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La imagen de la Amargura nace del encargo que hace años recibiera de unos amigos de Martos.
Cumplió el propósito y las intenciones de aquellas manifestaciones de Fe, que siendo como éramos tan jóvenes, se llevaron a cabo con esfuerzo y constancia. Esa constancia que hoy, ya en la Semana Santa de 2.003, vuelve a verse reflejada en la "culminación" de una obra que nunca fue conclusa.
Realmente la conclusión de una imagen para su autor nunca se encuentra; los nuevos factores y experiencia que la vida te ofrece, te lleva a pensar que el nacimiento, la creación de una imagen tuviese que ser precedida de una evolución, de un desarrollo de la forma.
Es distinto cuando valoras la obra de otro creador, siempre se piensa que eso que tienes ante tí fue lo que su autor decidió que fuese, y ese sentimiento, esa intención originaria, debe ser respetada.
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