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Mundo
Máquina
Por El Vorox
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| Nombre |
Mundo
Máqiona |
| Dirigente |
La
Red |
| Catedral |
Herética
|
| Ágora |
PAN/21
(secreto) |
| Guarnición |
9,
si bien mayoritariamente defensiva |
| Capital |
PAN/21 |
| Saltos |
5 |
| Mundos
adyacentes |
Bannockburn |
| Sist.
solar |
PAN/21alfa
(1), PAN/21beta(2), PAN/21 (3), PAN/21.1 (4), PAN/21.2 (5),
PAN/21.3 (6), PAN/21.4 (7) |
| NT |
10
o más (se desconoce exactamente) |
| Pbl.
humana |
Indeterminado |
| Pbl.
xenomorfa |
0 |
| Recursos |
Tecnología |
| Exportaciones |
Ninguna |
| Descripción |
PAN/21,
es un planeta terraformado, de vegetación desconocida
en los Mundos Conocidos, grandes selvas vírgenes de
esa vegetación, fruto de la primera terraformación,
que han crecido sin ningún obstáculo humano.
Existen unos tres continentes, con una fauna evolucionada
a partir de los animales que se trajeron al planeta. Todos
esos conocimientos se encuentran en las bibliotecas digitales
de Mundo Máquina. |
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Así
es como llaman en los Mundos Conocidos al sistema solar
existente tras la puerta de salto del sistema fronterizo
Bannockburn. Pero su nombre original no tiene nada de sentimental:
PAN/21.
La reciente apertura de la puerta de salto que conduce a
este peculiar sistema, ha provocado una verdadera convulsión
en los Mundos Conocidos. Y es que este mundo no tiene habitantes
vivos, si entendemos por vida cualquiera de tipo orgánico,
ya sea esta basada en el carbono o en cualquier otro elemento.
Sus habitantes son máquinas... y muy avanzadas, por
cierto. Cualquier Gólem o máquina pensante
conocida es, en comparación, una reliquia prehistórica.
Sin embargo la cosa no queda ahí. Estas máquinas,
que han colonizado por completo los 8 planetas y respectivas
lunas que conforman su sistema solar binario, son los herederos
más puros y directos de la sabiduría de la
Segunda República. Y claro, esto ya supone una verdadera
convulsión.
Convulsión en la Iglesia, por cuanto esta Puerta
les supone la entrada al mismísimo infierno. Convulsión
en la Liga, que ha encontrado la oportunidad de adoptar
una posición de ventaja sobre sus rivales. Y convulsión
bajo el trono del Emperador, que acaba de encontrar la herramienta
para hacer realidad sus sueños. Pero tratar con ellos
no es, ni será, una empresa fácil. Estas máquinas
han aparecido en los mundos conocidos en un momento de calma
tensa y el menor descuido podría tener consecuencias
perjudiciales para la paz.
Es difícil hacer comprender al lector las repercusiones
que ha tenido en los Mundos Conocidos la apertura de la
Puerta hacia este nuevo Mundo de verdaderas máquinas
pensantes. Sería mejor conocer qué y cómo
ocurrió exactamente para poder hacerse una idea.
En
el año 3993 una expedición de colonos de la
Segunda República llegó a este sistema y colonizó
su tercer planeta, el más apropiado para la terraformación.
Se instauró allí una base científico-militar
de avanzadilla para diversos estudios de carácter
secreto. Un buen número de científicos de
élite fueron destinados allí, junto con un
pequeño contingente militar encargado de la seguridad.
En total no superarían los trescientos habitantes.
Sin embargo, los turbulentos acontecimientos políticos
que sucedían al otro lado de la puerta de salto empezaban
a aislar a estos hombres y mujeres, por lo que la base estuvo
a punto de ser abandonada, como sucedió con tantas
otras. Algunos de los habitantes huyeron de allí,
ya fuera por el aislamiento o por cuestiones más
personales. El caso es que las tecnologías y conocimientos
allí almacenados pudieron haberse perdido de no ser
por que los que permanecieron decidieron preservarlas de
la barbarie de los últimos días de la Segunda
República. Puesto que el mundo les había abandonado,
ellos decidieron hacer lo mismo y sellaron la puerta. Pronto
se darían cuenta del gravísimo problema que
ello entrañaba.
El reducido grupo de personas allí destacadas entre
hombres y mujeres no permitía, en términos
genéticos, la perpetuación de la especie y
si permanecían aislados, la falta de diversidad genética,
acentuada por un debilitamiento de los genes por causas
desconocidas, provocaría en tan solo cien años
que sólo pudieran existir relaciones endogámicas.
Pero cuando quisieron reabrir la Puerta no pudieron.
