Untitled Document

VIOLENCIA EN ESCENA

Desde sus comienzos hace mucho, mucho tiempo, el rock n´roll ha estado irremediablemente unido a la violencia. Los puritanos de los años 50 no andaban desencaminados al definir el rock como la música de Satán, y los músicos pondrían mucho de su parte para estar a la altura (como Jerry Lee Lewis cuando quemaba su piano al entrar en el éxtasis musical ). Iggy Pop ya había advertido a la audiencia de lo que se avecinaba cuando la Iguana cogía un par de baquetas astilladas y se rajaba el pecho hasta que brataba la sangre; Ozzy Osbourne ya tenía fama de aniquilador de mascotas indefensas, y no pocos de sus fans llevaban gatos muertos a sus conciertos para arrojarlos al escenario cuando empezaba el show. Todo vale con tal de asquear a los queridos fans y darles la carroña por la que han pagado. A continuación tenéis jugosa información sobre tres grupos (aunque son cientos) que cumplen de forma ejemplar la respetable tarea de intentar arrancar una náusea al aburrido público.

THE DWARVES. Esta panda de punks descerebrados de San Francisco empezaron a ganar fama mundial a través de sus salvajes conciertos, donde una buena bronca es siempre bienvenida y más si alguien acaba en el hospital. The Dwarves son el perfecto ejemplo del comportamiento punkie más garrulo, y quien asiste a sus descargas ha de aceptar las consecuencias, cosa que no parece preocupar a la gente que se agolpa en las primeras filas para ver si con un poco de suerte consiguen calentar a alguno de los "enanos" y llevarse un buen puntapié en los morros. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de una escena musical donde todo se lleva al extremo e incluso el público acepta la brutalidad como algo casi obligatorio, por lo que nadie va a denunciar a Blag Dhalia, el cantante del grupo, cuando empiece a repartir hostias con su micro. The Dwarves crearon un misticismo alrerdedor suyo no sólo por sus conciertos, sino también por la extraña figura de Hewhocannotbenamed, guitarrista oculto tras una máscara cutre y que tenía la adorable costumbre de tocar en pelotas. Cuando Hewho decidió dejar el grupo, Blag Dhalia utilizó su inocente sentido del humor e informó a su compañía de discos, Sub Pop, y a la prensa de la muerte por apuñalamiento del misterioso guitarrista, dando todo tipo de datos sobre el incidente y dejando incluso una dirección para enviar flores y mensajes de pésame a la familia. Cuando se descubrió la pequeña bromita, la cosa ya había herido demasiadas sensibilidades y The Dwarves fueron inmediatamente expulsados de Sub Pob.

GWAR. Creo que no hay duda alguna de que Gwar son el grupo más repulsivo de la actualidad, y que más facilidad tienen para provocar el vómito fácil. Los miembros de este infame clan, probablemente yuppies aburridos, ocultan su verdadera identidad tras curiosos nombres como Oderus Urungus, Slymenstra Hymen o Flattus Maximus. La historia de Gwar comienza en el espacio hace millones de años, cuando Oderus y cía. fueron castigados por su maestro a pasar el resto de sus vidas en ese agujero que es la Tierra (ellos fueron responsables de la creación de la raza humana mediante la violación de varios primates prehistóricos). Con estos antecedentes, os podéis hacer una idea de lo que supone un concierto de Gwar: el caos absoluto, un desfile de disfraces grotescos mezcla de guerreros medievales y criaturas repulsivas, guitarras con forma de instrumentos de tortura, sangre por todas partes... Aunque no se trata nunca de violencia real, los estrafalarios maquillajes y armaduras de los miembros del grupo son impactantes y derrochan imaginación y mal gusto a partes iguales. En concierto simulan el embarazo de su sex-symbol Slymenstra Hymen (que normalmente se dedica a escupir fuego), y otro de los seres le abre la barriga de la forma más gore posible para extraer un horrible feto mutante, empapando al atónito público con todo tipo de líquidos desagradables. Si hay algo que no falta es la sangre, ya que hablamos de un grupo cuyo principal interés es representar para la audiencia su particular apocalipsis, por lo que el ketchup se vuelve una sustancia imprescindible y todo el mundo acaba perdido. Gwar serían la mejor opción para grabar el anuncio de detergentes definitivo. Sin duda resultan más desagradables que ver sudar a Camilo Sesto mientras canta. Sólo por los nombres de algunas de sus obras merecen un respeto: America Must be Destroyed, This Toilet Earth o We Kill Everything.

GG ALLIN. Como broche final tenemos al irrepetible, increíble, mítico, el punk-rocker por excelencia: GG Allin. Jamás la Tierra ha tenido el placer de dar cobijo a un ser tan desequilibrado como él, y ningún aficionado a la música punk se atreverá nunca a intentar sobrepasar los límites impuestos por este entrañable ser. GG quería devolver al rock n´roll el peligro y la subversión que según el se habían perdido, y para llevarlo a cabo se cubrió las espaldas con diferentes grupos a lo largo de su carrera, como The Jabbers, AIDS Brigade o los más conocidos Murder Junkies. Este hombre ya era de por sí un deshecho humano, pero cuando pisaba el escenario se volvía una bestia descontrolada: sus actuaciones solían comenzar con GG desvistiéndose y empezando a cagar delante de todo el mundo, para luego untarse sus heces por todo el cuerpo, tirárselas al público o... ¡comérselas! Entre los berreos y las defecaciones, nuestro hombre disfrutaba dándose fuertemente con el micro en la cara o, en su defecto, rompiéndose botellas en el cráneo hasta sangrar como un cerdo. Y GG no hacía trucos: para deleite de sus fans, todo era real. Cualquier despistado que hubiera entrado al concierto en ese momento habría visto a un animal cubierto de sangre, mierda y whisky desgañitándose con canciones punk. Al señor Allin también le encantaba intentar abusar de las féminas que se congregaban en las primeras filas, a veces incluso a punta de navaja. Si alguna de las chicas tenía suerte podía subir al escenario y mear sobre la cara de la estrella. Pero el plato fuerte era la confrontación directa con el público, ya que GG no quedaba satisfecho si no bajaba del escenario y le pateaba la cabeza a alguien. La gente huía despavorida ante aquel ser untado de caca que corría como un histérico e iba repartiendo puñetazos por el local. Por razones obvias, los conciertos no solían pasar de la tercera o cuarta canción, y cuando se presentaba la policía ningún agente quería detenerle ya que les daba asco tocar a semejante criatura. Él estaba convencido de que cumplía una misión en este mundo: despertarnos y devolvernos el peligro y la emoción de la vida, ¡GG quería cambiar el mundo! Para llamar aún más la atención, pretendía suicidarse en medio de un concierto y de paso acabar con la vida de cualquier infeliz que se pusiera a tiro. La noche de Halloween del año 1990 era la fecha escogida, aunque fue aplazándose hasta que GG Allin acabó en la tumba por una muy poco espectacular sobredosis. Este viejo cafre deja en pañales a cualquier otro grupo que pretenda conmocionar al público, y su violencia extrema no es más que un síntoma de la capacidad del rock n´roll para atraer a todo tipo de seres perturbados.