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LA EMBOSCADA DE VILLAMESÍAS
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El
enfrentamiento armado más importante que tuvo lugar en la provincia de Cáceres
durante las primeras jornadas de la guerra civil fue el conocido como «batalla
de Villamesías». En ella, tropas del Regimiento Argel, ayudadas por la
Guardia Civil y por las Falanges de Miajadas y Zorita, se enfrentaron a
varias columnas de republicanos que iban mandadas por el Gobernador Civil
de Ciudad Real. Ese fue el intento más serio de reconquistar la provincia
de Cáceres que los republicanos hicieron durante los primeros embates del
conflicto. Las milicias formadas por obreros y campesinos, fueron
diezmadas sin compasión en una emboscada tendida cerca de Villamesías.
Demostraron un fervoroso ardor patriótico, pero al carecer de una mínima
preparación militar y al enfrentarse a tropas mayoritariamente
profesionalizadas, su derrota fue estrepitosa.
Todo comenzó cuando el capitán
de la Guardia Civil, Gómez Cantos,
se negó a acatar las órdenes de las autoridades militares de Badajoz que
le conminaban a permanecer fiel a la república. El capitán, junto las
tropas a su mando en Villanueva de la Serena, se adhirió al
levantamiento, instigado por el comandante Vázquez
desde Cáceres. El pueblo fue sitiado por las milicias republicanas. Desde
Miajadas se le enviaron refuerzos de la Guardia Civil y de la Falange.
Este contingente de fuerzas resistió lo que pudo dentro de la población,
pero su inferioridad numérica respecto a los sitiadores le forzó a
abandonar la localidad el día 29 de julio. Junto con los guardias
civiles, marcharon hacia Miajadas los militares del centro de
reclutamiento y cerca de doscientas familias de ideología conservadora.
Las milicias de Ciudad Real
mandadas por el Gobernador Civil, que habían sido las artífices de este
éxito militar, decidieron entonces iniciar una ofensiva sobre la
provincia de Cáceres. El plan era muy simple: consistía en avanzar hasta
Miajadas y, desde allí, dirigirse a Trujillo. En este punto esperaban
enlazar con refuerzos de la zona de Navalmoral para caer después sobre Cáceres.
Les animaba la conquista de Villanueva y el convencimiento de que apenas
encontrarían resistencia en su camino hacia la capital.
Las tropas gubernamentales
avanzaron sin oposición hasta Miajadas. Allí la columna se dividió en
dos; una cercó el pueblo, dentro del cual había organizado la
resistencia el capitán Gómez
Cantos al frente de doscientos hombres, entre guardias y falangistas.
Su objetivo era tomar el pueblo, para avanzar después por la carretera de
Zorita y adueñarse de esa localidad. La otra escisión de la columna
originaria se dirigió, a bordo de once camiones, hacia Trujillo, a través
del Puerto de Santa Cruz.
El capitán Gómez Cantos logró comunicar con el mando del Regimiento Argel,
informándole del sitio del pueblo y de la existencia de vehículos
blindados. Rápidamente salieron de Cáceres varias compañías del
Regimiento Argel. Éstas, que llevaban montadas varias ametralladoras en
lo alto de sus vehículos, se toparon con los republicanos a la altura de
Villamesías. La emboscada resultó fulminante. Los milicianos fueron
sorprendidos sin tener tiempo para reaccionar, y sus fuerzas fueron
barridas literalmente por las ametralladoras nacionales. Aquellos que
pudieron escapar del fuego cruzado huyeron en sus vehículos sin esperar a
los que habían quedado en tierra. El desbarajuste republicano fue
absoluto. Según el diario «Hoy» (28-8-36), las fuerzas gubernamentales
sufrieron cerca de 300 muertos.
El día 4 de agosto, el general Queipo
de Llano, en sus famosas charlas radiofónicas, narraba el hecho así:
«Una fuerte columna de camiones atacó Zorita y Miajadas, otra columna
atacó Trujillo, siendo batidos en Puerto de Santa Cruz y Villamesías por
las columnas del Ejército, que les hizo más de doscientos muertos y once
heridos graves (...) Se les cogió a esta fuerza 10 camiones, un coche
ligero, 64 mosquetones nuevos, pistolas, gran cantidad de municiones y dos
barriles de dinamita». Por el armamento capturado, se puede comprobar el
alto idealismo y el escaso pertrecho militar de la columna de Ciudad Real
en su intento de conquistar Cáceres. Entre los pocos hombres que pudieron
escapar a la emboscada de Villamesías se encontraba el Gobernador Civil
de Ciudad Real y algunos de los reporteros que lo acompañaban como
corresponsales de guerra. Una
vez diezmada la milicia gubernamental, las tropas nacionales avanzaron
hacia Miajadas, rompiendo el cerco de la población al atardecer del día
3 de agosto. Los republicanos se retiraron en desbandada, terminando así
el sueño de conquistar Cáceres. Habría
que esperar hasta mediados de agosto, cuando el general Riquelme iniciara las ofensivas de Guadalupe y Navalmoral, para
asistir a un nuevo intento republicano de penetrar en la provincia.
Según Queipo, en la
batalla de Villamesías y en el cerco de Miajadas las tropas nacionales no
sufrieron más bajas que un guardia civil muerto y otro herido, cifras que
parecen genuinamente dictadas por la propaganda militar.
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