Reunidos con carácter de urgencia en el Salón
de Actos de la base, intentaron encontrar una solución.
Y una mujer, Marta Elinah, que llevaba años estudiando
la manera de unir mente y máquina, propuso una descabellada
idea, que se desechó en un principio. Acordaron investigar
el porqué de la imposibilidad de la perpetuación,
demostrada por sus impresionantes ordenadores y no tardaron
en descubrirlo. Los soles del sistema emitían unos
pulsos radiactivos que les estaban esterilizando poco a
poco, lo que, sumado a la falta de diversidad genética
del grupo, firmaba la sentencia de su extinción.
Descubrieron que desde el principio habían sido utilizados
como cobayas y, tras haber analizado los gobiernos a sus
espaldas los resultados de una larga permanencia allí,
se olvidaron de ellos. Esto solo empeoraba las cosas, ya
que las previsiones de existencia de unos cien años
se desmoronaban a tan solo unas décadas. Y cuando
las enfermedades empezaron a multiplicarse la idea de Marta,
antaño abominable, resurgió como la última
y única alternativa.
Y la fusión de mente y máquina comenzó.
Desaparecidos los habitantes humanos del sistema, sólo
quedaron las máquinas. Las mentes de todos y cada
uno de los hombres y mujeres que poblaban la base estaban
allí dentro. Mentes científicas y mentes militares
de primer orden, transformadas ahora en multitud de programas
con tareas específicas, aprovecharon su nueva existencia
de chips, circuitos e interconexiones y comenzaron de nuevo
a trabajar en cuestión de nanosegundos, con la intención
de proseguir sus investigaciones y volver algún día
a contactar con la República.
Han pasado los siglos y ese trabajo aún no ha parado.
Los habitantes, ahora “virtuales”, de PAN/21
han traspasado los límites de la evolución
y alcanzado niveles tecnológicos inimaginables. Siguen
siendo individuos que conservan sus anteriores nombres (Marta,
William, Hurgues,...), pero convertidos en programas con
funciones específicas e interconectados en tiempo
real con cualquier lugar en el que exista una de sus máquinas.
Tan perfecta es su Red que, de hecho, se puede considerar
su forma de gobierno. Su falta de necesidades (o debilidades)
fisiológicas les ha permitido ir colonizando e interconectando
el resto de los planetas del Sistema, sin parar en su primigenio
afán de investigación y respeto del entorno
a investigar. Han creado más y más máquinas,
cada vez más perfectas. Han aprendido a utilizar
cualquier recurso energético para existir: luz solar,
agua, hidrógeno o energía térmica.
También han desarrollado armamento, gracias a los
conocimientos adquiridos de los militares que, voluntariamente,
también se conectaron a “la máquina”.
El potencial bélico adquirido, fruto de la imparable
evolución de su sistema, es impresionante. Todas
las naves están equipadas con algún tipo de
sistema defensivo de la tecnología más puntera.
Pero con toda esa fuerza, el mayor logro militar de estas
máquinas es ese mismo: la defensa. En efecto, una
sola de sus naves de combate podría repeler un ataque
durante días completamente sola y sin sufrir daños
excesivamente graves. Sin embargo ahí se quedarán,
en la defensa. Ninguna “nave-máquina”,
ya sea de investigación o de combate puro, atacará
jamás primero.
Pero cuando ataquen sus defensas, eso sí, serán
implacables, aunque no exterminadoras. Tan solo neutralizarán
la amenaza.
Pero el mayor descubrimiento que hicieron fue la antimateria,
un tipo de energía que les permitía existir
en el espacio sin necesidad de ningún tipo de abastecimiento
durante extensísimos periodos de tiempo. Tras crear
el primer motor de antimateria, las máquinas encontraron
un posible método de volver a contactar con los humanos
sin necesidad de utilizar la puerta de salto. Y empezaron
a construir naves-máquina, también interconectadas
a la Red, que fueron lanzadas a las estrellas en busca de
ellos o de cualquier otro mundo a investigar. Aunque también
volvieron a la Puerta de Salto e intentaron abrirla una
vez más. Esta vez se habían vuelto más
tenaces gracias a sus nuevos cuerpos metálicos. Ya
no debían pensar en el tiempo como en su carnal existencia
y se pusieron manos a la obra con matemática paciencia.
Situaron una nave cerca de la puerta que, utilizando todos
sus componentes, intentaría descifrar la manera de
volver a abrirla. Durante seis años estuvo allí
trabajando ininterrumpidamente. Y así comenzó
la historia de su retorno.
Ocurrió
hace tan solo dos años del calendario de Terra Santa.
