
Bajo relieve figurativo, Quintanilla
de las Viñas
| isigodo
es todo aquello que puede relacionar se con el pueblo godo originario del norte
de Europa y que se asentó en la Península Ibérica a finales
del siglo V, después de haber permanecido largo tiempo en las tierras del
mar Negro. El problema es ¿cómo se identifica lo que es visigodo?
y si ¿existe un método correcto para su identificación?
Los historiadores ya desde el siglo XIX han creído que las manifestaciones
artísticas y la cultura material son el testimonio de los visigodos en
Hispania. Pero en sus razonamientos se han entremezclado conceptos como el de
raza, etnia, tribu, etnicidad, nación, soberanía, etcétera,
que al estar utilizados desde la semántica e ideologías contemporáneas
han falseado la realidad histórica. Para responder a la pregunta ¿qué
es visigodo? es necesario preguntarse ¿cuáles fueron las estrategias
de distinción que utilizaron? y ¿con qué fin? Los individuos
de estas comunidades construyen su identidad a partir de la diferencia. Diferencia
establecida según cuatro conceptos: el origen, la religión, la legislación
y la lengua. Son unos signos de identidad étnica frente a otras posibles
formas de identidad colectiva. La
arqueología y la historia del arte deberían ser capaces de distinguir
cuáles fueron y cómo quedaron fijados esos signos de identidad.
Suele ser habitual que se llame "visigodo" a todos los restos hallados
en la Península de los siglos VI y VII d.C. Como un saco roto donde se
ha metido todo lo que no cuadra con lo puramente paleocristiano o altomedieval.
Así desde bien entrado el siglo XX, en todas las historias del arte tenemos
un arte visigodo, una orfebrería visigoda, una escultura, una arquitectura,
y un largo etcétera, que no se atiene a diferencias sino a globalizaciones
que abogan por una homogeneidad y unidad de la sociedad de aquel momento. Actualmente
la forma de investigar -mucho más intirdisciplinar y dialogante ha cambiado
completamente la visión que se tenía de los visigodos en Hispania,
o al menos está haciendo que los documentos, de cualquier naturaleza, sean
revisados lejos de prejuicios o intenciones políticas. Durante todo
el siglo XX, las iglesias de San Pedro de la Nave, Quintanilla de las Viñas,
San Juan de Baños, Santa María de Melque y Santa Comba de Bande
(por citar las más conocidas) han sido etiquetadas como visigodas o mozárabes.
Los criterios para encuadralas en una u otra época están hoy puestos
en duda y el problema por resolver. Lo que no se puede decir es que fueron arquitectos
de origen godo quienes construyeron estas iglesias. Y menos aún cuando
no se tiene ninguna base arqueológica o artística para decir que
esas iglesias son anteriores al 71 1. El único indicio cronológico
que hasta ahora se había considerado como fiable esta cuestionado. Se trata
de la inscripción situada sobre el arco triunfal de la iglesia de San Juan
de Baños donde se dice que fue construida por Recesvinto. ¿Es posible
que la inscripción haya sido reutilizada en este edificio y que no se encuentre
en su lugar de origen? El mismo desconcierto se tiene con la escultura. Si
se pone en duda la cronología de las iglesias, también se pone la
decoración escultórica. Los programas iconográficos debidos
a excelentes artistas no son comprendidos en toda su dimensión. Es necesario
que los especialistas de distintos campos dialoguen para conocer el significado
de la iconografía. A este problema se añade el de numerosos fragmentos
escultóricos que se encuentran desplazados de su lugar original. Han pasado
a ser meros objetos artísticos que difícilmente pueden responder
a cosas esenciales como por ejemplo si estaban destinados a decorar edificios
de uso privado o público, dónde, cuándo y porqué fueron
tallados, las funciones que tenían... Las teorías se alzan como
un castillo de naipes construido sobre hipótesis frágiles y supuestos
teóricos que inducen inevitablemente al error. Los estudios micro-regionales
que se están realizando detectarán las variedades y diferencias
locales. Después de contrastarlas entre si se podrá valorar lo que
está sucediendo en toda la Península. Ahora conocemos mucho mejor
las cronologías y las producciones de Mérida, frente a las que se
están dando en Toledo, o la ornamentación de las llamadas iglesias
asturianas, frente a las llamadas visigodas de la Meseta. También la orfebrería
esta siendo objeto de discusión. Siempre se ha-dicho que el tesoro de Guarrazar
atestiguan la presencia de unos artesanos visigodos que trabajaron en la propia
corte de Toledo y ha sido interpretado como un instrumento de poder y símbolo
de la supuesta unidad nacional (como si se tratase de la imagen misma del III
Concilio de Toledo del año 589). Lo mismo que aquella lista de los reyes
godos que se aprendía de carrerilla en la escuela sin comprender el sentido.
