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Vivir y comunicar experiencias con nuestro hijo. Inicio de la comunicación en niños sordociegos



I ENCUENTRO DE FAMILIAS DE NIÑOS Y JÓVENES SORDOCIEGOS. (Junio 98 Torremolinos)

 
 

El desarrollo cognitivo está regido por la relación existente entre pensamiento y lenguaje. En el desarrollo evolutivo todo va relacionado, el desarrollo cognitivo no es independiente del desarrollo de la comunicación y el lenguaje. ni estos independientes del desarrollo social. Por ello, la falta de comunicación desencadena un aislamiento progresivo y un retraso importante en el proceso de maduración, pues al no existir un sistema de comunicación adecuado, la relación entre el niño y su entorno (personas u objetos) se ve muy limitada.
 

En general, el niño antes de hacer sus propias emisiones comunicativas ha estado viendo y escuchando durante mucho tiempo y continuamente en los diferentes ambientes donde se encuentre: en la casa, en el jardín de infancia en el parque, etc. El niño está continuamente viendo y oyendo durante todo el día cómo otras personas se dirigen a él y a otros y cómo interaccionan con los diferentes elementos de su entorno.
 

El niño sordociego tiene una pérdida total o parcial en sus capacidades perceptivas, auditiva y visual, lo que dificulta su relación con el entorno; no puede comprender lo que está sucediendo, ni lo que tratamos de decirle mediante el vehículo de comunicación común para las demás personas, el lenguaje oral.
 

Entonces, ¿cómo puede aprender el niño sordociego que tiene serias lirnitaciones en la percepción de las cosas y carece de un sistema de comunicación?
 

El niño sordociego necesita de una persona para poder llevar a cabo su relación con los objetos y las personas del entorno. Aquí hay que resaltar el importante papel que juega el adulto en todo el proceso de desarrollo del niño Cuanta más información tenga el niño de lo que ocurre a su alrededor, mayores posibilidades tendrá de entender lo que sucede y de iniciar y llevar a cabo interacciones por si mismo. Por otra parte, debemos proporcionarle un sistema de comunicación adecuado que le sirva para comunicarse e interactuar.
 

El adulto debe asegurarse de que el niño tiene la oportunidad de adquirir el lenguaje de un modo muy natural, basándose en la interacción comunicativa temprana. Esto significa que el niño sordociego deberá experimentar el vínculo afectivo y la seguridad, que constituyen una parte esencial de la adquisición temprana del lenguaje en el niño oyente-vidente. Para querer aprender a comunicarse de modo más efectivo (utilizando un sistema estructurado), el niño ha de sentir la necesidad de comunicar algo a alguien. Lo esencial en la comunicación es comunicar, lo que implica compartir sentimientos y experiencias.
 

No debemos olvidar que el niño sordociego, al igual que cualquier otro niño, empieza a comunicarse a través de experiencias cercanas; empieza a elaborar demandas básicas relacionadas con necesidades elementales (alimentación, cuidado personal, etc.). Cuando es capaz de indicarnos él sólo estas necesidades, ha iniciado su comunicación, el lenguaje empieza a desarrollarse. Uno habla y se comunica cuando tiene algo que comunicar, algo que compartir. El lenguaje debe tener como base la experiencia o actividad concretas con las que el niño disfruta y el diálogo que surge de ellas. El establecimiento de rutinas diarias permite, además de anticipar lo que se va a hacer, entablar un diálogo sobre algo que el niño conoce.
 

Las primeras acciones simbólicas se realizan para representar objetos ausentes con funciones comunicativas. Así por ejemplo, el niño dice "papá" sin estar presente; igualmente, dice "coche" sin tener el objeto presente, refiriéndose a él como su juguete o al coche de su papá. Así pues, los símbolos -palabra, signo- nacen como resultado de la necesidad de comunicarse con los demás acerca de objetos -y en especial de objetos ausentes. Los símbolos (aquí nos referimos a los signos comunicativos) son pues conductas sociales elaboradas.
 

El lenguaje es un sistema complejo de símbolos que se adquieren en los entornos de comunicación naturales, es decir, sistemas que se transmiten dentro de un grupo cultural de una generación a la siguiente.

Ahora bien, ¿cómo surgen estos símbolos en el niño?

Conviene que incidamos en algunos aspectos que considero fundamentales en nuestra comprensión de la comunicación y que debemos tener presentes cuando queramos ayudar al niño sordociego.
 

Inicio de la comunicación
 

Como indicamos al comienzo de la exposición, en el desarrollo del niño todos los aspectos que lo integran (cognitivo, social,...) están relacionados. Así, los símbolos surgen como resultado de la integración de un conjunto complejo de funciones y capacidades que se producen en los primeros momentos del desarrollo, y entre las que destacan las siguientes:

- Habilidades de imitación, son un mecanismo de aprendizaje y desarrollo de la conducta; pero también es una forma de expresión intersubjetiva. Tiene una significación especial en el proceso de desarrollo del símbolo, por ser un mecanismo básico para la construcción de los significantes, de los signos. El niño aprende de lo que ve en su entorno y muchos de sus aprendizajes los adquiere por observación e imitación.