Un pequeño carguero Auriga, el Indomable, capitaneado
por Andrew Berjen, acababa de abandonar un pequeño
y remoto asteroide, situado cerca de la Puerta de Salto
de Bannockburn. Al parecer en la roca espacial, no más
grande que uno de los cruceros de batalla del Emperador,
Berjen había encontrado un enclave abandonado. Seguramente
consiguieron algún tipo de artefacto antiguo, alguna
tecnología prohibida, puesto que todos los movimientos
no escaparon a los ojos del Cardenal Avestita Ojutwa. Éste
esperó a que el Indomable abandonase el asteroide
para lanzarse como perro de presa sobre el carguero. Comandando
una fragata, ordenó que abriese fuego sobre los motores
de impulsión de la nave para poder detenerlos por
herejía y hacer “desaparecer” el peligro
tecnológico. Berjen, un experimentado capitán,
consiguió eludir varios disparos, pero uno de ellos
consiguió su objetivo, causando destrozos irreparables
en el cuadro de transmisión de energía. Sin
embargo Ojutwa no logró su meta de detener al Indomable,
que hacía honor a su nombre, pero redujo a casi un
cincuenta por ciento la velocidad del carguero. El Cardenal
no consideró oportuno volver a disparar, arriesgándose
a destruir el carguero. Necesitaba poder castigarlos vivos...
o más bien interrogarlos.
Fueron dos días de intensa persecución en
los alrededores de la Puerta de Salto. Dos días en
los cuales los contendientes sintieron ganas de tirar la
toalla o de destruir al enemigo en su tenaz huida, dependiendo
por supuesto de la situación que el Destino les había
otorgado a cada uno en la carrera.
Fue
entonces cuando ocurrió que, según las palabras
de Berjen “el Pancreador mostró a sus perros
la entrada a su Infierno", para ver si podían
demostrar los valores que predicaban. Los controles de cada
nave detectaron que la Puerta se estaba activando. Seguidamente
una nave de configuración desconocida emergió,
dejando tras de sí el destello propio del campo de
energía de la Puerta y en un primer momento no atrajo
la atención de nadie. De pronto el Indomable se detuvo
en seco. Les habían conseguido capturar, Berjen ordenó
a sus hombres que resistieran y por lo menos tener una muerte
digna. Pero su sorpresa fue que la fragata Avestita se encontraba
detenida también, lejos del alcance del Indomable.
Ambas naves se encontraban paralizadas en el espacio y pronto
las miradas de todos, perseguidores y perseguidos, se dirigieron
al nuevo actor de la escena.
Las naves se encontraban virtualmente “apagadas”
y ninguno de los intentos por parte de las tripulaciones
para averiguar lo que pasaba surtía efecto. Durante
unos segundos que parecieron horas, la nueva nave estuvo
rondando al carguero y a la fragata, tras los cuales, inexplicablemente,
los controles volvieron a estar operativos. La nave-máquina
se quedó allí, esperando.
Así fue el primer contacto con los nuevos “amigos”.
Tiempo más tarde se conoció lo que ocurrió
realmente. La nave-máquina, que durante seis años
estuvo intentando reabrir la Puerta, logró su objetivo,
pasando a través de ella inmediatamente después
de lograrlo. Según apareció en Bannockburn,
detuvo a las dos primeras naves que encontró e intentó
ponerse en contacto con las autoridades de la República,
pero las comunicaciones utilizadas en aquellos tiempos eran
obsoletas, por lo que ninguna de las naves consiguió
recibir la llamada. El Indomable consiguió escapar,
dado que los Avestitas tenían una cosa más
grande de la que ocuparse y se quedaron allí, intentando
contactar con la nave-máquina que parecía
hacer caso omiso a las llamadas y posteriores amenazas.
Berjen consiguió contactar con su gremio y contó
lo sucedido. Los Ingenieros descubrieron que en las comunicaciones
del Indomable había una señal residual que
habían pasado por alto. Era el mensaje que la nave-máquina
les había enviado y los Ingenieros disponían
de la tecnología adecuada para descifrarla. Varias
semanas después volvieron al lugar del encuentro
junto con una nave de Ingenieros, y allí se encontraban
ya apostadas tres fragatas, dos destructores y un crucero
de los Hermanos de Batalla, aparte de la nave de Ojutwa,
completamente inutilizada.
Tras un comienzo bastante tenso, los Ingenieros consiguieron
contactar con la nave-máquina, haciéndose
pasar por las autoridades que ésta reclamaba, a espaldas
de las naves de la Iglesia. Y la respuesta fue positiva.
La nave-máquina invitó a los Ingenieros “republicanos”
a atravesar junto a ella la Puerta de Salto. Y así
lo hicieron, dejando compuestos y sin presa a los Avestitas.
