Ombligo del mundo

Ombligo del mundo

 

Existen algunos lugares que desde tiempos remotos han sido considerados por los pueblos que los han habitado como territorios especiales que destacan por su carácter sagrado. Así, los antiguos griegos pensaban que el santuario del dios Apolo en Delfos era el ombligo de la Tierra; en este lugar, que tenía un significado religioso muy intenso, se producía una apertura hacia el mundo divino. Los distintos lugares que el hombre ha considerado desde siempre como ombligos son espacios que sobresalen por su especial santidad. En ellos nacería un eje cósmico que tendría conexión con el Cielo y con el mundo inferior.

 

En la cultura islámica ese eje celeste se situaría en La Meca; para los judíos y los cristianos el espacio sagrado dotado de especiales caracteres de santidad sería Jerusalén y, más en concreto, el solar que en su momento albergó el Templo que Salomón levantó para custodiar el Arca de la Alianza. La confirmación de que Jerusalén es un ombligo del mundo reposaría en el hecho de que el día del solsticio de verano la luz solar cae sobre ella, desde el cielo, de manera totalmente perpendicular.

 

Ya comentamos antes que el Templo de Salomón reproducía un modelo celestial que el Supremo había revelado al hombre; para las tradiciones judías antiguas la roca en la que el Templo se asentaba servía para sellar la boca del Tehom, que sería el caos acuático que existía antes de la creación del mundo. La Roca del Templo de Salomón cerraba el paso a un mundo subterráneo, a un mundo de muerte. En palabras del rabino ben Gorión la Roca sería la base de la Tierra, el ombligo del mundo, porque precisamente a partir de ella Dios habría hecho que se desplegase la Tierra entera. Según estas tradiciones la creación del mundo se habría producido a partir de un embrión (Sión) que materialmente se identifica con la Roca del Templo. No es así extraño que sobre este lugar tan especialmente sagrado Yavé ordenara que se levantara una construcción que imitase el orden celeste, es decir, que reprodujera el modelo supremo del paraíso.

 

En este espacio tan especialmente sagrado para judíos y cristianos, entre los años 687 y 692, el califa omeya Abd al-Malik ordenó levantar un santuario en el que desde entonces habría de brillar toda la espiritualidad del Islam. Se trata de la Cúpula de la Roca, edificio dotado de un claro simbolismo ascensional que habría de tener una poderosa influencia en la arquitectura cristiana medieval una vez que fue conocido y divulgado en los tiempos de las Cruzadas.