundada por el rey francés Carlos V, monarca que tuvo un papel significativo en la historia de Castilla.


La existencia del Camino Francés no solo ilustra sino que prueba la imbricación entre Francia y España, entre lo francés y lo español, más allá de la mera vecindad. Hay una relación dinámica entre esos dos mundos, una relación perfectamente simbolizada por un camino. El camino es el vínculo estático del caminante, que es la quintaesencia de lo mutable: nadie está en un camino, se va o se vuelve, pero el caminante no permanece, no se queda; lo que permanece es el camino y lo que cambia son los caminantes. En consecuencia la existencia de ese Camino Francés es también un indicio de que esa relación franco-española no se limita a un marco estático sino que ofrece características eminentemente dinámicas. Ese caminar juntos de franceses y españoles se ha mantenido durante siglos, hasta la actualidad. Los especialistas sin duda están al tanto, pero el público lo ignora, así que he querido dedicar algunas páginas a los otros caminos entre Francia y España, el camino de los refugiados, el camino de las dinastías, el camino de la cultura...


Viajeros, peregrinos e hispanistas nos han mirado con atención, a veces con desconfianza, siempre con interés, y con mucha frecuencia con entusiasmo y cariño. No hay galicistas españoles pero sí hay hispanistas franceses. Pocos saben del gran amor de los estudiosos franceses por nuestro país: era conveniente recordarlo.


Por cierto, que también podría escribirse un libro sobre la relación de Francia con Toledo. Toledo es un contrapunto a Francia. Francia nace cuando los francos expulsan de aquel territorio a los visigodos. Así que Toulouse dejó de ser su capital y se trasladó a Toledo. Espero que las autoridades toledanas, castellano-manchegas y nacionales sepan recordar dentro de dos años, en el 2007, que entonces se conmemorarán los 1500 años de Toledo como capital de España, de aquel reino visigodo que a pesar de sus divisiones y debilidades, en un momento dado llegó a ser la segunda potencia del Mediterráneo detrás de Bizancio y el más poderoso reino de Occidente. Cuando los cristianos reconquistan Toledo, con Alfonso VI, su primer arzobispo fue el francés Bernardo de la Sauvetat, quien tuvo que implantar la liturgia romana sustituyendo el antiguo rito visigodo y la vetusta capital del Tajo se convirtió en uno de los polos de difusión de las nuevas formas que trajeron los monjes franceses de Cluny. Por otra parte si los hispanistas franceses han estudiado a fondo el Camino de Santiago, también han hecho lo propio con Toledo: recordemos que fue un oficial francés quien evitó que se destruyeran las coronas votivas de los monarcas visigodos, el tesoro de Guarrazar.


No alargaré más mi intervención, sólo subrayaré que no se puede comprender la historia de España al margen de la de Francia, ni se puede estudiar nuestro pasado sin acudir a la bibliografía francesa sobre nuestro país. En España hay especialistas en inventar agravios ajenos y deudas históricas, y hay quien imagina que Francia y los franceses se pasan el día conspirando contra nuestro país. Creo que si leen mi libro cambiarán de opinión, o por lo menos tendrán la posibilidad de documentarse. La mayor institución cultural de Francia en el extranjero está en España, en Madrid, es la Casa de Velázquez, que tan pocos españoles conocen. En los últimos años he dedicado mi atención al tema de las leyendas negras, de la imagología: la representación que cada país se hace de sí mismo y de los demás; vivimos sometidos por la dictadura de los prejuicios, de los clichés negativos. Y si no somos capaces de superar esas visiones injustas y dañinas, dudo mucho que podamos algún día construir un mundo mejor, ese gran banquete que representa la Humanidad. Para mí, que soy gordo ejerciente, la comida es algo importante y mi visión de Europa es semejante a un gran festín: cada país nuevamente incorporado a la Unión representa un plato exquisito, una posibilidad, una nueva forma de ser europeo. Algunos creen que construir Europa consiste en coger la perdiz escabechada, las sardinas a la plancha y el pastel de chocolate y mezclarlo todo junto con la batidora hasta conseguir una mezcla homogénea e infame a la que quieren llamar Europa; otros no quieren probar el plato del vecino y pretenden vivir toda la vida comiendo las mismas gachas; otros limitan su curiosidad gastronómica a la vieja fórmula del café para todos. Yo disiento de ese absurdo reduccionismo. Creo que tenemos que aprender a conocernos mejor; cada plato debe probarse por separado, debe degustarse, en su momento. España es en sí misma una fiesta para el paladar, una de esas recetas de la abuela que siempre salen bien y no se sabe por qué; nuestro país resulta eminentemente atractivo, y no sólo para los turistas. Sí, España es todo un menú, confeccionado en distintos momentos por varios cocineros; uno de ellos, no lo duden, era francés. Muchas gracias.