Pero no pasó ni una sola semana, cuando la nave de
los Ingenieros fue amablemente invitada a abandonar el sistema
PAN/21. Las máquinas querían contactar con
las autoridades de la Segunda República... pero esta
vez las de verdad. Y no volvió una, sino tres naves-máquina
que avanzaron en busca de dichas autoridades. Cuando los
Ingenieros regresaron, hablaron de un mundo nuevo poblado
enteramente de máquinas, siendo tantas las cosas
que habían podido ver en una minúscula parte
del sistema, que no sabían por dónde empezar
a describir. Lo bautizaron como “el Mundo Máquina”.
No
tardó en correr el rumor, llegando a oídos
de Alexius, quien mandó un emisario a contactar con
una de las naves. Y Alexius fue más sincero, ofreciendo
datos más o menos actualizados a las máquinas,
como que ya no había tal República. Sin embargo
las máquinas debieron quedar impresionadas con el
talante del Emperador, pues le aceptaron como único
interlocutor válido e igual, prometiendo el envío
inmediato de unos emisarios a la misma capital del Imperio.
Y así sucedió un año después:
varias naves imperiales escoltaron a los emisarios de Mundo
Máquina hasta Byzantium Secundus. El recibimiento
de los mismos en el palacio fue llevado con mucho cuidado,
por cuanto podían aportar los nuevos vecinos al Imperio.
Y Mundo Máquina también había cuidado
los detalles, fabricando dos máquinas de forma humana,
tan perfectas que hubieran podido pasar por humanos corrientes.
Cuando Alexius y toda la corte los vieron entrar quedaron
anonadados. Parecían un hombre y una mujer. Jamás
nadie había visto unos gólems tan exquisitamente
trabajados.
Quedó patente tras la reunión que todos habían
puesto objetivos en Mundo Máquina. Nadie quería
desaprovechar la oportunidad de tener tanto potencial de
poder cerca. Pero a las máquinas también les
quedó patente la degradación tecnológica
y social de la humanidad y los emisarios, en contacto permanente
con Mundo Máquina, determinaron que la humanidad
no se encontraba ahora en disposición de recibir
informes de la historia de PAN/21. Ofrecieron al Emperador
y a todos los allí presentes, representantes de multitud
de regiones, casas y organizaciones, la amistad de Mundo
Máquina... pero nada más. No serían
aliados de nadie pero tampoco enemigos y se declararon meros
observadores.
Obviamente nadie quedó contento con el trato, pero
la firme posición de Mundo Máquina no permitía
negociación alguna y los emisarios abandonaron Byzantium
Secundus.
Pero
antes de marcharse y ya lejos de los ojos y oídos
de las potenciales amenazas que las máquinas habían
calculado, ofrecieron bajo mano al Emperador un trato que
Alexius tomó casi con los ojos cerrados. Las máquinas
abrirían de nuevo las antiguas instalaciones de PAN/21
y las habilitarían de nuevo para que un número
determinado de estudiosos fuese allí a trabajar.
No ofrecían a Alexius ningún regalo. Tan solo
ofrecían a los eruditos del Imperio facilidades para
que trabajasen por el bien de la humanidad. Este trato sería
del todo secreto, y todo aquel que estuviese en PAN/21 debería
jurar no divulgarlo y vivir sólo para su mantenimiento.
A los eruditos se les permitiría tener allí
todas las comodidades, pero estarían constantemente
vigilados por las máquinas.
Muchos rumores se han escuchado sin embargo de este trato,
y no han sido pocos los avisos de los Avestitas al Imperio,
ni los intentos de sabotaje de la Iglesia, o los intentos
de robo de tecnología e, incluso, invasión
de Mundo Máquina.
Pero una cosa si ha quedado clara y es que nadie entra en
Mundo Máquina si no lo permiten las máquinas.
Conflictos actuales
A pesar de que determinados sectores de la Iglesia jamás
aceptarán, e incluso pretenderán perseguir
a las máquinas, Mundo Máquina no tiene ahora
mismo enemigos dada su naturaleza no beligerante. Sin embargo,
bajo manga, es objeto de las conspiraciones de muchos y
resulta implacable con aquellos que quieren robar sus secretos.
La Iglesia se está planteando llevar a cabo una campaña
de descrédito, pero es discreta ya que para la mayoría
del pueblo Mundo Máquina no existe. Lo que sí
escama a muchos es el trato preferente que parece tener
Alexius con la Red.
Se cree que en la actualidad existe una
colonia de estudiosos humanos en PAN/21, pero nunca se puede
estar seguro de que entre ellos sólo haya personas
con ansias de aprender sin más. La conspiración
y el tráfico de conocimientos está siendo
vigilado de cerca por el Gran Ojo de la Red.
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