Cielos exóticos

CIELOS EXOTICOS

Alfa del Centauro (1ª parte)

 

Empieza el paseo.

Imaginemos que nos hemos embarcado en el Halcón Milenario y que Han Solo nos lleva a realizar un tour turístico por las cercanías del Sistema Solar. Nuestra primera parada, como no podía ser de otra manera, es en Alfa del Centauro, la estrella más cercana a nuestro hogar. Nada más salir del hiperespacio, nos encontramos orbitando Rigel Kentaurus (o Toliman), nombres estos que designan también a la más conocida como Alfa Centauri. A su izquierda vemos una constelación conocida: Orión. Pero, inmediatamente, nos damos cuenta de algo sorprendente: junto a Betelgeuse, la estrella que señala el hombro derecho del cazador, descubrimos una brillantísima compañera. Tras consultar el ordenador de abordo, averiguamos que se trata de Sirio. ¡Asombroso! Por si algo le faltaba a la Catedral del Cielo (como se suele calificar a este asterismo), la estrella más brillante del firmamento entra a formar parte de ella. Junto al pie derecho de Orión (Saiph) podemos ver otra compañera inesperada. Y si nos fijamos en Tauro, vemos que Aldebarán, el rojizo ojo del Toro, ha cambiado perceptiblemente su posición. A continuación se muestra la misma región del cielo tal como se ve desde aquí y desde casa, para poder comparar estos y otros cambios.

Desde la órbita alrededor de Alfa del Centauro.

 

Desde los alrededores de nuestro Sol.

 

En fin, por el momento esto es todo. En la próxima ocasión veremos dónde se localizaría nuestro Sol en este exótico cielo.

¡Ah! Y si alguien desea saber cómo se vería Rigel desde Sirio, por ejémplo, u otros astros cercanos, admito sugerencias en galileo@macprogramadores.org. Tan sólo una observación sobre esto: la base de datos de estrellas del programa ha sido extraida del Catálogo de Estrellas Hiparco, conteniendo unas 7.800. Así pues, no sería conveniente (en mi opinión) alejarse más de 50 ó 100 años/luz del Sistema Solar, si se desea mantener cierta fidelidad en la representación. Además, cuanto más nos apartemos de nuestra estrella, más "extraño" será el cielo, y muchas constelaciones que nos son familiares símplemente "desaparecerán". Aunque, claro, ¿por qué no descubrir por nuestra cuenta nuevas constelaciones en los firmamentos de esos mundos aún no hoyados por el hombre? Quién sabe; tal vez, incluso, los exploradores del futuro lleven en sus naves cartas astronómicas con asterismos bautizados por aficionados a la Astronomía de principios del siglo XXI.

Un saludo.

Volver a la página anterior