Por un lado resulta difícil aceptar que las coronas votivas, suspendidas
sobre los altares de las iglesias de Toledo, sean instrumentos de poder; por otro
no creo que se pueda aceptar un taller áulico en la ciudad, cuando se conocen
objetos iguales técnicamente en otros lugares del Mediterráneo.
Al contrario, el tesoro de Guarrazar lo que hace es demostrar una vez más
la apertura de la Península hacia el Mediterráneo, la continuidad
de las relaciones comerciales y los contactos con los talleres orientales del
circulo constantinopolitano. Lo
visigodo, como tal, es por tanto poco reconocible y queda reducido a prácticamente
nada. Quizá sólo pueden ser considerados como signos de identidad
los objetos de indumentaria personal hallados en la Meseta castellana y fechados
a finales del siglo V y primera mitad del VI. A muchos les suenan los grandes
cementerios como Duratón, Castiltierra o El Carpio de Tajo. Los arqueólogos
durante un tiempo buscaron a los visigodos altos, rubios y con ojos azules vestidos
con vistosos adornos de la moda goda; supravalorando el significado de estos adornos
personales como si fueran verdaderos estandartes nacionales. Hoy, tanto historiadores
como arqueólogos observan una mezcla de población entre romanos
y visigodos, que induce a pensar que estos objetos, más que a una moda,
responden a objetos de prestigio que recuerdan los que llevaban durante su estancia
en Crimea. Se reincide así sobre la identidad dentro de la diversidad.
A la pregunta ¿qué es visigodo? la respuesta está todavía
lejos de ser clara pero clama a la prudencia cuando se enfatiza o se carga de
significado una manifestación artístico, y más todavía
cuando se ínstrumentaliza como símbolo de una ideología política.
Si la Historia no es una falacia, y sirve para algo es para saber que los comportamientos
sociales se repiten y que la experiencia del pasado no es un modelo de respuesta
pero si un punto de reflexión importante para comprender y solventar los
conflictos actuales. 
La "superbia gothica"
E.
A. Thompson Historiador Extracto de "Los godos en España"
¿Qué decir del tan discutido valor histórico de los godos
en España, y de aquel orgullo de goticismo hispano (...)? Contra éste
se enfadaba, allá en el sur de Italia, el Galateo, en su tratado De educatione
(1505); viendo invadido el reino de Nápoles por las costumbres y usos
de los españoles, tacha a éstos de rudos e incultos, muy hinchados
de esa superbia gothica, que les lleva a gloriarse de ser descendientes de los
godos, con singular ingratitud hacia Roma (...) que había civilizado la
antigua Hispania (...). Sobre esta exigencia de gratitud hallamos, en apoyo a
la queja del Galateo, que los godos, cuando entraron en España, estaban
ya muy romanizados, como ninguna de las otras estirpes germánicas lo estaba;
vemos, en consecuencia, que la lengua latina en España no sufrió
presión ninguna apreciable la idea estatal del imperio se impuso dentro
del mismo Estado visigodo; el Derecho romano dominó en la legislación
visigoda ( el cristianismo romano anuló el arrianismo godo ( Bien podrá
creerse, pues, que los godos quedan excluidos de todo influjo sobre el pueblo
español. Así, mientras los francos hicieron de la Galia una Francia,
los godos no hicieron de la Iberia una Gotia, como soñaba hacer Ataúlfo
en sus años juveniles (...). Mas si no dieron a la Hispania el nombre de
Gotia, en compensación lograron crear en el animo de los españoles
esa superbia gothica que tanto amostazaba al Galateo (...).
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