FUNDACION
 

FUNDACIÓN DE EMERITA

 

 

 

 

Tras las victorias de Publio Carisio, en el año 25 a.C. este legado de Augusto fundó, con el nombre de Colonia Augusta Emerita, la ciudad que hoy conocemos como Mérida. Las monedas que se emitieron con motivo de esa fundación celebran el triunfo representando los nombres de las legiones que habían participado en las campañas y las armas de los pueblos vencidos. Soldados veteranos licenciados fueron asentados en Emerita como colonos de la nueva ciudad. Pertenecían a la V legión Alaudae y a la X Gemina, la primera así llamada por la cimera en forma de cresta de alondra que adornaba el casco de sus soldados, en tanto que la segunda había sido formada, según las fuentes antiguas, con la unión de otras dos legiones anteriores, motivo por el que se denominaba Gemina.

 

En el siglo I a.C., debido a la penosa situación económica de los agricultores itálicos, muchos de ellos se enrolaban en el ejército con el ánimo de conseguir, tras alcanzar su licencia, ser asentados como colonos agrícolas en las nuevas regiones que se estaban romanizando, logrando acceder así a la posesión de un lote de tierra que les permitiera vivir de una manera honrosa. Habría de ser Julio Cesar, antecesor de Augusto, el que incrementara de forma muy notable esa acción colonizadora, incluyendo en sus planes a miles de personas que procedían del proletariado urbano de Roma y que carecían de medios para vivir dignamente.

 

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Anfiteatro de Mérida

 

Con la fundación de Colonia Augusta Emerita Roma pretendía reforzar de manera contundente la línea del río Anas (que hoy conocemos como Guadiana), creando una plaza fuerte inmersa en una zona hasta ese momento problemática, dado el especial carácter belicoso de los pueblos lusitanos que allí habitaban.

 

Habría de conocer la colonia dos momentos de especial esplendor. El primero de ellos en el año 16/15 a.C., cuando fue consolidada como capital de la Provincia Lusitania, tras las reformas de Augusto. El segundo momento de brillantez sería en el Bajo Imperio, cuando pasó a ser residencia del Vicario de la Diócesis de las Hispanias, en dependencia de la Prefectura de las Galias. En ese momento, Mérida llegó a ser de hecho la capital de Hispania y de parte de la zona norte de África.