PenicilinaFleming, 1928
Una
revolución terapéutica
Este descubrimiento de Fleming fue
completado casi diez años más tarde por Chain y Florey, quienes, por fin, dieron paso a la producción
industrial de los antibióticos.
El inglés Alexander Fleming tiene 48 años cuando, en 1928, mientras estudia
cultivos de estafilococos áureos -bacterias
responsables de la formación del pus- observa un extraño fenómeno: un moho
verde ha contaminado accidentalmente una de las cajas de Petri,
recipiente de cristal de modelo internacional para uso en laboratorios, y el
cultivo de estafilococos casi ha desaparecido. Fleming
identifica el moho. Se trata de una cepa de un hongo inferior, el Penicillium notatum. Analiza el
fenómeno y observa que el moho, al entrar en contacto con el estafilococo,
produce un fluido bactericida, que Fleming es el
primero en denominar penicilina.
Dándose cuenta del interés del poder
bactericida de la penicilina, trata de extraerla con fines terapéuticos, pero
no lo consigue. Durante varios años, la penicilina sólo se empleará en la
investigación bacteriológica, por ejemplo, para aislar bacterias no sensibles
a ella. ¿Se trata de un verdadero descubrimiento? No del todo. Ya en 1897, el
francés Duchesne había demostrado el poder bacteriostático de ciertos mohos. El descubrimiento de Fleming quizá hubiera permanecido en el mismo estadio que
el de Duchesne si otros dos investigadores no hubieran
tomado el relevo.
El primero de ellos fue Howard
Florey, un patólogo que había descubierto que la
saliva y otros mucus contienen enzimas bactericidas. Al investigar otras
sustancias bactericidas, se interesó por la penicilina. En 1939 se le unió un
físico y químico, Boris Chain,
y ambos consiguieron rápidamente lo que Fleming no había
logrado: aislar y purificar la penicilina. Su idea fue cristalizarla mediante
el frío, para obtener una forma estable. Pero una Inglaterra en guerra no les
ofrecía dicha posibilidad, por lo que Florey partió
a Estados Unidos donde, valiéndose de sus trabajos experimentales, consiguió
convencer al gobierno para que realizara la producción en masa de la droga. Los
progresos fueron fulminantes, pues los americanos lograron cultivar el penicilium en masa en grandes viveros, en vez de hacerlo en
miles de frascos, después de haber descubierto otras cepas del moho. En 1943,
se obtuvo la cristalización por frío del jugo de los cultivos, y la
penicilina entró en la terapéutica, primero en los frentes de la guerra y
después en el mercado farmacéutico en general.
Otros progresos vinieron después: en 1954, el
cultivo del penicilium en profundidad, no sólo en la
superficie, lo que incrementó de modo considerable el rendimiento de los
cultivos; y en 1959, la preparación industrial de penicilina semisintética.
En 1945, Florey, que había recibido el título de Lord, y Chain compartieron
con Fleming, convertido en Sir, el premio
Nobel de Medicina.
Un descubrimiento muy antiguo
La
identificación de la penicilina por Fleming no
indica, desde luego, la fecha absoluta del descubrimiento de los antibióticos. Hace 2.500 años
que los chinos constataron que la crema de soja en la que se hubieran
desarrollado mohos era eficaz contra las infecciones de la piel, y la utilizaban
habitualmente. Además, hace 3.500 años que los egipcios consumían de modo
habitual y abundantísimo estreptomicina natural,
como indican los análisis de esqueletos de la época. Asimismo se sabe que, en
la Segunda Guerra Mundial, los prisioneros rusos de los campos alemanes que
aceptaban comer pan mohoso tenían menos forúnculos que los demás.
La penicilina es el primer antibiótico
que deriva de hongos inferiores, pero no es el primer antibiótico moderno,
pues son anteriores los derivados de los ácidos sulfónicos,
las llamadas sulfamidas; el primero de ellos fue el prontosil,
comercializado en 1932. El segundo antibiótico que se descubrió después de la
penicilina fue la estreptomicina (1943, Waksman); el
tercero, la cloromicetina (1947, Burkholder); el
cuarto, las te traciclinas (1948, Duggar
y Finlay); y el quinto, la eritromicina
(1952, McGuire).
¡Extracto de
orina!
En los meses que
siguieron a la Liberación, las únicas tropas que recibieron de modo regular
un suministro de penicilina fueron las tropas americanas estacionadas en
Francia. Ésta se vendía en el mercado negro y, para responder a la intensa
demanda, algunos médicos recogían la orina de los soldados sometidos a una
terapia antibiótica para extraer de ella, de modo más o menos licito, pero en
cualquier caso eficaz, la penicilina excretada...
Más:

2.000 penicilinas
Se puede llevar a cabo la síntesis química de la
penicilina, pero es costosa, y el método natural, complicado. En 1959 se pudo
aislar y analizar el núcleo activo de la penicilina, el ácido 6-aminopenicilámico,
que permitió la producción de penicilina semisintética.
En la actualidad, hay más de dos mil tipos.
© Fernando Luis Romera,
Chiclana-Cádiz-España 2004