Los Visigodos en la Hispania

Recaredo completó, en lo religioso y en lo jurídico, la labor unificadora que su padre,
Leovigildo, había logrado en lo militar. Dejó el arrianismo, aceptó
El dogma católico de la Trinidad y extendió la igualdad legal a todos los hispanos.
Sin embargo, el rey instrumentalizó políticamente a los obispos.

César Vidal



Recaredo y los obispos, "codice viginiano"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Conversión de Recaredo por Muñoz Degrain, palacio del senado, Madrid

 

a llegada de los godos a Hispania supuso de manera inmediata una división social sobre la base de criterios raciales. Como históricamente ha sucedido con otras culturas de origen ario, la propiedad de la tierra, los cargos políticos y, en general, los aspectos más importantes del poder social quedaron en manos de los invasores y los habitantes autóctonos se vieron relegados a la situación de población sometida. Semejante conducta hallaba además una supuesta legitimación religiosa en el hecho de que los godos eran arrianos que negaban la creencia en el dogma de la Trinidad mientras que los hispanos creían en esta doctrina esencial del cristianismo.
Con Leovigildo, Hispania fue testigo de una política de unificación que pretendía unificar a godos e
hispanos bajo la fe en el arrianismo. El intento del monarca concluyó con un fracaso siquiera porque la mayoría de la población hispana creía en la Trinidad y estaba dispuesta -como Hermenegildo, el hijo de Leovigildo- a sufrir antes que abandonar su fe. A la muerte de Leovigildo, tanto su política religiosa como sus proyectos unificadores podían darse por más que fracasados.
La situación experimentó un cambio radical con Recaredo, el hijo de Leovigildo. De hecho, bastó que abandonara el arrianismo y que procediera a sustituirlo por el cristianismo trinitario para que se produjera la creación de un solo pueblo hispano. En adelante, podrían existir barreras sociales derivadas de la casta pero no del diferente origen racial. La transformación resultó extraordinariamente rápida y en un tiempo muy reducido la igualdad llegó al extremo que únicamente el cargo de monarca seguía reservado a los godos. Sin embargo, no se trató únicamente de una cohesión política que no había existido hasta aquel entonces.

Al mismo tiempo, el reino visigodo experimentó un florecimiento político y cultural sin parangón en Europa. Su cultura alcanzó unas cotas muy superiores a las de los restantes reinos germánicos de Occidente. Políticamente, se expulsó a los últimos bizantinos que controlaban territorio ibérico y se contuvo la amenaza de los francos al Norte.
Recaredo había accedido al trono en 586 nada más tener lugar la muerte de su padre Leovigildo. Se trató de una sucesión sin problemas facilitada por el hecho de que Recaredo había sido corregente de su padre durante sus últimos años de reinado. A inicios del año 587, el nuevo monarca dio en secreto el trascendental paso de aceptar el bautismo de manos de un obispo trinitario. En el curso de los meses siguientes, se esforzó por preparar a los godos para este cambio de fe intentando especialmente atraerse la voluntad de los obispos arrianos. Se celebraron tres encuentros entre fieles de ambos credos. Y Recaredo trató de convencer a los arrianos, alegando que ninguno de ellos había logrado jamás una curación milagrosa. Que se sepa, Recaredo no logró convencer a la mayoría de los obispos arrianos pero su decisión era irreversible.
En este estado de cosas, el 8 de mayo del año 589 se celebró la primera sesión del Tercer Concilio de Toledo. Previamente, los obispos se habían retirado a ayunar durante tres días con la intención de preparar sus espíritu para el momento. Siguiendo en buena medida el ejemplo del emperador Constantino, Recaredo tomó asiento entre los obispos pero fue más allá que el político romano al dirigir de manera muy directa la trayectoria del concilio. Tras el rezo de una oración, Recaredo anunció que su conversión había sido hecho pública "sólo unos días después de la muerte de nuestro padre" (en realidad, había sido 10 meses más tarde del fallecimiento de Leovigildo).
Seguidamente, un notario leyó la abjuración del arrianismo y la profesión de fe católica de Recaredo escrita de su puño y letra. A continuación, recordó a los obispos que había ganado para la iglesia católica a la nación de los godos que hasta entonces había estado apartada de la verdad por la maldad de sus maestros. junto con ellos acudían a la verdad los suevos. Las actas del concilio fueron finalmente firmadas por 72 obispos arrianos en persona o por delegación, algunos nobles y una
cantidad de sacerdotes y diáconos.
La primera consecuencia de este acto -en apariencia sólo religioso- fue la equiparación social de godos e hispanos. Lógicamente, se produjo una reacción arriana pero, a fin de cuentas, la mayor parte del pueblo siempre había sido trinitaria y el nuevo acto sirvió para unirla más estrechamente con el rey. La segunda fue una modificación sustancial de las ideas políticas de los godos. Hasta entonces, de acuerdo con los usos germánicos, el rey era fundamentalmente un caudillo elevado al poder por la elección directa de sus camaradas de armas.
No podía, por ello crear derecho, sino meramente someterse al que ya existía y que no era otro que la costumbre seguida durante siglos por la comunidad. Con la conversión de Recaredo, el rey comenzó a
adquirir rasgos derivados directamente del Derecho romano -como su unción divina- y se pusieron los cimientos de un Estado fuerte y bien organizado que recogía elementos de ambas corrientes jurídico-culturales.

