| VIDA Y MUERTE EN EMERITA
|
| Poco conocemos sobre las viviendas donde hubieron de residir
las clases sociales populares de Augusta Emerita, las denominadas insulas, edificios de
varias plantas ocupados por la plebe, generalmente en régimen de alquiler. Tenemos
constancia de que Augusto prohibió que pudieran alcanzar una altura superior a los 20
metros, siendo usual que las condiciones de vida en ellos fueran deficientes. No contaban
las insulas, generalmente, ni con servicio de agua ni con saneamientos. Escaso y de muy
difícil identificación es lo que se ha conservado de este tipo de viviendas en Mérida,
debido, posiblemente, a que los materiales que se utilizaron en su construcción eran
especialmente endebles, lo que explica, igualmente, la prohibición estatal de sobrepasar
determinada altura.
Por contra, y como es usual en cualquier ciudad romana, si tenemos vestigios materiales de las domus, casas residenciales en donde vivían las familias emeritenses más adineradas, levantadas con materiales más sólidos y cuya riqueza decorativa, sobre todo pinturas y mosaicos, siempre nos sorprende. Destacan entre ellas las denominadas Casa del Anfiteatro y Casa del Mitreo. La primera se levantó en las inmediaciones del Anfiteatro, fuera del recinto amurallado de la ciudad. Se fecha en el siglo III d.C. y alcanza unas dimensiones espectaculares, estando sus habitaciones estructuradas en torno a un peristilo ajardinado. Cuenta con buenas pinturas al fresco y mosaicos, destacando entre estos últimos el que reproduce a Venus y Cupido y otro con escenas del trabajo de la vendimia.
La Casa del Mitreo, cuya planta se conserva en las inmediaciones de la actual Plaza de Toros, pertenece a los años finales del siglo I d.C. o a las iniciales del II, estando sus dependencias organizadas simétricamente en torno a dos peristilos y un atrio. Contó con habitaciones destinadas a termas y entre sus mosaicos llama la atención el denominado Mosaico Cosmogónico, dotado de un bello colorido y que reproduce representaciones alegóricas de los elementos dela Naturaleza: el Cielo, el Tiempo, el Caos, los Vientos, etc. Aion (la Eternidad) era la pieza clave que presidía el conjunto.
Son numerosos en Augusta Emerita los vestigios que sobre la muerte se han conservado, procedentes de las distintas necrópolis que existieron en la ciudad, ubicadas en las vías que accedían a las puertas de las murallas. La más importante de ellas fue la ubicada entre la actual Puerta de la Villa y el cerro de San Albín. Es la más antigua y extensa necrópolis emeritense. Aquí se situaban las tumbas pertenecientes a las familias de los Julios y de los Voconios, mausoleos a cielo abierto, conocidos popularmente como columbarios en los que existían cavidades para colocar las urnas funerarias que contenían las cenizas de los difuntos. En el columbario de los Voconios se han conservado pinturas al fresco que reproducen retratísticamente a los fallecidos.
Otras necrópolis importantes de Augusta Emerita fueron los situadas a ambos lados de la vía que unía la ciudad con Asturica Augusta (Astorga), a la salida del puente del Albarregas, así como la ubicada en la vía que se encaminaba a Hispalis (Sevilla), que se iniciaba al otro lado del puente sobre el Guadiana. Los abundantes vestigios de cultura material (ajuares funerarios) encontrados al excavar las tumbas emeritenses se conservan actualmente en el magnífico Museo de Arte Romano de la ciudad.
|