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Desde este atril, desde el cargo que durante seis años ejercí, desde el sitio literario donde el Hermano Mayor, saluda, habla y reflexiona de su Hermandad, desde la página que de un modo algo protocolario presenta la ilusión de un nuevo Miércoles Santo, desde el mismo título que me legó mi predecesor, desde el mismo sitio donde me presenté, hoy me toca despedirme.
"Con la Venia" tendrá continuidad, a Dios gracias, pero no será firmada por este que con emoción pero con alivio quiere retirarse de las responsabilidades que su cargo tiene, así debe de ser, y quiero hacerlo como un cofrade agradecido desde el más hondo sentimiento de que todo los logros de la hermandad durante estos años y que el humano los atribuye al máximo responsable, no fueron de este, sino de su Junta de Gobierno, y que los errores que hubo, que también el humano cofrade atribuye siempre a la hermandad en su amplio sentido, no fueron de esta, sino del máximo responsable por permitirlos.Quede claro que no seré yo quien valore el balance de esta legislatura cofrade que por decisión de los hermanos de esta cofradía me tocó dirigir, sino serán promociones venideras de cofrades que acabaran de romper con la idea de hermandad que un día quisimos explicar, que quisimos plasmar a modo de proyecto de consolidación de una cofradía que casi lo tenía todo pero que tanto le faltaba, quisimos aunar en dos palabras, en dos nombres propios, los sentimientos cofrades de un gran puñado de corazones en una sola causa común en el trabajo, en la celebración, en la convivencia, en la religiosidad popular que cada uno lleva dentro pero con el respeto a lo más sagrado. En resumen el más grande de los objetivos fue llevar a la cofradía al título que posee, el de Hermandad.
Lo quisimos, lo llevamos a cabo pero como siempre seguimos siendo materialistas, medimos a la Juntas de Gobierno por los logros palpables a los sentidos del tacto, mejor plata y oro que alpaca y purpurina; del olfato, incienso de segunda o sacramental; del oído, que en realidad no es tal sino depende del nombre de la banda que acompañe.
Seguimos siendo materialistas y egoístas porque todavía no somos capaces de separar nuestros odios de una hermandad, que nadie odia, y que todos quieren, una hermandad que fue cuna de muchas amistades y que los humanos nos empeñamos en romper poniendo por delante nuestra ya aburrida cabezonería ante lo bonito de la palabra hermandad, seguimos buscando excusas para no estar, seguimos buscando el cumplir pero no comprometernos, seguimos esperando que nos llamen, cuando todos sabemos cuando ahí que estar, en definitiva estamos, pero no somos.
Esta Junta de gobierno miró los sentidos y trató de llevarlos a su máxima expresión en los Miércoles Santos, miró hacia la casa donde residimos y trató de mejorarla, quiso dar culto a Dios y su bendita Madre desde octubre hasta junio, quiso hacer cultura cofrade y literaria con lo declamado y con lo escrito, quiso convivir con todos sus hermanos lejos de San Amador en fechas no cofrades, siempre quiso ayudar a todas la hermandades marteñas y foráneas, quiso ayudar a las familias más necesitadas, cofrades o no, quiso estar al lado de su barrio, quiso abrir la hermandad a todos, quiso dignificar el patrimonio que tanto se mira, pero también el que nadie se acuerda de el, quiso celebrar un veinticinco aniversario para tener conciencia de donde venimos y en reconocimiento de los que la fundaron y que se seguirá celebrando hasta el mes delas flores.
Posiblemente lo ansiado, querido o deseado no es prueba de lo cumplido o realizado, pero ahora sí, como hermano mayor y con el respaldo de la junta de gobierno de la cofradía de esos dos nombres propios que son Oración y Amargura, me despido asegurando que la hermandad fue el principal objetivo y que a estas alturas cofrades la palabra hermandad aglutina: los sentidos, el patrimonio, la parroquia, la cultura, el barrio, los cultos, la amistad, la convivencia, las demás Cofradías, la formación, la caridad y el XXV aniversario.
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