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Hacía mucho tiempo que estaba considerando la idea de ofrecer un homenaje a estas personas de las que me acuerdo muchísimo. Han hecho mella en mis recuerdos de tal manera que no me olvido de ellas ni lo haré, seguro, jamás; y eso teniendo en cuenta que tengo mala memoria.
Le doy gracias a Dios, por poder ofrecer testimonio sobre estas personas, de su bondad, buen humor, apoyo, etc...Valores que han sobresalido tanto en ellas que me han marcado, tanto, que hasta me siento mal por no haberles transmitido ni tan siquiera parte de lo que sentía por ellas. Así que desde aquí, para el recuerdo póstumo, dado que será una sección que nunca quitaré; Siempre os he llevado y siempre os llevaré en mi corazón.
Dos personajes INCREIBLES. Isabelo tenía que estar los lunes, miércoles
y viernes en la unidad de diálisis de Huelva (no le funcionaba el riñón).
Contaba con unos 68 años cuando empezó con su diálisis.
María, su mujer, tenía que cuidar de él, prepararlo para
el viaje, darle sus pastillas, etc...
María siempre nos tenía unos huevos de sus gallinas, que cuidaba
en el corral de su casa, sobre todo cuando el viaje lo hacía yo, dado
que en cierta ocasión mi padre comentó que me gustaban mucho más
los huevos del campo. Desde entonces no se le olvidó.
Además, había que insistirle para que no pusiera la cervecita,
o cortara un poco de jamón... en fin, se desvivía en ofrecer de
lo que tenía. Y no era sólo con nosotros, con cualquiera. Pero
es que MARÍA ERA CIEGA.
Habían tenido, creo que dos niños, pero ambos se les murieron
a muy corta edad. No dejaban pues, descendencia.
Puede que no dejaran descendencia, pero en mí marcaron una huella imborrable, y estoy segurísimo que en mi familia también, y así, seguro también, en todos los que los conocieron. ¿Y por qué? Pues:
Isabelo. Siempre de buen humor, tanto que aunque nosotros fueramos
de mal humor por cualquier circunstancia, al montarnos con
él en el coche, a lo largo del camino, con sus historias,
con sus gracias, con sus golpes, con el trato, hacía
que terminaras el viaje en perfecto estado anímico.
Era por demás.
En cierta ocasión me dijo al salir de Huelva, hacia Los Montes de San
Benito, su residencia, que le habían dicho que me gustaba la hija del
trápala (Fernanda, mi novia). En esos momentos a mí se me vino
el cielo encima, porque Isabelo es de los Montes y yo de CRubias, si él
se había enterado en los Montes, lo sabía todo el mundo en CRubias.
Me llevó desde Huelva a los Montes sin querer decirme quién le
había dicho aquello. Al llegar a su casa, unos metros antes, le pregunté
por último:
-Isabelo, venga ya hombre, dígame quién le ha
dicho que me gusta Fernanda.
Y él contestó sonriendo:
-Me lo dijistes tú la última vez que vinistes
conmigo.
María. No tenía la gracia de Isabelo, pero le
sacaba ventaja en "el saber estar". Educada como
no he conocido a nadie, mejor trato...¡imposible!, amable,
atenta...
Cada vez que llegaba a su casa a por Isabelo, la saludaba:
-Hola Isabel, ¿que hay?
Y ella con paciencia me contestaba:
-María... me llamo María
Y es que no sé porque, siempre me salía el nombre de Isabel en lugar del de María que era el suyo.
Y es así, con el día a día, como María e Isabelo, pasaron a formar parte de mis más dulces recuerdos.
Don Juan, como todos le conocían, había sido capitán de la Guardia Civil, de ahí el apodo de "El Capitán". Quizás no tenga, como en el caso de María e Isabelo, historias que contar, para eso quizás que lo haga mejor, mi suegro, Marín, que ha sido Guardia Civil y ha estado a su mando.
Don Juan figura en esta lista por su buen humor y sobre todo, quizás lo que haga que no me olvide de él, su apoyo en los momentos difíciles. Recuerdo un tiempo en el comenzaba uno de mis mayores problemas (hasta ahora), problemas familiares porque no solo me afectaba a mí. Y recuerdo las innumerables visitas que le hacíamos, sobre todo mi padre. Es posible que todas aquellas visitas, realmente no sirvieran de mucho para atajar el problema, pero lo más importante es que no nos sentíamos solos y esto es muy muy importante.
Le recuerdo con sus chistes y aún poseo un calendario que me regaló, el calendario de Jesús, y que por supuesto, si Dios quiere, mantendré hasta que me llegue el día.
Es curioso, pero escribiendo estas líneas no consigo por más que lo intento, recordarlo mal humorado, todo lo contrario, siempre con cara amable y sonriente.
Y es así, por su afabilidad y apoyo, como Don Juan, El Capitán, estaría para siempre en mi memoria.