VILLA ROMANA DE QUINTANILLA DE LA CUEZA
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Mosaico de las swásticas |
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Dos
aspectos sobresalen, principalmente, en la villa tardorromana que se conserva en las
inmediaciones de la pequeña población palentina de Quintanilla de la Cueza. De un lado,
la calidad y belleza de los mosaicos que decoraban sus estancias, en los que se
representan tanto composiciones figuradas como múltiples temas de tipo geométrico:
swásticas, dameros, nudos de Salomón, etc. De otro, el buen estado de conservación del
sistema de calefacción de habitaciones con que contaba la villa, el denominado
"hipocausto".
Los comienzos de la edificación parece que se remontan al siglo II d.C., si bien será a fines del siglo III cuando se inicie el periodo de apogeo, que alcanzará su momento de máximo esplendor a mediados del siglo IV, que es cuando se colocan los mosaicos. A lo largo del siglo V se detecta una fase de decadencia progresiva que culminará con el abandono de la villa.
El paulatino empobrecimiento se acusa en la medida en que los mosaicos deteriorados no son restaurados, sino que, por ejemplo, llega a colocarse una lápida de piedra, que antes había cumplido funciones sepulcrales, para sustituir a las teselas perdidas del magnífico mosaico de las Cuatro Estaciones, lo que nos indica, claramente, que en ese momento o bien ya no existían artistas musivarios, es decir, se habría perdido esa tradición artística, o los poseedores de la villa no poseían ya recursos económicos sobrantes para aplicar a esa finalidad decorativa.
Quintanilla de la Cueza se encuentra situada en las inmediaciones del pueblo de Cervatos de la Cueza, siendo cruzadas ambas poblaciones por la carretera que une Carrión de los Condes y Sahagún, actual vestigio del medieval trazado del Camino de Santiago en tierras castellanas. A unos 250 metros de Quintanilla de la Cueza una estrecha carretera conduce al yacimiento arqueológico, ubicado en el denominado "Pago de Tejada", cuyo nombre, sin duda, hace clara alusión a los antiguos vestigios (tejas) que desde siempre han aflorado en la superficie del terreno. Allí, una moderna estructura de cemento, hierro y uralita protege de la intemperie los restos de la antigua villa romana, cuya excavación se inició en el año 1.970, bajo la dirección de Don Miguel Ángel García Guinea, Director del Museo de Prehistoria y Arqueología de Santander.
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