Una entrevista con el autor

Reproducción de la entrevista tomada de la página oficial de la Gran Logia de España www.gle.org Esta entrevista se realizó la tarde del día dos de enero de 2005 en la Cafetería Viena Capellanes del Paseo del Molino de Madrid, siendo el entrevistador don Pablo Martín Rodríguez, Secretario del Jurado del I PREMIO DE INVESTIGACIÓN HISTÓRICA de la GRAN LOGIA DE ESPAÑA


P. Don Luis, ya de vuelta de Santiago de Compostela, donde tuvimos ocasión de vernos la última vez, me gustaría hacerle algunas preguntas para las páginas web de la Gran Logia de España y de la R.L. Renacimiento nº 52.


R. Encantado de contestarte a cualquier pregunta que quieras hacerme.


P. En primer lugar, ¿cómo se siente tras la concesión del Premio?


R. Me debería de sentir bien, pero aún no lo tengo muy asimilado. Estoy muy satisfecho porque es el segundo premio que me dan; el primero era de un café, y consistía en una cucharilla conmemorativa; me hizo mucha ilusión —la cucharilla— y la he conservado hasta hoy.


P. ¿Cómo tuvo conocimiento de la existencia del I Premio Estatal de Investigación Histórica?


R. Por pura casualidad: fui al Ateneo de Madrid el 26 de abril de 2004 a recoger unas invitaciones para una conferencia que yo daba sobre las Leyendas Negras; ese día se produjo la presentación del Premio en dicha institución y me conté entre los asistentes a la misma. Posteriormente, en las corcheras del Ateneo encontré las bases y distintos amigos me insistieron en que trabajara sobre el tema.


P. ¿Qué le motivó a participar en él?


R. Aparte de la dotación económica y de la publicación del trabajo, se me ocurrió el tema de las Ofrendas al Apóstol: un tío mío, primo segundo de mi padre, don Pedro Español Iglesias, era Almirante de la Armada y realizó una de las ofrendas en lugar del Rey, en 1977; por otra parte Bartolomé Bennassar hablaba de la evolución de Santiago en el discurso franquista; así que se me ocurrió hacer una lista de los discursos y como se pasaba del Santiago y Cierra España al Santiago Multicultural. Luego vi que el tema era aburrido y nada indicado para una investigación de tipo histórico, pues era más adecuado para un trabajo de semiótica; la investigación consiste en ocasiones, no tanto en encontrar nuevas fuentes primarias, como en ser capaz de "ordeñar" de un montón de datos, información concreta. También me atraía el tema del hispanismo porque tengo relación personal con muchos hispanistas franceses. En mi casa ha dormido en más de una ocasión René de la Coste-Messelière, entusiasta del Camino, y mi padre trabajó como bibliotecario en la Casa de Velázquez y sus amistades son de ese lugar.


P. ¿Podría definirnos brevemente quién es Luis Español?


R. Me defino como escritor. Mi enorme afición a la historia proviene de circunstancias subjetivas: mi abuelo Paco era íntimo amigo de Américo Castro y de Jean Sarrailh; se puede decir que tomé la historia en "biberones" y llevo 20 años visitando archivos… Junto a esto, tengo también una inquietud narrativa: he publicado algún cuento, he realizado alguna colaboración periodística en diarios de Provincias…


P. ¿Podría, igualmente, realizarnos una breve reseña de sus trabajos?


R. Por supuesto. Quizá el de más actualidad y repercusión mediática es la reciente publicación Madrid 1939. Del golpe de Casado al final de la Guerra Civil. Digo lo de repercusión mediática porque a mí mismo me ha sorprendido que en un año la página web no oficial del libro recibiera más de 60.000 visitas. No quiero aburrirte con la exhaustividad de mis trabajos, he tocado un poco de todo, pero fundamentalmente, me gusta tratar aquello de lo que nadie habla: he estudiado de forma sistemática los derechos a la Corona de los hijos naturales; traduje la obra de Clara Campoamor La Revolución Española vista por una republicana; escribí sobre Porfirio Smerdou, al que más tarde llamaría Diego Carcedo "el Schlinder español"; el exilio en Bélgica de Óscar Esplá; realicé la primera biografía de Julián Juderías. De todos esos temas he sido el primero en abordarlos o en retomarlos desde una nueva perspectiva. Por cierto, mi primera monografía editada fue sobre un tema gallego: La Guardia y Salcidos en 1753


P. Como secretario del jurado, aún no he tenido la oportunidad de leer su trabajo, pero le confieso que tras oír la opinión de alguno de los miembros del mismo, estoy deseando hacerlo, ¿podría adelantar algo o destacar algún aspecto?


