El alzamiento en la ciudad de Cáceres

EL ALZAMIENTO EN LA CIUDAD DE CÁCERES

 

      Alrededor de las once de la mañana del día 19 de julio de 1936, un Batallón del Regimiento de Argel nº 27, al mando del comandante Linos Lage, sale de su cuartel y desfila por la ciudad de Cáceres.  Lleva banda de música y porta bandera republicana.  Es domingo, y en la ciudad reina la confusión.  El Gobierno ha dado a conocer por la radio la sublevación militar en África, pero afirma controlar la situación en casi todo el país.  El periódico local «Extremadura» ha recibido órdenes de no comunicar ni una sola línea de información sobre el levantamiento militar.  Además, las comunicaciones periodísticas han quedado interrumpidas desde el día 17, justo después de haber llegado a la redacción del diario un telegrama cifrado que daba cuenta de la sublevación en África.  El Batallón desfila por las calles Canalejas (hoy Barrionuevo) y General Ezponda hasta desembocar en la Plaza Mayor.  Allí, frente al Ayuntamiento, el comandante Linos proclama el Estado de Guerra.

       Después las tropas se encaminan hacia la plaza de Santa María para tomar el Gobierno Civil y la Diputación Provincial.  En el primero se hallan reunidos importantes miembros locales del Frente Popular.  La Guardia de Asalto que custodia el edificio opta por no oponer resistencia a las fuerzas del comandante Linos.  Detenidas las autoridades republicanas, el Ejército, ayudado por la Guardia Civil que se había sublevado siguiendo las órdenes del comandante Fernando Vázquez, ocupa los principales edificios públicos de la ciudad (Correos, Telégrafos, Casa del Pueblo, etc.), sin disparar ni un solo tiro.

       El único incidente bélico de ese día se produce en las inmediaciones de la cárcel.  Dentro se encontraban detenidos numerosos falangistas, entre ellos el jefe Provincial, capitán Luna.  Algunos militantes socialistas y comunistas tratan de llegar hasta allí a bordo de un camión, con el objetivo de hacerse cargo de los presos.  La Guardia Civil les sale al paso y se entabla un tiroteo entre ellos, huyendo sin detenerse los republicanos.  El incidente le salda sin ninguna baja por ambas partes.

       Liberado el capitán Luna, se pone rápidamente al mando de las milicias falangistas que, ya en el mismo día 19, levantan en pie de guerra, exclusivamente en la ciudad de Cáceres, cerca de mil hombres.  Desde su puesto de jefe Provincial de Falange, Luna jugaría un importante papel en la ocupación de numerosos pueblos de la provincia, al ordenar a las agrupaciones locales la toma de ayuntamientos y el refuerzo militar de algunos puntos de interés estratégico, tales como el Puerto de Miravete, el puente de Almaraz y las líneas fronterizas con Portugal.

           La represión no se hace esperar.  Detenidos el gobernador y el alcalde constitucionales, el Jefe Militar de la Plaza, coronel Álvarez Díaz, nombra al comandante de la Guardia Civil, Fernando Vázquez, gobernador de la provincia, y al capitán Luciano López Hidalgo, nuevo alcalde de la ciudad. A partir de ahí, comienzan los encarcelamientos masivos de miembros del Frente Popular y las ejecuciones.  El primero en ser asesinado es Pedro Montero Rubio, director de «Unión y Trabajo».  El capitán Luna se distinguirá especialmente en las labores represivas.

Sin embargo, algunos miembros importantes del Frente Popular conseguirán escapar.  La casualidad quiso que el mismo día diecinueve por la mañana se celebrara la primera conferencia provincial del Partido Comunista.  Asistían, entre otros, el diputado por Badajoz, Martín Cartón, el secretario general de los comunistas cacereños, Máximo Calvo, y el socialista Felipe Granado, así como una gran mayoría de los delegados locales de la provincia.  En medio de la reunión, alguien comunicó a Granado que el Regimiento Argel había tomado el Gobierno Civil.  Inmediatamente se suspendió el acto, lo que permitió la huida a un buen número de militantes comunistas, antes de que llegara al local la Guardia Civil.

       Al acabar el día 19, la situación en las capitales extremeñas era radicalmente distinta.  Mientras Badajoz permanecía fiel a la República, bajo el mando del Comandante Militar de la plaza, el general de brigada Castelló, Cáceres se adhería al Alzamiento militar.  La afirmación de Javier Tusell de que «en Extremadura la decisión a favor de la sublevación en Cáceres o en contra de ella (Badajoz) dependió de las fuerzas de orden público», debe ser convenientemente matizada (TUSELL, J.: Siglo XX. Manual de Historia de España. Historia 16, Madrid, 1990.).  La actitud que adoptaron la Guardia Civil, la Guardia de Asalto y el Cuerpo de Carabineros fue decisiva, pero no hay que olvidar el papel fundamental del Ejército.  En Cáceres, el Regimiento Argel se sublevó sin el conocimiento previo de su jefe, coronel Álvarez Díaz.  Todos los testimonios recogidos apuntan a que los capitanes Visedo y Viñeta estuvieron al tanto de la trama.  Los hechos parecen indicar que aquél se enteró de la sublevación el mismo día dieciocho. ¿Fue obligado a encabezar el Alzamiento en Cáceres? ¿Fue convencido por la inevitabilidad de la rebelión?  Sucediese lo que sucediese, su actitud de encabezar las tropas del Regimiento resultó decisiva para la suerte de la ciudad.  Tal vez el miedo o la indecisión forzaran su actitud, puesto que el Regimiento Argel dependía de la 14ª Brigada de Infantería, cuyo cuartel general estaba en Salamanca bajo el mando del general García Álvarez, quien rápidamente se había adherido a las tropas rebeldes.  Algo similar sucedió con la dotación de la Guardia Civil, que fue conducida por el comandante Vázquez, prescindiendo completamente del teniente coronel jefe del Cuerpo.

A esto hay que añadir la fulminante actuación de la Falange en numerosos pueblos que no contaban con fuerzas de orden público.  Sin su ayuda, la débil guarnición militar de Cáceres no hubiera podido imponer su control en amplias áreas de la provincia.

 

 

Cuartel Infanta Isabel, sede del Regimiento Argel nº 27, que al mando del comandante Linos Lage consumó el 19 de julio de 1936 la sublevación en la ciudad de Cáceres. Posteriormente en él se alojaron las tropas de los tercios de África y vio venir un constante trasiego de actividad militar durante el resto de la contienda.