A partir de ese momento, los súbditos quedaron unidos al rey, no por un juramento privado de vasallaje sino por un juramento público. Por su parte, el rey, en el momento de ser coronado, juraba al pueblo cumplir sus leyes y costumbres. Por otro lado, surgieron instituciones -o se reforzó su uso- como el Aula regia que era una especie de Senado formado por los servidores de palacio (condes, jefes, etc) y los altos funcionarios militares y administrativos del reino. Pero, muy posiblemente, el organismo más peculiar de la monarquía visigoda fueron los concilios de Toledo. Autentico ejemplo de colaboración civil y eclesiástica, en el seno de los mismos se legislaba sobre los dos ámbitos citados.
Al tener lugar la apertura de las sesiones, el rey enviaba a sus participantes el denominado "Tomo regio" en el que aparecían consignados los asuntos que debían tratarse. De esta manera, la vinculación entre poder político y poder eclesiástico -que tenía su origen en las monarquías arrianas- se acentuó extraordinariamente. La jerarquía se convirtió de hecho, en una especie de "segundo poder" que fiscalizaba la elección del monarca y controlaba a los jueces.
Así, los obispos elaboraron doctrina legal sobre la realeza, participaron en la elección de monarcas, actuaron de supervisores de los jueces y los agentes del fisco y desempeñaron un amplio conjunto de funciones administrativas por designación expresa de los reyes. Convertida en una pieza más del organigrama administrativo visigodo, la jerarquía eclesiástica no tuvo una relación muy cordial ni muy frecuente con la sede de Roma.

 

Carta enviada por Recaredo a Gregorio Magno

 

RECAREDO, al santo y bienaventurado papa Gregorio obispo:
Desde el instante en que el Señor por su misericordia hizo que nos separáramos de la nefanda herejía arriana, la Iglesia católica nos acogió dentro de su seno, mejores, por seguir su fe. Entonces ya fue nuestra intención y nuestra voluntad acudir con gozo y con toda la fuerza del alma a un varón tan venerable y superior a todos los demás prelados para que alabara a Dios por todos los medios en lugar de nosotros, los hombres, por un don tan excelso recibido de Dios. Y porque nosotros debemos sobrellevar los múltiples cuidados del reino, ocupados en los más diversos negocios, han transcurrido tres años sin haber podido cumplir en modo alguno el deseo de nuestra alma. Más tarde enviamos hasta vos a algunos abades de los monasterios para que llegaran hasta tu presencia y ofrecieran a san Pedro los dones que le remitíamos, y nos trajeran noticias más ciertas de la salud de tu santa reverencia y hubiéndose dado prisa, y estando ya casi a la vista del litoral de Italia, les ocurrió que a causa del temporal del mar naufragaron en algunos escollos, cerca de Marsella y apenas pudieron salvar sus vidas. Ahora, pues, hemos rogado al presbítero que tu gloria había enviado a la ciudad de Málaga, que se llegara hasta nuestra presencia, pero este tal impedido por una enfermedad corporal no tuvo fuerzas en modo alguno para presentarse delante del solio de nuestra Majestad; pero porque sabemos de toda seguridad que él ha sido enviado por tu Santidad, le remitimos un cáliz de oro con piedras preciosas engastadas en su parte superior, para que como confiamos de tu Santidad, os dignéis ofrecerle como cosa digna de él al Apóstol que brilla primero por el honor.
También pido a tu grandeza que en ocasión oportuna os acordéis de nosotros con vuestras sagradas y doradas cartas. Pues cuánto en, verdad te ame, no creo que se oculte por inspiración del Señor vuestra fecunda imaginación.
Sucede muchas veces que aquellos que se hallan divididos por las tierras y los mares se unen por la gracia de Dios, casi visiblemente aquellos que no pueden gozar de tu presencia personalmente, fama les pone de manifiesto tu bondad.
Recomiendo con toda veneración a tu santidad en Cristo a Leandro obispo de la iglesia de Sevilla, porque por su medio se nos ha revelado tu benevolencia, y cuando hablamos con este prelado de tu vida, nos tenemos por pequeños considerando vuestras buenas obras. Me agradaría recibir noticias, ¡oh reverendísimo y santísimo varón!, de tu salud. Y suplico a la prudencia de tu Cristiandad que encomiendes frecuentemente al Señor común en tus oraciones a nosotros y a nuestro pueblo que después de Dios gobernamos y que ha sido ganado por Cristo estos vuestros años, para que al hallarnos separados por la amplitud del orbe, crezca en nosotros felizmente la verdadera caridad para con Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 


Imagen del Papa Gregorio Magno