R. Se trata de un trabajo sobre la participación francesa en la elaboración del Camino francés, y esa participación sería fundamental en el campo de la propaganda; ésta y los relatos de viajes están muy ligados a la mirada de un país sobre otro. La primera guía turística de la historia que se conserva es la Guía del Peregrino de Aimery Picaud, escrita para los peregrinos de Santiago. En esta guía se ven los prejuicios de su autor que presenta, por ejemplo, a los vascos y navarros como auténticas malas bestias. Precisamente mis últimos trabajos versan sobre las leyendas negras, la visión negativa del otro. En Francia ha existido siempre un interés extraordinario por lo español, la palabra hispanista es francesa y la mayor institución cultural de Francia en el extranjero está en Madrid, la Casa de Velázquez. Desde mi rincón, quiero luchar contra la imagen negativa de Francia en España.


P. A la hora de decidirse a participar en este certamen ¿le condicionó en algo el hecho de que estuviera convocado por la Gran Logia de España?


R. No. A pesar de que provengo de un ambiente muy católico y poco predispuesto hacia esa institución, la conozco a través de mis estudios y formación histórica. Personalmente, sin renunciar a ninguna de mis convicciones, no tengo ningún prejuicio hacia la misma. Es más, investigando mis orígenes familiares me llevé la sorpresa de que uno de mis parientes, un primo hermano de mi abuelo, había sido masón.


P. ¿Cómo valoraría el desarrollo y la organización de ese I Premio Estatal de Investigación Histórica?


R. Estupendamente porque me lo han dado (Risas). En serio, yo tenía mis dudas porque no soy masón y se que hay historiadores que lo son. No podía evitar pensar si "se lo darían a alguno de los suyos". La noticia me cogió totalmente por sorpresa, máxime cuando pensaba que el fallo del Premio sería a mediados de noviembre, pensé que se había producido y que no me había enterado.


P. Igualmente, ¿qué opinión le ha merecido el Acto de Entrega y de Clausura?


R. Nunca olvidará la hospitalidad de los organizadores. El marco era incomparable: la Capilla Real del Hostal de los Reyes Católicos con música de cámara y todo. No recuerdo ni las palabras que dije en agradecimiento, sólo que me encontré perfectamente y me gustaría destacar la amabilidad de los miembros de la Mesa Presidencial y sus amables palabras de presentación. Durante la cena tuve la oportunidad de departir con gente formada y educada, me gustaría destacar el cariño con que me trataron Jerónimo Saavedra y Josep Corominas. Asimismo sería injusto si no reconociera la exquisita amabilidad de Antonio Campos Romay, Nicolás Arcas o Francisco Caamaño… Recuerdo que hablamos de Julián Marías, de Besteiro, del final de la Guerra Civil, del exilio… En resumen, una velada inolvidable.


P. ¿Algún otro hecho que desee destacar?


R. He lamentado, únicamente, el desencuentro entre la masonería institucional y la jerarquía católica, religión que yo profeso. Todos aquellos que sufren propaganda negativa, leyendas negras, deberían estar en el mismo bando. La mentira es el enemigo común: obras como el Código da Vinci son ejemplos recientes de propaganda contra el catolicismo.


P. Por último, don Luis, ¿sus próximos e inmediatos proyectos?


R. En primer lugar, acabar con las correcciones formales de este trabajo con vistas a su futura publicación. Estoy ultimando también la redacción formal de mi trabajo sobre Julián Juderías y las Leyendas Negras, en particular la leyenda negra antiamericana; ahora me queda el trabajo "burocrático" de encontrar un editor que se adecue a las necesidades de este trabajo, negociar las condiciones del mismo y toda esa pesadísima tarea que por desgracia lleva aparejado el esfuerzo intelectual. Paralelamente trabajo en nuevos temas: últimamente me apasiona la historia de la propaganda, sin olvidar los temas antes mencionados: los archivos y bibliotecas españolas nos ofrecen a los interesados historias de hechos por descubrir y sacar a la luz.


P. Pues muchas gracias por sus respuestas.


R. A ti, por el interés mostrado.