ASTIGI ROMANA

 

 

ASTIGI ROMANA

 

 

 

 

 

Écija, población sevillana emplazada a la orilla del Genil, posee un bello casco urbano que está declarado Conjunto Histórico Artístico desde 1966, siendo conocida como la ciudad de las torres en la medida en que el viajero que se acerca a ella puede pronto distinguir como once atalayas surgen de sus iglesias para elevarse a los cielos, sobresaliendo como saetas sobre el caserío. Al anochecer, cuando la ciudad y sus torres son iluminadas el espectáculo que se ofrece llega a sobrecoger por su gran belleza.

 

Existen abundantes vestigios que nos hablan de la ocupación tartésica y turdetana de la antigua Écija, sobre todo en la zona del Cerro de San Gil. Habría de ser, sin embargo, en los tiempos del genio de Roma cuando Écija se convertiría en una ciudad con rango de colonia enclavada en las inmediaciones del lugar por el que la Vía Augusta cruzaba el río Genil.

 

Esta ciudad romana, que sería conocida como Colonia Augusta Firma Astigi, revistió en esos momentos una gran relevancia llegando a ser cabeza de un convento jurídico, circunscripción administrativa que aglutinaba a un total de 49 ciudades que se distribuían por un territorio muy extenso que comprendía parte de las actuales provincias de Sevilla, Málaga, Granada, Jaén y Córdoba. Algunas de las ciudades que pertenecían al convento astigitano eran, a modo de ejemplo: Osuna (Urso), Jaén (Aurgi), Granada (Iliberri) o Antequera (Anticaria).

 

Esa relevancia de Astigi dentro de la provincia Bética romana estaba vinculada a dos circunstancias; de un lado, destaca su excelente ubicación, en el lugar por donde la Vía Augusta (que unía Tarraco con Hispalis y Gades) atravesaba las aguas del Genil, río por el que se podía navegar hasta su cercana desembocadura en el Guadalquivir (en las inmediaciones de la actual población cordobesa de Palma del Río, a unos 30 kms. de Écija) y desde allí hasta el mar. De otro lado, sobresale la importancia que la ciudad tuvo como eje de una comarca dedicada a la producción y comercio de aceite de oliva. Los grandes terratenientes de la zona acumularon inmensos recursos gracias a los beneficios que el trafico de aceite les producía. La abundancia de vestigios de fábricas de ánforas en las que se envasaba el aceite para su envió a Roma y otras zonas del Imperio nos habla de la gran riqueza que se acumuló en estas tierras entre los siglos I y III d.C. Eran unos tiempos en que Astigi debía ofrecer una imagen de opulencia que, como luego veremos, coincide con los vestigios arqueológicos que se han identificado en recientes excavaciones y con otros anteriores que ya se venían exponiendo en el Museo local y en otros diversos edificios astigitanos (Ayuntamiento, iglesias, etc.).