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...Y que desde sus desnudas caras, sin caperuz, con la limpieza de su mirada, -no con el avergonzado rostro del adulto-, en la pureza de sus almas, mirando nuestro Cristo con el miedo, la incertidumbre, la alegría y el amor de sus tiernas creencias, besan el aire con tiernas caricias, desde sus pequeñas y blancas manos creando lazos invisibles, íntimos, cómplices con la cara de Cristo y las lágrimas de la Virgen. Esos besos que vemos en nuestros hijos y que son, o deben ser, el lazo que une a sus mayores en el sentimiento de la Paz y del Amor que pretende Dios al darnos la oportunidad de crear una Cofradía.
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