
Breve introducción al arrianismo visigótico.
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El intercambio de aportaciones religiosas entre la población goda y la romana lleva consigo, en su base, el problema de la identidad de ambos pueblos. Antes de la aceptación oficial de la Iglesia Católica por el Estado en el año 589, el convertirse a la Fe de Nicea significaba para un godo dejar de serlo y pasar a ser romano. De la misma manera, el arrianismo venía a dibujarse como un particularismo de los godos en la Península, por cuanto las secuelas de esta herejía entre la población hispanorromana eran prácticamente nulas. Por el contrario, en el elemento humano de origen germánico, el arrianismo fue general, manteniéndose incluso entre algunos (destacado es el caso, a este respecto, de Sunna de Mérida), aún después del 589. La característica que creemos más significativa del conflicto (o más bien de su ausencia) creado entre los dos pueblos que confluyen en la Península, con sus correspondientes creencias, durante los siglos IV, V y VI es la coexistencia natural y pacífica de ambos. únicamente quebrada en ocasiones espontáneas que no llegan a constituir una lucha sistematizado por ninguna de las dos partes en litigio. Creemos, por tanto, que la llegada de los germanos no supuso una dominación oficial de tipo religioso sobre los invadidos, sino que ambos pueblos tuvieron un marco muy amplio de libertad para creer lo que quisieran, y vivir amando su peculiar universo de creencias. Thompson estima que ningún otro país occidental de los que sufren las invasiones bárbaras tuvo dentro de la antigua población romana tanta libertad para vivir su anterior forma de vida sin restricciones como los hispanorromanos entre los reyes visigodos. El chivo expiatorio fue la población judía, que de alguna forma "pagó" la ausencia de conflictos en la fusión de los dos elementos primordiales que vertebran el Estado visigodo. No nos vamos a detener en las características particulares y propias de la Iglesia arríana, porque nuestra pretensión es, en esta sección, es ofrecer una visión general de la Iglesia como órgano de poder decisivo en la época, lo cual, para ser rigurosos, viene dado por el conjunto de las dos Iglesias y de su significación como fuerte estamento de soberanía, papel que cumple, en suma, tanto la Iglesia arriana como la Iglesia católica. En este sentido nos limitamos a anotar que, al margen de las disensiones doctrinales señaladas con anterioridad, la práctica religiosa arriana difiere de la católica en detalles de culto principalmente y con un perfil no excesivamente diferencial: así, por ejemplo, la tonsura arriana permitía . llevar el cabello largo tanto a clérigos como a laicos, mientras que la tonsura católica reservaba este favor a los segundos con exclusividad. El bautismo, entre los seguidores de Arrio, se practicaba por medio de la triple inmersión, a diferencia de la inmersión simple que se instauró entre los católicos. Los actos de culto godos se celebran en lengua goda y tienen lugar antes del alba.Con respecto al clero, arrianos y católicos coinciden en dos problemas que se van a repetir constantemente durante toda la época visigoda: la cuestión del celibato duramente castigado por Toledo tanto para los clérigos católicos cuanto -y con iguales medidas de rigidez- para los arrianos convertidos, ya que sus anteriores creencias les permitían el matrimonio en muchas ocasiones; en segundo lugar, cabe asimismo señalar otra fuente polémica que da origen a numerosos controles entre la administración, y que veremos más adelante, a saber: la distribución económica eclesiástica entre las diócesis y parroquias. Además de estas dos grandes doctrinas religiosas en la España si bien no tuvieron la influencia de las anteriores, no podemos dejar de citar en virtud del tono polémico que suscitaron en Sínodos provinciales e incluso generales. El foco más importante de disidencias de carácter prisciliano se centra en la región sueva y es contra el que la Iglesia arremete, concretamente, con disposiciones conciliares en Braga allá por el 525. Patentes también son los gérmenes nestorianos en la Bética y la Cartaginense durante el siglo V y en defensa de la dualidad humana y divina en la persona de Cristo. Texto extraido del libro Historia de España, tomo II, Club Internacional del Libro.
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