Ritos de ascensión

Ritos de ascensión

 

Venimos analizando como en el mundo antiguo tardío diferentes edificios dotados de planta circular y luego octogonal tuvieron como finalidad ser utilizados como martyria o mausoleos consagrados a conservar las reliquias o el recuerdo de mártires y santos, o bien se trataba de baptisterios donde los nuevos cristianos eran iniciados en la fe de Cristo. En el primer caso, el edificio giraba en torno a la tumba del mártir; en el segundo, lo hacía en relación con la propia pila bautismal. En el caso de los baptisterios, sabemos que fueron creados por San Ambrosio de Milán, hombre en el que se unía el interés por los Textos Sagrados y por la filosofía y conocimientos antiguos.

 

Nos interesa, en este momento, profundizar en el aspecto simbólico que encierra la planta octogonal, que sin duda entraña un mensaje que los constructores debían traducir en piedra en los edificios que nos ocupan. Los personajes que ordenaron alzar los baptisterios octogonales deseaban mostrar la divina perfección del Padre y el proceso de ascensión espiritual que el nuevo hombre, el bautizado, estaba iniciando. El bautismo, en todas las religiones, viene a representar una resurrección simbólica e implica el nacimiento de un hombre nuevo purificado y regenerado. Estamos ante un símbolo potente que implica a través de un ritual muy concreto una muerte iniciatica y una posterior resurrección. Para los cristianos el bautismo hace referencia al octavo día de la creación y a la aparición del nuevo hombre, que ha tomado conciencia de Jesucristo y que tiene esperanza en la resurrección de la humanidad.

 

El hombre que es bautizado en Jesús inicia un proceso de ascensión espiritual que al igual que en la ascensión hermética está presidida por el octógono y busca la unión íntima con el Creador. El agua bautismal purifica y renueva el cuerpo y el alma del creyente, que a través del ritual de la inmersión era recibido en la primitiva Iglesia de Jesucristo. Los Padres de la Iglesia supieron integrar en el bautismo los valores precristianos de purificación y regeneración del simbolismo del agua. Ya San Pablo nos hablaba del bautismo como símbolo de muerte y resurrección en Cristo, pero fue San Juan Crisóstomo quién habría de expresar con claridad este simbolismo (Homil. In Ioh, XXV, 2) afirmando que el bautismo "representa la muerte y la sepultura, la vida y la resurrección.... Cuando sumergimos nuestra cabeza en el agua como en un sepulcro, el hombre viejo queda inmerso, sepultado por completo; cuando salimos del agua, el hombre nuevo aparece simultáneamente".

 

Pensamos que existe un claro simbolismo ascensional en los baptisterios octogonales, que hemos de sospechar recogió las doctrinas que antes del cristianismo existían en nuestro mundo mediterráneo. En el caso de los monumentos funerarios ese simbolismo de ascensión al más allá del alma del difunto pensamos que está presente con igual intensidad. Sutilmente, las viejas creencias que circulaban en el mundo antiguo sobre la relación entre el hombre iniciado y el Padre pudieron ser integradas en el cristianismo. Quizás algunos consideren inviables esas posibles influencias paganas en los rituales de ascensión de nuestras grandes religiones, pero existen algunos indicios a favor de ella: ya hemos comentado antes, solamente a modo de ejemplo, que en las cúpulas de los baptisterios de los Ortodoxos y de los Arrianos, que antes mencionamos, situados en Ravena, el artista no ha dudado en situar, junto al propio Jesucristo, a la representación pagana del genio del río Jordán. Este genio, nuevamente insistimos, adquiere en el segundo de los casos una dimensión evidente de protagonismo.