- Competencias intersubjetivas, que permiten compartir experiencias y entender que los otros son seres con experiencias. Así, cuando el niño imita expresiones emocionales de otras personas está experimentando las experiencias emocionales que reflejan, accede a experiencias internas.

- Interés hacia los objetos y la noción de que estos tienen un grado de permanencia que no depende de su percepción directa (los objetos existen independientemente de que los esté percibiendo o no).

- Capacidad de análisis y abstracción de las propiedades de los objetos. Es decir, una cuchara es diferente de un vaso, tiene forma diferente y sirve para cosas diferentes; un animal -un perro- es diferente de una flor.

- Posibilidad de evocarlos mentalmente, hacer referencia a ellos (hablar sobre ellos) sin que estén presentes.

- Motivos comunicativos de carácter declarativo. Para poder realizar acciones de describir, definir, narrar objetos, acontecimientos, etc. tiene que haber una motivación comunicativa.
 

A medida que evolucionan, las producciones simbólicas requieren cada vez menos del apoyo de las rutinas habituales, de los datos perceptivos proporcionados por las situaciones presentes y de las restricciones espacio-temporales a que se ve sometida la experiencia inmediata. Es decir, el niño ya puede hablar de cosas pasadas y futuras.
 

Ahora bien, en el caso de niños sordociegos, estas capacidades y funciones pueden requerir mayor tiempo y ayuda por parte del adulto para lograr una adquisición y desarrollo adecuados. Por ello, ¿qué aspectos debemos tener en cuenta para ayudarte a adquirir tales funciones?
 

Atención e interés hacia les cosas

Uno de los primeros aspectos a considerar es atraer la atención y el interés del niño hacia las cosas. Ningún niño se comunicará si no tiene un motivo para hacerlo, si los objetos carecen de formas, texturas sonidos, etc. que le atraigan; o si no le ayudamos y enseñamos a explorar las cosas y a comprender su función y utilidad. Los primeros intentos comunicativos están basados en lazos emocionales y en la necesidad del niño de comenzar a controlar su entorno (el niño entabla un habla ininteligible en el juego con objetos).
 

Anticipación

Al niño sordociego debemos anticiparle lo que vamos a hacer. Las rutinas diarias, en las que se repiten las acciones, la hora y el lugar pueden facilitar la comunicación ayudando a superar gradualmente la falta de comprensión del niño. Las conductas de anticipación por parte del niño se dan en situaciones habituales de relación y reflejan una capacidad rudimentaria de reconocer intenciones del otro, como por ejemplo cuando la mamá muestra (pone en la mano) la esponja al niño y éste se dirige al baño. Además, con la anticipación se favorece también que el niño pueda expresar su deseo de hacer la acción o de no hacerla.
 

Imitación

La imitación, en el caso del niño sordociego, requiere del contacto directo de otra persona para poder percibir lo que ésta realiza; es preciso mostrar al niño lo que sucede en su entorno. Así, muchos aspectos que pueden parecemos muy simples, como caminar o coger una cuchara, no pueden ser observados por el niño que no ve, si no es a través del tacto, es el adulto quien debe llevar la iniciativa.
 

Seguimiento de instrucciones

Consiste en poner la conducta del niño bajo el control de instrucciones verbales; la importancia de ello radica en que facilita el proceso de aprendizaje. Así, se le dice al niño "vamos a dormir" o "guarda los juguetes" sin necesidad de señalar en cada momento la conducta solicitada.
 

Los lenguajes receptivos estarán generalmente a un nivel más alto que los expresivos. El niño será más capaz de entender que de decir. Por regla general, el niño adquirirá el uso del lenguaje referente a objetos ya acciones, antes de poder entender conceptos abstractos, y será capaz de entender un lenguaje sencillo antes de poder manejar uno complejo. De este modo el niño puede comprendernos cuando le decimos "siéntate en la mesa para comer", aunque todavía él no pueda expresarlo mediante signos.
 

Hay niños sordociegos que comunican espontáneamente y lo que debemos hacer es ayudarles a estructurar el lenguaje y a adquirir vocabulario como con cualquier otro niño.

Por otra parte, hay niños que presentan dificultades para comunicar espontáneamente, ¿qué hacer?:

- Favorecer situaciones en el entorno natural donde al niño se le cree la necesidad de comunicar, por ejemplo pedir algo: en la mesa no servirle el agua y no poner la jarra cerca de él, de manera que tenga que pedirlo (si sabemos que habitualmente bebe agua). Igual se puede hacer con el pan...

Si tiene todas las necesidades cubiertas ¿qué necesidad tiene de pedir algo?

- Buscar momentos a lo largo del día (por ejemplo cuando se acuestan, siempre que no estén muy cansados) donde se les pregunte cosas del tipo:
 

¿Qué tal lo has pasado hoy? (Para ayudarle a expresar sus sentimientos)

¿Qué has hecho hoy?

¿Dónde has ido?

¿Con quién?

Y ayudarle a que nos dé una respuesta y nosotros también contarle lo que hemos hecho.
 

Julia Martín Cuerdo

Profesora de niños sordociegos. CRE Antonio Vicente Mosquete. Madrid
 
 
 
 

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Última actualización 24 de abril de 1999 por Dolores Romero 

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